Es hora de aceptarlo queridos lectores, la masturbación cuando no se vive solo, no es un crimen perfecto.
Así que voy a pasarles un instructivo breve acerca de qué hay que tener en cuenta a la hora del autoplacer.
Tome nota por favor:
.Antes que nada, pre-excítese: cuando se entra al baño con una idea o una imagen preconcebida, el tiempo que insume la paja será menor, y menor serán las sospechas de que ud está pecando.
.Cubra los rastros post paja: los pelos o transpiración en la parte de atrás de la tabla, delatan que uno en el momento del climax se hizo hacia atrás en el momento de la eyaculación y deja pegados pelitos, transpiración y restos de caca en el caso que haya defecado antes de la masturbacion.
. Hechar desodorante de ambientes: es muy sospechoso que alguien cague y no deje olor.
. Tenga a mano una toalla o un pañuelo, de no contar con estos elementos una remera sirve: es para ahogar el quejido de placer en caso que la paja se produzca en horas nocturnas cuando todos duermen.
.Bañarse y paja son un combo invencible...si quedan rastros en el piso, mampara o paredes, puede uno insistir que se trata de crema de enjuague.
.Abra una canilla o tire la cadena si la paja se prolonga mas de 7 minutos, sino corre el riesgo que alguien venga a preguntar si uno está descompuesto o algo parecido.
. Lavarse bien la cara y en lo posible el cuello, la paja sube el ritmo cardíaco y a uno se le ponen coloradas las orejas, el cogote y los ojos.
.Aseguresé conde cae el cumshot!!! importantísimo. Una vez no lo encontraba y resulta que pasó entre la tabla y la losa del inodoro dandome de lleno en la pantorrilla, lo descubrí cuando me subí los pantalones y fue un desastre.
.Preparar soretes de papel higienico mojado, por si algun merodeador se acerca a la puerta del baño. Sueltelos de manera que hagan ruido en el agua con una cadencia de uno cada 6 o 7 segundos acompañandolos de un gruñido gutural. Si se anima, haga pedos con la boca entre las piernas para darle más realismo al cuadro fecal.
. No festeje la eyaculacion con gritos o golpes a la pared...ahí si que no tiene escapatoria, salvo que finja crisis nerviosa o epilepsia.
.Despues de la paja, orine...sino el calzoncillo le va a quedar un rastro como el que dejan los caracoles en la pared.
.Corra hacia un lado todos los elementos que se ponen en el inodoro para darle perfume como canastitas, desodorantes en pastillas, etc...por lo general si se dejan frente a uno, pueden convertirse en un minibanco de esperma.
.El horario que menos sospecha es cuando se está comiendo, ahi todos estan distraídos, procure que la charla sea amena o al menos que haya algo interesante en el televisor, así se asegurará unos minutos de dispersión para poder pajearse en paz.
Bueno querido lector, para empezar a tener sexo seguro, ya tiene suficiente material.
Disfrute la paja y no sienta culpa.
lunes, 23 de junio de 2014
domingo, 22 de junio de 2014
Dia 90 - Anosmia
Se dice que la anosmia, es pérdida total o parcial del sentido del olfato. Wikipedia dixit.
Para los que sufrimos este trastorno, es un peldaño más abajo en la escala de la evolución de la especie. Imaginensé por un momento queridos lectores, que pierden la capacidad de oler todo eso que nos rodea. Imagínensé un mundo sin olores. Piensen por un momento la comida más rica o la flor más hermosa desprovista de la bella sinfonía de fondo que es el aroma. No vamos a volar demasiado más con este tema. Vamos lo concreto y jodido de no tener olfato.
Cuando era chico y alguien se tiraba un pedo, todos arrugaban la cara y miraban quien seguía incólume frente a la situación, y adivinen...me culpaban a mí. Claro, como no sentía el olor y no me molestaba, la mayoría pensaba que me hacía el distraído y disimulaba mi falta de culpa. Un horror. Ya más grandecito, las chicas se perfumaban para los chicos normales, y a pesar de tener puesto un perfume barato y espantoso, ellos mentían " ¡que rico perfume Martita!¿cómo se llama?" , y ellas se meaban por el deshonesto halago. Mientras tanto a mí, no se me movía un músculo de la cara y poco podía aportar al hecho de que las coquetas damas se hayan acicalado con frescura y pasión. Lo peor era que tampoco podía distinguir el olor achivo que me venía despues de una actividad deportiva, por lo que siempre me ponía desodorante en cantidades alarmantes para la formación del agujero en la capa de ozono (tambien eso, los del greenpeace me la tienen jurada). Un día mi mamá me mandó a juntar la caca del perro que teníamos y pude hacer esa tarea sin mayores traumas. Valiéndome de una bolsa de polietileno a modo de guante y otra bolsita más grande para depositar los bombones recogidos, me hice una impieza extraordinaria ante la admiración de mis amigos que huian de los hedores. Tal hazaña me posicionó un poco mejor entre los valientes, ya que se me encomendaron tareas como buscar la pelota de futbol en la zanja de agua podrida, limpiarla, asar el pescado a la parrilla, desinfectar el baño con amoníaco, enterrar los perros muertos del vecindario etc. En fin, mi curriculum se había nutrido demasiado pero aun no distinguía un queso roquefort de un Carolina Herrera 212. Cuando se me dió por ir al grupo juvenil de la iglesia, una vez vi como una enfermera detestaba sacar las bolsas con las heces de los ancianos, y para impresionar a las chicas del grupo, se me ocurrió, craso error, ayudarla con su empresa. Tales fueron los elogios, que me contrataron en el hospital para sacar residuos hediondos en grandes bolsas y cargar con los cadaveres en descomposicion desde la morgue hasta la casa crematoria.
