Hace unos días, la noticia del transplante de pene fue un furor en las redes, no tanto por lo práctico ni lo revolucionario, sino por la ola de comentarios que generó. Por fín los hombres que tuviesen un problema funcional habrían encontrado la solución y sería una dosis alta de autoestima. En fín, la noticia cerraba bien por todos lados, hasta que puse a pensar seriamente en el tema y me asustó lo que pensé.
Hombre, amigo, a vos te escribo.
Imaginate que desde el día del transplante en adelante, vas a andar con la chota de otro cerquita del culo TODO EL TIEMPO....¿Lo pensaste? Imaginate por un momento que sos blanco y te transplantan la pija de un negro...¿La vas a agarrar para mear?¿Para sacudirla?¿Para rascarte? ¿Para lavarla? ¿¿¿Para la masturbación??? ¡Es literalmente pajear a un muerto! Me imaginaría al grone desde una nube con un arpa cagandose de risa mientras le acarician la chota.
¿Te imaginás si a tu mujer que en la reputa vida te la chupó se le da por empezar?
¿Te imaginás o no?
¡Puta!¡Chupandole la japi a otro!
A mí me generó mucho rechazo todo esto...
No me reconozco paranoico en otros aspectos pero esta noticia me trenzó las neuronas.
¿Transplantes?
Paso.
suerte transplantados
viernes, 24 de julio de 2015
jueves, 23 de julio de 2015
Empieza otra etapa
¿Para qué seguir?
Simplemente porque sí, porque así quiero.
Porque me propuse un limite lejano y que llegó más temprano de lo que esperaba y después de un tiempo me di cuenta que ponerse límites no sirve para nada.
Porque dejé de hacer algo que me gustaba que es sangrar por la herida y sabér que alguien del otro lado del cable lee estas cosas, si gusta o no, no tengo certezas, espero no tenerlas nunca.
Pero acá estamos escribiendo.
No van a ser 100 entradas más. Ni 10.
Solo va a habe una entrada más.
Una sola cada día.
Hasta que la caida de internet nos separe, hasta que se me vayan las ganas de escribir, o hasta que a uds se les vayan las ganas de leer.
O hasta que cambie de pasión, que en todo caso van a saberlo.
No acostumbro a dar la espalda en silencio y desaparecer.
En un rato compartimos espacios de nuevo.
Espero.
Un abrazo a vos, que a pesar de todo seguís ahí.
Lo que viene es para vos.
Gracias.
Panza arriba
Simplemente porque sí, porque así quiero.
Porque me propuse un limite lejano y que llegó más temprano de lo que esperaba y después de un tiempo me di cuenta que ponerse límites no sirve para nada.
Porque dejé de hacer algo que me gustaba que es sangrar por la herida y sabér que alguien del otro lado del cable lee estas cosas, si gusta o no, no tengo certezas, espero no tenerlas nunca.
Pero acá estamos escribiendo.
No van a ser 100 entradas más. Ni 10.
Solo va a habe una entrada más.
Una sola cada día.
Hasta que la caida de internet nos separe, hasta que se me vayan las ganas de escribir, o hasta que a uds se les vayan las ganas de leer.
O hasta que cambie de pasión, que en todo caso van a saberlo.
No acostumbro a dar la espalda en silencio y desaparecer.
En un rato compartimos espacios de nuevo.
Espero.
Un abrazo a vos, que a pesar de todo seguís ahí.
Lo que viene es para vos.
Gracias.
Panza arriba
martes, 26 de mayo de 2015
Recalculando
hay otro blog que estoy empezando a dibujar.
voy a andar por acá:
http://diariospresidenciales.blogspot.com/
suerte
voy a andar por acá:
http://diariospresidenciales.blogspot.com/
suerte
viernes, 8 de mayo de 2015
Olvidos....(y basta de entradas)
Una vez escuche a Joaquín Sabina mencionar en una canción al
olvido selectivo. Me pareció interesante la idea de poder olvidar lo que uno
quiere. Inmediatamente se me hizo una analogía con el mundo informático y
pensar a la memoria como un disco rígido al cual cada tanto seleccionaríamos un
montón de data y borrarlos para siempre. También estarían esos datos que uno no
esta tan seguro de borrar y los pone en una zona temporal, por si acaso. También
estaría la posibilidad de tener una memoria residual, una suerte de papelera de
reciclaje por si borramos algo accidentalmente, por ejemplo si tenemos una
carpeta llamada Marianela, que fue nuestro primer amor de la primaria, y también
esta la carpeta Marianela 2, que es nuestra primer hija y nada tiene que ver
con aquella Marianela de la infancia, corremos el riesgo de borrar torpemente a
nuestra hija por error. Por eso es bueno tener todo ordenado, por las dudas.
