jueves, 17 de diciembre de 2015

Un delirio del pasado


Una tarde como tantas en el año 1984, mi mamá atendió un llamado telefónico. Su cara se fue transformando a pesar de lo breve del llamado. Cortó y me dijo “¡Vamos de la Gladys!” y se sacó el delantal con un gesto de angustia como el que tenía cuando le diagnosticaron cáncer a mi viejo. En esos tiempos las órdenes de cualquier persona mayor de cuarenta años no se discutían, se acataban en silencio y sin cuestiones. Cruzamos la calle y nos metimos en la casa de Gladys sin pedir permiso ni tocar timbre, en esos barrios las puertas se cerraban con llave solo a la noche y si alguien se acordaba de hacerlo. “Pase sola Erlinda” le dijo Gladys a mi vieja quien me hizo la clásica seña del dedo índice en los labios como la enfermera de los carteles del hospital. Cerró la puerta de vidrio y lo que sigue es una reconstrucción con imágenes de lo que escuché.
“Pase Erlinda, siéntese.” “¡Gladys! ¡Como tiene las lastimaduras! ¿Quiere que llame a la renga que pone inyecciones así la cura?” “Son estigmas Erlinda y no llame a nadie por favor” dijo Gladys con mucha paz en su voz, “necesito que se siente que le voy a dictar un mensaje.”
“No Gladys “dijo mi vieja “no creo que yo sea la persona indicada para esto. Si quiere llamo a la morocha que ella estuvo siempre o a doña Adelaida que es muy creyente.” “¡Erlinda por favor! ¡Hay cosas que no pueden esperar! ¡Ella la eligió a usted para que escriba este mensaje! Agarre por favor la birome y escriba, no puedo esperar mucho. ¡Por favor!” le dijo Gladys con un hilo de voz. Mi mamá tomó la birome y empezó a escribir, no escuchó nada de lo que le dictaba Gladys pero su mano percudida de lavandina y detergente se movían rítmicamente dibujando los signos ajenos. Juro que solo se escuchaba un murmullo sordo desde donde me encontraba y una especie de sonido grave entorpecía todo lo que podría llegar a escuchar. Cerré los ojos para poder concentrarme en la voz de Gladys pero fue inútil. De pronto todo se apagó, se suspendió el tiempo como si alguien hubiese puesto una pausa. Quedé detenido en ese sillón mullido con los ojos cerrados hasta que mi vieja me sacudió suave el hombro. “¡Vamos! Ya está.” me dijo y salimos en silencio a la calle.
Dos horas después sonó de nuevo el teléfono. Esta vez la cara de mi vieja estaba distendida. “Venga Gladys que estamos solos” fue lo único que dijo mi mamá. Y cuando cortó fue al baño a acomodarse un poco. “¡Andá a abrirle a la Gladys!” dijo mi mamá cuando golpearon “Debe ser ella”. Cuando abrí la puerta, Gladys pareció sorprenderse conmigo. “Dale a tu mamá esto. Decile que muchas gracias. La Virgen también le agradece.” y dándome un papel doblado en cuatro se fue por donde vino.
“¡Má…! La Gladys te manda esto” y le di el papel cuadriculado doblado prolijamente en cuatro. Mi mamá lo abrió y se sentó y empezó a llorar mucho. “Andá, andá con los chicos a jugar un rato “ me dijo…
Cuando mi mamá murió, entre unas fotos viejas estaba el papel cuadriculado todavía doblado en cuatro. Me lo llevé a mi casa donde actualmente vivo con mi mujer y mis hijas. Cuando se fueron a dormir todas, me puse a ver fotos y busqué el papel cuadriculado. Con mucho cuidado lo abrí y ahí estaba la letra de mi mamá, redonda y prolija. El mensaje que ella escribió no fue dictado para ella ni para nadie que no sea Gladys. Será por eso que no recordaba nada de lo que escribió hasta que lo leyó dos horas más tarde en el baño de mi casa. Cuando lo leí, lo literal no me estremeció tanto como el sonido de la birome y el murmullo de Gladys volviendo del año 1984 hasta hace un rato y la cabeza se me nubló y lloré como nunca, en silencio, hasta que mi hija menor me preguntó “¿Qué pasa pa? ¿Estás triste?” y me abrazó fuerte...”¡Te quiero mucho!” fue lo último que me dijo mientras el papel cuadriculado vacío de escrituras y recuerdos caía al piso para luego extraviarse para siempre.

martes, 1 de diciembre de 2015

Peluqueros, carniceros e ingenieros.