Llegados a los 40 años, mi extraña habilidad fue aprovechada por el resto de mi familia, que hizo de mí, el enfermero temerario que siempre detesté. Me hicieron lavar cada uno de los arrugados culos que componian las ramas más altas del arbol genealógico. Mi familia no se caracterizó por tener top models entre sus miembros , así que el trabajo se resumía a asear arrugados y horribles traseros que me resoplaban en la cara como viejos rinocerontes resfriados.
Me encontraba un día en plena tarea, cuando una horrible sensación me golpeó el cerebro. Era como si un hierro al rojo me hubiese entrado por la nariz y me hiciera un terrible agujero en la frente. Nunca había sentido algo igual. Era espantoso, como un dolor se me iba esparciendo por el entrecejo hasta llegar a los ojos y hacerme llorar copiosamente. Me acuerdo que me caí al suelo y me sentí mareado. Creí que la presión me había bajado o algo así, pero busque algo de azucar y me di cuenta que lago terrible me estaba pasando, recuperé el olfato. Es horrible perder la virginidad de esa manera. Era como ver por primera vez y en lugar de encontrarte con un rojo atardecer ves un animal destripado comido por las hormigas.
Extraño la anosmia...en serio.
Para los que sufrimos este trastorno, es un peldaño más abajo en la escala de la evolución de la especie. Imaginensé por un momento queridos lectores, que pierden la capacidad de oler todo eso que nos rodea. Imagínensé un mundo sin olores. Piensen por un momento la comida más rica o la flor más hermosa desprovista de la bella sinfonía de fondo que es el aroma. No vamos a volar demasiado más con este tema. Vamos lo concreto y jodido de no tener olfato.
Cuando era chico y alguien se tiraba un pedo, todos arrugaban la cara y miraban quien seguía incólume frente a la situación, y adivinen...me culpaban a mí. Claro, como no sentía el olor y no me molestaba, la mayoría pensaba que me hacía el distraído y disimulaba mi falta de culpa. Un horror. Ya más grandecito, las chicas se perfumaban para los chicos normales, y a pesar de tener puesto un perfume barato y espantoso, ellos mentían " ¡que rico perfume Martita!¿cómo se llama?" , y ellas se meaban por el deshonesto halago. Mientras tanto a mí, no se me movía un músculo de la cara y poco podía aportar al hecho de que las coquetas damas se hayan acicalado con frescura y pasión. Lo peor era que tampoco podía distinguir el olor achivo que me venía despues de una actividad deportiva, por lo que siempre me ponía desodorante en cantidades alarmantes para la formación del agujero en la capa de ozono (tambien eso, los del greenpeace me la tienen jurada). Un día mi mamá me mandó a juntar la caca del perro que teníamos y pude hacer esa tarea sin mayores traumas. Valiéndome de una bolsa de polietileno a modo de guante y otra bolsita más grande para depositar los bombones recogidos, me hice una impieza extraordinaria ante la admiración de mis amigos que huian de los hedores. Tal hazaña me posicionó un poco mejor entre los valientes, ya que se me encomendaron tareas como buscar la pelota de futbol en la zanja de agua podrida, limpiarla, asar el pescado a la parrilla, desinfectar el baño con amoníaco, enterrar los perros muertos del vecindario etc. En fin, mi curriculum se había nutrido demasiado pero aun no distinguía un queso roquefort de un Carolina Herrera 212. Cuando se me dió por ir al grupo juvenil de la iglesia, una vez vi como una enfermera detestaba sacar las bolsas con las heces de los ancianos, y para impresionar a las chicas del grupo, se me ocurrió, craso error, ayudarla con su empresa. Tales fueron los elogios, que me contrataron en el hospital para sacar residuos hediondos en grandes bolsas y cargar con los cadaveres en descomposicion desde la morgue hasta la casa crematoria.
Llegados a los 40 años, mi extraña habilidad fue aprovechada por el resto de mi familia, que hizo de mí, el enfermero temerario que siempre detesté. Me hicieron lavar cada uno de los arrugados culos que componian las ramas más altas del arbol genealógico. Mi familia no se caracterizó por tener top models entre sus miembros , así que el trabajo se resumía a asear arrugados y horribles traseros que me resoplaban en la cara como viejos rinocerontes resfriados.
Me encontraba un día en plena tarea, cuando una horrible sensación me golpeó el cerebro. Era como si un hierro al rojo me hubiese entrado por la nariz y me hiciera un terrible agujero en la frente. Nunca había sentido algo igual. Era espantoso, como un dolor se me iba esparciendo por el entrecejo hasta llegar a los ojos y hacerme llorar copiosamente. Me acuerdo que me caí al suelo y me sentí mareado. Creí que la presión me había bajado o algo así, pero busque algo de azucar y me di cuenta que lago terrible me estaba pasando, recuperé el olfato. Es horrible perder la virginidad de esa manera. Era como ver por primera vez y en lugar de encontrarte con un rojo atardecer ves un animal destripado comido por las hormigas.