Tampoco uno va a andar borrando al voleo o solo para meter un par de datos
duros que tengan que ver con métodos seguros de trabajo o plazos de entrega. Se
podría aprovechar esta habilidad, la del borrado selectivo, para sacarse un
recuerdo traumático, o a ese mal conductor que nos puteo sin razón, o eliminar
charlas innecesarias o que no nos aportaron más que dolores de cabeza.
Me puse a investigar un poco si algo de esto era posible. Leí
algo acerca de métodos de yoga para relajar y dejar que las malas ondas fluyan,
pero no me resulto. A hora de poner la mente en blanco los malos recuerdos eran
lo único presente en la pantalla imaginaria que uno proyecta como muleta. Leí
que con hipnosis se podrían recuperar recuerdos que uno tenia olvidados, era
como uno de esos programas que usan para recuperar la información perdida de
los pen drives borrados accidentalmente, y si existía algo para recuperar, tendría
que en teoría existir una herramienta equivalente al format de algunos sectores
de la memoria de la mente. Un psicólogo amigo, me comento que si bien hay
maneras de ocultar algunos recuerdos traumáticos, la mente siempre se abría paso
para dejar alguna puerta abierta y frente a ciertos estímulos los traumas volvían.
Esto me pareció como la piedra filosofal que les aseguraba trabajo de por vida
a estos tránsfugas de los psicólogos, y deje de pensar el tema como un asunto
de software y me enfoque al hardware, fui a preguntar a un neurólogo. Otro
soliloquio me esperaba. Me conto, el neurólogo, que la mente es un conjunto de
redes que se interconectan e interactúan con un comportamiento que aun tiene en
fase de investigación a los especialistas. Me conto que por la década del 20 se
intento anular ciertos sectores de la memoria con electroshocks, y que en
muchos casos los resultados eran nefastos. Se anulaban junto con una parte de
los recuerdos, reflejos básicos y rutinas cotidianas como parpadear y avisarle
al cerebro que se esta desbordando la saliva. No obstante, el cerebro se las
ingeniaba para recablear las redes perdidas y utilizar el 80% de materia virgen
como memoria redundante o backup.
Así que la cosa se resumía a una frase, era imposible
olvidar a propósito.
La idea no dejaba de inquietarme, no podía dejar de pensar
que este hecho era similar al accionar artero de los reparadores de PC, automóviles
y celulares, que te tiraban una explicación coherente que no conducía a ningún
lado salvo a la mejora, reforma o al cambio de modelo de la unidad con
problemas por una superior, con la diferencia que solo tenemos un cerebro.
A los 30 me preocupaba este tema, ahora a los 40 me preocupa mucho
el olvido involuntario. La volatilidad de datos que son realmente importantes
como nombres de cosas y personas u horarios de diversa índole se van de la
mente como si nunca hubieran estado dejando solo lo viejo, lo que no nos sirve
en forma práctica para nada, salvo para contar alguna anécdota en las comidas y
que por lo general repetimos hasta el hartazgo ya que también anulamos el
recuerdo de la cantidad de veces que decimos algo y siempre nos parece la
primera vez.
Empiezo a traumarme on line y mientras más me quiero acordar
de las cosas más me las olvido. Como si en lugar de almacenar una dirección de
un amigo, almacenara la orden “RECORDAR LA DIRECCION DE FULANO”, como si en en
nuestra computadora tuviésemos una carpeta que contuviese otra carpeta titulada
“ARCHIVOS PARA RECORDAR”, y dentro de ella un *.txt que dice “ACA TENDRIAN
QUE ESTAR LOS ARCHIVOS QUE TENDRIAS QUE
RECORDAR.”
Iba a escribir algo más acerca de este tema pero se me fue.
Si recuerdo mientras hago la corrección ortográfica lo agrego, sino bueh, sabrá
comprender querido lector.
martes, 17 de marzo de 2015
Bonus Track
No se puede poner los nombres verdaderos, porque se trata de menores. Se cambian por otros de ficción.
Verónica cumplía los 15 en la ciudad de San Pedro, y sus padres habían organizado una fiesta familiar y amigos íntimos en una quinta alquilada. Los amigos de Verónica se fueron contactando por whatsapp y algunos invitaron a otros. Su amiga más cercana, Valeria, había invitado a un grupo del Club Náutico que frecuentaban el boliche y entre ellos se encontraba Pablo, su nuevo noviecito. Los padres habían organizado y dispuesto todo en forma prolija y hasta unos viejos compañeros policías del papá de Verónica, se ofrecieron para cuidar el orden y el buen desempeño de la fiesta.
