
Un primo hermano mío me vendió un automóvil lindo, bah sencillamente lindo, salvo por el detalle menor que el motor estaba fundido mal. Se lo reclamé pero hizo oídos sordos, luego atendió mi reclamo y me devolvió una catarata de excusas inverosímiles y por último me dijo que no le reclame más porque me iba a cagar a trompadas, lisa y llanamente. Indignado, volví a casa y y maldije en un ordenado silencio, a mi pariente y a mi auto, por partes iguales. Me propuse que esta vez no iba a salirse con la suya ¿pero como? Pensé mucho...tramé mucho..Me dije, enojarme no iba a resolver nada, tenía que tener la mente fría y ordenada. Así que con el orgullo metido en el culo, un vino y un salame, me fui a su casa. Me atendió de modo seco, me invitó a pasar con poca cortesía. Saludé a su mujer y su hija. Los reuní para pedir disculpas por haber llevado las cosas a ese extremo, fingí. Me parecía, dije, que la familia estaba por encima de cualquier cosa material que hubiese entre nosotros asi que le dejé el salame y el vino sobre la mesa y me dispuse a volver a casa. "Pará" me dijo el negro,"Quedate a picar algo". El primer paso estaba dado, ahora había que seguir.Comimos y hablamos de cualquier cosa que no tuviera que ver con el auto, él sacó un queso de la heladera y tomamos el vino. Casi llegado el final de la botella, pedí por favor ir al baño. Me indicó donde era y allí fui. Entonces pasó. Como una revelación se me aparecieron los tres cepillos de dientes de la familia de mi primo. Me armé de coraje puesto que no disponía de mucho mas tiempo que unos paupérrimos minutos y despojándome de todo escrúpulo, me pasé uno a uno los cepillos de dientes por el culo, luego los enjuagué en el agua del inodoro donde antes había orinado y por último me introduje los cabos en el orto. Los sequé prolijamente con la toalla de manos y me fuí de allí. Saludé a los parientes, y salí a la calle. Mi primo me gritó y el corazón se me paró. Cuando volví a ver que le pasaba me dijo, " Disculpá viejo! a mi me cagaron primero con el auto! pasaselo a otro si podés, yo te ayudo. Es la ley de la vida". "No te calentés, ya me ocupé!" le dije guiñando un ojo. "Que hijo de puta....pasá cuando quieras y me contás! chau". Me di vuelta y seguí sin saludarlo...Nunca más volví a su casa.
Por las dudas cuando invito a alguien, pongo cuatro cepillos de dientes en desuso en el baño y guardo los buenos en la mesa de luz.