Extraño la anosmia...en serio.
lunes, 16 de junio de 2014
Dia 91 - El fino arte de vengarse
Ante las adversidades de la vida, la gente tiende a reaccionar de muchas maneras. Las más comunes son el derrumbamiento y la ofuscación, que son dos formas de no ver la realidad y no hacer nada por aceptarla ni por cambiarla, pero que repercuten adentro y dañan feo. También están los valientes que salen adelante y hacen frente y cambian los destinos o mueren en el intento, pero que al fin y al cabo son gente de acción, de inteligencia mas o menos cuestionables pero sin duda alguna que anteponen su creencia a lo que se les presenta y a fuerza de palos o cabeza . Y por último estamos los cagones vengativos, tan golpeados como los derrumbados y ofuscados, pero no tan arriesgados como los valientes. Nos quedamos dolidos pero tramamos en lo oscuro una forma poco arriesgada de compensar el dolor sufrido y quedar secretamente a mano con nuestra conciencia. Es esa especie de mueca entre media sonrisa y suspicacia que se nos dibuja en la cara cuando sucede.La mayor parte de las venganzas queda en el imaginario y nos regocijamos al pedo con lo que pudimos llegar a haber hecho, y también nos pavoneamos en los bajos fondos con lo potencialmente dañinos que somos pero que no haremos nada porque no se nos place. En el fondo nunca haremos nada que nos exponga, esa es nuestra naturaleza cagona. La única venganza que logré consumar fue la que les voy a detallar a continuación...Voy a omitir y distorsionar algunos datos para no herir susceptibilidades, pero la raíz va a quedar intacta. Ahí va.Un primo hermano mío me vendió un automóvil lindo, bah sencillamente lindo, salvo por el detalle menor que el motor estaba fundido mal. Se lo reclamé pero hizo oídos sordos, luego atendió mi reclamo y me devolvió una catarata de excusas inverosímiles y por último me dijo que no le reclame más porque me iba a cagar a trompadas, lisa y llanamente. Indignado, volví a casa y y maldije en un ordenado silencio, a mi pariente y a mi auto, por partes iguales. Me propuse que esta vez no iba a salirse con la suya ¿pero como? Pensé mucho...tramé mucho..Me dije, enojarme no iba a resolver nada, tenía que tener la mente fría y ordenada. Así que con el orgullo metido en el culo, un vino y un salame, me fui a su casa. Me atendió de modo seco, me invitó a pasar con poca cortesía. Saludé a su mujer y su hija. Los reuní para pedir disculpas por haber llevado las cosas a ese extremo, fingí. Me parecía, dije, que la familia estaba por encima de cualquier cosa material que hubiese entre nosotros asi que le dejé el salame y el vino sobre la mesa y me dispuse a volver a casa. "Pará" me dijo el negro,"Quedate a picar algo". El primer paso estaba dado, ahora había que seguir.Comimos y hablamos de cualquier cosa que no tuviera que ver con el auto, él sacó un queso de la heladera y tomamos el vino. Casi llegado el final de la botella, pedí por favor ir al baño. Me indicó donde era y allí fui. Entonces pasó. Como una revelación se me aparecieron los tres cepillos de dientes de la familia de mi primo. Me armé de coraje puesto que no disponía de mucho mas tiempo que unos paupérrimos minutos y despojándome de todo escrúpulo, me pasé uno a uno los cepillos de dientes por el culo, luego los enjuagué en el agua del inodoro donde antes había orinado y por último me introduje los cabos en el orto. Los sequé prolijamente con la toalla de manos y me fuí de allí. Saludé a los parientes, y salí a la calle. Mi primo me gritó y el corazón se me paró. Cuando volví a ver que le pasaba me dijo, " Disculpá viejo! a mi me cagaron primero con el auto! pasaselo a otro si podés, yo te ayudo. Es la ley de la vida". "No te calentés, ya me ocupé!" le dije guiñando un ojo. "Que hijo de puta....pasá cuando quieras y me contás! chau". Me di vuelta y seguí sin saludarlo...Nunca más volví a su casa.
Por las dudas cuando invito a alguien, pongo cuatro cepillos de dientes en desuso en el baño y guardo los buenos en la mesa de luz.
domingo, 8 de junio de 2014
Dia 92 - Un diez en matemáticas
Tenía nueve años cuando la señorita Margarita nos dio la prueba de matemáticas. Era mi primer diez. Hasta ese entonces mis notas no iban más allá de un modesto ocho así que mi pecho se hinchó por mi primer logro sin ayuda de nadie. Ese diez era único porque casi ningún chico del grado había aprobado, así que la señorita nos obligó a que traigamos firmada la prueba para el otro día, así se aseguraba que nuestros padres estén al tanto de nuestra evolución, o como era en este caso, nuestro deceso como grupo. Por causas que no recuerdo me olvidé de hacerla firmar, como siempre se nos olvidan las cosas importantes así que la señorita Margarita me mandó a dirección a firmar. Yo no era un mal alumno ni tenía problemas de conducta, pero esta situación me puso realmente mal, casi a punto del llanto. Como un general, apareció en dirección la señorita con la regente y ambas se pusieron frente a mí. Me gritaron lo importante que es ser responsable, que las pequeñas distracciones terminan en grandes catástrofes y que el mundo iba a ser un lugar inmundo por gente como yo. Me ofrecieron un segundo antes de firmar el libro disciplinario, un descargo, una explicación, como quien le ofrece un cigarrillo a quien van a fusilar de todas formas." ¿que pasó?" gritaron al unísono.
Mi respuesta no se hizo esperar. "No la hice firmar señorita, porque mi mamá está muy enferma."
Antes que empiece la catarata de gritos de nuevo me aventuré:" Es mi primer diez, y creo que ella no va a vivir mucho. Mi papá contó algo acerca de una enfermedad y que estemos preparados, no sé, no entendí mucho pero creo que es grave. Así que como mañana es el cumpleaños de mi mamá, le quería mostrar mi primer diez. Por eso fue que no pude firmarla seño"
Con un nudo en la garganta la regente preguntó "¿y tu papá no la pudo firmar?".
"Si" contesté yo, "pero quería que mi mamá fuese la primera en verlo seño. Disculpemé. No va a volver a pasar se lo juro. No me haga firmar."
Casi al borde de la lagrima, la señorita Margarita le hizo una seña a la regente y me acompañó al baño a lavarme la cara. Me dejó en la biblioteca un rato y luego me uní al grupo de nuevo.
Cuando llegué a casa, me apuré a hacer firmar la prueba.