Arnaldo Ibarra era uno de los peluqueros de mi ciudad. Si bien en los '70 no había muchos peluqueros de profesión, Ibarra era un referente obligado y cobraba caro.
Una tarde entró un hombre de traje con un niño de la mano riendo acaloradamente de una imitación de José María Muñoz. Cuando todos lo miraron pidió disculpas y se presentó "Buenas tardes. Soy el ingeniero Palazzolo.Permiso" y se sentó en un rincón cercano al revistero. El clima siguió como siempre, charlas de personajes, comentarios acerca de las noticias de la radio y fuertes cruces entre los clientes por el poster de Boca Jr campeon 1970. Los rituales cotideanos se interrumpían cada vez que se perdía la señal de la radio o entraba algún cliente a preguntar si había lugar para uno más o volvía en otro momento.
Así pasó la tarde hasta que le llegó el turno al ingeniero Palazzolo. Se sentó con el diario La Razón abierto en la sección de economía y finanzas comentando en voz alta lo que lo indignaba la situación del país y el mundo en general.
"Media americana" le indicó al peluquero "Y un poco de tinte en el bigote, que tengo una reunión mañana y tengo que quedar bien ¿Me entiende?". Ibarra le cortó el pelo y muy prolijo le puso glostora logrando un brilloso tono azabache. Con un pincelito en miniatura le coloreó los bigotes y patillas dejando al ingeniero Palazzolo con el porte de un prócer. Causaba mucha impresión el resultado, se encontraban ante un hombre poderoso en su mejor momento. Le pasó una ancha pinceleta y completó su trabajo con una tijerita diminuta con la que cortó uno a uno los pelos de las orejas y nariz.
Palazzolo se miró varias veces al espejo con cara de insatisfacción, pero finalmente soltó un bufido y comentó "Está bien Ibarra, está bien. Lo felicito por el trabajo. Cortemelé al pibe a la romana que me cruzo a comprar cigarrillos y vuelvo a terminar la charla acerca de economía y a contarle unas ideas que se me ocurrieron para mejorar el negocio de la peluquería...¿Tiene cambio para los cigarrillos? Salí sin sencillo, no se preocupe, le pago todo junto." Ibarra presto, sacó del cajón de la recaudación dos billetes marrones y se los dió a Palazzolo quien le agradeció y se cruzó al quiosco de enfrente.
Ibarra acomodó al niño en el sillón y le cortó el pelo tal cual le indicara Palazzolo que estaba tardando un poco más de la cuenta. "Supongo que no encontró los cigarros que fuma y se fue a la otra cuadra, por eso debe tardar..." pensó Ibarra mientras terminaba de cortar el pelo al niño. Cuando finalizó, lo ayudó a bajar del sillón y se fue al rincón del revistero a hojear una revistas El Gráfico.
La tarde transcurría y en algún momento la ausencia de Palazzolo le colmó la paciencia y le preguntó al niño "Che nene, ¿no sabés si tu papá va a tardar mucho?"
"No sé" dijo el niño "¿en qué va a tardar mucho?"
"¡En volver nene! ¡Hace como una hora que se fue! ¿Qué fue a hacer? ¿A comprar o a fabricar los cigarrillos?" le dijo Ibarra medio en serio y medio jorobandolo al pibe.
El nene lo miraba en silencio arrugando la frente como si le hablaran en chino mandarín.
"¡Tu papá nene! ¡El ingeniero Palazzolo! ¿Te agarró amnesia te agarró?" se impacientó Ibarra.
"¿El ingeniero? Mi papá es el carnicero de la esquina. No conozco a ningún ingeniero" dijo el nene.
"¿Y PALAZZOLO?¿El hombre que entró con vos?¿Quien es?"
"¡Que se yo! Yo estaba jugando en la esquina y me dio unos caramelos y me dijo que lo acompañe a cortarse el pelo. Me preguntó de que cuadro era y empezó a hacer como el de la radio. Bueno, me  voy yendo que es tarde. ¿Me puedo ir?"
Ibarra sentía ganas de agarrar a patadas en el culo al nene pero se ve que tambien era victima del engaño.Como estaba se cruzó al quiosco de enfrente y preguntó si habían visto a Palazzolo. Obviamente el qiosquero no tenía idea de que le hablaba Ibarra.
Entró deshecho a la peluquería y le dijo al pibe "Andá nene, andá. Tu viejo debe estar preocupado, andá." y cuando salió el pibe se desplomó en el sillón pensando como lo había cagado Palazzolo.
Terminó el turno y pasó por la carnicería a ver como estaba el pibe, si había llegado ya que era tarde. Lo interceptó el carnicero diciendo "Ibarra viejo, justo me agarraste cerrando, ya iba para la peluquería. ¿Te dejó el pedido Palazzolo?"
"¿Qué pedido?" le dijo mirándolo extrañado.
Despues de un silencio el carnicero rompió "¡Qué hijo de mil puta! ¡Me recagó! ¡Me dijo que iba a tu peluquería a pedir cambio para pagar dos kilos de lomo que se llevó! Ya iba a buscarlo...¿Cerraste Ibarra?"
"Si hombre, venía a preguntarte si llegó bien tu pibe. A mí me garcó un corte de pelo y plata para los puchos que me pidió con el verso del cambio." le explicó a grosso modo Ibarra.
"¿Qué pibe?" le cortó en seco el carnicero"Yo no tengo pibes, soy soltero."
Lejos de allí, el ingeniero Palazzolo se iba a su casa con su hijo, los dos kilos de lomo y los Parliament negros sin filtro en el colectivo urbano.

jueves, 29 de octubre de 2015

Esperando el bondi

Las terminales de omnibus tienen ese que se yo ¿Viste?

Una tardecita estaba esperando el colectivo que me lleve de vuelta a San Nicolás, y un hombre mucho más bajito que yó parecido a Guido Gorgatti, me encaró de frente. "Escuchame nene, pagame un pancho."

Asombrado por la caradurez del Guido y un poco sorprendido le iba a decir algo y enseguida me cortó "Mirá pibe, vos no sos de acá ¿no? Yo tampoco, no me banco a los porteños." Empecé a mirar con supuesto disimulo buscando un guardia o algo por las dudas. "¡No tengas miedo nene! No te estoy pidiendo plata, te pido que me pagués un pancho nomás. Me soltaron esta tarde y no tengo ni un mango para el pasaje. Lo único que te pido es un pancho, simple, sin mucha vuelta ¿no te podés poner un rato en mi lugar?"

