miércoles, 30 de septiembre de 2015

Polietileno

"Este sistema se aleja cada vez más de mi visión del mundo, o soy yo el que se aleja de este perverso sistema. Como sea a fin de mes me voy de esta empresa" nos dijo Grimberg mientras se sentaba en el banco de trabajo del conejo Aguirre.

Relato de Grimberg.

Desde que me fui a Perú entendí varias cosas.El cerebro nos vive mintiendo, nos crea una ilusión de comfort, nos instala ahí y desde ese entonces nos arbitra los medios para ganar dinero y no salir de esa zona de comfort. No sea cosa que pensemos de más y rompamos los esquemas con alguna revolución. Hace unos años en el viaje a Perú descubrí que se vive con muy poco, ¿saben? No hace falta mucho para ser feliz. Si hubiera traído el Ipad les mostraba las fotos de la miseria material en la que florece la alegría y el amor. La esencia del ser está en los rincones más recónditos del ser humano, hasta los peruanos tienen alma aunque sus caras expresen otra cosa. Les juro que quise dejar todo para andar en bolas por Nazca absorbiendo los mensajes de los antiguos dioses y tragarme de una mirada todas las estrellas, pero la guía de la excursión me dijo que los peruanos son medio estrictos con el tema del nudismo. Claro, son lacayos del imperialismo pobres, pero ya van a lograr zafar. Cuando volví me empecé a preparar para la revolución cultural. Les pedí una combi medio hecha mierda a los socialistas que tenían al pedo. ¿Sabés que me dijeron? ¡Que me la vendían! Increíble. Es como si al Che Guevara le cobraran las balas. ¡Estamos todos locos! La idea era pedirle a Juanma un televisor LCD que tenía al pedo, las sillas de plástico que tiró al galpón mi viejo y salir a mostrar cine alternativo a los pueblos del norte. Imaginensé, que esa gente en la puta vida vio buen cine. Les caes a esos negros con una de Stanley Kubrick y les rompés el mate. Es como un viaje de ácido sin ácido. Obviamente me deprimí y me fui a Galápagos dos meses. ¿Saben que hay en Galápagos? Naturaleza, por donde mirés hay naturaleza y tortugas. Un día estaba en una roca pensando mi siguiente paso y una foca se puso enfrente mío, ¡una foca! ¿entienden? La foca me miró fijo, yo la miré . Ahí no hay bañero ni nadie que te salve las papas. Así que grité con todas mis fuerzas y salí cagando y me rompí contra una roca. Ahí tuve la revelación. No se puede vivir así como un esclavo del sueldo aplastando los sueños y regalando la vida a un empleador. No creo que se pueda llamar disfrutar a tomar tres mates amargos hablando de fútbol. Hay un mundo muriendo allá afuera y necesita cada esfuerzo nuestro, mientras tengamos las necesidades satisfechas no vamos a servir para nada. Por eso me di cuenta que estuve equivocado todos estos años y tomé la decisión de irme a la mierda. Me voy a laburar con mi viejo.

Después del relato , y sintiendo que el conejo Aguirre y yo estábamos meando horriblemente fuera del tarro y pensando en la revolución de la mano de Grimberg, se nos ocurrió preguntar ¿qué iba a hacer con su padre? ¿a qué se dedicaría?

Me voy con mi viejo que tiene una fábrica de bolsas de Polietileno.

Se me vino esta imagen a la cabeza y se me desbarrancó un revolucionario.
Lo único que buscaba con todo esto, Grimberg , era una piojosa venganza a largo plazo para con la pobre foca de Galápagos