Me miraron con descreimiento mis viejos aquella nota y aflojaron un autografo.
Mi madre murió exactamente 34 años después de ese momento.
Ahí, justo ahí me di cuenta que matemáticas no era lo mío.
Tampoco lo era decir la verdad.
Mi respuesta no se hizo esperar. "No la hice firmar señorita, porque mi mamá está muy enferma."
Antes que empiece la catarata de gritos de nuevo me aventuré:" Es mi primer diez, y creo que ella no va a vivir mucho. Mi papá contó algo acerca de una enfermedad y que estemos preparados, no sé, no entendí mucho pero creo que es grave. Así que como mañana es el cumpleaños de mi mamá, le quería mostrar mi primer diez. Por eso fue que no pude firmarla seño"
Con un nudo en la garganta la regente preguntó "¿y tu papá no la pudo firmar?".
"Si" contesté yo, "pero quería que mi mamá fuese la primera en verlo seño. Disculpemé. No va a volver a pasar se lo juro. No me haga firmar."
Casi al borde de la lagrima, la señorita Margarita le hizo una seña a la regente y me acompañó al baño a lavarme la cara. Me dejó en la biblioteca un rato y luego me uní al grupo de nuevo.
Cuando llegué a casa, me apuré a hacer firmar la prueba.
Me miraron con descreimiento mis viejos aquella nota y aflojaron un autografo.
Mi madre murió exactamente 34 años después de ese momento.
Ahí, justo ahí me di cuenta que matemáticas no era lo mío.
Tampoco lo era decir la verdad.
viernes, 6 de junio de 2014
Dia 93 - Mi viejo, el dotor...
En casa lo más parecido a un auto que tuvimos, fue un fiat 600 espantosamente lindo, chiquito incomodo pero era nuestra felicidad. Era uno de esos caros autitos baratos que se venden en las esquinas vidriadas.Despues de mucho renegar con elementos impronunciables por un niño de 8 años, mi viejo junto un poco de coraje y un mucho de dinero y compró otro auto. Creo, omití situar al lector en tiempo y espacio de la siguiente historia, esto pasaba en el año 1979. Sigamos. Como mi viejo era un tipo que siempre iba por más, cambió el vehiculo por uno más nuevo, pero contradictoriamente tenía incorporado un sentido de lealtad a los atorrantes, lo cambió en la misma agencia que compró el primer fitito. Así que allá venía mi viejo, dobló la esquina con un auto cuyos bordes eran rectos y eso ya te posicionaba distinto. A medida que se acercaba a casa , el auto no crecía demasiado teniendo en cuenta la perspectiva isometrica a la que era sometido. Y por fin llegó a casa (que no es poco).Era un Renault 6 que había pertenecido a un medico jubilado que tuvo la suficiente lucidez para sacarselo de encima como un taliban arrepentido. El auto, obstentaba dos calcomanías en los vidrios con una cruz verde y una rosada del círculo médico. Mi viejo fue carpintero y docente de taller en una escuela tecnica, por eso tener ese auto era todo un logro en esos años. Y entonces sucedió. Como por arte de magia, los demás autos nos dejaban pasar, nos hacían señas los policías (una venia y una sonrisa de un milico en aquellos años o te salvaba o te hundía, así que no festejamos demasiado ese gesto), nos dejaban estacionar en sectores que habitual mente tenían un cartel que decía "reservado", y en la puerta de la Escuela Normal, el portero se apresuraba a parar el transito hasta que descendiésemos. No entendimos nunca por qué tanto respeto a un renault 6, si bien era un auto lindo para nosotros tampoco tendría que ser la pavada. Si había autos mucho mas lindos...
Hasta que la magia se terminó. Mi vieja compró en una esquina un producto para desengrasar tapizados taiwanes, y un fin de semana se puso a limpiar el auto. Entusiasmada mi vieja, agarró alcohol y virulana y le sacó todas las calcomanías al auto, las de San Rafael, San cristobal seguros, Mar del Tuyu, una de la virgen de Lujan y las cruces verdes junto con la del círculo médico. Todo volvió a foja cero, los autos ya no nos daban paso, los policías no respondían a nuestros saludos de niños y el alcahuete del portero se limitaba a mirarnos con desprecio.
Era el año 1980, ya en esa epoca , eras lo que tenías.
Hasta que la magia se terminó. Mi vieja compró en una esquina un producto para desengrasar tapizados taiwanes, y un fin de semana se puso a limpiar el auto. Entusiasmada mi vieja, agarró alcohol y virulana y le sacó todas las calcomanías al auto, las de San Rafael, San cristobal seguros, Mar del Tuyu, una de la virgen de Lujan y las cruces verdes junto con la del círculo médico. Todo volvió a foja cero, los autos ya no nos daban paso, los policías no respondían a nuestros saludos de niños y el alcahuete del portero se limitaba a mirarnos con desprecio.
Era el año 1980, ya en esa epoca , eras lo que tenías.
lunes, 2 de junio de 2014
Dia 94 -Tecnología Parte I
La casa del mañana
En casa tenemos muchos adelantos
tecnológicos que causarían conmoción en el mercado si salieran a
la luz todos juntos ya que muchas cosas pasarían al plano de lo
obsoleto al lado de mis artilugios.
Voy a detallar solo algunas cosas para
que puedan tener una idea de cual es el universo que se viene.
Toda mi casa está equipada con
canillas de ultima generación las cuales tienen un sistema de
funcionamiento unico e incomparable. El funcionamiento es simple.