Como era de esperar, todo iba desarrollándose conforme a la noche que acompañó como nunca con una luna llena espectacular. Pasaron el video, el vals y Verónica estaba pasando la mejor noche de su vida. Se estaba repartiendo el cotillón cuando desde afuera, entran en shock y con la ropa destrozada Valeria y Pablo. Tenían el aspecto de haber recibido una paliza, a ambos les faltaban el calzado y los celulares. Valeria tenía la ropa interior rota, señal de haber sido penetrada y Pablo estaba temblando como una hoja. Después de tomar algo fuerte, pudo decirle Pablo al papá de Verónica que con Vale se habían ido a la cancha a estar un rato solos cuando un grupo de cuatro chicos armados con revolver, salió de la nada y le sacaron los celulares y las zapatillas. No contentos con esto, manosearon a Vale y le pegaron a Pablo un par de trompadas, y los obligaron a tener relaciones mientras los filmaban con el celular de Vale. Pablo interrumpió el relato varias veces para preguntar como estaba Valeria, mientras que el grupo de chicas que la rodeaba no conseguían sacarle una sola palabra. "¿Podés reconocerlos si los volvés a ver?" preguntó uno de los amigos del papá de Verónica a Pablo, y este asintió con la cabeza. "¡Vamos a la policía a hacer la denuncia!" dijo el papá de Verónica..."¡No!" dijo Vale "¡Si hacemos la denuncia, dijeron que iban a subir el video a youtube!" No era fácil la situación, cada vez que se quería avanzar con la denuncia, Vale se ponía peor y hasta llegó a descomponerse. Vino una doctora de la unidad de emergencia y la revisó, le inyectó un calmante suave y la llevó a la casa acompañada por la mamá de Verónica. El padre de Vero acompañó a Pablo y trató de convencerlo que haga la denuncia, que era importante que no quedara la cuestión así nomás, pero Pablo insistió en lo importante que era que no se sepa lo que pasó, que lo único importante era lo que quisiera Vale, sólo si ella estaba de acuerdo hacían la denuncia. "Presteme el celular por favor, quiero bloquear el mío y el de Vale para que estos hijos de puta no puedan usarlos, al menos por un tiempo." El papá de Vero le dio el celular a Pablo y este tecleó un rato varios numeros y acciones. "Gracias", dijo devolviendo el celular a su dueño, "Al menos por dos días no los van a poder usar, ya veremos mañana que hacemos. Dejeme acá nomás, vivo en la otra cuadra, ya estoy mejor."
Le preguntó varias veces si estaba seguro y Pablo insistió que sí, que no quería preocupar a los padres llegar acompañado y que mañana de día les iba a explicar mejor lo sucedido. Y desde allí caminó solo.
Faltaban veinte metros para llegar, cuando de la oscuridad salieron cuatro sombras que se le acercaron hasta rodearlo. Al verla Pablo se puso blanco y casi se desmaya, se trataban de los atacantes de la fiesta. "¡Que te pasa pelotudito! ¿Ya no nos conocés?" dijo el más grande de ellos. "¡Ah, la puta que te parió!" dijo Pablo "¡Me asustaron hijos de puta!". "¿Que te quedaste haciendo boludo? ¿Te quedaste sacando la cintita dela torta?" . "¡No boludo! No me largaban más, y querían llevarme a la cana a hacer la denuncia. ¡Che! ¡Denme las zapatillas y el celular! ¿Tienen el video?" . "¡Si boludo! ¿Te lo paso?". "¡No! Borralo...Vale quedó medio para la mierda" dijo Pablo, "¡Ya fue! Si la sigo me deschavo...mejor me abro"
Los cuatro se fueron por donde vinieron y Pablo les gritó "¡Che boludos! ¿Y el celu?"
"Olvidate, lo hicimos plata..." le dijeron "¡Ya te hicimos la gamba para ponerla! ¿Qué más querés? ¡Tomátelas!"
"Hijos de puta" murmuró Pablo, mientras se metía en la casa de sus viejos.
http://canalwebsanpedro.com.ar/cuando-los-teniamos-a-estos-dos-tipos-venian-estos-dos-chicos-del-medio-del-campo-en-ropa-interior/#more-52152
Verónica cumplía los 15 en la ciudad de San Pedro, y sus padres habían organizado una fiesta familiar y amigos íntimos en una quinta alquilada. Los amigos de Verónica se fueron contactando por whatsapp y algunos invitaron a otros. Su amiga más cercana, Valeria, había invitado a un grupo del Club Náutico que frecuentaban el boliche y entre ellos se encontraba Pablo, su nuevo noviecito. Los padres habían organizado y dispuesto todo en forma prolija y hasta unos viejos compañeros policías del papá de Verónica, se ofrecieron para cuidar el orden y el buen desempeño de la fiesta.
