miércoles, 9 de noviembre de 2016

Tàcticas y estrategias del secuestro virtual



La declaración de Ana fue la siguiente:
“Señor oficial. Los hechos fueron los siguientes. Estàbamos cenando con mis compañeras de trabajo celebrando el dìa del maestro, en un bar de la zona sur, cuando una mujer, muy bien puesta y con cierta agitaciòn, se acercò a nuestra mesa y nos dijo:- ¡Por favor! ¿Alguien me puede prestar el celular? Necesito ubicar a mi marido para que me venga a buscar. Se me quedó el auto y a esta hora no encuentro la grùa y pronto va a cerrar todo. Por si fuera poco se me quedó el celular sin baterìa.
Me puse un segundo en su lugar y le extendí mi teléfono. Me agradeció infinitamente y se alejò unos 10 pasos hacia la esquina. La mirè y ella hablaba gesticulando y vi que había dejado su celular en nuestra mesa. Mis amigas seguían hablando de esto y aquello cuando la mujer se acercò y me devolvió el celular. Me agradeció mil veces y se fue a la esquina a ver si su marido venìa a buscarla. No faltaba mucho para que terminemos la velada, asì que si seguía esperando me iba a ofrecer a acercarla a algún lado si su marido seguía demorando. La mujer volvió a la mesa y pidiéndome mil disculpas me pidió nuevamente el celular, argumentò que no estaba segura de haberle dicho correctamente la dirección ya que la zona donde nos encontrábamos era plenamente desconocida para ella. Se lo volvì a ofrecer y adelante mìo marcò un número. Cuando la atendieron se alejò excusándose con la mano. Nuevamente se alejò y hablò esta vez màs acaloradamente que la anterior. Se la notaba bastante molesta por el tono imperativo de sus frases y lo duro de sus facciones mientras agitaba la mano libre. Cortò y se recompuso. Se acercò y buscò en su cartera un par de billetes de cien. Me los ofreció junto con el celular. La mirè extrañada pero sabiendo de que se trataba. Es por el abuso, acéptelos.Por favor, me dijo. Obviamente no se los aceptè a pesar de su insistencia. Nos trenzamos en una suerte de amable tire y afloje hasta que llegó su marido y le tocò bocina. Optò por llevarse los billetes con la promesa de tomarnos una cerveza un dìa de estos por la molestia y me dio una tarjeta. Supe que era contadora, tenía ese aspecto y justo vi que se olvidaba el celular descargado en la mesa. Lo juntè y la llamè a los gritos por el nombre que figuraba en la tarjeta. No me hizo caso hasta que una chica que pasaba a su lado me mirò, puesto que estaba a los gritos mal, y le hice señas que la llamara. Cuando me mirò le mostrè el celular y se acercò a buscarlo. Pidio disculpas una vez màs y agradeciendo otras tres veces. Se fue hacia el auto y sin mirar se subió para luego desaparecer.”
Fue asì oficial, y es entonces que a las dos horas uds me llaman para decirme que desde èste celular hicieron dos llamados extorsivos a una familia de la zona. Fui vìctima de un engaño, lo juro. Tengo mis amigas de testigo y al personal del bar. Por eso cuando uds me llaman y me lo comunican no dudo en venir a aclarar la situación. Si todavía estoy en shock. Por hacer una buena acción terminè embarrada en esto que es nuevo para mì. Por eso es que la contadora no respondió a mi llamado cuando la nombrè, y es probable que la tarjeta sea falsa también.
Los oficiales, viendo que Ana fue vìctima de un engaño, cerraron el caso preguntándole detalles de la ropa , el aspecto de la timadora y algún dato del auto que la pasò a buscar. Le agradecieron su cooperación y le pidieron disculpas por las molestias y aconsejándole que piense dos veces antes de hacer un favor, hay muchos sinvergüenzas sueltos. Firmò unas planillas y salió de la comisarìa. Su marido la esperaba en el auto. Se subió y empezaron a andar.
-¿Se creyeron todo? ¡Sos increíble Alicia! No te puedo creer la capacidad de convencer que tenès. Un dìa de estos van a aprender estos trucos y no la vamos a pasar nada bien, creo que estamos muy al filo. Lo único que te pido es que no te hagas llamar màs Ana, buscà alguno màs diferente de Alicia ¿si?
Y se perdieron en la noche para siempre…

