sábado, 11 de marzo de 2017

Desafío de seguridad, una cena y un recuerdo imborrable.


A principios de los '90, la empresa para la que trabajo tenía los índices de accidente demasiado altos para los standares industriales internacionales. Empezó entonces una feroz campaña de concientización y difusión de eventos relevantes, se compraron los elementos personales de protección y se confeccionaron normas y procedimientos para realizar de forma segura las tareas. A modo de incentivo , se propuso fijar un objetivo en días de acuerdo a la criticidad de cada sector y al cumplirlo, se iba a premiar al personal con un presente y una cena en algún lugar a modo de festejo.
Tal fue el caso, que el sector donde trabajo, Mantenimiento de sistemas (MASI), logró sus flamantes 700 días sin accidentes. El supervisor tomó asistencia y confeccionó una lista de de los empleados y confirmó un lugar para el festejo.
La noche de la cena, nos encontró en las puertas de un lugar bastante paquete y céntrico, pero dada la cantidad de gente que estaba cenando , nos armaron una mesa afuera, casi en la vereda. Nos pidieron las disculpas del caso y empezó la comida. Nuestro jefe dijo unas palabras que fueron llevadas por el viento y los bocinazos, y a medida que iba avanzando la noche y las botellas, empezamos a quedar menos en la mesa de los postres. Una muchacha cantaba canciones de Gilda y no quedaba casi nadie en el lugar, cuando un anciano se acercó a preguntarnos por una parada de taxi. Tenía el aspecto de alguien solitario y que la suerte lo había abandonado. Vestía ropa que en otra epoca era elegante pero visiblemente maltratada por el tiempo.Dado que era un día de semana y era muy tarde le dijimos que difícilmente fuera a conseguir transporte alguno. De todas maneras le dijimos que se siente a compartir unos tragos con nosotros y después lo llevábamos a donde nos diga. Aceptó agradecido y nos preguntó qué festejábamos. Le explicamos de qué se trataba y pareció entender. En un momento nos preguntó si seguía trabajando en la empresa Mancuso. El negro Benavídez le preguntó “¿Qué Mancuso?”. “¡El que vino y se las puso!” le contestó. No sé si la sorpresa de la respuesta chabacana, el vino o la voz rara que puso el anciano, pero terminamos escupiendo el vino a carcajadas, incluso el negro Benavídez se paró y lo aplaudió. Y así siguió la noche el anciano contando chistes e imitando personajes de la mesa y del mundo del espectáculo. Cuando fueron las dos de la mañana, el dueño del bar nos dijo que era tarde, que disculpas, que lo había pasado muy bien pero había que cerrar. Nos ofreció como atención de la casa una sidra con la que brindamos por última vez. El anciano estaba animado y brindó por nosotros. Nos pidió una lapicera y un papel para dejarnos por escrito un saludo. Lapicera si teníamos, pero papel, sólo había un diploma encuadrado que certificaba el desafío de seguridad, así que se lo dimos y escribió algo. Nos fuimos dándonos abrazos de borrachos y cada cual siguió su camino, no recuerdo quién llevó al anciano.
Al otro día, vino el negro Benavídez y con los ojos fuera de las órbitas traía el diploma en la mano. “¡Boludos! ¿Se acuerdan del viejo que contaba chistes anoche en la cena?” nos gritaba totalmente sacado, “Miren lo que escribió”, y nos mostró el diploma.
La sorpresa fue tremenda, no terminábamos de caer. Nadie se acuerda de haber llevado al anciano a ningún lado pero nadie olvida de su cara cada vez que nos reíamos y brindábamos por él.
Cuando vimos el nombre “Carlitos Balá” escrito de puño y letra, se nos vino una parte de nuestra infancia y entendimos por qué nos parecía tan familiar su cara. Si me contaran ese encuentro, juraría que es un hecho surrealista, un sueño colectivo, una reacción de la cabeza al exceso de vino barato, pero el diploma es testigo que todo eso sucedió.
Eran los '90, todavía recordamos ese encuentro con mucho afecto.
Por Carlitos Balá, por todo lo que nos dejó y para que siga divirtiendo a grandes y chicos, vaya este brindis.