martes, 29 de septiembre de 2015

El Club Urquiza - Aplastando ilusiones

Por los años '80, el Club Urquiza reunía los talentos del barrio y en un improvisado escenario cada cual desplegaba sus virtudes. Germancito, como lo llamaban la mujer de la mercería y Amanda la del quiosco, era un fanático de Star Wars, mal. Tenía todo el merchandising que se podía conseguir, muñequitos, tarjetas, disfraces, figuritas, todo. Esto se debía a la alta posición económica que ostentaban sus padres, ambos reconocidos médicos de la zona. Sus padres siempre lo alentaron a ser creativo y jugar mucho. La música era una constante en la casa de Germancito, se escuchaba todo tipo de jazz, folk y clásico. El padre tocaba la trompeta y jugando y jugando aprendió a hacer sonar algunas notas. Tanto perseveró que aprendió la Marcha Imperial de la guerra de las galaxias. Su papá lo ayudó con los tempos y para los precoces ocho años, era todo un talento. Los amigos del barrio nos quedábamos las horas escuchando una y otra vez la Marcha Imperial, era sublime y nos dejaba colgados .Le comentamos del club Urquiza y la peña de talentos y con un poco de reserva y muchos peros, los papas de Germancito aceptaron llevarlo para que toque la Marcha Imperial en el Club.
Para ese día, la mamá lo vistió de trajecito y el papá lustró hasta el cansancio la trompeta.
Llegó el glorioso día, todo el barrio estaba presente. Hubo como siempre, mucho focklore y tango, y a Germancito lo dejaron para el final, para que cierre el show. Sus padres temblaban pero Germancito pensaba en la Marcha y ensayaba con los dedos las notas, estaba sereno. Pasaron todos los números y la expectativa crecía  con la noche. Finalmente don Cordero, el maestro de ceremonia, le preguntó al padre de Germancito qué iba a tocar, como pudo le dijo La Marcha Imperial. Don Cordero lo garabateó en un papel y se lo pasó al locutor, quien dijo con el micrófono con reverberancia: "Y ahooooooraaaaa, para finalizaaarr esta velaaaadaaaa, el joven Germancito Trebes Podestaaaaaaaa¨, nos deleitará con su trompetaaaaaaaa.......¡Vamos Germacito con esa marchaa!"
Un silencio precedió al aplauso intenso, la luz lo cegó pero se veía gigante, el peinado a la glostora le daba un brillo especial a la escena. Germancito levantó la trompeta, agilizó los dedos, tomó aire y empezó a tocar impecablemente las cinco primeras notas de la Marcha Imperial. De la nada, el Sapo Cordoba se levantó y continuó a los gritos "Todos unidos triunfaremooooooo....". La mesa de la comisión de bochas coreó "Y como siempre dareeeeeemo,,,". Los del buffet golpendo los cucharones en las sartenes a ritmo agregaron "Un grito de corazón". Demás está decir que el club todo gritó "¡VIVA PERON VIVA PERON!"
Germancito estaba quieto, como una estatua, inmóvil, con la trompeta aún en su boca. La mamá lo bajó de un brazo mientras los miembros del club se paraban en las mesas, golpeaban sus platos y gritaban más fuerte que nunca. Por una puerta lateral, salieron Germancito y sus padres en estado de shock esquivando la turba. Iban a casi treinta metros del club cuando estalló un aplauso increible y mucha euforia. La voz del locutor cerraba la noche diciendo "¡¡¡¡¡Y así, nos deja Germancito Trebes Podestá, este joven talento que le puso un broche de oro a esta noche!!!!! Nos vemos el año que viene si Dios quiere, buenas noches familias."
Después supe que Germancito se mudó a Mendoza, que fue un médico exitoso pero que dudo que se haya presentado otra vez a algún escenario.