lunes, 7 de noviembre de 2016

Cumbre Real

El rey más viejo comenzó su discurso:
"Los he reunido para comentarles una sensación que tengo. La monarquía dejó de ser una institución respetable. Es así colegas, aceptémoslo. Cada vez menos gente cree en nosotros, las leyes y el gobierno efectivo pasa por el parlamento y son ellos junto a las grandes corporaciones los que rigen los destinos de la gente, sin embargo cada vez que algo no conforma al pueblo terminamos nosotros siendo sus chivos expiatorios.Una vez al año les damos una dádiva al pueblo y nunca los conforma .Siempre piden más, y cuando la dádiva es suficiente se ufanan de su esfuerzo y no reconocen nuestro trabajo solidario cada vez que pensamos en ellos. Perdemos credibilidad minuto a minuto y propongo dejar los destinos de los pueblos liberados a los jefes de familia y a las corporaciones. No nos interpongamos más y que ellos solos resuelvan como mejor les parezca la situación. A la larga, son ellos los que van a tener que responder ante las futuras generaciones. Hagamos un paso al costado colegas."
Baltasar y Gaspar guardaron un respetuoso silencio.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Una habitación, un milagro, un grito...


Graciela entró como cada mañana de los últimos diecisiete años a la pieza de Romina. Todo estaba tal cual lo había dejado ella en el momento que se fue. Repasaba el escritorio con la vista una vez más aunque ya se sabía de memoria la coreografía de los objetos dispuestos. Adivinaba hasta en lo oscuro donde estaba cada cosa. Una lágrima comenzó a dibujarse en los ojos. Se llevó la mano a la cara por enésima vez para ahogar el angustiado grito de una madre desesperada.
La congoja la volvía a cobijar como cada mañana.
Una vez más cerró los ojos y pidió por un milagro, no creía en Diós pero la desesperación te lleva a lugares inexplicables.
Sus hombros temblaron como nunca. Cerró muy fuerte sus ojos para alejarse del dolor que no paraba de crecer en su interior.
Una corriente de aire cortó en dos el silencio. El aire se congeló.
De la oscuridad del pasillo y a espaldas de Graciela, se recortó de entre las sombras una mano joven que avanzó lento hasta la dolida mujer. ¿Habrán sido escuchados los vanos ruegos de la esceptica mujer que ya no creía en nada ni en nadie? Los escasos centímetros que faltaban para el contacto entre la fantasmal mano y el hombro de Graciela se acortaban en cámara lenta . Todo estaba detenido en el aire y en el tiempo. La cara de Romina se materializó lentamente. No podía ver a su madre así. Apoyó su mano suave en el hombro de la mujer que dio un salto sobre sí misma como si le hubiera dado un shock eléctrico.
Se miraron fijamente madre e hija, como nunca, como siempre.
Graciela rompió en un grito.
“¿Sos pelotuda o qué te pasa Romina? ¿Cómo te me vas a aparecer así? ¿Te hiciste la rata de la escuela de nuevo? ¿Qué te pasó contestame boluda?”
“Faltó la de biología che...¿tanto escándalo por eso?” contestó Romina.
“No boluda, casi me matás del susto. Y arreglá la pieza que estoy can-sa-da de decirte que te la ordenés vos….tenés diecisiete años y no puede ser que te tenga que tender la cama a esta altura, y apurate por favor.”
La cachetada en la nuca de Romina fue lo último que se escuchó ese día.

