Mi trabajo de oficina me tiene muy mal.
Todos los días lo
mismo, el mismo café sin gusto, las mismas charlas de siempre, los mismos
horarios, las mismas caras. Esta insoportable rutina/ruina hoy ya no resulta
tan desagradable. Por suerte, a veces en un montón de mierda uno puede llegar a
encontrar un pequeño diamante que justifica una vida de sacrificios. Miro a
todos porque tengo en la manga un dato que me pone por encima de sus tristes
vidas. La semana pasada vino a visitarme un señor de traje elegante que hablaba
como los pastores de la tele a la medianoche. Me llamó por mi nombre y apellido
y me mostró la copia de mi partida de nacimiento, dentro del maletín se veían
unas carpetas con documentos sellados y un libro de actas muy viejo. Lo hice
pasar y se sentó en el living, me dijo que llame a mi mujer (se refirió a ella
por su nombre) que tenía importantes novedades para darnos. Sacó dos perfectos
árboles genealógicos nuestros, ahí se leían perfectos los nombres de nuestros
antepasados pero aún no sabíamos que tenía que ver esto con nosotros y que
quería este pastor brasilero de nosotros. Cerca de la rama de mis tatarabuelos maternos
se encontraba encerrado el apellido de mi tatarabuela: Correas. El hombre nos
refirió que Evelina María Correa era descendiente directa del Comendador
Domingo Faustino Correa de Almeida, un hombre al que se le usurparon
ilegalmente unas tierras en Brasil y después de mucho tramite legal, el estado
Brasileño iba por fin a indemnizar a todos los herederos del Comendador. De
acuerdo al grado de parentesco, mi tatarabuela hubiera heredado cerca de cinco
millones de dólares. Lamentablemente habría que validar el linaje y hacer el
reparto entre los herederos vivos, a lo que el abogado brasileño sacó un acta
con cada uno de mis primos (estaban todos ahí, algunos marcados con un
resaltador). Al lado de cada nombre había un 720.000. Pregunté que era ese
número y el abogado dijo "Es lo que le corresponde a cada heredero de su línea.
A ustedes les correspondería 720.000." ¿Pesos? pregunté. Se sacó los
anteojos y dijo "Dólares. Tiene una hija tengo entendido ¿es así?" Yo
me estaba recuperando del pre infarto y le dije que sí. "Ah, eso es un
problema...a ella le corresponderían 150.000 dólares pero lamentablemente no
tienen ni usted ni su hija la carta de linaje. Es un trámite costoso y lleva un
par de meses. Si nos apuramos en una de esas llegamos a presentar la lista de
herederos antes de fin de año en el estudio de la ciudad de Paraná." Me
contó que el trámite de la carta de linaje cuesta entre 10.000 y 15.000 pesos
dependiendo la línea de descendencia, mientras más lejos, menos era la herencia
y menos costaba la carta de linaje. Así que saque un préstamo en el trabajo y
le pagué al abogado, el cual me entregó toda la documentación legal para cuando
nos llamen de Paraná. Me dijo que ya estaba todo en orden, que no faltaba nada,
que el dictamen saldría a más tardar a fin de este año.
Por eso, mientras miro a estos pelotudos de la oficina tomar
su cafecito tibio mientras se ríen de las boludeces que hace Villarino de
contaduría y le tiran bollitos de papel al canasto del idiota de Pernía. A más
tardar a fin de año me iba a ir a la mierda, a vivir como Dios manda, lejos de
estos grises ratones sin futuro. Que felicidad que tengo adentro. Que lindo va
a ser decirle a Martínez nuestro jefe, que me voy a la mierda y no sepa como
carajo se cierra un balance dibujado. Que lejos me veo de esto.
Muchas gracias Domingo Faustino Correa por rescatarme de
esta gris existencia.