domingo, 30 de agosto de 2015

Facebook

La realidad y la ficción siempre terminan sorprendiendo de manera atroz.
Matías era un chico de once años de mi barrio, hijo típico de padres separados, con sus traumas y sus necesidades materiales satisfechas. Vivía con su padre a tres cuadras de la escuela del barrio. Era reservado y le gustaba mucho dibujar y compartir en las redes sus escaneos. Desde chico tuvo facebook antes que ninguno de sus compañeros. Sospecho que fue para compensar la carencia de afectos y atención, aunque el mundo que se le abrió a partir de la red era menos dañino que la realidad cotidiana que mal teñía su infancia. Tenía cientos de amigos virtuales en todas partes del mundo y la mayoría premiaban con “likes” sus producciones caseras dándole una cuota necesaria de optimismo.
Cierta tarde, cuando abrí mi facebook, vi que en mi muro Matías compartía un video en lugar de un dibujo. No se apreciaba nada raro en la portada y el nombre era una serie numérica que suponían una fecha por la estructura MMDDYY. Al abrir el video, algo espeluznante comenzó a desarrollarse frente a mis ojos. Una escena de pedofilia explícita corría a lo largo de los treinta y ocho segundos que duraba y cerca del final se podía apreciar la cara del niño con un desesperado gesto pidiendo ayuda. No tardaron en aparecer los comentarios desaprobadores y los repudios a tal actividad. Poco fueron los que le preguntaban por el origen de este video a Matías. “No entiendo, me deben haber hackeado el face” fue la primer respuesta de Matías. Los videos empezaron a aparecer más seguidos y no tardaron los padres de los compañeritos de Matías a preocuparse. El chico estaba subiendo demasiada pornografía de calidad casera y de repulsiva temática. El, insistía en el hackeo de su cuenta y borraba cada vez que aparecía algo nuevo en su muro. El padre se convirtió en el blanco de las críticas de maestros, vecinos y amigos. Todos insistían en que ponga atención a Matías y que lo lleve a un psicólogo ya que estaba perturbando a sus amigos con los videos. Matías juraba entre llantos que desconocía como habían ido a parar los videos a su muro, pero algo más había en su mirada, tenía la misma expresión del chico en los videos Una horrible duda se me clavó en la memoria y corrí a mi computadora a revisar los videos. El contenido seguía siendo repulsivo y perturbador, pero en uno de los últimos videos subidos un detalle me dejó helado. Un horrible jarrón era parte de la tétrica escenografía, y ese jarrón me era tristemente familiar. Era famoso porque en una de las últimas peleas antes de la separación, el jarrón salió por la ventana para darle de lleno al patrullero que había acudido a la casa del matrimonio debido a los ruidos molestos. El impulso me llevó a llamar a la policía pero siendo que el menor los había subido y dada la calidad del material, se hacía difícil reunir evidencia para detener al padre pedófilo ya que no se apreciaba claramente la cara del mismo. Un amigo que se da maña con las computadoras, me dio una pista para desanudar el ovillo. Si encontraban el IP (dirección de una computadora) del cual se habían subido los videos, se podría vincular esa dirección con el titular de la misma, y siendo que Matías era menor el titular de la IP buscada debería ser el padre. Nos pusimos a desenredar el asunto y llegamos al IP tan buscado. Al identificar al titular de la dirección, arrojó un dato estremecedor, correspondía a la madre de Matías. Este IP estaba registrado en una base de datos de mi amigo ya que hace service y por las dudas toma los datos de las máquinas que repara. Claramente la mamá de Matías estaba plantando videos en el muro de su hijo y fue tan hábil de diagramar la habitación del montaje para que parezca idéntica a la casa