sábado, 3 de septiembre de 2016

La razón y la fuerza


Don Osorio se levantó de la ronda de mate pálido, unas gotas de transpiración y un gesto duro se le dibujaron en el rostro. Caminó agarrándose de la pared arrastrando pesadamente su cuerpo por el pasillo que se le había vuelto interminable. Tanteando el lo oscuro, alcanzó la tecla de la luz del baño y cerró tras de sí la puerta con dos vueltas de llave.
Torpemente se sacó toda la ropa de arriba de un tirón y la tiró contra la puerta mientras se desabrochaba el cinturón para luego dejarse caer sobre el inodoro. Su mente se puso en blanco, los azulejos esmaltados se quedaron sin límites y el cuerpo le hervía.
Tomó aire y pronunció una letra “m” que se prolongó todo el tiempo que duró la contención del aire en sus pulmones para liberarse en un brusco resoplido.
Volvió a inhalar ruidosamente para reencontrarse con esa improvisada contracción y esta vez fue un desgarrador gruñido el que acompañó la acción de hacer fuerza.
Volvió una vez más a tomar aire decidido a terminar por fin lo que había empezado.
Para ello se agarró del lavabo y lo apretó con todas sus fuerzas al tiempo que gritaba blasfemias a todos lo santos. Un estruendoso ruido coronó el pesar de Don Osorio que gritaba su desgarramiento rompiéndose la garganta y parte del lavabo.
Empapado en sudor frío su cuerpo se aflojó y se desplomó sobre sus muslos afiebrados.
Tenía taquicardia y le dolía un costado del abdomen.
Cuando logró incorporarse, abrió la canilla del lavabo y se mojó la cara y el pecho.
Alcanzó como pudo la toalla y se secó el cuello y el cuerpo.
Del bolsillo del pantalón sacó un atado de cigarrillos hecho un nudo. De los puchos que le quedaban sanos eligió el mejor y lo encendió. Después de dos pitadas se levantó y se dio vuelta para ver lo sucedido. La imagen que tenía ante sus ojos era apocalíptica. Una suerte de cocodrilo marrón nacía en el fondo del inodoro y se prolongaba y engrosaba hacia afuera del agua alcanzando casi el borde del mismo. Mirarlo, ya le producía dolor.

“¡Claro! ¿Cómo mierda no va a haber putos?” Dijo Don Osorio y tiró la cadena no menos de cinco veces antes de perder de vista al cocodrilo.

Se vistió, echó desodorante y volvió a tomar mate, esta vez se mantuvo de pie hasta el final.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Hipoacusia




Había nacido sordomudo.
Su universo estaba cimentado en imágenes carentes de banda de sonido. Lo más parecido a un ruido eran las vibraciones que producían unas galletas cuando las mordía o las aceleraciones de los colectivos cuando pasaban por su lado.
Nunca escuchó música alguna, Beethoven, Louis Armstrong y Elvis le eran ajenos y lejanos, todos ellos gesticulaban algo que nunca iban a emocionarlo en absoluto.
Le llamaba mucho la atención cuando la gente en algunos salones unían sus cuerpos y se movían a algún ritmo, con una cadencia y hasta en una armonía que nunca iba a entender. Tampoco iba a entender como dos personas que gesticulaban unas frente a otras, a veces terminaban a los besos y abrazos y otras veces terminaban agrediéndose o dejando de verse para siempre.
Otra señal que le indicaba que era un extranjero en el mundo, consistía en los esfuerzos inútiles que hacían sus amigos, conocidos, parientes y anónimos para explicarle el por qué de algunas cuestiones que no iban a modificar en absoluto su vida.
La vida sin sonidos no le había desarrollado en particular ninguno de los otros sentidos en particular, olía y veía como cualquier persona. Su grado de dispersión era como el de cualquiera, ya que los estímulos visuales lo llevaban a pensar las distintas posibilidades de combinación o deformaciones. Esto había disparado su imaginación y le posibilitaba dibujar surrealismo con gran facilidad.
Vanos eran los intentos de sus amigos por entenderlo y sobre todo era inútil intentar preguntar cuestiones sumamente subjetivas en lenguaje de señas y no sabían como hacer para llegar a su corazón.
Mucho tiempo le dedicaron al plan y lograron entrenar a un montón de personas en lenguaje de señas, gente que iba a cruzarse “casualmente” por su vida durante el día haciéndolo sentir integrado a una sociedad que lo había excluido durante años. Durante todo un día lo iban a llevar por sus lugares preferidos y los actores le iban a preguntar y responder cosas en lenguaje de señas a lo largo de todo el recorrido. Para documentar la experiencia, pusieron varias cámaras en lugares estratégicos a modo de cámara oculta.
El día comenzó y el recorrido le pareció raro, mucha gente le comunicaba preguntas y le agradecían la ayuda o la información. Se sentía incómodo pero integrad a una suerte de diálogos casuales. Nadie lo esquivaba ni lo miraba torcido. Todos se mostraban gentiles y cordiales. El mundo era un lugar nuevo ese día.
Al final le contaron el plan y aparecieron todos los cómplices a saludar al sordomudo.
Días después subieron el video a las redes y el mundo lo coronó de likes y comentarios, tuvo muchas reproducciones y lo compartieron muchas personas.
Luego de varias semanas de ausencia buscaron al sordomudo. Tras varias horas lo encontraron en su cama muerto de una sobredosis de calmantes.
Nadie entendió que fue lo que le pasó.
No tenía motivo alguno para tomar semejante determinación.
No tenía familiares y fue olvidado al tiempo.