A esa altura tenía un cagazo que no veía nada. Lo que tendría que ser un acto natural venía arropado en demasiado misterio para mi gusto. Pensé velozmente en no mostrar la billetera ya que tenía algunos pesos que había cobrado por una venta de internet, por otro lado no podía hacerme mucho el vivo porque Guido tenía a favor el misterio, no sabía a ciencia cierta si operaba solo o si tenía en los bolsillos (nunca sacó las manos de ellos) un arma o algo así. Le estaba por empezar a mentir que solo estaba esperando a un amigo que llegaría de un momento a otro so pretexto de intimidarlo, pero pescó mis intenciones y me anticipó :"No te asustés nene. Estoy solo igual que vos ¿Me tenés miedo? Mirame a mí...¿te doy miedo? Si lo único que te pido es un pancho. Incluso me podés decir que no, que no me lo querés pagar, o que no tenés plata y no hay drama, se termina la historia. ¿Vos tenés plata para pagarme un pancho? ¿me lo querés pagar?"

Apuré el tramite y le dije "Vamos, vamos para la panchería y pedite lo que quieras. Y si te querés pedir una coca o un café también, no hay drama. Te banco."

Guido me siguió y le dije rápido a la cajera "servile al hombre lo que te pida, y decime cuánto es, que te lo pago"

La cajera lo miró y suspiró porque se ve que esta práctica era más habitual de lo que yo imaginaba. Me dijo "Son treina y seis pesos." Le di cincuenta y me fui a sentar al corredor a esperar las dos horas siguientes la salida del micro a casa.

Despues de agradecerme Guido se fue a comer el pancho con el agua mineral a la escalera y yo me escapé de su campo visual. Traté de no hacer contacto con nadie más. Miré las revistas de una librería, fui al baño y me senté en una silla a observar las pizarras electrónicas.

Como una hora despues pasó Guido y me saludó con una cabeceada. En una de esas, se puso serio y levantó las cejas como señalandome algo atrás mío. Me di vuelta con desconfianza y vi que dos pendejos se hacían los que miraban a otra parte. En eso estaba y Guido se les fue al humo, algo les habló por lo bajo y me señaló discretamente con el menton. Los dos muchachos se dieron media vuelta y se fueron. Guidi se me acercó y me preguntó si me faltaba algo. Tenía todo conmigo, la mochila, la billetera y el buzo, así que no me faltaba nada.

"Cuidate pibe" me dijo Guido, "En estos lugares hay gente muy rara ....¡suerte!"

miércoles, 14 de octubre de 2015

Fenómenos de nuestro siglo.

Por los años 80, el matrimonio Souza del sur de Brasil eran docentes universitarios. Marga Ameneiros de Souza era una reconocida bioquímica casada con Ismar De Souza Carvalho, un arqueólogo al que le atribuyen un sinnúmero de descubrimientos de fósiles. Una característica que encontró en dichos fósiles, fue que el número de extremidades siempre era impar, lo que le dejaba una fuerte sensación que se encontraba frente a un hallazgo único. Con los siguientes estudios, descubrió un alto índice de radiaciones desconocidas y la datación radiocarbónica le indicaba una fecha incierta en la edad de los fósiles. Muchos indicios le señalaban la posibilidad de animales comunes afectados de radiación, que nada tenían que ver con fósiles pero que el estado de conservación y la contaminación nuclear confundieron al científico descalificándolo en la comunidad.
Gravemente enfermo se retiró a su hogar con su mujer a pasar los días entre investigaciones anónimas.
Su mujer se encontraba con dificultades para quedar embarazada, los resultados de los análisis nunca fueron favorables y el matrimonio se encontraba cuesta abajo. Ya con un pasar más modesto y sin las presiones mediáticas, Marga se sometió a una serie de inyecciones experimentales diseñadas por Ismar para un proyecto rural que nunca se concretó.
Al final de la primavera del año 97, Marga quedó por fin embarazada y la alegría retornó al hogar Souza. Unos meses después Nace María Regina Souza, en la intimidad del hogar Souza.
Consternados, los padres deciden no dar cuenta del nacimiento a nadie y se mudan en secreto a las afueras de Porto Alegre en un viñedo de la familia Nunca más se supo de la familia hasta que en el año 2010, unos chicos que se perdieron en el monte, dieron con el viñedo de los Souza. Ahí vieron algo que les cambiaría la vida por completo. En los jardines había una hermosa muchacha deambulando entre los arbustos con una extraña particularidad: tenía cuatro piernas perfectas.
Los niños fueron encerrados bajo un tratamiento dado el estado de shock en el que se encontraban, sin embargo despertaron la curiosidad de uno de los psiquiatras al encontrar perfecta sincronía en los relatos. Con lo datos recolectados, retomó el camino de los niños y llegó a duras penas a un viñedo abandonado. No había nada ni nadie habitando el lugar. Se aventuró a entrar por la fuerza a la casa y grande fue la sorpresa cuando encontró indicios de la veracidad del relato de los muchachos. Todos los calzados femeninos, se encontraban en grupos de a cuatro, en dos pares. Creyó que era una coincidencia, pero entre las cenizas de la chimenea, algo lo perturbó. Restos de una serie de fotos domésticas, revelaban la presencia de una muchacha con cuatro piernas. era dificil adivinarlo dado el deterioro de la foto.
Dedicó su tiempo a encontrar a la familia y dio con ellos al final del 2011 en una finca de Bahia. Por fin la verdad salió a la luz y las autoridades rescataron a la joven de su cautiverio. Se encontraba perfectamente bien e instruida. La única declaración que hizo a los médicos fue "Lo unico que quiero, es tener un novio"

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Polietileno

"Este sistema se aleja cada vez más de mi visión del mundo, o soy yo el que se aleja de este perverso sistema. Como sea a fin de mes me voy de esta empresa" nos dijo Grimberg mientras se sentaba en el banco de trabajo del conejo Aguirre.

Relato de Grimberg.