donde Matías vivía con el papá. A todo esto la red social estallaba en denuncias y repudios y la comisión vecinal pedía a gritos que fuera expulsado del barrio y se hiciera justicia. Nada probaban los videos y por eso la investigación no avanzaba pero no iban a tardar las autoridades en lograr una orden de allanamiento y detectar que la habitación donde filmaban los videos era la de Matías. Había que informar rápido, el linchamiento era inminente. Expusimos el caso con los peritos de la policía y ellos no tardaron en detectar, con sus propios medios, el origen de los videos. Cruzaron los datos de la madre de Matías y se encontraron con una demanda por la custodia permanente ya que estaba trabajando y estaba alquilando un lugar. Este escándalo de los videos aceleraría convenientemente el proceso y era necesario esclarecerlo. Se ordenó un allanamiento en la nueva casa de la madre, y se encontró la habitación de las filmaciones, se encontraba todo tal cual salía en los videos y el jarrón fue el elemento detonante. La mujer fue aprehendida y se buscó sin éxitos la computadora desde la que se enviaban los videos. Siempre se mantuvo a Matías fuera de esta situación, lo mejor que se pudo, hasta se lo llevaron a vivir a la casa de su tío Mariano, hermano del papá por miedo a que algo le pase.
La mamá de Matías negó todo y fue puesta en tratamiento psiquiátrico. Ningún abogado se hizo cargo de ella. Por suerte los vecinos, retomaron el control y pidieron disculpas al padre de Matías. Con el tiempo todo fue olvidándose, como siempre sucede con las cosas más atroces de la vida.
Una tarde de tantas, mi amigo, el service de computadoras, apareció por casa, pálido. Lo invité a sentarse y le serví algo fuerte para tranquilizarlo. Cuando recuperó el hable me dijo: "¿Te acordás del caso de Matías? Hace unos meses un tipo en mercadolibre vendía una PC portable, barata. Pude ofertarle lo que pedía porque tuve la suerte de ver la publicación ni bien salió al aire. Nos pusimos de acuerdo y la compré. Cuando cruzamos algunas palabras , al chabón le llamó la atención la dirección. Dijo que a la compu se la compró a un tipo vecino mío, nuestro bah. No se acordaba el nombre pero nunca la pudo hacer andar del todo bien. La llevé al taller y le corregí varias cosas, le puse un rígido nuevo y memoria y arrancó. Cuando empecé a subirle un sistema operativo me reconoció varias placas entre ellas la de red. ¿Sabés que IP tenía? La de la mamá de ¡Matías boludo! Y no me preguntes si estoy seguro, la chequeé un millon de veces y es la que tengo e el cuaderno y el número de serie, aunque está borrado se puede sacar de la placa. No hay dudas loco, es la computadora perdida del caso Matías."
Una bomba me estalló en la cabeza....habíamos mandado en cana a una mina inocente. El trastornado era el padre. Quién sabe como armó el decorado de la casa y con qué sangre filmó esos videos que fueron subidos a la red. Pensarlo era demasiado escalofriante.
Dar vuelta este caso era desafiar al sistema judicial. Nunca encontraríamos las pruebas suficientes y la opinión pública ya había sentenciado irreversiblemente a la mamá de Matías.
Presentamos esta nueva evidencia a la policía y lo veían tan difícil como nosotros. Sin embargo se pudo hacer una pericia psicológica y una prueba de polígrafo para reafirmar que el padre estaba en condiciones de tener la tutela definitiva. No se pudo probar nada, los resultados eran terriblemente limpios, este hombre decía la verdad y nunca tuvo nada que ver con los videos. La computadora fue vendida por él mismo, eso fue reconocido, ya que la encontró en la pieza de Matías unos días antes de mudarse. Le llamó la atención el estado en el que se encontraba y como no sabía nada de computación la vendió por internet como rezagos.