Unos minutos antes de tomar los calmantes, empapado en un mar de lágrimas y alcohol, pensaba que toda su vida había sido único, a su manera, el mejor en lo suyo, y ahora sus amigos le habían demostrado que con un mínimo de entrenamiento cualquiera podría ser como él…
Pero NUNCA él iba a ser como ellos.
Y empezó el camino de regreso.


miércoles, 31 de agosto de 2016

Amistad


Cuando se despertó después de noche de borrachera, se encontró esposado al cadáver de su mejor amigo. Ambos estaban unidos por sus manos derechas. La primer reacción que le permitió su cuerpo, fue un continuo vómito y la sensación de querer despertar de una pesadilla que no fue. Vanos fueron los esfuerzos por desprenderse de su compañero de resacas. La cabeza le latía y el dolor lo hacía maniobrar torpe e inconsistente. Cuando pudo juntar un poco de fuerza, logró cargar a su amigo sobre su espalda y trató de salir del lejano lugar donde se encontraban ambos. Las habitaciones se sucedían y las ventanas se encontraban trabadas por fuera. Ni un ruido ni un indicio que lo pudiera orientar o al menos confundirlo en una forma más conocida. Vagó horas por la casa, gritó todo lo que pudo, golpeó cuanta ventana se cruzó y derribó con la poca fuerza que le quedaba cada puerta que lo alejaba de la salida. Sus piernas comenzaron a temblar y cada paso le costaba una blasfemia. El escaso aire apenas lo mantuvo con vida durante seis o siete horas de tremendos esfuerzos inútiles. Cayó pesadamente al piso y un bulto se le hizo familiar en la cintura. Con dificultad y luchando contra la rigidez cadavérica de su amigo, logró sacar el revolver que contenía una sola bala. Ausente de soluciones y abatido en su lucha, llevó el revólver a la sien y se reventó la cabeza con un sordo grito que retumbó en toda la casa.
Yacían ambos cuerpos en el piso cuando el supuesto cadáver comenzó a moverse pesadamente. Se levantó con el cuerpo acalambrado y miró a su amigo largamente.
Buscó en sus bolsillos y sacó tres llaves. Con la más chica, abrió las esposas y se liberó de su carga.
Se masajeó la muñeca entumecida y se dirigió a la puerta más cercana. Con la llave más grande abrió la primer puerta que encontró y un resplandor iluminó la habitación. Salió y cerró la puerta con llave mientras que tiraba a una alcantarilla la tercer llave.
El cuerpo aún con vida del suicida, vio toda la situación mientras un hondo sopor le alivió todos los dolores y las culpas.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Segundos hijos.