martes, 24 de enero de 2017

Estefanía

“Entra dentro de mis cálculos que usted se sorprenda al recibir esta carta.
Cuando entró al local por primera vez, permítame recordarle la situación, no paró de mirarme. Al principio me sentí halagada y su trato me sedujo. No paró de dedicarme sonrisas ni de festejar al filo de la exageración cada pequeño acto o palabra que salía de mí. Me sentí incómoda pero algo en usted se me hizo familiar, como de otro tiempo. No se de dónde pero algo me decía que usted iba a volver, y no me equivoqué. Obviamente volvió para realizar una serie de compras y un sinnúmero de consultas de las cuales usted sabía más que yo las respuestas, pero no se preocupe, no alcanzó a incomodarme, solo lo dejó a usted al borde del ridículo. Para la tercer visita se tomó un tiempo, y confieso que esperaba que sea así, eso habla de la paciencia que es una virtud en los hombres sabios. Ahí usted comenzó a desatar el nudo que todo lo une. Me preguntó por mi nombre y si el nombre del local, Electrónica Zubriesky tenía algo que ver con Diego, Diego Zubriesky. Habrá notado que no respondí rápidamente y cuando le confirmé que Diego era el dueño del local, empezó a hablarme mucho de él. Me contó acerca de como lo engañaba con sus novias de aquel entonces y sobre todo como le gustaba mofarse de su timidez. Recuerdo cuando le dije que Diego y yo estábamos juntos, fue como encender una mecha de una bomba. Usted comenzó a desplegar su artillería de gestos, sonrisas y grandes temas. Sus visitas fueron más frecuentes y se animó a citarme en un bar para el viernes próximo, cita a la cual accedí y antes de partir del local se despidió besándome apasionadamente en la boca no menos de tres veces.
Ahí me cerró quién era usted.
No fue difícil encontrar su dirección en la guía telefónica.
Veo que nunca se mudó de casa, que sigue viviendo con su madre.
Le dije que mi nombre es Estefanía, y es verdad.
También le dije que Diego y yo estábamos juntos, y eso también es verdad.
Hace unos años nos separamos, es decir Diego murió, al menos en el plano conceptual.
No podíamos habitar más el mismo cuerpo.
Estefanía, estuvo siempre.
Diego fue una aberración de la naturaleza que un cirujano extirpó.
Si usted sigue interesado en verme y recordar el pasado, sabe donde encontrarme.
Por otro lado, yo también sé donde encontrarlo.
Con mucho afecto…
Estefanía.”
- Diego….¿todavía estás despierto?
- Sí… Estoy terminando de escribir un cuento.
- Dale vení a dormir que mañana tenemos que recibir a los proveedores.
- Ya termino y voy…..che Estefi...¿Quién es el tipo que vi saliendo hoy del local?
- Nadie...Bah, un pesado que dice que te conoce de la iglesia, de cuando eran chicos o algo…¿por?
- No, por nada. Tratá de no darle mucha bola….es medio raro.
- A mi me pareció buen tipo….ahhh, el viernes me encuentro con las chicas, vuelvo tarde.
- No hay problema….andá nomás.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Leticia

