Es complicado encontrar trabajo después de los 30.
Para joven uno no califica y de la jubilación se está muy
lejos, así que hay que agarrar lo que venga mientras se espera por la
oportunidad de oro que la vida se guarda para nosotros. Mientras tanto, algo
siempre sale.
Un primo me hizo entrar en una fábrica de cemento como
vigilador. El trabajo era simple, te daban un silbato, un handy y una linterna.
Con esos elementos , la seguridad de la planta estaba en mis manos. El trabajo
era simple, había que recorrer el alambrado más o menos tres veces por hora durante
8 horas. Si encontraba algo raro como el alambrado roto o alguien colándose
debía reportarlo con mi superior vía handy. El turno nocturno era el peor, me
aburría como un hongo. Un día el capataz me dijo "Mire, tenemos datos que
están sacando herramientas y material a través del alambrado en los turnos
nocturnos en el horario de un muchacho del cual tengo mis sospechas que hace la
vista gorda. Así que voy a cambiarlo de turno por usted esta misma noche si le
parece bien, y si usted detecta algo raro o sospechoso me lo informa y caigo
con la policía. ¿estamos?". "Sí" le dije y me puse ansioso
porque esta vez sí, lago grande iba a pasar y yo iba a estar ahí para
detenerlo.
Así que después de una buena siesta, me fui para la
cementera y tomé el turno de noche. Todo iba tranquilo, lo normal, hasta que
empecé a escuchar los perros ladrar cada vez más fuerte. Estaba ansioso, iba a
llamar a mi superior pero iba a asegurarme primero que hubiera alguien
cometiendo un delito, ya veo que se trataba de los perros ladrándose entre sí.
Me acerqué lo más silencioso que pude y ahí estaba, un operario pasando
herramientas de mano a través de un hueco para el lado de afuera. El alambrado
tenía una pequeña trampilla disimulada entre las hojas de un arbusto. Me
acerqué más y sin querer pisé una rama que hizo un ruido que alertó al ladrón.
Lo iluminé en la cara con la linterna y cuando iba a pulsar el handy pasó el
siguiente diálogo:
- ¡Pará, pará!¡Bajá la linterna capo! Dejá de encandilar...
- ¿Quien sos? ¿Qué estás haciendo?
- ¡Pará flaco! Nada que ver....(y se produjo un silencio)
- ¿Que pasa? contestame ¿quien sos y qué hacés acá?
- Pará..a ver...¡Uhhh! ¿qué hacés viejito ?¿Cómo andás?
- .....
- No me digás que no te acordás de mí. Claro vos debes ser
nuevo. ¿todo bien?
- ¿Quién sos? ¿te conozco?
- ¡Pero mirá donde te vengo a encontrar! ¿qué fue de tu
vida? ¿ te casaste al final? ¿ Cómo terminaste laburando de vigilador? ¡dejate
de joder! (dijo acercándose un poco)
- No, no sé quién sos...seguro me confundís con otro.
- Mirame bien (se acercó más) Mirame, decime ahora, ¿te
acordás de mí? ¿no sabés quien soy?
- La verdad que no...
Lo que recuerdo después es haber despertado de día al lado
del alambre y meado por los perros, literalmente hablando. La cabeza me dolía y
tenía dos muelas flojas. Me habían robado el handy y la linterna. Cuando llegué
con el capataz se limitó a despedirme sin indemnización ya que no mediaba un
contrato formal y yo estaba a prueba.
Lo único que me quedó del trabajo en la cementera fue el
silbato.
Triste la vida del vigilador ingenuo.