La historia, por lo general, le guarda un lugar privilegiado a los primeros, a los únicos , a los pioneros, esos seres que tienen toda la atención, las expectativas y el apoyo incondicional ante los tropezones de la vida coronando y enalteciendo cada uno de sus logros, por insignificantes que parezcan.
Los últimos también tienen su lugar en el salón de la fama logrando ser los antihéroes llevándose las palmas ya que al igual que los primeros, son los extremos por donde se van a mover los del montón. Aquí se desprende una palabra condenatoria: el montón. Y ahí es justo cuando el segundo , se convierte en el mejor del montón, el mejor de lo que queda, el premio consuelo.
Cuando de hijos se trata, al primero se lo piensa, se lo concibe, se lo espera y se lo recibe en plenitud, con los miedos pero también con las esperanzas y los sueños y se le abre todas las puertas para que nada se interponga entre el éxito y él.
Ahora , cuando viene el segundo, comienzan las complicaciones. ¿Cómo le explicamos al primero que va a perder la exclusividad? Simple, no la pierde, solo que se divide entre los tíos, abuelos, vecinos y profesores forjadores del mañana. Entonces el segundo nace sin saber que tiene exactamente el cariño que le sobra al primero, pero para él bastan y sobran….al principio.
Cuando el primero va a la escuela, ya sienta un precedente, para bien o para mal ya traza un camino. Si es un chico problema, las maestras se lo van a tratar de sacar de encima y lo van a ubicar sin conocerlo en el turno tarde, si es posible en otra escuela. Ahora si es un erudito, van a someter al segundo hijo a interminables comparaciones que solo lo van a frustrar ante sus compañeritos y la sociedad entera.
Este karma va a acompañar al segundo hijo durante todo lo que empiece. Si sigue una carrera que no tiene nada que ver con el primer hijo, las viejas van a decir “Es la oveja negra de la familia, nada que ver con el mayorcito que es un santo” Ahora si se le ocurre seguir algo parecido al hermano mayor, va a estar a su sombra siempre, aún los fracasos del mayor van a opacar los éxitos del segundo.
Si ocurre una fatalidad con el primer hijo, el segundo nunca va a ocupar su lugar, todo lo contrario, va a ser el encargado de sostener los ánimos ya que los amigos y vecinos van a decir “Y bueh, por lo menos les queda el más chico” como si fuera el que sigue en una suerte de lista negra.
Los segundos son como hijos tributo del primero, es decir, son casi como el primero, pero los aplausos son para el original.
Segundos hijos, no bajemos los brazos, defendamos nuestro lugar, y si nos tocó ser los mejores del montón, al menos sabemos que somos el modelo a seguir de otra gente, no tal vez de los exitosos, ni de los felices, pero si de los libres de la responsabilidad de ser primeros.
Salud.