Leticia era la nena gordita del curso. Tenía ojos celestes, dos trenzas enormes y una timidez que la convertían en el blanco de todas las burlas. Odiaba la escuela y sobre todo odiaba la exposición dado que temblaba y transpiraba mucho en iguales cantidades. A su papá le daba igual lo que sintiera siempre que no se quedara de grado, y su mamá empezó a preocuparse, cuando Leticia cumplió los trece años. Tenía un importante sobrepeso y una gran debilidad por la comida dulce y abundante.
Una tarde la mamá de Leticia, sin preguntar demasiado los pareceres, la llevó a una clínica de rehabilitación. Los métodos eran un tanto extraños, experimentales y poco se sabía de la reputación de los profesionales. Se sospechaba de tratamientos mediante hipnosis y yoga , hasta de torturas y suplicios. El último trimestre de tratamiento, Leticia debía quedarse internada sin contacto alguno con el exterior. Unas semanas antes del cumpleaños, Leticia apareció en la puerta de su casa y era otra persona, delgada, cutis limpio y sus trenzas se habían convertido en un increíble cabello lacio. Era increíble el cambio. Su hermoso semblante no exteriorizaba ningún gesto o emoción. A nadie le importó.
Llegados el día de la fiesta, la mamá de Leticia le había adaptado el vestido de casamiento de su madre para que se luzca como una princesa. El maquillaje y las luces la elevaron por sobre todos los asistentes. La música era el marco perfecto para ese día, la madre no paraba de llorar de emoción y el padre la miraba como la mujer en que se iba a convertir.
Llegó el momento tan esperado, la torta. Justo cuando entró la enorme confitura a Leticia le brillaron los ojos por primera vez en meses. Sonaba la música y Leticia estaba más resplandeciente. Bastó un flash de la cámara de la mamá para que se abalanzara sobre la torta mordiéndola a todo lo que le daba la mandíbula. Respiraba con dificultad pero tragaba un pedazo tras otro. El vestido manchado de crema y chocolate comenzó a rasgarse ante la mirada en silencio de los invitados. La felicidad de su rostro se transformó en una mueca deformada por las luces. La gente empezó a salir del salón corriendo. El padre cayó redondo al piso para nunca más levantarse y la madre la miraba inmóvil. Las mesas quedaron vacías y gruñendo como un animal Leticia seguía atragantándose con la crema batida. El asco provocó vómitos en los parientes cercanos que se fueron de inmediato. Solo quedaban en el salón la madre y Leticia que se había transformado en un animal depredando lo que quedaba de torta. Sus mejillas se hincharon deformándole la cara y la ropa era un harapo maltrecho y sucio. El monstruo estaba llegando al final de su faena. Cuando se vio en el espejo del fondo, paró, de repente. Se miró, observó el salón vacío y en silencio, le subió una angustia incontrolable por el pecho y buscó desesperadamente un gesto familiar , alguien que la rescate del vacío. Sintió una respiración entrecortada a su espalda. Era una presencia familiar. Se dio vuelta con los ojos llenos de meses de lágrimas contenidas y cuando se encontró con los ojos de su madre el tiempo se detuvo.
Veintisiete cachetadas le dio la madre gritando como loca “¡El vestido de mi mamá! ¡Hija de puta, el vestido de mi mamá!¡Sos una hija de puta Leticia!” mientras su rostro y el de Leticia se deformaban por distintas causas.
La única foto del evento, está pegada en una pared blanca, paradójicamente es la mejor foto que jamás se sacó Leticia. Su mamá la mira desde el otro lado de la habitación mientras repite “ el vestido….el vestido….”
De Leticia es poco lo que se sabe, se casó y vive retirada de la ciudad, nunca visitó a su madre y se cambió el nombre. Los que estuvimos esa noche aún recordamos a la gordita de ojos celestes y trenzas largas y su terrible metamorfosis.

lunes, 19 de diciembre de 2016

114

Cuando se disipó lo rojo, lo tuvo claro, era libre.
El regreso a casa fue bastante trabado. Las organizaciones sociales y los automovilistas que no transitaban fácilmente, pusieron el caos en la calle. El verano encendía la mecha en cada grado, en cada esquina. El aire acondicionado descompuesto y las noticias de la radio no consolaban al pediatra que había perdido un paciente tras séis horas de trabajo ganándose el odio de los familiares y un despido moderador. Su cabeza iba a un ritmo diferente del de los demás, sólo quería llegar a su casa y desconectarse de todo, de todos.
Tras dos horas de infierno, abrió la puerta de casa y su mujer lo recibió con un reclamo “¿Pasaste a buscar el postre a la panadería del sueco?”. El silencio y su cara de desasosiego fueron la respuesta que terminó por detonar la situación. “Siempre lo mismo con vos. ¡Nunca se te puede pedir nada!”. El pediatra siguió a su mujer hasta la cocina mientras ella aumentaba el volumen y la potencia de sus reclamos. “Sabías que esta noche venían mis padres. Te dije mil veces lo importante que es para mi recibirlos como se merecen, pero vos seguís encerrado en tu metro cuadrado que es tu trabajo. Trabajo que por otro lado no tendrías si no fuera por MI papá,¿entendés? Porque él se jugó por vos para que dejés el sanatorio de mierda de tu amigo y vayás a trabajar al centro. Porque no se si te acordás quién te salió de garantía del préstamo cuando eras un muerto de hambre y querías terminar tus estudios. Y ahora el señor no puede dignarse a traer un Tiramisú del centro porque es un PRO FE SIO NAL. ¡Por que no te dejás de joder un poco! ¡Negro de mierda!”
Todo se puso rojo.
Fueron ciento catorce puñaladas.
Los sentidos le advirtieron.
El olfato le recordó el olor agrio del gasoil y la transpiración cuando peleaba por un dinero y saldar el préstamo que le consiguió su suegro con un usurero conocido suyo.
El gusto se le volvió amargo como el sabor de haber tenido en sus manos un niño de tres años con un cuadro infeccioso avanzado y lesiones provenientes de un tremendo castigo agravado por falta de nutrición.
El tacto desapareció, la fiebre le quitó toda sensibilidad a la piel como si esta fuera una cubierta plástica que revestía los órganos.
El oído emitió un agudo zumbido como las bombas al caer en la segunda guerra.
La vista tiñó todo de rojo.
En cada puñalada recordaba el abandono de su padre, el alcoholismo de su madre, los desprecios de sus compañeros de facultad, los horribles curriculums rotos e incompletos, las miradas y falsas promesas de crecimiento laboral, los constantes cambios de domicilio ocultando su verdadero origen, la insolencia del poder, el agobio perpetuo de su mujer, toda esa lista fue enumerada mental e inconscientemente.
El había estudiado mucho, noche y día para que nunca más le diga nadie “negro de mierda”.
Las rejas fueron la libertad condicional.
Su vida , una prisión.
La ira, el camino de regreso.
El cuchillo de cocina, la llave.
Un día dijo basta y cruzó la puerta.