Como era de esperar, todo iba desarrollándose conforme a la noche que acompañó como nunca con una luna llena espectacular. Pasaron el video, el vals y Verónica estaba pasando la mejor noche de su vida. Se estaba repartiendo el cotillón cuando desde afuera, entran en shock y con la ropa destrozada Valeria y Pablo. Tenían el aspecto de haber recibido una paliza, a ambos les faltaban el calzado y los celulares. Valeria tenía la ropa interior rota, señal de haber sido penetrada y Pablo estaba temblando como una hoja. Después de tomar algo fuerte, pudo decirle Pablo al papá de Verónica que con Vale se habían ido a la cancha a estar un rato solos cuando un grupo de cuatro chicos armados con revolver, salió de la nada y le sacaron los celulares y las zapatillas. No contentos con esto, manosearon a Vale y le pegaron a Pablo un par de trompadas, y los obligaron a tener relaciones mientras los filmaban con el celular de Vale. Pablo interrumpió el relato varias veces para preguntar como estaba Valeria, mientras que el grupo de chicas que la rodeaba no conseguían sacarle una sola palabra. "¿Podés reconocerlos si los volvés a ver?" preguntó uno de los amigos del papá de Verónica a Pablo, y este asintió con la cabeza. "¡Vamos a la policía a hacer la denuncia!" dijo el papá de Verónica..."¡No!" dijo Vale "¡Si hacemos la denuncia, dijeron que iban a subir el video a youtube!" No era fácil la situación, cada vez que se quería avanzar con la denuncia, Vale se ponía peor y hasta llegó a descomponerse. Vino una doctora de la unidad de emergencia y la revisó, le inyectó un calmante suave y la llevó a la casa acompañada por la mamá de Verónica. El padre de Vero acompañó a Pablo y trató de convencerlo que haga la denuncia, que era importante que no quedara la cuestión así nomás, pero Pablo insistió en lo importante que era que no se sepa lo que pasó, que lo único importante era lo que quisiera Vale, sólo si ella estaba de acuerdo hacían la denuncia. "Presteme el celular por favor, quiero bloquear el mío y el de Vale para que estos hijos de puta no puedan usarlos, al menos por un tiempo." El papá de Vero le dio el celular a Pablo y este tecleó un rato varios numeros y acciones. "Gracias", dijo devolviendo el celular a su dueño, "Al menos por dos días no los van a poder usar, ya veremos mañana que hacemos. Dejeme acá nomás, vivo en la otra cuadra, ya estoy mejor."
Le preguntó varias veces si estaba seguro y Pablo insistió que sí, que no quería preocupar a los padres llegar acompañado y que mañana de día les iba a explicar mejor lo sucedido. Y desde allí caminó solo.
Faltaban veinte metros para llegar, cuando de la oscuridad salieron cuatro sombras que se le acercaron hasta rodearlo. Al verla Pablo se puso blanco y casi se desmaya, se trataban de los atacantes de la fiesta. "¡Que te pasa pelotudito! ¿Ya no nos conocés?" dijo el más grande de ellos. "¡Ah, la puta que te parió!" dijo Pablo "¡Me asustaron hijos de puta!". "¿Que te quedaste haciendo boludo? ¿Te quedaste sacando la cintita dela torta?" . "¡No boludo! No me largaban más, y querían llevarme a la cana a hacer la denuncia. ¡Che! ¡Denme las zapatillas y el celular! ¿Tienen el video?" . "¡Si boludo! ¿Te lo paso?". "¡No! Borralo...Vale quedó medio para la mierda" dijo Pablo, "¡Ya fue! Si la sigo me deschavo...mejor me abro"
Los cuatro se fueron por donde vinieron y Pablo les gritó "¡Che boludos! ¿Y el celu?"
"Olvidate, lo hicimos plata..." le dijeron "¡Ya te hicimos la gamba para ponerla! ¿Qué más querés? ¡Tomátelas!"
"Hijos de puta" murmuró Pablo, mientras se metía en la casa de sus viejos.
http://canalwebsanpedro.com.ar/cuando-los-teniamos-a-estos-dos-tipos-venian-estos-dos-chicos-del-medio-del-campo-en-ropa-interior/#more-52152
miércoles, 11 de marzo de 2015
The end
Cuando me propuse escribir 100 dias de historias en este blog, lo vi recontralejano, imposible. Por limitación en ideas y por falta de tiempos y voluntades.
De a poco fue fluyendo, hubo días buenos, hubo días malos, hubo sólo basura...
Pero estos textos fueron escritos pensando que vos te ibas a animar a seguir leyendo, que de a poco íbamos a terminar por cuasi conocernos. Escribir no es lo mío, y no lo digo con un dejo de falsa modestia, simplemente me cuesta sacar de la cabeza una idea y formarla para que termine como un texto escrito. Admiro a quien lo hace.
Como sea, acá estoy, escribiéndote esta especie de despedida y vos leyéndola. ¿Viste?
Si llegaste hasta acá no fue por accidente.
Y te agradezco el tiempo dedicado.
Esto es lo último que voy a escribir, el pez que andaba panza arriba terminó de fingir y volvió a andar como siempre anduvo, y se volvió un pez igual que todos los otros del cardúmen.