Desde que me fui a Perú entendí varias cosas.El cerebro nos vive mintiendo, nos crea una ilusión de comfort, nos instala ahí y desde ese entonces nos arbitra los medios para ganar dinero y no salir de esa zona de comfort. No sea cosa que pensemos de más y rompamos los esquemas con alguna revolución. Hace unos años en el viaje a Perú descubrí que se vive con muy poco, ¿saben? No hace falta mucho para ser feliz. Si hubiera traído el Ipad les mostraba las fotos de la miseria material en la que florece la alegría y el amor. La esencia del ser está en los rincones más recónditos del ser humano, hasta los peruanos tienen alma aunque sus caras expresen otra cosa. Les juro que quise dejar todo para andar en bolas por Nazca absorbiendo los mensajes de los antiguos dioses y tragarme de una mirada todas las estrellas, pero la guía de la excursión me dijo que los peruanos son medio estrictos con el tema del nudismo. Claro, son lacayos del imperialismo pobres, pero ya van a lograr zafar. Cuando volví me empecé a preparar para la revolución cultural. Les pedí una combi medio hecha mierda a los socialistas que tenían al pedo. ¿Sabés que me dijeron? ¡Que me la vendían! Increíble. Es como si al Che Guevara le cobraran las balas. ¡Estamos todos locos! La idea era pedirle a Juanma un televisor LCD que tenía al pedo, las sillas de plástico que tiró al galpón mi viejo y salir a mostrar cine alternativo a los pueblos del norte. Imaginensé, que esa gente en la puta vida vio buen cine. Les caes a esos negros con una de Stanley Kubrick y les rompés el mate. Es como un viaje de ácido sin ácido. Obviamente me deprimí y me fui a Galápagos dos meses. ¿Saben que hay en Galápagos? Naturaleza, por donde mirés hay naturaleza y tortugas. Un día estaba en una roca pensando mi siguiente paso y una foca se puso enfrente mío, ¡una foca! ¿entienden? La foca me miró fijo, yo la miré . Ahí no hay bañero ni nadie que te salve las papas. Así que grité con todas mis fuerzas y salí cagando y me rompí contra una roca. Ahí tuve la revelación. No se puede vivir así como un esclavo del sueldo aplastando los sueños y regalando la vida a un empleador. No creo que se pueda llamar disfrutar a tomar tres mates amargos hablando de fútbol. Hay un mundo muriendo allá afuera y necesita cada esfuerzo nuestro, mientras tengamos las necesidades satisfechas no vamos a servir para nada. Por eso me di cuenta que estuve equivocado todos estos años y tomé la decisión de irme a la mierda. Me voy a laburar con mi viejo.

Después del relato , y sintiendo que el conejo Aguirre y yo estábamos meando horriblemente fuera del tarro y pensando en la revolución de la mano de Grimberg, se nos ocurrió preguntar ¿qué iba a hacer con su padre? ¿a qué se dedicaría?

Me voy con mi viejo que tiene una fábrica de bolsas de Polietileno.

Se me vino esta imagen a la cabeza y se me desbarrancó un revolucionario.
Lo único que buscaba con todo esto, Grimberg , era una piojosa venganza a largo plazo para con la pobre foca de Galápagos


martes, 29 de septiembre de 2015

El Club Urquiza - Aplastando ilusiones

Por los años '80, el Club Urquiza reunía los talentos del barrio y en un improvisado escenario cada cual desplegaba sus virtudes. Germancito, como lo llamaban la mujer de la mercería y Amanda la del quiosco, era un fanático de Star Wars, mal. Tenía todo el merchandising que se podía conseguir, muñequitos, tarjetas, disfraces, figuritas, todo. Esto se debía a la alta posición económica que ostentaban sus padres, ambos reconocidos médicos de la zona. Sus padres siempre lo alentaron a ser creativo y jugar mucho. La música era una constante en la casa de Germancito, se escuchaba todo tipo de jazz, folk y clásico. El padre tocaba la trompeta y jugando y jugando aprendió a hacer sonar algunas notas. Tanto perseveró que aprendió la Marcha Imperial de la guerra de las galaxias. Su papá lo ayudó con los tempos y para los precoces ocho años, era todo un talento. Los amigos del barrio nos quedábamos las horas escuchando una y otra vez la Marcha Imperial, era sublime y nos dejaba colgados .Le comentamos del club Urquiza y la peña de talentos y con un poco de reserva y muchos peros, los papas de Germancito aceptaron llevarlo para que toque la Marcha Imperial en el Club.
Para ese día, la mamá lo vistió de trajecito y el papá lustró hasta el cansancio la trompeta.
Llegó el glorioso día, todo el barrio estaba presente. Hubo como siempre, mucho focklore y tango, y a Germancito lo dejaron para el final, para que cierre el show. Sus padres temblaban pero Germancito pensaba en la Marcha y ensayaba con los dedos las notas, estaba sereno. Pasaron todos los números y la expectativa crecía  con la noche. Finalmente don Cordero, el maestro de ceremonia, le preguntó al padre de Germancito qué iba a tocar, como pudo le dijo La Marcha Imperial. Don Cordero lo garabateó en un papel y se lo pasó al locutor, quien dijo con el micrófono con reverberancia: "Y ahooooooraaaaa, para finalizaaarr esta velaaaadaaaa, el joven Germancito Trebes Podestaaaaaaaa¨, nos deleitará con su trompetaaaaaaaa.......¡Vamos Germacito con esa marchaa!"
Un silencio precedió al aplauso intenso, la luz lo cegó pero se veía gigante, el peinado a la glostora le daba un brillo especial a la escena. Germancito levantó la trompeta, agilizó los dedos, tomó aire y empezó a tocar impecablemente las cinco primeras notas de la Marcha Imperial. De la nada, el Sapo Cordoba se levantó y continuó a los gritos "Todos unidos triunfaremooooooo....". La mesa de la comisión de bochas coreó "Y como siempre dareeeeeemo,,,". Los del buffet golpendo los cucharones en las sartenes a ritmo agregaron "Un grito de corazón". Demás está decir que el club todo gritó "¡VIVA PERON VIVA PERON!"
Germancito estaba quieto, como una estatua, inmóvil, con la trompeta aún en su boca. La mamá lo bajó de un brazo mientras los miembros del club se paraban en las mesas, golpeaban sus platos y gritaban más fuerte que nunca. Por una puerta lateral, salieron Germancito y sus padres en estado de shock esquivando la turba. Iban a casi treinta metros del club cuando estalló un aplauso increible y mucha euforia. La voz del locutor cerraba la noche diciendo "¡¡¡¡¡Y así, nos deja Germancito Trebes Podestá, este joven talento que le puso un broche de oro a esta noche!!!!! Nos vemos el año que viene si Dios quiere, buenas noches familias."
Después supe que Germancito se mudó a Mendoza, que fue un médico exitoso pero que dudo que se haya presentado otra vez a algún escenario.