Girando como cualquier canilla corriente se abre, sólo que las mías
no dejan caer una gota de agua hasta que se completan dos giros
completos. Esto se debe a una medida de seguridad implementada por si
uno se arrepiente y y se moja algo que uno puso por error en la
pileta del baño o cocina. Transcurrido esos dos giros, la canilla
abrirá el paso del agua a su maximo potencial para asegurar un
caudal promedio optimo para la limpieza tanto de los objetos bajo la
canilla como el piso y las paredes. Cabe señalar que la canilla solo
se cierra por completo y sin estados intermedios recien en el ultimo
2% del recorrido total del giro. Por si esto fuera poco, la canilla
deja saliendo una gota con una frecuencia de 500mHz es decir una gota
cada 2 segundos, como testigo de la presencia de agua corriente en la
red hogareña.
El inodoro, viene equipado con un
sistema primario de evacuación que se comporta como la papelera de
reciclaje de los sistemas informáticos. Cuando uno apreta el botón,
el inodoro se llena por completo hasta el borde y nos muestra el
contenido del mismo por 10 o 15 minutos por si hay algo que se nos
cayó por accidente como un anillo, dinero o un anillo y tener así
tiempo para rescatar nuestra preciada posesión antes que se pierda
para siempre. Hay sistemas más avanzados que incluso separan las
cosas más livianas y las arroja fuera del peligro de ser eliminadas
en forma definitiva. Son versiones beta aun en fase de
experimentación, aunque a veces en casa parece que mi unidad se
actualiza automaticamente.
Más adelante vamos a seguir develando
los adelantos del mundo que se viene.
Esto es todo por ahora.
ciao
viernes, 30 de mayo de 2014
Día 95. Mi abuelo el General.
Mi abuelo, a ciencia cierta, nunca se supo que grado logró dentro de la carrera militar. Había fotos de él bien vestido con su gorra y sus galardones pero bien podía haberlos pedido en la casa de fotos o a algun conocido con rango. Descarto esta posibilidad porque siempre se manejó con la disciplina, el orden establecido y las buenas conductas. A mí particularmente , me señaló como malo tratar de "che" o de "vos" a mi papá en lugar de tratarlo de "usted". Su vida siempre fue, aunque austera, prolija y rodeado de gente que lo servía todo el tiempo y e´l sólo se limitaba a gruñir órdenes.
Con el tiempo, su salud y su cabeza empezaron a decaer. En esa época el alzheimer se llamaba arterioesclerosis y todos los viejos tarde o temprano la padecían. Llegó el día en que, ostrado en su cama , había que higienizarlo y alimentarlo como a un bebé. Mi abuela lo hacía con muy pocas ganas pero era su labor y parecería que desde su cabeza enferma mi abuelo aun le dictaba mandatos. Se encontraban entonces mis tres tías alrededor de mi abuelo, viendolo desnudo y con el culo entalcado empezaron a salir del cascarón. "Ahí está. Mírenlo. Tanbravo que era, nos tenía cagando todo el tiempo" Dijo mi tía Rita. "A mí nunca me dio un beso. Era un ogro de mierda que no se le caía un elogio ni una lágrima, y ahora hay que limpiarle el culo. ¡como es la vida! Todo se paga, y se paga acá" dijo mi tía Bore. "Parece mentira, el viejo sorete no me dejó tener novio hasta los 20 años. Me Robó la juventud y las ganas de ser feliz. Ahi lo tenés al General. Tanta ínfula de militar retirado y termina con el culo igual de inutil que la cabeza".
Como toda respuesta, mi abuelo, emitió un estruendoso pedo que mancho de talco a las tres hermanas, que en silencio desaparecieron una a una por el foro sin decir palabra.
Con el tiempo, su salud y su cabeza empezaron a decaer. En esa época el alzheimer se llamaba arterioesclerosis y todos los viejos tarde o temprano la padecían. Llegó el día en que, ostrado en su cama , había que higienizarlo y alimentarlo como a un bebé. Mi abuela lo hacía con muy pocas ganas pero era su labor y parecería que desde su cabeza enferma mi abuelo aun le dictaba mandatos. Se encontraban entonces mis tres tías alrededor de mi abuelo, viendolo desnudo y con el culo entalcado empezaron a salir del cascarón. "Ahí está. Mírenlo. Tanbravo que era, nos tenía cagando todo el tiempo" Dijo mi tía Rita. "A mí nunca me dio un beso. Era un ogro de mierda que no se le caía un elogio ni una lágrima, y ahora hay que limpiarle el culo. ¡como es la vida! Todo se paga, y se paga acá" dijo mi tía Bore. "Parece mentira, el viejo sorete no me dejó tener novio hasta los 20 años. Me Robó la juventud y las ganas de ser feliz. Ahi lo tenés al General. Tanta ínfula de militar retirado y termina con el culo igual de inutil que la cabeza".
Como toda respuesta, mi abuelo, emitió un estruendoso pedo que mancho de talco a las tres hermanas, que en silencio desaparecieron una a una por el foro sin decir palabra.
viernes, 16 de mayo de 2014
Dia 96 - Rascarse el culo
Estimado lector, si aún no se fue espantado por el título, por favor quédese. Necesito contarle algo que me atormenta desde siempre.