Ojalá lo hayas pasado un poco bien y te hayas entretenido con las entradas, yo me divertí bastante haciéndolas.
Al principio nadie leyó nada de esto, hoy vi que hay cerca de 3300 visitas, mucho más de lo que esperaba.
A vos, que llegaste hasta acá ¡Muchas gracias!
Si te gustaron las historias estoy por acá
grupotranseuntes@gmail.com
Suerte y adiós.
Panza arriba.
marzo del 2015
fin.
De a poco fue fluyendo, hubo días buenos, hubo días malos, hubo sólo basura...
Pero estos textos fueron escritos pensando que vos te ibas a animar a seguir leyendo, que de a poco íbamos a terminar por cuasi conocernos. Escribir no es lo mío, y no lo digo con un dejo de falsa modestia, simplemente me cuesta sacar de la cabeza una idea y formarla para que termine como un texto escrito. Admiro a quien lo hace.
Como sea, acá estoy, escribiéndote esta especie de despedida y vos leyéndola. ¿Viste?
Si llegaste hasta acá no fue por accidente.
Y te agradezco el tiempo dedicado.
Esto es lo último que voy a escribir, el pez que andaba panza arriba terminó de fingir y volvió a andar como siempre anduvo, y se volvió un pez igual que todos los otros del cardúmen.
Ojalá lo hayas pasado un poco bien y te hayas entretenido con las entradas, yo me divertí bastante haciéndolas.
Al principio nadie leyó nada de esto, hoy vi que hay cerca de 3300 visitas, mucho más de lo que esperaba.
A vos, que llegaste hasta acá ¡Muchas gracias!
Si te gustaron las historias estoy por acá
grupotranseuntes@gmail.com
Suerte y adiós.
Panza arriba.
marzo del 2015
fin.
martes, 10 de marzo de 2015
Día 1 - Naranjas
Como la mayoría de las historias, ésta tiene dos comienzos.
Veníamos del Tigre con mi familia una tarde hace unos meses
en el auto por la ruta nueve, cuando a la altura de San Pedro un rastrojero
subió a la autopista y se le cayó un cajón de naranjas. El cerebro se me
paralizó y cerrando los ojos clavé los frenos. El auto comenzó a hacer un
trompo y se fue a la banquina. Mi mujer y mis hijas dormían hasta el accidente,
y se sobresaltaron hasta el infarto. Las imágenes me pasaban como una película,
yo veía todo desde afuera, como un espectador. Los sonidos eran confusos y
carecían de agudos, hasta que mi hija menor me tocó el hombro y me dijo
"Papá...¿Estás bien?". Recién ahí volví a la realidad, mi mujer
gritaba mi nombre sin parar y un par de personas que no conocía me preguntaban
cosas típicas para constatar daños cerebrales o algo de eso. Me di vuelta y
constaté que estaban todos bien, un poco sacudidos pero nada grave. Salí del
auto y todo estaba casi en orden, ningún herido ni autos chocados por suerte.
Intercambiamos los datos del seguro con los otros dos conductores que
despistaron por mi maniobra y retomamos el regreso a casa. "Me dormí"
le mentí a mi esposa.
El comienzo de esta historia, data del año 1980. Teníamos
diez años y mucho tiempo al pedo. En el fondo de mi casa, había un limonero y
cuatro árboles de una naranja salvaje que llamábamos bergamota. Como fruta era
incomible, pero se usaba la cáscara seca para el mate y el resto, se lo tirábamos
a las gallinas, porque según mi abuelo Ramón, servía para endurecer la cáscara
del huevo. El sobrante de naranjas, eran elementos de diversión masiva.
Jugábamos a ver quien aguantaba más tiempo con un gajo en la boca. Era
horrible.
Un día descubrimos que podíamos usar las naranjas para
ejercitar puntería. Desde la terraza de uno de los chicos del barrio,
improvisamos un juego de bochas que consistía en arrojar las naranjas por
turnos y ganaba quien dejaba una lo más cerca posible de un punto elegido de
antemano. Un día, sin querer, una de las naranjas impactó de lleno en el techo
de un auto. Como los móviles de aquellos tiempos eran robustos y fuertes, no
sucedió nada con la chapa del techo y el auto siguió si detener su marcha. Fue
una revelación.
Como jugar y hacer daño en algún momento de nuestra vida no
difiere demasiado, nos dedicamos a lanzar naranjas a los autos. Para ello,
había que ser precisos pero sobre todo cautos. La maniobra era imposible, había
que arrojar la naranja en una parábola pero había que estar escondido para que
el chofer no sepa quien fue el que le tiró el proyectil. Los objetivos fueron
los camiones y colectivos y teníamos un singular éxito.