lunes, 22 de agosto de 2016

Odio los barriletes


Hay cosas que cuando no son para uno, no vale la pena insistir.
Hace un montón de años, mi hija mayor tenía una barrileteada en la escuela del barrio. Cada alumno junto con sus padres, debían llevar un barrilete y algo para merendar y compartir con los demás padres. La maestra insistió que en lo posible, los barriletes sean confeccionados por las familias, así fomentaban los valores, la unión y otro puñado de barbaridades. Yo no tenía ni tengo idea como se hace un barrilete, y mi experiencia de remontar uno es un autentico canto al fracaso que voy a detallar en otro post. La cuestión es que fuimos un día antes a la casa de mis suegros en Rosario a almorzar y mi hija comentó lo emocionada que estaba con el evento, que recién ahí caímos que no teníamos barrilete alguno ya que especulábamos con un probable frente de tormenta que iba a arruinar la tarde pero la lluvia no llegó nunca.
Mi suegro saltó de la silla y con la cara iluminada nos dijo “¡No podrían tener más suerte! Conozco a Sanabria que hizo la colimba conmigo y vende barriletes en la plaza del shopping Alto Rosario. Vamos y de paso lo visito a Sanabria, pobre infeliz.”
No había terminado la oración cuando ya nos había subido al auto y manejaba como loco contándonos anécdotas de sus años de conscripción. Llegamos a una plaza y ahí estaba Sanabria, sentado en una reposera leyendo el diario y escuchando la radio. Mi suegro me dijo “Vení, vamos que lo voy a hacer cagar todo.” y lo encaramos desde atrás.
“¿Qué tal cómo le va?” le dijo mi suegro a Sanabria haciéndose el serio. “Somos de la inspección municipal y veo que está vendiendo barriletes. ¿Tiene los permisos?”
Sanabria empezó a buscar nervioso los papeles que no existían, y mi suegro empezó a reírse mal. “¡No te cagués Sanabria! Soy el flaco Olivieri, hicimos la colimba juntos, en Bahia Blanca...¿No te acordás? ¡Estás hecho mierda che!”
La presentación mutua duró casi dos horas. Sanabria no se llamaba Sanabria, se llamaba Salinas. La colimba la habían hecho en Azul, no en Bahía Blanca y así con la casi toda la historia. Cuando sintonizaron, mi suegro le pidió el mejor barrilete para su nieta. Había no menos de veinticinco barriletes volando y uno solo apoyado contra un árbol. “Este es el mejor flaco” le dijo Salinas a mi suegro, “pura fiselina, no se rompe nunca, y el hilo es encerado, nunca se corta ni lo jode la humedad. Llevátelo flaco, te lo regalo. Si es para tu nieta es un regalo.”
Mi suegro insistió en pagar hasta que logró que Salinas se lo cobre “Ya que insistís flaco son 24$” sentenció Salinas. (en esa época, 1U$ = 3$, osea que el barrilete costaba 8 U$) “¡Uh, qué macana! Me dejé la billetera en el auto. Pagale que después te lo doy en casa.” me dijo mi suegro, y pagué el barrilete más caro del planeta. Pesaba un millón de kilos y era duro. Así que lo llevamos a casa.
Al otro día fue la barrileteada. Había de todo, unos barriletitos minúsculos, otros standart, y unos tipo cajón que eran enormes.
Todos, absolutamente todos los barriletes volaron altísimo, menos el barrilete nuestro que era una suerte de baldosón hexagonal de colores con un hilo sisal encerado. El cuadro era devastador: mi hija iba adelante, en el medio a un metro atrás de ella iba Yamila, y un metro atrás Camila, las tres sosteniendo el hilo sisal y corriendo mientras el barrilete daba unos humillantes tumbos frente a los eruditos del barrilete que aconsejaban que le sobraba cola, que le faltaba cola, que tenía mucho hilo, que le faltaba tal o cual cosa, la cuestión es que yo rogaba que el barrilete se destruya y acabe el sufrimiento.
Las maestras nos miraban con lástima y a mi hija los demás papás le prestaron un barrilete para sacarse una foto.
Volvimos a casa y revoleé el barrilete al galpón para olvidarme del asunto.
Los demás chicos subieron todas las fotos al facebook de la escuela, abajo de la foto de mi hija decían los comentarios “Acá está fulanita con nuestro barrilete, que se lo prestamos porque el de ella no se levantó” y tenía como dos mil likes y la compartieron cientos de veces.
A la noche cuando todo era paz y silencio, todos se habían dormido menos yo que estaba como loco tratando de alinear los chakras con una vela aromática y unos mantras. Ya me iba a dormir y vi que tenía un mensaje en el celular. Lo abrí y era de mi suegro “¿Como les fue con el flamante barrilete?”.
Desde entonces veo un barrilete y me viene taquicardia.

martes, 2 de agosto de 2016

El sobreviviente

Con el motivo del 50 aniversario del fin del holocausto, un canal de televisión y una radio local decidieron hacer una cobertura especial en un conocido teatro del sur de Neuquén. Para ello habían recolectado historias y documentos que presentaron junto con filmaciones de la época. El evento, sin dudas  iba a ser el más importante de la región y se esperaban cerca de 2000 invitados de los alrededores. Se organizaron canciones típicas y una feria de platos temática. Todo marchaba viento en popa, hasta que apareció el sonidista con una bomba: su abuelo conocía un sobreviviente del holocausto. Fue lo único que acaparó la atención y los esfuerzos durante la semana previa a la cobertura. No fue fácil dar con el paradero del sobreviviente. Era un anciano que vivía alejado de la sociedad en una pequeña cabaña, probablemente con miedo del ruido urbano. Llegaron hasta la casa y con una amable sonrisa de 90 años Martin Bergman los atendió y con la ayuda de un intérprete lograron convencerlo de participar de los acontecimientos. Martin solo hablaba en alemán y dio a entender que se vio forzado a hacerlo dada las circunstancias.
Se tomaron muchos recaudos para hacer posible el testimonio de Martin en televisión. Sacaron algunas de las fotos de los campos de concentración ya que podrían llegar a perturbarlo. Se eligieron cuidadosamente las preguntas y cuidaron de la sensibilidad del anciano en extremo.
Llegado el día, se tocó solo música clásica como signo de neutralidad y los asistentes llevaron pacientemente a Martin al sillón donde iba a ser brevemente entrevistado. Esta transmisión, iba a salir en vivo por varios canales del país ya que era un hecho inédito.
La entrevista solo constó de una sola frase: ¿Cómo recuerda esos días don Martin?