viernes, 16 de diciembre de 2016

5:25 (originalmente publicado en https://escribeconnosotros.wordpress.com)

Riiiiiiiiiing...Riiiiiiiiiing….Riiiiiiiiiing….Riiiiiiiiiing
- 911 . Usted está hablando con la oficial Martínez. ¿Cuál es su problema?
- Oficial. ¿Usted me puede ayudar?
- Si, decime ¿cómo te llamás?
- Mariela.
- Mariela, decime, ¿qué te anda pasando? ¿Están papá y mamá?
- No. Papá y mamá se pelearon y se fueron, y yo me quedé solita.
- (Hace señas que rastreen la llamada) No te asustés, lo importante es que sigas acá conmigo. ¿Hay alguien más en la casa?
- No oficial.
- ¿Desde qué parte de tu casa me hablás Mariela?
- De la pieza.
- Muy bien, hacé una cosa. Andá y cerrá con llave la puerta de la pieza y seguí hablando conmigo ¿Si?
- Sí . Pero lo que pasa es que yo no te conozco y no puedo hablar con vos.
- (Otro oficial le confirma que ya tienen la dirección del llamado. Martínez tiene que entretener a Mariela hasta que lleguen a la casa y confirmen que está a salvo) Mariela, pase lo que pase no dejes de hablar conmigo. Yo me llamo Alicia y me gustan las milanesas. ¿ Y a vos?
- A mi también me gustan. (se siente un suspiro hondo)
- ¿Estás triste Mariela? ¿Qué pasa?
- Me da miedo estar sola, no me gusta. Y mis muñecas están tristes.
- ¿Cómo se llaman tus muñecas princesa?
- …………
- ¿Mariela? ¿Estás ahí?
- Sí
- ¿Están bien tus muñecas?
- Están tristes...Lloran mucho….me duele.
- Cantales una canción ¿Sabés la de la princesa dormida que soñaba con ser una mariposa?
- Si…
- ¿Se las cantamos entre las dos querés?
- ……
- ¿Mariela? ¿Mirá que empieza la canción? ¿Mariela….?
- ……
Cuando los oficiales entraron en la casa el cuadro era desgarrador. El matrimonio yacía acuchillado en la cama en un mar rojo. Tardaron en derribar la pesada puerta del cuarto de Mariela.
Estaba acostada en el piso con el teléfono en el pecho y dos profundos tajos en las muñecas.
La oficial Martínez no tardó en vaciar un frasco de pastillas en su cuerpo para sacar tres meses después esta conversación de su cabeza. Nunca se encontró el cuchillo.