Una tarde, encontramos en casa un frasco con clavos para
madera. Mi papá era carpintero y no era raro encontrar este tipo de cosas en
casa. Se nos ocurrió ponerle clavos a las naranjas, cuatro o cinco por cada
una, cosa que si algún chofer juguetón pisaba las frutas se iba a llevar una
fea sorpresa. Armamos las "naranjas miguelitos" como las llamamos y
las regamos por la calle, mientras esperábamos pacientes. El juego era más bien
aburrido y no tenía la adrenalina del otro donde ejercitábamos puntería, pero
era infinitamente menos riesgoso. Ya nos estábamos por volver cada uno a
nuestra casa cuando de pronto pasó. Un colectivo de la línea 515 pisó al menos
cinco naranjas, reventando las tres gomas del lado izquierdo, girando
violentamente e impactando de lleno en la pared de la carnicería del barrio.
Salió gente de todas las casas y no tardaron en arrimarse al lugar del choque.
Fue la primera vez en mi vida que vi gente grande llorar. Mi papá se acercó y
nunca supe como , pero algo sospechó que teníamos que ver. Me llevó a casa y me
pegó mucho, en silencio, sin saber por qué, pero creo que esperaba que le diga
algo. Como era una costumbre pegarnos, me aguanté y no dije nada, igual que lo
hicieron Diego y Marcelo mis dos amigos y compañeros de travesura. Al otro día
nos cruzamos los tres, ninguno dijo nada, ninguno diría nada nunca. Se nos
notaba que algo se había roto esa tarde. Supimos que una persona murió en el
accidente del 515, y que hubo muchos heridos, pero nada más. No quisimos saber
nada más. Para nosotros era suficiente.
Por eso, 35 años después el destino me muestra lo pequeños y
vulnerables que somos, y que todo lo que uno hace y no resuelve, vuelve.
Esta historia no la pude contar nunca, a nadie. Si Diego y
Marcelo (omito los apellidos por razones personales) llegan a leer esto de pura
casualidad, ya que no son muy afectos a los blogs, creo que no les va a causar
mucha gracia.
A mi tampoco me causa escribirlo, pero esta vez lo siento
necesario.
A lo mejor así, me lo puedo sacar un poco de la cabeza,
aunque desde el accidente con mi mujer y mis hijas, no paro de pensar en el
515, las naranjas y los clavos.
Me cuesta dormir y ya no tengo paz.
lunes, 9 de marzo de 2015
Día 2 - Jurados
Hace unos días fui a ver una serie de obras de teatro en el marco de un festival provincial donde los jurados elegirían una para representar a la provincia en la fase nacional del mismo.
En el medio de una de las obras, sentí muchas ganas de irme, o al menos levantarme y gritarle a los actores que se pongan las pilas o devuelvan el dinero. Aquello era un verdadero asco. Dos mujeres gritaban cosas incomprensibles mientras que dos flacos barrían el escenario tarareando "la bamba" todo esto bañado de una luz azul que viraba hacia los magenta. El escenario era un tiradero de mugre, elementos innecesarios y objetos que nunca utilizaron los actores.
Estaba realmente incómodo hasta que vi a un flaco entre el público que tenía la mirada muy atenta, a pesar del embole que transmitía con el resto del cuerpo salvo los hombros que apuntaban hacia adelante. Era uno de los miembros del jurado.
Pobre flaco pensé, él sí está jodido, no puede irse alegremente...es más, debe quedarse hasta el final, y hasta todos los finales de las obras.
Intenté ponerme en los zapatos del pobre tipo....imposible.
Imagínese estimado lector, tener que ver o escuchar o leer algo que apesta y encima de eso, elaborar un puntaje o una crítica constructiva o algo que con mucha paciencia iba a terminar beneficiando sólo a una persona o grupo y ganarse el odio de un montón más...
¡Qué insufrible debe ser! No poder pararse y decir "¡Esto es una cagada! ¡Me voy a perder el tiempo en algo más productivo!" o al final del festival decir como conclusión "¡La mayoría de las obras fueron una cagada inentendible! ¡Dediquensé a otra cosa pero no le roben más la plata a la gente! ¡Lo siento, esto no es lo suyo!"
Pero diosa paciencia, prima hermana de la hipocresía y parienta lejana de la diplomacia, hace que estos pobres seres, los jurados, traguen hondo y elaboren informes embetunados en vaselina y con cara de alegría señalar los puntos positivos, y a lo inentendible señalarlo como innovador o transgresor.
A los 5 minutos o 10 como mucho, uno se da cuenta si lo que ve es una bosta o es sublime. Hay imbeciles que piensan que si empezó mal la obra, con el proceso y el tiempo puede mejorar. Mentiras.