Unos meses atrás, antes de estos hechos Matías y su tío se habían encontrado a su mamá y les había informado que encontró un trabajo, que tenía una nueva casa y que pronto estarían juntos para siempre, el problema era que en dos años estaba planeando mudarse a otra ciudad y era necesario apresurar los trámites de la tutela permanente. Mariano, le dio un celular nuevo a Matías y le dijo que le saque una foto a su nueva habitación, que a cambio le pedía la vieja computadora que le regaló la mamá que andaba fallando y que ese celu nuevo iba a resultarle más práctico para esas cosas del Facebook y el Whatsapp.  Matías contento, le hizo el cambio y también se comprometió a visitar todas las tardes a su tío para cantar y filmarse, cosa que ambos disfrutaban mucho.

lunes, 24 de agosto de 2015

Lo malo de la perfección

La perfección no existe.
Este slogan nos persigue tal vez para poner el horizonte un poco más allá y fomentar la autosuperación o simplemente lo inventó un estúpido imperfecto para nivelar para abajo.

Una noche de fumata, en una mesa alguien soltó la frase "¡Conseguí la perfección!¡Logré el sorete perfecto!"
Estimado lector, no se apure a cambiar de blog, deme 20 renglones y un par de minutos y va a ver como esta frase marcó mi vida.
Prosigo. La perfección a la que se refería mi compañero de humos, era el resultado de una adecuada dieta a base de verduras, harina de gluten, fruta de estación y algo de almidón de maíz y sobre todo una adecuada posición en el inodoro al momento de defecar. El bolo tendría la consistencia sólida y recubierto de una fina capa de grasa y estar sentado levemente hacia adelante, con la genitalidad en la tabla del inodoro, iba a ser clave para que el sorete perfecto caiga justo tangencialmente a la pared del inodoro y resbale hacia el sifón, casi sin manchar el inodoro, y cuando uno se levantaba a mirar"¡Eureka!" ni rastros de la cagada.
Esta conversación escatológica pasó una madrugada del año 1994 en un departamento estudiantil y se me hizo presente hace exactamente diez años, cuando mi hija menor tenía dos.
Esa mañana de domingo, desde el baño el grito de mi hija Marina me hizo dejar el fuego del asado y salí corriendo a ver qué pasaba. Llevaba conmigo el raid, ya que por lo general era una araña u otro insecto que solían meterse cuando abríamos las ventanas en verano. Agitado llegué al baño y mi hija con cara de pánico me miró y me dijo "¡No está!¡Se fue!". "¿Qué era?¿Una araña?¿Dónde se fue?¿La viste?" la atormenté mientras miraba cada uno de los cuatro rincones del baño. "¡El sorete pa!¡El sorete no está!¡Se fue!" me dijo sollozando. Era la primera vez que veía a mi hija llorar por algo material, y era la primera persona que vi llorar por un sorete. Mré el inodoro un largo rato, estaba inmaculado, sin embargo había olor. "Vamos a limpiar la cola y después vemos que pasó" tranquilicé a mi hija pensando que ella había tenido la sensación de haber cagado pero que había sido un pedo o solo sugestión. Le pasé el papel higiénico y apareció Wilson (ver la película "El naufrago" con Tom Hanks) y ya era un hecho que Marina había cagado....y bien. Ahí recordé el relato de la perfección. Mi hija se estaba alimentando a verduras procesadas, Nestum, juguitos varios y postres Danonino, casi casi la dieta del exito fecal, y dado lo corto de sus piernas, era fácil adivinar que se había sentado al borde logrando inconscientemente la perfección fecal. Le expliqué que ella era una privilegiada, que era la primera persona en lograrlo en este milenio, que ibamos a escribir la fecha en la puerta del baño para recordar lo grande que a veces somos los seres humanos cuando nos proponemos cosas, pero ella quería ver su sorete como si fuese imperiosa una despedida. Empezaban las complicaciones. Mi mujer había salido y volvía al mediodía, lo cual nos daba tres horas exactas para investigar el paradero del sorete perfecto, de paso fotografiarlo para momentos como este, en que estoy refiriéndome a él. Metí una percha de esas berretas de alambre forradas en algo blanco pero no hubo éxito. A veces la búsqueda de la perfección nos vuelve obsesivos y obstinados. Hay muchos casos documentados a lo largo de la historia pero dudo que algún historiador repare en este caso en particular. Busqué la caja de herramientas y aflojé cuidadosamente la base del inodoro. No iba a venir mal que mi hija vea que tengo habilidades para la plomería y refuerce aún más el complejo de Electra que me propuse sembrar en su cabeza en forma inconsciente.Cuando estuvo flojo, lo levanté y vacié el contenido en todo el piso del baño y parte del pasillo que va a las piezas. Por suerte Marina estaba en el bidet sentada expectante. Ningún rastro de la perfección. ¿Tan soberbio había sido el número que pasó directamente al caño del desagüe? Mi hija era redondamente perfecta, pero esto no le bastaba, teniendo la gloria en sus manos ella prefería ver un sorete, SU sorete. Acá podemos detenernos largo a hablar de psicología femenina pero vamos a seguir con lo que estaba pasando que pierdo el hilo. Marina comenzó a llorar y mi mujer iba a regresar en cualquier momento, así que le pedí que amase masilla y así poníamos el inodoro en su lugar y mami iba a estar feliz con nosotros. Medi fue aflojando el bajón y colocamos unos finos choricitos de masilla en la base y empezamos a posicionar el blanco trono. Cuando estábamos logrando la armonía, se pinchó un flexible y empezó el espectáculo de aguas danzantes. El baño estaba hecho un chiquero. Levanté a Marina y corrimos acortar el agua de la calle. Como estábamos nos fuimos en auto a la ferretería a comprar otro flexible. Pagamos y en tiempo record llegamos a casa y lo colocamos. Goteaba un poco pero era la gloria al lado de lo que pasaba media hora antes.Limpiamos todo, echamos desodorante de ambiente y el baño quedó impecable. Prendimos una velita aromática y la adrenalina del momento nos hizo olvidar momentáneamente de la perfección. Fuimos a prender el fuego de nuevo para el asado y minutos después llegó mi mujer. Saludó rápido y fue adentro de casa. Diez segundos despues salió hecha una tromba y me clavó su peor mirada y me dijo "¡Vos sos idiota o que te pasa! ¡Marina está toda cagada el piyama!" Y mirando a Marina la veo feliz. Encontró en la imperfección de su sorete la falicidad perdida.