martes, 6 de diciembre de 2016

Tiempos modernos

La sentencia fue inapelable. El implacable juez decretó el estado de sitio y aislamiento civil por tiempo indefinido. La inseguridad, las epidemias y las reiteradas amenazas de alzamiento fueron el detonante para la ejemplar medida. Cada familia debería permanecer por tiempo indeterminado encerrada permitiendo solo a un miembro salir a buscar alimento al centro comunitario. La provisión debería ser suficiente para sobrevivir y lo único que debían pagar era la electricidad. Cada día se deberían realizar colectas de orina en bidones repartidos para tal fin, lo cual aseguraba la cuota diaria de energía. La orina era refinada y se le extraían proteínas para elaborar alimentos. Nadie tenía permitido hablar con nadie, ni verse cara a cara, ni tocarse. Cada quien debería permanecer en su habitación y sólo podrían comunicarse mediante un dispositivo que cabía en la palma de la mano. Por el mismo dispositivo se impartía educación e información regulada por el estado. Esa suerte de confinamiento trajo mucho silencio en la ciudad, los accidentes cesaron por completo. Las protestas se acallaron por completo. El juez logró lo que nunca nadie pudo antes mediante la represión armada. El paisaje se volvió triste y nadie volvió a correr por las calles. Las emociones estaban literalmente anestesiadas. Nadie tenía ninguna expectativa, ni ganas de discutir con nadie y todo daba igual. Cada quien escribía lo que quería en forma anónima y era refutado  aceptado con el mismo interés. Pasado un tiempo, y en vista que el caos social se había resuelto, se liberó al pueblo de su confinamiento y recuperaron la capacidad de reunirse. Solo los ancianos rompieron los dispositivos de comunicación. La gente volvió a salir a la calle, solo que esta vez iban munidos del dispositivo. La red había caído, pero aún se siguen “comunicando”

lunes, 28 de noviembre de 2016

De la vida misma

- Beatriz, tenemos que hablar
- ¿Qué pasó? ¿No me digas que el perro de nuevo te quiso morder porque esta vez me va a conocer?
- No no no. No tiene que ver con el perro.
- ......
- Tiene que ver con nosotras.
- .....
- ¡Ufa! ¡No me pongas esa cara!
- ¿Pero que cara querés que te ponga si no me decís nada?
- Bueno está bien...no podemos seguir juntas.
- ......
-¡Ves como sos! Me dijiste que preferías la sinceridad ante todo y ahí estás, cruzada de brazos y mirando el piso.
- Es que no te entiendo Sarah, vivo intentando entenderte y siempre pasa algo, dejé al gato con mis viejos porque leíste qué se yo que cosa de la toxoplasmosis, nos fuimos del departamento del centro porque no querías estar encerrada a pesar que tenía el laburo a dos cuadras, cuando te hiciste vegana hicimos un esfuerzo terrible con la economía porque cada cosa valía una fortuna.
- ¿Me estás reprochando todo eso?
- No tarada, estoy poniendo blanco sobre negro, diciéndote las cosas como son, que cada capricho que se te pasaba por la cabeza te lo acompañaba y vos ni las gracias me dabas.
- ¿La toxoplasmósis es un capricho para vos?
- Si tuvieras algún sintoma o algo parecido, yo te lo respetaba, pero te hiciste mil estudios en clinicas privadas y nunca te dió ningún indicador mas o menos sospechoso. Asi que si lo ves por el lado científico y lógico sí es un capricho.
- Bueno esta bien, ya está.
. No, no está nada...Vos hacés tu vida y los demás, o mejor dicho yo te banco en todas y siempre hay algo nuevo. ¿Qué te pasa ahora? Porque hace tres meses que no te toco un pelo en público porque se te puso que el mundo está en contra de las lesbianas, pero puertas adentro, donde nadie nos ve tampoco te mostrás muy receptiva,
- Me voy....Conocí un hombre esta mañana...
- .......
- ¿Qué querés que le haga? Me señaló mi destino y lo vi muy claro.
- ¿Conociste un tipo? ¿Y te señaló el destino? ¡Ah bueno! ¿Y qué te dijo? ¿Si no cogés con él se acaba el mundo? Por favor.
- Algo así...
- Decime que es una broma y todo bien....decime que te drogaste de nuevo y nos reimos...
-........
- Sos una hija de puta...tomátelas ya, no me lo hagás más difícil...¡Rajá!
- Pero Beatriz, esto es más grande que vos y yo, el destino de la raza humana se está jugando....De mi hijo depende la salvación del mundo.
- ¿Querés tener un hijo? Ya lo hablamos mil veces, pero si te hace feliz adoptamos, no va a ser difícil, tengo unos contactos...
- No Beatriz, tiene que ser mío. Es serio lo que se está jugando...
- ¡Mi paciencia es la que se está jugando! Agarrá esos tres trapos roñosos que tenés por ropa y esos adornos de mierda y salí de acá! Y te pido por favor, no vuelvas nunca más sabés. ¡Nunca Más!
- Algún día vas a entender Beatriz....Chau.....te dejo las llaves.
-......