domingo, 30 de agosto de 2015

Facebook

La realidad y la ficción siempre terminan sorprendiendo de manera atroz.
Matías era un chico de once años de mi barrio, hijo típico de padres separados, con sus traumas y sus necesidades materiales satisfechas. Vivía con su padre a tres cuadras de la escuela del barrio. Era reservado y le gustaba mucho dibujar y compartir en las redes sus escaneos. Desde chico tuvo facebook antes que ninguno de sus compañeros. Sospecho que fue para compensar la carencia de afectos y atención, aunque el mundo que se le abrió a partir de la red era menos dañino que la realidad cotidiana que mal teñía su infancia. Tenía cientos de amigos virtuales en todas partes del mundo y la mayoría premiaban con “likes” sus producciones caseras dándole una cuota necesaria de optimismo.
Cierta tarde, cuando abrí mi facebook, vi que en mi muro Matías compartía un video en lugar de un dibujo. No se apreciaba nada raro en la portada y el nombre era una serie numérica que suponían una fecha por la estructura MMDDYY. Al abrir el video, algo espeluznante comenzó a desarrollarse frente a mis ojos. Una escena de pedofilia explícita corría a lo largo de los treinta y ocho segundos que duraba y cerca del final se podía apreciar la cara del niño con un desesperado gesto pidiendo ayuda. No tardaron en aparecer los comentarios desaprobadores y los repudios a tal actividad. Poco fueron los que le preguntaban por el origen de este video a Matías. “No entiendo, me deben haber hackeado el face” fue la primer respuesta de Matías. Los videos empezaron a aparecer más seguidos y no tardaron los padres de los compañeritos de Matías a preocuparse. El chico estaba subiendo demasiada pornografía de calidad casera y de repulsiva temática. El, insistía en el hackeo de su cuenta y borraba cada vez que aparecía algo nuevo en su muro. El padre se convirtió en el blanco de las críticas de maestros, vecinos y amigos. Todos insistían en que ponga atención a Matías y que lo lleve a un psicólogo ya que estaba perturbando a sus amigos con los videos. Matías juraba entre llantos que desconocía como habían ido a parar los videos a su muro, pero algo más había en su mirada, tenía la misma expresión del chico en los videos Una horrible duda se me clavó en la memoria y corrí a mi computadora a revisar los videos. El contenido seguía siendo repulsivo y perturbador, pero en uno de los últimos videos subidos un detalle me dejó helado. Un horrible jarrón era parte de la tétrica escenografía, y ese jarrón me era tristemente familiar. Era famoso porque en una de las últimas peleas antes de la separación, el jarrón salió por la ventana para darle de lleno al patrullero que había acudido a la casa del matrimonio debido a los ruidos molestos. El impulso me llevó a llamar a la policía pero siendo que el menor los había subido y dada la calidad del material, se hacía difícil reunir evidencia para detener al padre pedófilo ya que no se apreciaba claramente la cara del mismo. Un amigo que se da maña con las computadoras, me dio una pista para desanudar el ovillo. Si encontraban el IP (dirección de una computadora) del cual se habían subido los videos, se podría vincular esa dirección con el titular de la misma, y siendo que Matías era menor el titular de la IP buscada debería ser el padre. Nos pusimos a desenredar el asunto y llegamos al IP tan buscado. Al identificar al titular de la dirección, arrojó un dato estremecedor, correspondía a la madre de Matías. Este IP estaba registrado en una base de datos de mi amigo ya que hace service y por las dudas toma los datos de las máquinas que repara. Claramente la mamá de Matías estaba plantando videos en el muro de su hijo y fue tan hábil de diagramar la habitación del montaje para que parezca idéntica a la casa donde Matías vivía con el papá. A todo esto la red social estallaba en denuncias y repudios y la comisión vecinal pedía a gritos que fuera expulsado del barrio y se hiciera justicia. Nada probaban los videos y por eso la investigación no avanzaba pero no iban a tardar las autoridades en lograr una orden de allanamiento y detectar que la habitación donde filmaban los videos era la de Matías. Había que informar rápido, el linchamiento era inminente. Expusimos el caso con los peritos de la policía y ellos no tardaron en detectar, con sus propios medios, el origen de los videos. Cruzaron los datos de la madre de Matías y se encontraron con una demanda por la custodia permanente ya que estaba trabajando y estaba alquilando un lugar. Este escándalo de los videos aceleraría convenientemente el proceso y era necesario esclarecerlo. Se ordenó un allanamiento en la nueva casa de la madre, y se encontró la habitación de las filmaciones, se encontraba todo tal cual salía en los videos y el jarrón fue el elemento detonante. La mujer fue aprehendida y se buscó sin éxitos la computadora desde la que se enviaban los videos. Siempre se mantuvo a Matías fuera de esta situación, lo mejor que se pudo, hasta se lo llevaron a vivir a la casa de su tío Mariano, hermano del papá por miedo a que algo le pase.
La mamá de Matías negó todo y fue puesta en tratamiento psiquiátrico. Ningún abogado se hizo cargo de ella. Por suerte los vecinos, retomaron el control y pidieron disculpas al padre de Matías. Con el tiempo todo fue olvidándose, como siempre sucede con las cosas más atroces de la vida.
Una tarde de tantas, mi amigo, el service de computadoras, apareció por casa, pálido. Lo invité a sentarse y le serví algo fuerte para tranquilizarlo. Cuando recuperó el hable me dijo: "¿Te acordás del caso de Matías? Hace unos meses un tipo en mercadolibre vendía una PC portable, barata. Pude ofertarle lo que pedía porque tuve la suerte de ver la publicación ni bien salió al aire. Nos pusimos de acuerdo y la compré. Cuando cruzamos algunas palabras , al chabón le llamó la atención la dirección. Dijo que a la compu se la compró a un tipo vecino mío, nuestro bah. No se acordaba el nombre pero nunca la pudo hacer andar del todo bien. La llevé al taller y le corregí varias cosas, le puse un rígido nuevo y memoria y arrancó. Cuando empecé a subirle un sistema operativo me reconoció varias placas entre ellas la de red. ¿Sabés que IP tenía? La de la mamá de ¡Matías boludo! Y no me preguntes si estoy seguro, la chequeé un millon de veces y es la que tengo e el cuaderno y el número de serie, aunque está borrado se puede sacar de la placa. No hay dudas loco, es la computadora perdida del caso Matías."
Una bomba me estalló en la cabeza....habíamos mandado en cana a una mina inocente. El trastornado era el padre. Quién sabe como armó el decorado de la casa y con qué sangre filmó esos videos que fueron subidos a la red. Pensarlo era demasiado escalofriante.
Dar vuelta este caso era desafiar al sistema judicial. Nunca encontraríamos las pruebas suficientes y la opinión pública ya había sentenciado irreversiblemente a la mamá de Matías.
Presentamos esta nueva evidencia a la policía y lo veían tan difícil como nosotros. Sin embargo se pudo hacer una pericia psicológica y una prueba de polígrafo para reafirmar que el padre estaba en condiciones de tener la tutela definitiva. No se pudo probar nada, los resultados eran terriblemente limpios, este hombre decía la verdad y nunca tuvo nada que ver con los videos. La computadora fue vendida por él mismo, eso fue reconocido, ya que la encontró en la pieza de Matías unos días antes de mudarse. Le llamó la atención el estado en el que se encontraba y como no sabía nada de computación la vendió por internet como rezagos.