jueves, 20 de agosto de 2015

Una vez más la inseguridad.....versión Colombia

No siempre las medidas extremas de seguridad terminan bien.
En Bogotá, Ciriaco Rodríguez tenía un pequeño local de bebidas alcohólicas con el cual se ganaba un dinero suficiente para mantener a su familia. No le sobraba ni le faltaba nada.
Una mañana descubrió la vidriera rota del local y con tristeza contempló el local destrozado. La amargura lo llevó a recorrer los laberintos legales donde radicó una denuncia que nunca iba a prosperar. Con el esfuerzo y la ayuda de unos amigos y vecinos logró levantarse nuevamente. El local lucía modesto y su mujer tuvo que salir a trabajar para ayudar con el ingreso de dinero. Hasta su hija Seña de 15 años se dispuso a ordenar y atender el local cuando Ciriaco se encontraba fuera u ocupado. En unos meses ya lograba subsistir como si nada hubiese ocurrido.
Una noche cuando regresaba de la casa de su hermana Catherine vio como un grupo de jóvenes rompían a piedrazos la vidriera para alzarse con algunas bebidas. Ciriaco gritó y los jóvenes huyeron. Trató de alcanzarlos pero su corazón y sus piernas no lo acompañaron. Con un fuerte dolor en el pecho llegó al local y logró llamar por teléfono a su mujer.
Los médicos le diagnosticaron un infarto. Lo obligaron a dejar de ir a ver a su equipo favorito de futbol y a alejarse de cualquier emoción fuerte.
Una vez más reconstruyó el local agotando así sus ahorros.
Una tarde, caminando hacia el local, le pareció reconocer a los jóvenes ladrones vagando en una esquina y vigilando de lejos el local. Una mala idea se le hizo presente en su cabeza, colocaría una vistosa botella de aguardiente en la vidriera con un alto contenido de estricnina, un potente veneno para ratas. La idea era lograr que los ladrones roben la botella y la compartan con sus amigos malandras y revienten todos de una sola vez. Ante la inminente amenaza de robo, le propuso a su mujer viajar unos días a lo de su familia a cien kilómetros de allí para desligarse de los hechos.  Su hija decidió quedarse en lo de su tía Catherine allí mismo en Bogotá.
Ciriacon y su mujer partieron la tarde del viernes hacia la casa de los familiares. La sensación de haber tomado una mala decisión crecía en su cabeza como un arbusto, un mal presentimiento se le hacía presente minuto a minuto.

El llamado de Catherine el día 26 los sacó de la cama a los Rodríguez. Su hija había desaparecido y no daban con ella. Volvieron tan pronto pudieron y dieron alerta a las autoridades que rastrillaron la zona minuciosamente durante tres días. El matrimonio estaba devastado. Ciriaco no sabía ya a quien recurrir para encontrar a su hija. Unos amigos de su hija lograron tras mucho esfuerzo destrabar la clave del Facebook y empezaron a desenredar los últimos paraderos de Seña. Animado por esta noticia, fue hasta el local de bebidas para avisar por teléfono a la policía de estas nuevas pistas. Abrió el local justo a tiempo que sonaba el teléfono. Atendió y era el comisario quien le recomendó que se tranquilice. Ciriaco intentaba hablarle acerca de los hallazgos en el facebook cuando reparó en la vidriera y notó que faltaba la botella de aguardiente. La noticia fue devastadora. Habían encontrado a su hija junto a un joven en un motel a 10 minutos de allí. Ciriaco tendría que ir a reconocer a su hija. No escuchó absolutamente nada más, con un ruido seco cayó al piso por última vez el corpulento hombre de Bogotá.

http://www.diario26.com/pacto-suicida-se-conocieron-por-facebook-y-aparecieron-muertos-211687.html