Sarah salió del departamento por última vez para subirse a la moto del hombre que conoció esa mañana. Beatriz bajó y lloró mucho hasta vaciarse. Luego antes de subir al departamento, arrancó el sticker en que se leía "Sarah Connor".


miércoles, 9 de noviembre de 2016

Tàcticas y estrategias del secuestro virtual



La declaración de Ana fue la siguiente:
“Señor oficial. Los hechos fueron los siguientes. Estàbamos cenando con mis compañeras de trabajo celebrando el dìa del maestro, en un bar de la zona sur, cuando una mujer, muy bien puesta y con cierta agitaciòn, se acercò a nuestra mesa y nos dijo:- ¡Por favor! ¿Alguien me puede prestar el celular? Necesito ubicar a mi marido para que me venga a buscar. Se me quedó el auto y a esta hora no encuentro la grùa y pronto va a cerrar todo. Por si fuera poco se me quedó el celular sin baterìa.
Me puse un segundo en su lugar y le extendí mi teléfono. Me agradeció infinitamente y se alejò unos 10 pasos hacia la esquina. La mirè y ella hablaba gesticulando y vi que había dejado su celular en nuestra mesa. Mis amigas seguían hablando de esto y aquello cuando la mujer se acercò y me devolvió el celular. Me agradeció mil veces y se fue a la esquina a ver si su marido venìa a buscarla. No faltaba mucho para que terminemos la velada, asì que si seguía esperando me iba a ofrecer a acercarla a algún lado si su marido seguía demorando. La mujer volvió a la mesa y pidiéndome mil disculpas me pidió nuevamente el celular, argumentò que no estaba segura de haberle dicho correctamente la dirección ya que la zona donde nos encontrábamos era plenamente desconocida para ella. Se lo volvì a ofrecer y adelante mìo marcò un número. Cuando la atendieron se alejò excusándose con la mano. Nuevamente se alejò y hablò esta vez màs acaloradamente que la anterior. Se la notaba bastante molesta por el tono imperativo de sus frases y lo duro de sus facciones mientras agitaba la mano libre. Cortò y se recompuso. Se acercò y buscò en su cartera un par de billetes de cien. Me los ofreció junto con el celular. La mirè extrañada pero sabiendo de que se trataba. Es por el abuso, acéptelos.Por favor, me dijo. Obviamente no se los aceptè a pesar de su insistencia. Nos trenzamos en una suerte de amable tire y afloje hasta que llegó su marido y le tocò bocina. Optò por llevarse los billetes con la promesa de tomarnos una cerveza un dìa de estos por la molestia y me dio una tarjeta. Supe que era contadora, tenía ese aspecto y justo vi que se olvidaba el celular descargado en la mesa. Lo juntè y la llamè a los gritos por el nombre que figuraba en la tarjeta. No me hizo caso hasta que una chica que pasaba a su lado me mirò, puesto que estaba a los gritos mal, y le hice señas que la llamara. Cuando me mirò le mostrè el celular y se acercò a buscarlo. Pidio disculpas una vez màs y agradeciendo otras tres veces. Se fue hacia el auto y sin mirar se subió para luego desaparecer.”
Fue asì oficial, y es entonces que a las dos horas uds me llaman para decirme que desde èste celular hicieron dos llamados extorsivos a una familia de la zona. Fui vìctima de un engaño, lo juro. Tengo mis amigas de testigo y al personal del bar. Por eso cuando uds me llaman y me lo comunican no dudo en venir a aclarar la situación. Si todavía estoy en shock. Por hacer una buena acción terminè embarrada en esto que es nuevo para mì. Por eso es que la contadora no respondió a mi llamado cuando la nombrè, y es probable que la tarjeta sea falsa también.
Los oficiales, viendo que Ana fue vìctima de un engaño, cerraron el caso preguntándole detalles de la ropa , el aspecto de la timadora y algún dato del auto que la pasò a buscar. Le agradecieron su cooperación y le pidieron disculpas por las molestias y aconsejándole que piense dos veces antes de hacer un favor, hay muchos sinvergüenzas sueltos. Firmò unas planillas y salió de la comisarìa. Su marido la esperaba en el auto. Se subió y empezaron a andar.
-¿Se creyeron todo? ¡Sos increíble Alicia! No te puedo creer la capacidad de convencer que tenès. Un dìa de estos van a aprender estos trucos y no la vamos a pasar nada bien, creo que estamos muy al filo. Lo único que te pido es que no te hagas llamar màs Ana, buscà alguno màs diferente de Alicia ¿si?
Y se perdieron en la noche para siempre…