Desde niño, o mejor dicho desde bebé, mientras los rubicundos angelitos se exploraban los pitos, a mi familia le llamó la atención que en lugar de franelearme mi diminuto pene me rascara mi gordo culito.A esa edad todo es gracia y entendido como una suerte de explorar el cuerpo mientras los parientes tejen chistes y se mofan a espaldas de nuestra inocencia. Cuando fui creciendo, la manía por rascarme el culo no disminuyó en absoluto. Tardes enteras me pasé con una mano impulsando un autito a fricción y con la mano libre rascando y rascando como si a un pequeño pulpo le hubiesen puesto una cortina de jean frente a su caverna. Mis padres comenzaron a preocuparse. Mi mamá sacó quien sabe de donde un jabon que tenía una inscripción en un lado: Sarnol. Y me lavó y exfolió mi culo incesantemente hasta que los brazos de costurera no le dieron más, y con el último aliento me cagó a chirlos hasta hacerme llorar al grito de "sucio de mierda!" , frase que segun entiendo, describiría a los rebordes de mi culo. Mi papá en cambio, no se si por sabio o por vago, se encomendó a la ciencia y me llevó a lo de doña Adelaida a curarme los parásitos. Recuerdo que puso unas hebras de hilo en un plato con agua, le agregó una gotita de detergente que rompiendo la tensión superficial hizo que los hilos busque expandir la distancia que los separaba buscando los bordes del plato. "Tiene parásitos!!!" gritó doña Adelaida y se persignó cinco veces antes de recetarle unos yuyos que vendía su marido en la puerta de la casa, pero si le dabas un atado de pall mall te regalaba lo que necesites. Ni el Sarnol ni los yuyos ni la medicina tradicional lograron curarme, pero cuando tomé la comunión , descubrí los pantalones de sarga y fue un alivio temporal.
Cuando ya era adolescente, aprendí a disimular mi tormento buscando soledad y escondites, generando esta suerte de joven aislado y retraído cuyo fantasma me persigue hasta hoy. Cuando me encerraba largos cuartos de hora en el baño a rascarme a diestra y siniestra, mi viejo lo confundía con onanismo comun y corriente y se hacía el complice cuando salía mientras me hacía la habitual seña de la paja cn la mano derecha . Patetico. Yo insistía que había cagado mucho (me valía para ello de soretes falsos hechos de higienico mojado que arrojaba en secuencia acompañado de un sordo mugido). Mi vieja le decía en voz baja a mi viejo "se va a descalcificar!!! primero los parásitos, ahora esto...que sigue?? ehhh?? contestame y deja de hacer "eso" con la mano"...Era una película de Fellini.
Al irme a vivir solo, mi vicio despuntó su apogeo. Solía pasarme días en la ventana recostado contra una cortina que ocultaba mi mano activa, mientras con la pasiva sostenía la lata de cerveza o el mate, segun la hora del día. Esto me consumió casi 15 Kg ya que comía lo justo, indispensable y lo que no hubiese necesidad de cortar con un cuchillo. Toqué fondo cuando las pocas jovenes que atraídas por mi solitaria y misteriosa vida decidían pasar la noche conmigo y a la mañana huian de mí y mi inmundo hábito. Llegué a pagar a prostitutas caras, esas que te dan latigazos y te orinan, para que me rasquen durante un turno. Como mi fetiche no entraba en ningun esquema, las jodidas se aprovechaban y me cobraban cualquier cosa. Claro, las putas la pueden chupar, ponersela en el orto, en cualquier lado, pisarte la espalda, insultarte o atarte si es requerido, pero rascar el culo del cliente es algo selecto y que no cualquier acompañante está dispuesta a hacer.
Fue mas barato ir a terapia.
Con el correr de los años, el analista (vaya destino) me convenció que si yo era feliz y si encontraba con quien compartir esta actividad politicamente incorrecta pero 100% legal, iba a pasarla bien e iba a poner el foco en otras cosas. Me busqué actividades para dos manos (leer, cocinar, escribir en la compu, etc) y dejé de usar calsoncillos y compré un buen talco berreta.
Desde entonces lo controlo, hago lo que puedo bah. Traté de contactar a mas gente que padezca como yo esta dolencia, no por consagrar el adagio que dice "mal de muchos..." sino por ver que hacían por superarlo, y si juntábamos un grupo, hacer un encuentro u organizar jornadas o hasta un centro de ayuda.
No sé si perdí la sensibilidad, me curé un poco o son las actividades, pero ya no me rasco el culo como antes.
Estoy seriamente pensando en comprarme un perro.
Desde niño, o mejor dicho desde bebé, mientras los rubicundos angelitos se exploraban los pitos, a mi familia le llamó la atención que en lugar de franelearme mi diminuto pene me rascara mi gordo culito.A esa edad todo es gracia y entendido como una suerte de explorar el cuerpo mientras los parientes tejen chistes y se mofan a espaldas de nuestra inocencia. Cuando fui creciendo, la manía por rascarme el culo no disminuyó en absoluto. Tardes enteras me pasé con una mano impulsando un autito a fricción y con la mano libre rascando y rascando como si a un pequeño pulpo le hubiesen puesto una cortina de jean frente a su caverna. Mis padres comenzaron a preocuparse. Mi mamá sacó quien sabe de donde un jabon que tenía una inscripción en un lado: Sarnol. Y me lavó y exfolió mi culo incesantemente hasta que los brazos de costurera no le dieron más, y con el último aliento me cagó a chirlos hasta hacerme llorar al grito de "sucio de mierda!" , frase que segun entiendo, describiría a los rebordes de mi culo. Mi papá en cambio, no se si por sabio o por vago, se encomendó a la ciencia y me llevó a lo de doña Adelaida a curarme los parásitos. Recuerdo que puso unas hebras de hilo en un plato con agua, le agregó una gotita de detergente que rompiendo la tensión superficial hizo que los hilos busque expandir la distancia que los separaba buscando los bordes del plato. "Tiene parásitos!!!" gritó doña Adelaida y se persignó cinco veces antes de recetarle unos yuyos que vendía su marido en la puerta de la casa, pero si le dabas un atado de pall mall te regalaba lo que necesites. Ni el Sarnol ni los yuyos ni la medicina tradicional lograron curarme, pero cuando tomé la comunión , descubrí los pantalones de sarga y fue un alivio temporal.
