lunes, 30 de mayo de 2016

Carta abierta a Valeria Bertucelli

San Nicolás, 30 de Mayo del 2016

Querida Valeria:
                          Hace aproximadamente cuarenta años te conocí. Empezamos la escuela primaria juntos y no puedo ilustrar el momento dado que en una mala mudanza, tiré las fotos a la miércoles. Recuerdo ese día y no me entiendo. No importa, probablemente me hayas olvidado y lo importante de esta carta no soy yo sinó lo que pasamos en el colectivito de García, uno color naranja mal ¿te acordás? Bueno, lo que pasó ese día fue un poco raro. De tu portafolios (en ese entonces no había mochilas) sacaste un grabador de periodista que tenía el tamaño de una caja de zapatos y funcionaba con cuatro pilas medianas rojas. Le enchufaste un micrófono (no se si al grabador lo trajiste vos o Natalia Irurtia) y empezaste a grabar una canción que decía más o menos así "Por el pan de cada día por el queso de mi tíiiia Aaaaaleluya la vida......Por el sol que me ilumina por el pibe de la esquiiiiinaaaa Aaaaaaleluya la vida..." y se repetía hasta el infinito. Al otro día Mauri Martín sumó algunas estrofas a la canción: "Por el puente de la ruta por el burro que conmutaaaaa....Por el sapo en la ensalada por la sangre coaguladaaaaa....Aaaaaaleluyaaaa la vida..." y algunas más que no recuerdo.
                         Lo que me quedó claro ese mediodía que te ví cantando, fue que no eras una mina "normal" a pesar de ir a ese tipo de escuelas. Me quedó claro que ese era tu camino, el del delirio, el de inventar cosas locas y no darle pelota a lo que sucedía alrededor. Que el desparpajo era tu tercer nombre.
                         Veinte años después empezaste a sonar  en los circuitos under y mas tarde llegaste a la tele en Verdad Consecuencia, un ciclo que seguía todas las noches de mi juventud. Mas tarde vino el cine y todo lo demás que sale en las revistas. Incluso te casaste con el chabón lider de la banda que más me atravesó en mis años locos. 
                          Eso era nomás, recordar esa visión y esa imágen de una piba flaca, con ojos pequeños y chispeantes que le perdió la vergüenza al ridículo en un colectivito escolar por los años 70. Cuando todo era caos y muerte, una artista estaba naciendo, y yo fui testigo.
                          Un abrazo.


Toti.