Pensemos en este ejemplo. Sos un jurado en un concurso de comidas y te sirven un sorete, de verdad, sin metáforas, un pedazo de mierda en un fino plato blanco. Vos lo probás y le insistís al cheff que es una mierda, que sabe a mierda, y el cheff te dice "¡Ehhh!¡Cómo se atreve a prejuzgar tan rápido si no lo terminó! ¡Eso que aún no probó la salsa de hongos marroquíes y el postre!"
No digo que hay que plantar la bandera en los primeros minutos de una obra o en las primeras lineas de un texto, pero la mayoría de los hechos artísticos si empiezan mal, acaban peor.
Estaba pensando en esto cuando el flaco del jurado, pestañeó largo, tomó aire y abrió los ojos mirádome como si me hubiera leído la mente. Cerró los ojos y asintió con su cabeza y siguió mirando derrotado, lo que quedaba de la obra.
Miré a mi alrededor y algunos me ponían un gesto de desagrado, otros como de resignación.
Juro que en el transcurso de todo esto que escribí, no dije una sola palabra en la sala, ni hice ningún quejido o suspiro o algo parecido.
A lo mejor eso de pensar en voz alta es cierto.
O tal vez debí usar menos desodorante.
Como sea, ¡Que laburo de mierda es ser jurado!
En el medio de una de las obras, sentí muchas ganas de irme, o al menos levantarme y gritarle a los actores que se pongan las pilas o devuelvan el dinero. Aquello era un verdadero asco. Dos mujeres gritaban cosas incomprensibles mientras que dos flacos barrían el escenario tarareando "la bamba" todo esto bañado de una luz azul que viraba hacia los magenta. El escenario era un tiradero de mugre, elementos innecesarios y objetos que nunca utilizaron los actores.
Estaba realmente incómodo hasta que vi a un flaco entre el público que tenía la mirada muy atenta, a pesar del embole que transmitía con el resto del cuerpo salvo los hombros que apuntaban hacia adelante. Era uno de los miembros del jurado.
Pobre flaco pensé, él sí está jodido, no puede irse alegremente...es más, debe quedarse hasta el final, y hasta todos los finales de las obras.
Intenté ponerme en los zapatos del pobre tipo....imposible.
Imagínese estimado lector, tener que ver o escuchar o leer algo que apesta y encima de eso, elaborar un puntaje o una crítica constructiva o algo que con mucha paciencia iba a terminar beneficiando sólo a una persona o grupo y ganarse el odio de un montón más...
¡Qué insufrible debe ser! No poder pararse y decir "¡Esto es una cagada! ¡Me voy a perder el tiempo en algo más productivo!" o al final del festival decir como conclusión "¡La mayoría de las obras fueron una cagada inentendible! ¡Dediquensé a otra cosa pero no le roben más la plata a la gente! ¡Lo siento, esto no es lo suyo!"
Pero diosa paciencia, prima hermana de la hipocresía y parienta lejana de la diplomacia, hace que estos pobres seres, los jurados, traguen hondo y elaboren informes embetunados en vaselina y con cara de alegría señalar los puntos positivos, y a lo inentendible señalarlo como innovador o transgresor.
A los 5 minutos o 10 como mucho, uno se da cuenta si lo que ve es una bosta o es sublime. Hay imbeciles que piensan que si empezó mal la obra, con el proceso y el tiempo puede mejorar. Mentiras.
Pensemos en este ejemplo. Sos un jurado en un concurso de comidas y te sirven un sorete, de verdad, sin metáforas, un pedazo de mierda en un fino plato blanco. Vos lo probás y le insistís al cheff que es una mierda, que sabe a mierda, y el cheff te dice "¡Ehhh!¡Cómo se atreve a prejuzgar tan rápido si no lo terminó! ¡Eso que aún no probó la salsa de hongos marroquíes y el postre!"
No digo que hay que plantar la bandera en los primeros minutos de una obra o en las primeras lineas de un texto, pero la mayoría de los hechos artísticos si empiezan mal, acaban peor.
Estaba pensando en esto cuando el flaco del jurado, pestañeó largo, tomó aire y abrió los ojos mirádome como si me hubiera leído la mente. Cerró los ojos y asintió con su cabeza y siguió mirando derrotado, lo que quedaba de la obra.
Miré a mi alrededor y algunos me ponían un gesto de desagrado, otros como de resignación.
Juro que en el transcurso de todo esto que escribí, no dije una sola palabra en la sala, ni hice ningún quejido o suspiro o algo parecido.
A lo mejor eso de pensar en voz alta es cierto.
O tal vez debí usar menos desodorante.