Unos meses atrás, antes de estos hechos Matías y su tío se habían encontrado a su mamá y les había informado que encontró un trabajo, que tenía una nueva casa y que pronto estarían juntos para siempre, el problema era que en dos años estaba planeando mudarse a otra ciudad y era necesario apresurar los trámites de la tutela permanente. Mariano, le dio un celular nuevo a Matías y le dijo que le saque una foto a su nueva habitación, que a cambio le pedía la vieja computadora que le regaló la mamá que andaba fallando y que ese celu nuevo iba a resultarle más práctico para esas cosas del Facebook y el Whatsapp.  Matías contento, le hizo el cambio y también se comprometió a visitar todas las tardes a su tío para cantar y filmarse, cosa que ambos disfrutaban mucho.

lunes, 24 de agosto de 2015

Lo malo de la perfección

La perfección no existe.
Este slogan nos persigue tal vez para poner el horizonte un poco más allá y fomentar la autosuperación o simplemente lo inventó un estúpido imperfecto para nivelar para abajo.

Una noche de fumata, en una mesa alguien soltó la frase "¡Conseguí la perfección!¡Logré el sorete perfecto!"
Estimado lector, no se apure a cambiar de blog, deme 20 renglones y un par de minutos y va a ver como esta frase marcó mi vida.
Prosigo. La perfección a la que se refería mi compañero de humos, era el resultado de una adecuada dieta a base de verduras, harina de gluten, fruta de estación y algo de almidón de maíz y sobre todo una adecuada posición en el inodoro al momento de defecar. El bolo tendría la consistencia sólida y recubierto de una fina capa de grasa y estar sentado levemente hacia adelante, con la genitalidad en la tabla del inodoro, iba a ser clave para que el sorete perfecto caiga justo tangencialmente a la pared del inodoro y resbale hacia el sifón, casi sin manchar el inodoro, y cuando uno se levantaba a mirar"¡Eureka!" ni rastros de la cagada.
Esta conversación escatológica pasó una madrugada del año 1994 en un departamento estudiantil y se me hizo presente hace exactamente diez años, cuando mi hija menor tenía dos.
Esa mañana de domingo, desde el baño el grito de mi hija Marina me hizo dejar el fuego del asado y salí corriendo a ver qué pasaba. Llevaba conmigo el raid, ya que por lo general era una araña u otro insecto que solían meterse cuando abríamos las ventanas en verano. Agitado llegué al baño y mi hija con cara de pánico me miró y me dijo "¡No está!¡Se fue!". "¿Qué era?¿Una araña?¿Dónde se fue?¿La viste?" la atormenté mientras miraba cada uno de los cuatro rincones del baño. "¡El sorete pa!¡El sorete no está!¡Se fue!" me dijo sollozando. Era la primera vez que veía a mi hija llorar por algo material, y era la primera persona que vi llorar por un sorete. Mré el inodoro un largo rato, estaba inmaculado, sin embargo había olor. "Vamos a limpiar la cola y después vemos que pasó" tranquilicé a mi hija pensando que ella había tenido la sensación de haber cagado pero que había sido un pedo o solo sugestión. Le pasé el papel higiénico y apareció Wilson (ver la película "El naufrago" con Tom Hanks) y ya era un hecho que Marina había cagado....y bien. Ahí recordé el relato de la perfección. Mi hija se estaba alimentando a verduras procesadas, Nestum, juguitos varios y postres Danonino, casi casi la dieta del exito fecal, y dado lo corto de sus piernas, era fácil adivinar que se había sentado al borde logrando inconscientemente la perfección fecal. Le expliqué que ella era una privilegiada, que era la primera persona en lograrlo en este milenio, que ibamos a escribir la fecha en la puerta del baño para recordar lo grande que a veces somos los seres humanos cuando nos proponemos cosas, pero ella quería ver su sorete como si fuese imperiosa una despedida. Empezaban las complicaciones. Mi mujer había salido y volvía al mediodía, lo cual nos daba tres horas exactas para investigar el paradero del sorete perfecto, de paso fotografiarlo para momentos como este, en que estoy refiriéndome a él. Metí una percha de esas berretas de alambre forradas en algo blanco pero no hubo éxito. A veces la búsqueda de la perfección nos vuelve obsesivos y obstinados. Hay muchos casos documentados a lo largo de la historia pero dudo que algún historiador repare en este caso en particular. Busqué la caja de herramientas y aflojé cuidadosamente la base