Cuando ya era adolescente, aprendí a disimular mi tormento buscando soledad y escondites, generando esta suerte de joven aislado y retraído cuyo fantasma me persigue hasta hoy. Cuando me encerraba largos cuartos de hora en el baño a rascarme a diestra y siniestra, mi viejo lo confundía con onanismo comun y corriente y se hacía el complice cuando salía mientras me hacía la habitual seña de la paja cn la mano derecha . Patetico. Yo insistía que había cagado mucho (me valía para ello de soretes falsos hechos de higienico mojado que arrojaba en secuencia acompañado de un sordo mugido). Mi vieja le decía en voz baja a mi viejo "se va a descalcificar!!! primero los parásitos, ahora esto...que sigue?? ehhh?? contestame y deja de hacer "eso" con la mano"...Era una película de Fellini.
Al irme a vivir solo, mi vicio despuntó su apogeo. Solía pasarme días en la ventana recostado contra una cortina que ocultaba mi mano activa, mientras con la pasiva sostenía la lata de cerveza o el mate, segun la hora del día. Esto me consumió casi 15 Kg ya que comía lo justo, indispensable y lo que no hubiese necesidad de cortar con un cuchillo. Toqué fondo cuando las pocas jovenes que atraídas por mi solitaria y misteriosa vida decidían pasar la noche conmigo y a la mañana huian de mí y mi inmundo hábito. Llegué a pagar a prostitutas caras, esas que te dan latigazos y te orinan, para que me rasquen durante un turno. Como mi fetiche no entraba en ningun esquema, las jodidas se aprovechaban y me cobraban cualquier cosa. Claro, las putas la pueden chupar, ponersela en el orto, en cualquier lado, pisarte la espalda, insultarte o atarte si es requerido, pero rascar el culo del cliente es algo selecto y que no cualquier acompañante está dispuesta a hacer.
Fue mas barato ir a terapia.
Con el correr de los años, el analista (vaya destino) me convenció que si yo era feliz y si encontraba con quien compartir esta actividad politicamente incorrecta pero 100% legal, iba a pasarla bien e iba a poner el foco en otras cosas. Me busqué actividades para dos manos (leer, cocinar, escribir en la compu, etc) y dejé de usar calsoncillos y compré un buen talco berreta.
Desde entonces lo controlo, hago lo que puedo bah. Traté de contactar a mas gente que padezca como yo esta dolencia, no por consagrar el adagio que dice "mal de muchos..." sino por ver que hacían por superarlo, y si juntábamos un grupo, hacer un encuentro u organizar jornadas o hasta un centro de ayuda.
No sé si perdí la sensibilidad, me curé un poco o son las actividades, pero ya no me rasco el culo como antes.
Estoy seriamente pensando en comprarme un perro.
miércoles, 7 de mayo de 2014
Dia 97 - Odioso con el calor.
Cuando llega el verano me pongo particularmente de mal humor.
Hay muchísimas causas, algunas olvidables y pedorras y otras de hondo contenido social, político y de relación.Entre las más leves y tolerables, se encuentra mi facilidad para transpirar copiosamente, lo cual me dificulta las tareas mas simples como escribir la lista de los mandados, descolgar la ropa de la soga,fumar, hacer el amor sin que las panzas hagan sonidos escatológicos y después nadar en un pantano hediondo de sudor, ponerme ropa, cocinar algo al horno o parrilla, etc. Hay cuestiones más sensibles que tienen más que ver con mi sensibilidad que con el calor, por ejemplo bailar en una fiesta sin chivar como un cerdo o saludar alguien con un beso o un abrazo y pasarle mis fluidos corporales de manera humillante y atroz.
Pero hay algo que me saca por sobre todas las cosas. Las metamorfosis de los vehículos.
Viste como le afloran a los automóviles una suerte de aletas amorfas colgando y cuando llegan a unas esquinas se despegan de la chapa para luego caer fofas de nuevo adhiriéndose como gruesos y viscosos tentaculos. Seguido de este grácil movimiento, el vehículo se cruza violentamente de mano arrollando todo a su paso.
Otro vehículo con ruedas que sufre transformaciones, es el changuito de supermercados. Sobre el barral donde uno lo toma para conducirlo y llevar a buen rumbo, aflora una suerte de gárgola fofa y maloliente que se desploma gracilmente dejando una suerte de hamaca paraguaya de cuero húmedo colgando del caño.
El calor me pone intolerante y básico, tiendo a ser muy introspectivo por necesidad.
Ojalá me llegue el aire que compré el mes pasado.
Hay muchísimas causas, algunas olvidables y pedorras y otras de hondo contenido social, político y de relación.Entre las más leves y tolerables, se encuentra mi facilidad para transpirar copiosamente, lo cual me dificulta las tareas mas simples como escribir la lista de los mandados, descolgar la ropa de la soga,fumar, hacer el amor sin que las panzas hagan sonidos escatológicos y después nadar en un pantano hediondo de sudor, ponerme ropa, cocinar algo al horno o parrilla, etc. Hay cuestiones más sensibles que tienen más que ver con mi sensibilidad que con el calor, por ejemplo bailar en una fiesta sin chivar como un cerdo o saludar alguien con un beso o un abrazo y pasarle mis fluidos corporales de manera humillante y atroz.
Pero hay algo que me saca por sobre todas las cosas. Las metamorfosis de los vehículos.
Viste como le afloran a los automóviles una suerte de aletas amorfas colgando y cuando llegan a unas esquinas se despegan de la chapa para luego caer fofas de nuevo adhiriéndose como gruesos y viscosos tentaculos. Seguido de este grácil movimiento, el vehículo se cruza violentamente de mano arrollando todo a su paso.
Otro vehículo con ruedas que sufre transformaciones, es el changuito de supermercados. Sobre el barral donde uno lo toma para conducirlo y llevar a buen rumbo, aflora una suerte de gárgola fofa y maloliente que se desploma gracilmente dejando una suerte de hamaca paraguaya de cuero húmedo colgando del caño.