miércoles, 29 de julio de 2015

Las vueltas de la vida

En el año 1988 en el seno de una humilde familia, nació Thomas Willelm. Su padre era un obrero que a duras penas podía ganarse el sueldo mientras que su madre cosía ropas por monedas. Los años 90 fueron muy duros para la familia Willelm ya que al quedarse sin trabajo, Abraham Willelm se mudó con toda su familia al desierto de Mojave. Thomás jamás escuchó música en su vida. Además de sus padres, el único sonido que recibía era el de la maquinaria pesada del taller que Abraham y otros desempleados montaron para costearse un dinero. En el la vieja casa donde fueron a parar los Willelm, Thomas encontró una vieja grabadora de carrete abierto de velocidad variable. Se entretuvo de ahí en más, grabando los infernales sonidos que producían las máquinas, para luego reproducirlos una y otra vez agregándole palmas o gritos desaforados. Tal actitud empezó a preocuparle a los padres, quienes decidieron anotarlo prematuramente en la escuela estatal. Allí se fascinó con las clases de música y ahora a sus grabaciones les agregaba sonidos que obtenía de cuerdas tensadas o de botellas llenas con agua de distinta medida. Los padres comentaron esta extraña pasión con los maestros y ellos le auguraron un futuro promisorio ya que tenía un oido musical privilegiado. También les sugirieron comprar un instrumento, pero la carencia de dinero hacía esta empresa casi imposible. Thomas había conocido en la escuela a Sonny Moore, un extraño muchacho que corría con una suerte distinta a la de Thomas, odiaba la música y sus padres le habían comprado un sinnúmero de instrumentos. Sonny soñaba con ser locutor de radio de rock, o poner música en alguna discoteca, pero jamás quiso tocar en forma clásica ningún instrumento. Su carácter retraído lo hacía victima frecuente del bullying y Thomas lo había salvado en varias oportunidades de las golpizas de sus compañeros.
Una mañana, a los padres de Sonny los trasladaron por trabajo a Los Angeles, y en la mañana de la despedida, Abraham ofreció comprarle una de los teclados al padre de Sonny, solo que no contaba con dinero suficiente para ello y sabía que el tiempo era poco para decidir hacer algo al respecto. El padre de Sonny no le quiso cobrar nada, ya que sus hijos eran muy amigos y le obsequió el teclado. Las lágrimas de Abraham fueron suficiente paga por el instrumento.
La mañana de la partida, Thomas corrió al lado del tren que iba a partir hacia Los Angeles con un extraño paquete. Subió al vagón esquivando al guardia y alcanzó a su amigo Sonny por última vez. Le entregó el paquete y le dijo que iba a servir para grabar sus programas de radio y escucharse cuantas veces quiera. Thomas le estaba regalando la vieja grabadora. Solo le advirtió que tenía unas grabaciones horribles de unas máquinas y que de alguna manera era música o algo así. Que ni bien llegue a destino que las borre así tenía más cinta para ensayar. Sonny agradeció el regalo y nunca más volvió a saber de Thomas.
La vieja grabadora permaneció guardada diez largos años como un recuerdo de su amigo Thomas.
Cierto día, buscando ideas para componer música, Sonny encontró el viejo paquete y lo limpió para empezar a grabar sus borradores. Vio que el carrete estaba casi al final del recorrido y recordó la sugerencia de su amigo de borrar el contenido. Puso el botón a rebobinar y prendió un porro. Mientras fumaba tranquilo, la cinta llegó al principio. Buscó su guitarra y quiso poner a grabar algunas notas mentales que según sus amigos, drogado componía mejor. Dado el estado en el que se encontraba , en lugar de pulsar la tecla de grabación, pulsó la de reproducir, y el viejo artefacto comenzó a emitir sonidos infernales que llevaron a mente de Sonny a un Nirvana absoluto. Esta era la idea que estaba buscando. Sonidos del infierno con ritmos decrecientes que sacaban de quicios al más paciente.
Sonny Moore, no recordaba el nombre de su amigo de la infancia. Nunca pudo hacerlo. Pero en su honor tomó para sí el pseudónimo que marcaría para siempre su carrera. La vieja grabadora marca Skrillex era su única y definitiva conexión entre el pasado y el futuro de Sonny Moore.