Como sea, ¡Que laburo de mierda es ser jurado!
martes, 3 de marzo de 2015
gracias...
en tres entradas más este blog se termina....ojalá lo hayan pasado tan bien como lo estoy pasando yo.
está bueno escribir pero no es lo mío...
no se bien qué es lo mío.
me siento un poco caradura pero lo pasé bien sabiendo que alguien lee lo que escribo.
nos vemos en un rato.
chau
está bueno escribir pero no es lo mío...
no se bien qué es lo mío.
me siento un poco caradura pero lo pasé bien sabiendo que alguien lee lo que escribo.
nos vemos en un rato.
chau
Día 3 - Diarios de fotografía cordobesa en Villa Constitución
En cada acontecimiento importante de
Villa Constitución, el Cordobés siempre estaba inmortalizando el
momento con su cámara de fotos. Cuentan que la ganó en una rifa del
Cuartel de Bomberos Voluntarios y que el equipo estaba bastante
completo, tenía un flash enorme y una valija de cuerina.
Nunca tuvo tiempo de usarla hasta que
se jubiló de su puesto en la Mutual de Empleados de Comercio.
Una tarde se dio cuenta que la
economía no le cerraba y pensó en vender la cámara de fotos. Sin
éxitos y con pocas reservas para comer, decidió experimentar un
poco con el artefacto. No parecía tan complicado después de un rato
de hacer foco y calcular luminosidades. Aprendió solo a calcular
velocidades de obturación y a darle el flash necesario a las
escenas.
Salió entonces a probar suerte en una
plaza donde había una pareja paseando un perro. Quiso la suerte que
le pidieran una serie de fotos del perro, pero el cordobés les
aclaró que solo se estaba distrayendo. La pareja insistió con pagar
las fotos por adelantado y una luz se le hizo al cordobés en la
cara.Por fin se le iluminaba el panorama, iba a tener un ingreso
regular. Improvisó una suerte de agenda y organizó su trabajo. No
tardaron en llamarlo de fiestas, graduaciones y todo aquello que
parecía importante en Villa Constitución. La paga no era cuantiosa
pero aomía regularmente en los ágapes e inauguraciones. La gente lo
llamaba más por solidaridad que por el trabajo en sí mismo ya que
la mayoría le tenía un particular afecto. Fue así que estaba
presente en el choque de la ambulancia con el tractor en Rueda, en el
suicidio de Gamerro el contador, en la suelta de palomas por la
venida del Papa a la Argentina y cuando ascendió el club Fortín al
Nacional B metropolitano. Prácticamente la historia de Villa
constitución pasaba por sus ojos.
Un día, sin mucho preámbulo
falleció, su corazón desbordado de emociones dijo basta y fueron
los mejores años de su vida. Toda una vida encerrado en el depósito
de la Mutual ordenando papeles lo habían privado de la vida social.
Luego del velorio, su único hermano
que llegó desde Cruz del Eje, pasó a ordenar los papeles de la casa
paterna donde vivía el cordobés. En eso estaba cuando casi todo el
pueblo tocó la puerta. Los gabitantes de Villa constitución se
excusaron y entendían el dolor y el mal momento, pero no podían
dejar de pasar a saludar y si se podía a buscar el trabajo
fotográfico del cordobés, ya que constituía en la más fiel de las
miradas e iba a servir para ilustrar un libro que se estaba gestando
acerca de la historia del pueblo. La gente ofreció a pagar como sea
por ese valioso tesoro tratando que no se pierda para siempre como
suele suceder con las cosas importantes.
El hermano del cordobés frunció el
ceño feo. Después de unos minutos de mirar el piso sentenció, “¡Mi
hermano jamás en la puta vida sacó una foto! ¡No tenía idea como
hacerlo! Es más, ¡No tenía máquina!”
Se adelantó Filipelli el de la
gestoría, para corregir al forastero, y le describió el maletín y
la agenda donde constaba la incansable labor del fotógrafo de Villa
, como solían conocerlo. Revolviendo encontraron el maletín y la
multitud respiró aliviada. En la agenda constaban todos los trabajos
del cordobés, fecha por fecha, dato por dato, apellido por apellido.
Sólo restaba encontrar las fotos.
El hermano del cordobés los miró con
los ojos más abiertos que nunca. “¿Alguno ha visto las fotos de
mi hermano? ¿Le pagaron?”
“¡Por supuesto que le pagamos!” y
enseguida recordaron que nadie nunca había visto una sola foto del
cordobés. Se miraron los unos a los otros hasta que todas las
miradas recayeron en Mancino, el dueño de la óptica de Villa. “¡A
mi nunca me compró un solo rollo!” dijo mirando al resto como
esperando el dato que hiciera feliz a todos. Pero esa respuesta nunca
llegaría. Todo era silencio en la casa, hasta que el hermano del
cordobés preguntó “¿Alguien le explicó a mi hermano que la
máquina lleva un rollo?”
Así se fue el proyecto del libro por
la borda. Sólo el cordobés sabía que había pasado con las fotos.
La mayoría creen hasta hoy que el tipo los cagó, lisa y llanamente.
Unos pocos aun siguen buscando la historia perdida. Por un momento,
el cordobés había sido alguien, y eso sí que nunca se lo iban a
poder quitar.
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