lunes, 7 de noviembre de 2016

Cumbre Real

El rey más viejo comenzó su discurso:
"Los he reunido para comentarles una sensación que tengo. La monarquía dejó de ser una institución respetable. Es así colegas, aceptémoslo. Cada vez menos gente cree en nosotros, las leyes y el gobierno efectivo pasa por el parlamento y son ellos junto a las grandes corporaciones los que rigen los destinos de la gente, sin embargo cada vez que algo no conforma al pueblo terminamos nosotros siendo sus chivos expiatorios.Una vez al año les damos una dádiva al pueblo y nunca los conforma .Siempre piden más, y cuando la dádiva es suficiente se ufanan de su esfuerzo y no reconocen nuestro trabajo solidario cada vez que pensamos en ellos. Perdemos credibilidad minuto a minuto y propongo dejar los destinos de los pueblos liberados a los jefes de familia y a las corporaciones. No nos interpongamos más y que ellos solos resuelvan como mejor les parezca la situación. A la larga, son ellos los que van a tener que responder ante las futuras generaciones. Hagamos un paso al costado colegas."
Baltasar y Gaspar guardaron un respetuoso silencio.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Una habitación, un milagro, un grito...


Graciela entró como cada mañana de los últimos diecisiete años a la pieza de Romina. Todo estaba tal cual lo había dejado ella en el momento que se fue. Repasaba el escritorio con la vista una vez más aunque ya se sabía de memoria la coreografía de los objetos dispuestos. Adivinaba hasta en lo oscuro donde estaba cada cosa. Una lágrima comenzó a dibujarse en los ojos. Se llevó la mano a la cara por enésima vez para ahogar el angustiado grito de una madre desesperada.
La congoja la volvía a cobijar como cada mañana.
Una vez más cerró los ojos y pidió por un milagro, no creía en Diós pero la desesperación te lleva a lugares inexplicables.
Sus hombros temblaron como nunca. Cerró muy fuerte sus ojos para alejarse del dolor que no paraba de crecer en su interior.
Una corriente de aire cortó en dos el silencio. El aire se congeló.
De la oscuridad del pasillo y a espaldas de Graciela, se recortó de entre las sombras una mano joven que avanzó lento hasta la dolida mujer. ¿Habrán sido escuchados los vanos ruegos de la esceptica mujer que ya no creía en nada ni en nadie? Los escasos centímetros que faltaban para el contacto entre la fantasmal mano y el hombro de Graciela se acortaban en cámara lenta . Todo estaba detenido en el aire y en el tiempo. La cara de Romina se materializó lentamente. No podía ver a su madre así. Apoyó su mano suave en el hombro de la mujer que dio un salto sobre sí misma como si le hubiera dado un shock eléctrico.
Se miraron fijamente madre e hija, como nunca, como siempre.
Graciela rompió en un grito.
“¿Sos pelotuda o qué te pasa Romina? ¿Cómo te me vas a aparecer así? ¿Te hiciste la rata de la escuela de nuevo? ¿Qué te pasó contestame boluda?”
“Faltó la de biología che...¿tanto escándalo por eso?” contestó Romina.
“No boluda, casi me matás del susto. Y arreglá la pieza que estoy can-sa-da de decirte que te la ordenés vos….tenés diecisiete años y no puede ser que te tenga que tender la cama a esta altura, y apurate por favor.”
La cachetada en la nuca de Romina fue lo último que se escuchó ese día.