El calor me pone intolerante y básico, tiendo a ser muy introspectivo por necesidad.
Ojalá me llegue el aire que compré el mes pasado.
jueves, 24 de abril de 2014
Dia 98 - Joyas familiares (parte I)
Susana y sus demonios.
Susana, esposa de un primo mío, tenía sus demonios, pero no
eran enfermedades imaginarias ni fantasmas del pasado. Eran sus palpables
cuatro hijos Eliana, Angelina, Martín y Pablo el más chico. Cada mediodía, o
cada noche eran un pequeño averno la cocina y el comedor de diario. La mesa
donde se realizaban el 85% de las tareas del hogar, era una montaña
inimaginable de cosas, algunas orgánicas y otras no tanto. Creo que si alguien
se tomara el trabajo, encontraría fácilmente 6 elementos que no figuran en la tabla
periódica de Mendeleiev y al menos una decena de neurotóxicos peores que el ántrax.
Esa tarde los planetas se alinearon y el mundo estalló. Susana se encontraba
cocinando panqueques, la única manera de disfrazar verdura que tenía para que
los cuatro gremlins y el Neanderthal del marido metan algo sano en su cuerpo
para no volverlo a sacar, al menos por el sitio por donde ingresó al organismo.
Todo estaba "normal" hasta que pasó, la mayor de las hermanas,
Eliana, había escuchado que la plata no alcanzaba para nopucid, y si la racha
de piojos seguía no quedaba otra que pelarlos a los cuatro. En un inocente
intento por ayudar, y valiéndose de una humillante tijerita de actividades
prácticas, empezó a ejercer su prematuro oficio de peluquera. A fuerza de coraje
y coscorrones que proporcionaba a los hermanitos, so pretexto de no molestar
con gritos ni llantos innecesarios a su mamá, Eliana fue literalmente podando
la cabeza de Angelina, quitando lo feo y dejando los brotes tiernos para
mejorar el plantel capilar en la próxima luna. Con Martín la cosa fue un poco
más complicada. El niño no cesaba de decir que no con la cabeza, no se sabe
bien si negaba la realidad o sólo con este método, distribuía en prolijas
parcelas los coscorrones y tijeretazos en armoniosos círculos asegurando así, una especie de empapelado
ecológico en 3D. Pablo en cambio aprovechó para ayudar a Susana en la cocina.
Mientras ella rellenaba los canelones, el niño empezó a llevar los utensilios a
la bacha para lavarlos. Una masa viscosa con gusto rico, bañaba parte de los
enseres y le preguntó a la mamá si podía ayudar a limpiarlos. Evidentemente
Susana no tenía idea, como la mayoría de las madres, que cuando dicen sí, abren
la caja de pandora a la creatividad más destructiva que anida en cada ser
humano esperando un permiso que casi nunca llega. Ante el visto bueno, sin
verlo, Pablo empezó a lamer cada utensilio sucio con aires de sibarita. Ordenó
el bol, la cuchara, el cucharón y dejó para el final la cuchilla. Dando rienda
suelta a su fetichismo por los objetos, su cabeza parecía flotar en un mar de
masa cruda de panqueque, placer y vicio rozando el delicado filo del dolor y lo
prohibido, era todo un sadopanquequista. Cuando llegó al cucharón, se le vino
la brillante idea de meter el manguito por su pequeña boca con tan mala suerte
que la pequeña curvatura que posee en el mango, se enganchó de su campanilla.
Lo que siguió fueron arcadas, vómitos, gritos ahogados, hasta que comprendió
Pablo, que la única manera de que le den bola era hacer un ruido significativo,
y ahí comenzó a romper platos. Promediando el tercero o cuarto plato, Susana
apareció en la puerta de la cocina con aspecto de asesino serial acorralado. Al
a su pequeño, pasó por su cuerpo y su cara no menos de veinte estados de animo,
todos ellos destructivos y desesperantes, y tomó al pequeño por algún lado
limpio que encontró y a los gritos pelados, reunió a todos en la sala para ir
al hospital de la otra cuadra. Dantesca fue la imagen que encontró al ver a la
novata coiffeur y sus primeros y atormentados clientes. En un rapto de
claridad, dejó una nota al Neanderthal y salió con los cuatro engendros a la
guardia para que al menos un problema se solucione. Describo el cuadro porque
así lo vi, de izquierda a derecha y sentados en un banco de sala de espera
estaban: Eliana, con cara de "yo no fui" y reprimiendo las frases "tengo
hambre" y "cuando nos vamos" para un momento más oportuno.
Angelina, se señalaba en silencio la cabeza y señalaba a Eliana en un incidental
homenaje al gran Marcel Marceau. A Martin no se le distinguía donde comenzaba y
donde terminaba el pelo, era como el muñeco ese que le crecía pasto en la
cabeza pero regado con ácido. Susana retorcía en silencio un pañuelo, sólo eso
hacía, y recitaba algo en idish. Pablo, miraba al frente, aún con el cucharón
en la garganta, con convulsiones y suspiros y cada tanto mirando de reojo a su
mamá a ver si daba para llorar un poco o seguir así en silencio sin joder
demasiado hasta que el doctor de guardia se digne a atenderlos. Ahí, justo ahí,
llega mi primo irrumpiendo en la guardia al grito de "Susana!!! Que
hiciste??? La cocina es un desastre y los canelones se re quemaron! me querés
decir que comemos hoy?...contestame che! estuve todo el día laburando, merezco
algo de respeto!!!".
Esto pasó hace veinticinco años. Recién ayer, Susana
consiguió parpadear con los dos ojos al unísono. El médico espera que en los próximos
meses deje de canturrear en idish y controle esfínteres...
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