“Fueron años muy tristes. Había horror en el aire. Todo se poblaba de gritos sin sentido. Cuando uno se despertaba la esperanza de un nuevo día se nublaba. Mis amigos y hermanos sufrieron mucho. Es terrible el dolor, pero creo que hay que saber perdonar y entender. El pueblo Alemán tenía una manera de ver las cosas, tal vez no fue la correcta pero si rescatamos lo bueno, creo que ningún sacrificio es en vano. Todo en esta vida ayuda a crecer y a ser quien uno es. Hay batallas por dar siempre y en todo lugar, pero la paz de sentir que podemos hacer de este mundo un mundo mejor no tiene límites. Si vemos al adversario como un enemigo y no como un ser humano, ahí dejamos de ser personas. Perdón y comprensión para los que no piensan como nosotros y saber ponernos en su lugar, es el legado más grande que tengo de aquellos años”

Diciendo esto, Martin se levantó entre un montón de aplausos y con paso lento se fue caminando entre los asistentes que desbordaban de emoción ante el discurso desprovisto de rencores y rico en la esperanza que un mundo distinto comenzaba en ese instante. Se subió al auto que lo llevó de regreso a su casa ya que no estaba acostumbrado a estos trajines.

“¿Cómo supo tu abuelo que este hombre era un sobreviviente del holocausto?” le preguntaron al sonidista del evento. “Una vez, mi abuelo fue a llevarle kerosene a un viejo hermitaño chileno y lo agarró la noche y se perdió. Manejó como pudo hasta que dió con la casa del viejo Martin. No hablaban una palabra en común, pero se hicieron entender y el viejo le dio comida y abrigo hasta que pasara la fría noche. Cuando amaneció, se despidió y se fue.” comentó el sonidista.

“Está bien, pero ¿cómo se dio cuenta que el viejo Martin era un sobreviviente del holocausto?” insistieron.
“Según mi abuelo, había unas fotos arriba del hogar donde el viejo Martin estaba con un uniforme gris y decía en un rincón -für mein treuer Freund Martin Bormann - Berlin 1939-, algo así como Para mi fiel amigo Martin o algo así, Berlín 1939“
¡Boludo! ¿Vos no dijiste Martin Bergman“
No, bah, no me acuerdo. Bergman Bormann es lo mismo, es un sobreviviente ¿o no?“ se molestó el sonidista.
¡No! ¡No es lo mismo! ¡Martin Bormann era el segundo de Hitler, idiota! Llevamos a uno de los Nazis más buscados de la historia a un aniversario del holocausto! ¡Si lo ven los Judíos a esto nos van a cortar las pelotas en julianas a todos! ¡Ya hay que parar todo lo que se transmitió y ojalá nadie lo haya reconocido!“
Y todos corrieron a tratar de desarmar todo de la manera más discreta posible, borrando todo y rogando que nadie se haya avivado.

¡Qué tanto lío! Pidieron un sobreviviente y les traje uno, y así me lo agradecen….¿por qué no aclararon antes de que lado era el sobreviviente que querían…? Ni las gracias me dieron.“ murmuraba el sonidista mientras desarmaba la consola ya que a la noche tenía un cumpleaños de 15 y al fin y al cabo eso era plata segura.