del inodoro. No iba a venir mal que mi hija vea que tengo habilidades para la plomería y refuerce aún más el complejo de Electra que me propuse sembrar en su cabeza en forma inconsciente.Cuando estuvo flojo, lo levanté y vacié el contenido en todo el piso del baño y parte del pasillo que va a las piezas. Por suerte Marina estaba en el bidet sentada expectante. Ningún rastro de la perfección. ¿Tan soberbio había sido el número que pasó directamente al caño del desagüe? Mi hija era redondamente perfecta, pero esto no le bastaba, teniendo la gloria en sus manos ella prefería ver un sorete, SU sorete. Acá podemos detenernos largo a hablar de psicología femenina pero vamos a seguir con lo que estaba pasando que pierdo el hilo. Marina comenzó a llorar y mi mujer iba a regresar en cualquier momento, así que le pedí que amase masilla y así poníamos el inodoro en su lugar y mami iba a estar feliz con nosotros. Medi fue aflojando el bajón y colocamos unos finos choricitos de masilla en la base y empezamos a posicionar el blanco trono. Cuando estábamos logrando la armonía, se pinchó un flexible y empezó el espectáculo de aguas danzantes. El baño estaba hecho un chiquero. Levanté a Marina y corrimos acortar el agua de la calle. Como estábamos nos fuimos en auto a la ferretería a comprar otro flexible. Pagamos y en tiempo record llegamos a casa y lo colocamos. Goteaba un poco pero era la gloria al lado de lo que pasaba media hora antes.Limpiamos todo, echamos desodorante de ambiente y el baño quedó impecable. Prendimos una velita aromática y la adrenalina del momento nos hizo olvidar momentáneamente de la perfección. Fuimos a prender el fuego de nuevo para el asado y minutos después llegó mi mujer. Saludó rápido y fue adentro de casa. Diez segundos despues salió hecha una tromba y me clavó su peor mirada y me dijo "¡Vos sos idiota o que te pasa! ¡Marina está toda cagada el piyama!" Y mirando a Marina la veo feliz. Encontró en la imperfección de su sorete la falicidad perdida.

jueves, 20 de agosto de 2015

Una vez más la inseguridad.....versión Colombia

No siempre las medidas extremas de seguridad terminan bien.
En Bogotá, Ciriaco Rodríguez tenía un pequeño local de bebidas alcohólicas con el cual se ganaba un dinero suficiente para mantener a su familia. No le sobraba ni le faltaba nada.
Una mañana descubrió la vidriera rota del local y con tristeza contempló el local destrozado. La amargura lo llevó a recorrer los laberintos legales donde radicó una denuncia que nunca iba a prosperar. Con el esfuerzo y la ayuda de unos amigos y vecinos logró levantarse nuevamente. El local lucía modesto y su mujer tuvo que salir a trabajar para ayudar con el ingreso de dinero. Hasta su hija Seña de 15 años se dispuso a ordenar y atender el local cuando Ciriaco se encontraba fuera u ocupado. En unos meses ya lograba subsistir como si nada hubiese ocurrido.
Una noche cuando regresaba de la casa de su hermana Catherine vio como un grupo de jóvenes rompían a piedrazos la vidriera para alzarse con algunas bebidas. Ciriaco gritó y los jóvenes huyeron. Trató de alcanzarlos pero su corazón y sus piernas no lo acompañaron. Con un fuerte dolor en el pecho llegó al local y logró llamar por teléfono a su mujer.
Los médicos le diagnosticaron un infarto. Lo obligaron a dejar de ir a ver a su equipo favorito de futbol y a alejarse de cualquier emoción fuerte.
Una vez más reconstruyó el local agotando así sus ahorros.
Una tarde, caminando hacia el local, le pareció reconocer a los jóvenes ladrones vagando en una esquina y vigilando de lejos el local. Una mala idea se le hizo presente en su cabeza, colocaría una vistosa botella de aguardiente en la vidriera con un alto contenido de estricnina, un potente veneno para ratas. La idea era lograr que los ladrones roben la botella y la compartan con sus amigos malandras y revienten todos de una sola vez. Ante la inminente amenaza de robo, le propuso a su mujer viajar unos días a lo de su familia a cien kilómetros de allí para desligarse de los hechos.  Su hija decidió quedarse en lo de su tía Catherine allí mismo en Bogotá.
Ciriacon y su mujer partieron la tarde del viernes hacia la casa de los familiares. La sensación de haber tomado una mala decisión crecía en su cabeza como un arbusto, un mal presentimiento se le hacía presente minuto a minuto.