domingo, 26 de julio de 2015

Muerte digna

Su hijo no mejoraba.
 Se encontraba conectado a un montón de dispositivos de asistencia y otros tanto de control desde hace tres años. Los partes a los que asistía puntualmente no mejoraban y el último de ellos fue desbastador.
"Debe desconectarlo señor", le aconsejaron algunas enfermeras "Eso ya no es vida y no es justo para nadie y menos para usted que está dejando todo por algo irrevesible."
A esa altura, el viejo carpintero no podía darse el lujo de matar al único integrante de su familia que le quedaba. estaba por enloquecer y era verdad, lo que decían las enfermeras lamentablemente era cierto. Hay veces que es necesario tomar coraje y dejar partir a quien inexorablemente nunca iba a volver a correr junto a su lado ni a legrar sus mañanas con sus canciones.
"No tiene pulso y respira gracias al asistente mecánico conectado. No se registra actividad cerebral y los riñones nunca le funcionaron desde que entró. La temperatura corporal es demasiado baja. Solo un milagro podría salvarlo. Si le retiramos los sedantes seguro va a sufrir mucho." le dijeron los médicos por vigésima vez.
Esa mañana, el viejo, desesperado pidió un milagro, y se fue a la clinica dispuestos a firmar el papeleo y ponerle fin a lo que todos llamaron un sufrimiento y poner en marcha otro peor.
Habló una vez más con los médicos, pero la respuesta fue la de siempre.
Y con coraje y el corazón destrozado empezó la secuencia del deceso. Apagó el surtidor de sedantes y tal como le indicaron los médicos, apagó uno a uno los asistentes electrónicos y mecánicos mientras su cabeza le martillaba remordimientos y reproches.
Apagado todo, el silencio se adueñó de la sala. Ningún monitor indicaba nada y el aire podía cortarse con un cuchillo. Todo era quietud hasta que pasó.Un leve movimiento en el párpado del pequeño  niña era una señal. Los médicos escépticos lo agarraron de un brazo para explicarle que podía ser un reflejo cuando el niño abrió los ojos. Miró la sala y movió por fin su cabeza. Los ojos del viejo se humedecieron y se encendieron de alegría. El niño lo vio y se sentó en la camilla abriendo sus brazos. Con la cara encendida el carpintero abrió sus brezos y envolvió a su pequeño niño que le preguntaba "Papá, ¿Qué pasó?"
"Nada hijo, nada. Es tiempo de irnos a casa."
Los doctores, estaban tan asombrados que contemplaron la escena boquiabiertos.Cuando el viejo tomo a su niño y comenzaron a caminar hacia la salida de la clínica, uno de ellos les gritó "¡Espere señor!¡Tenemos que estudiar a su hijo! ¡Vuelva!".
"¡Vayansé a la puta que los parió, malditos asesinos! No vuelvo nunca más por esta clínica y les voy a hacer una demanda por mala praxis" les gritó el viejo enfurecido.
Y volviéndose a su pequeño le dijo "Vamos Pinocho. Vamos para casa."

viernes, 24 de julio de 2015

Transplante de pene

Hace unos días, la noticia del transplante de pene fue un furor en las redes, no tanto por lo práctico ni lo revolucionario, sino por la ola de comentarios que generó. Por fín los hombres que tuviesen un problema funcional habrían encontrado la solución y sería una dosis alta de autoestima. En fín, la noticia cerraba bien por todos lados, hasta que puse a pensar seriamente en el tema y me asustó lo que pensé.
Hombre, amigo, a vos te escribo.
Imaginate que desde el día del  transplante en adelante, vas a andar con la chota de otro cerquita del culo TODO EL TIEMPO....¿Lo pensaste? Imaginate por un momento que sos blanco y te transplantan la pija de un negro...¿La vas a agarrar para mear?¿Para sacudirla?¿Para rascarte? ¿Para lavarla? ¿¿¿Para la masturbación??? ¡Es literalmente pajear a un muerto! Me imaginaría al grone desde una nube con un arpa cagandose de risa mientras le acarician la chota.
¿Te imaginás si a tu mujer que en la reputa vida te la chupó se le da por empezar?
¿Te imaginás o no?
¡Puta!¡Chupandole la japi a otro!
A mí me generó mucho rechazo todo esto...
No me reconozco paranoico en otros aspectos pero esta noticia me trenzó las neuronas.
¿Transplantes?
Paso.


suerte transplantados

jueves, 23 de julio de 2015

Empieza otra etapa

¿Para qué seguir?
Simplemente porque sí, porque así quiero.
Porque me propuse un limite lejano y que llegó más temprano de lo que esperaba y después de un tiempo me di cuenta que ponerse límites no sirve para nada.
Porque dejé de hacer algo que me gustaba que es sangrar por la herida y sabér que alguien del otro lado del cable lee estas cosas, si gusta o no, no tengo certezas, espero no tenerlas nunca.
Pero acá estamos escribiendo.
No van a ser 100 entradas más. Ni 10.
Solo va a habe una entrada más.
Una sola cada día.
Hasta que la caida de internet nos separe, hasta que se me vayan las ganas de escribir, o hasta que a uds se les vayan las ganas de leer.
O hasta que cambie de pasión, que en todo caso van a saberlo.
No acostumbro a dar la espalda en silencio y desaparecer.
En un rato compartimos espacios de nuevo.
Espero.
Un abrazo a vos, que a pesar de todo seguís ahí.
Lo que viene es para vos.
Gracias.


Panza arriba