El llamado de Catherine el día 26 los sacó de la cama a los Rodríguez. Su hija había desaparecido y no daban con ella. Volvieron tan pronto pudieron y dieron alerta a las autoridades que rastrillaron la zona minuciosamente durante tres días. El matrimonio estaba devastado. Ciriaco no sabía ya a quien recurrir para encontrar a su hija. Unos amigos de su hija lograron tras mucho esfuerzo destrabar la clave del Facebook y empezaron a desenredar los últimos paraderos de Seña. Animado por esta noticia, fue hasta el local de bebidas para avisar por teléfono a la policía de estas nuevas pistas. Abrió el local justo a tiempo que sonaba el teléfono. Atendió y era el comisario quien le recomendó que se tranquilice. Ciriaco intentaba hablarle acerca de los hallazgos en el facebook cuando reparó en la vidriera y notó que faltaba la botella de aguardiente. La noticia fue devastadora. Habían encontrado a su hija junto a un joven en un motel a 10 minutos de allí. Ciriaco tendría que ir a reconocer a su hija. No escuchó absolutamente nada más, con un ruido seco cayó al piso por última vez el corpulento hombre de Bogotá.

http://www.diario26.com/pacto-suicida-se-conocieron-por-facebook-y-aparecieron-muertos-211687.html


miércoles, 29 de julio de 2015

Las vueltas de la vida

En el año 1988 en el seno de una humilde familia, nació Thomas Willelm. Su padre era un obrero que a duras penas podía ganarse el sueldo mientras que su madre cosía ropas por monedas. Los años 90 fueron muy duros para la familia Willelm ya que al quedarse sin trabajo, Abraham Willelm se mudó con toda su familia al desierto de Mojave. Thomás jamás escuchó música en su vida. Además de sus padres, el único sonido que recibía era el de la maquinaria pesada del taller que Abraham y otros desempleados montaron para costearse un dinero. En el la vieja casa donde fueron a parar los Willelm, Thomas encontró una vieja grabadora de carrete abierto de velocidad variable. Se entretuvo de ahí en más, grabando los infernales sonidos que producían las máquinas, para luego reproducirlos una y otra vez agregándole palmas o gritos desaforados. Tal actitud empezó a preocuparle a los padres, quienes decidieron anotarlo prematuramente en la escuela estatal. Allí se fascinó con las clases de música y ahora a sus grabaciones les agregaba sonidos que obtenía de cuerdas tensadas o de botellas llenas con agua de distinta medida. Los padres comentaron esta extraña pasión con los maestros y ellos le auguraron un futuro promisorio ya que tenía un oido musical privilegiado. También les sugirieron comprar un instrumento, pero la carencia de dinero hacía esta empresa casi imposible. Thomas había conocido en la escuela a Sonny Moore, un extraño muchacho que corría con una suerte distinta a la de Thomas, odiaba la música y sus padres le habían comprado un sinnúmero de instrumentos. Sonny soñaba con ser locutor de radio de rock, o poner música en alguna discoteca, pero jamás quiso tocar en forma clásica ningún instrumento. Su carácter retraído lo hacía victima frecuente del bullying y Thomas lo había salvado en varias oportunidades de las golpizas de sus compañeros.
Una mañana, a los padres de Sonny los trasladaron por trabajo a Los Angeles, y en la mañana de la despedida, Abraham ofreció comprarle una de los teclados al padre de Sonny, solo que no contaba con dinero suficiente para ello y sabía que el tiempo era poco para decidir hacer algo al respecto. El padre de Sonny no le quiso cobrar nada, ya que sus hijos eran muy amigos y le obsequió el teclado. Las lágrimas de Abraham fueron suficiente paga por el instrumento.
La mañana de la partida, Thomas corrió al lado del tren que iba a partir hacia Los Angeles con un extraño paquete. Subió al vagón esquivando al guardia y alcanzó a su amigo Sonny por última vez. Le entregó el paquete y le dijo que iba a servir para grabar sus programas de radio y escucharse cuantas veces quiera. Thomas le estaba regalando la vieja grabadora. Solo le advirtió que tenía unas grabaciones horribles de unas máquinas y que de alguna manera era música o algo así. Que ni bien llegue a destino que las borre así tenía más cinta para ensayar. Sonny agradeció el regalo y nunca más volvió a saber de Thomas.
La vieja grabadora permaneció guardada diez largos años como un recuerdo de su amigo Thomas.
Cierto día, buscando ideas para componer música, Sonny encontró el viejo paquete y lo limpió para empezar a grabar sus borradores. Vio que el carrete estaba casi al final del recorrido y recordó la sugerencia de su amigo de borrar el contenido. Puso el botón a rebobinar y prendió un porro. Mientras fumaba tranquilo, la cinta llegó al principio. Buscó su guitarra y quiso poner a grabar algunas notas mentales que según sus amigos, drogado componía mejor. Dado el estado en el que se encontraba , en lugar de pulsar la tecla de grabación, pulsó la de reproducir, y el viejo artefacto comenzó a emitir sonidos infernales que llevaron a mente de Sonny a un Nirvana absoluto. Esta era la idea que estaba buscando. Sonidos del infierno con ritmos decrecientes que sacaban de quicios al más paciente.
Sonny Moore, no recordaba el nombre de su amigo de la infancia. Nunca pudo hacerlo. Pero en su honor tomó para sí el pseudónimo que marcaría para siempre su carrera. La vieja grabadora marca Skrillex era su única y definitiva conexión entre el pasado y el futuro de Sonny Moore.