sábado, 28 de mayo de 2016

Realidad y ficción

En los años 80, en San Nicolás, el Padre Pérez estaba buscando una forma de trascender en la comunidad. La privatización de la empresa SOMISA era inminente y la ciudad necesitaba levantar el ánimo. Una luz de esperanza se hizo cuando la hermana fallecida del mencionado sacerdote, María Crescencia Pérez, fue desenterrada para ser reducida luego de varios años de estar sepultada y con admiración vieron que el cadáver se encontraba intacto. Pronto comenzó el proceso de canonización de la hermana fallecida, pero le advirtieron al sacerdote que iba a tardar mucho tiempo ya que deberían  cumplirse ciertas formas y la posibilidad era remota ya que la conservación del cadáver no obedecía a ningún milagro, sino a un largo tratamiento antibiótico que la preservaría de la degradación de la carne.
Contrariado el Padre Pérez se encontraba en su parroquia cuando una noticia le llegó a sus oídos, varios casos de apariciones de rosarios iluminados en las paredes se fueron dando en la ciudad. La cuestión solo se reducía a encontrar a alguna creyente lo suficientemente creíble para dar vuelo a su plan de trascendencia. Desfilaron ante él tres o cuatro amas de casa de buena posición que relataron en forma leve su experiencia con los rosarios iluminados, pero también le dejaron claro que no querían saber nada de gente en la casa ya que a algunas de ellas, los fieles les habían robado algunas cosas menores como ceniceros, baratijas y algo de dinero.
 Un día, fue a la parroquia Gladys,una mujer que se encontraba bajo un agresivo tratamiento de quimioterapia y barbitúricos dado un extraño cáncer de tiroides invasivo. La mujer simple en sus modos, le manifestó que además de ver al rosario multiplicarse en la pared también veía una aparición, una mujer que traía un niño en sus brazos pero que le faltaba una mano.
El Padre Pérez inmediatamente contactó a su médico de cabecera y le comentó el caso de la mujer y la aparición, a lo que el galeno le informó que era normal el tipo de alucinación transitoria que presentaba Gladys, dado el tratamiento que estaba atravesando y lo mucho que se había aferrado a su fe visitando cuanta parroquia e iglesia sirviera para aliviar su pesar. El sacerdote le insistió al médico que por nada del mundo, le suspenda la medicación a Gladys apelando a un rara reciprocidad en secretos de confesión.
Gladys insistía que la aparición era más y más frecuente, el plan del Padre Pérez ya estaba en marcha, solo había que darle una dirección y mostrarlo al mundo. Con la ayuda de unos técnicos, instaló un sistema que en apariencia estaba destinado a documentar las apariciones, pero se trataba de un sofisticado sistema de radiorecepción. Y sucedió, Gladys se fue a dormir un a noche, y el retorcido sacerdote comenzó a relatar mensajes a través de su sobrina quien lo secundaba en el macabro plan de lograr un lugar importante en la comunidad.
Como era de esperar, Gladys apareció en la parroquia del Padre Pérez con un papel escrito y un mensaje dictado por la Virgen. El sacerdote se mostró sorprendido y cayó de rodillas. Insistió en el aspecto de la aparición, cómo se veía, cómo se vestía, etc. Gladys trató de recordar y el Padre la guió sabiamente para definir por fín un aspecto de la imágen.
Cuando Gladys se fue, el sacerdote subió al campanario y entre la decena de imágenes de vírgenes que habían sido acumuladas encontró una que se ajustaba a la descripción  de la Virgen de Gladys. Recordó el detalle de la mano rota y le quebró inmediatamente la mano derecha, al fin y al cabo si pudo hacerle creer que estaba recibiendo mensajes no habría problemas en hacerle creer cuál mano era la rota.
Dia a día el sacerdote le fue transmitiendo a Gladys mensajes hasta que le indicó donde estaba guardada la imágen. 
El resto de la historia se resume al encuentro de la imágen, a indicar donde quería un santuario y a congregar fieles que irían desfilando de todo el país comprando medallitas, imágenes y recuerdos.
Hoy Gladys está recluída en su hogar, sigue viendo la Vírgen, sigue recibiendo mensajes a pesar de haber sido retirado el equipo de radiorecepción y la medicación.
La historia contada hasta acá es una ficción, no es real, se me ocurrió mientras la escribía.
La historia real es que un día , Gladys Motta vio a la Virgen del Rosario y desde entonces le comunica mensajes que tienen que ver con la construcción de un templo y otras cuestiones de fe. El Padre Pérez fue quien contuvo a Gladys y la preservó del periodismo.

Querido lector, hasta acá los hechos, usted decidirá si cree en la realidad o en la ficción.
Suerte

jueves, 26 de mayo de 2016

La semana pasada vacunamos a Lucky, el perro.

Es increíble lo que gastamos de vacunación.
La cantidad en total fue $3400 .














La pintura del lateral izquierdo + mano de obra $2400
Burlete de Renault Logan $300
Tapizado y limpieza de interior $500
Vacuna y caramelo estímulo para Lucky $200
Sacrificarlo + terapia infantil para superar la pérdida + cremación y urnita rústica $8500
La vacunación era más barato....


Acá está el atorrante.
 

domingo, 22 de mayo de 2016

Buscando un símbolo de paz.

Hace unos años, estaba mi vieja internada en una clínica con un diagnóstico nada favorable. Le estaban pasando una quimioterapia que a esa altura era una pérdida de tiempo y cabello que no le hacía absolutamente nada. El cuadro se completaba con 38° de temperatura de mediodía de diciembre y los anuncios de la tragedia de República Cromagnon y la muerte del Papa Juan Pablo II. Si alguien entraba por la puerta y nos reventaba a tiros nos hacía un favor.
Pero como el destino tiene una forma rara de divertirse a costa nuestro, lo que entró a la habitación de mi vieja fue un camillero santiagueño que traía a una mujer para internar en esa sala. Íbamos a compartir unas horas, ya que finalizada la quimio nos marcharíamos a casa.  El camillero pasó a la paciente a la cama y con su calma provinciana nos dijo "La abuela se va a quedar acá con ustedes. Los parientes vienen en camino y no creo que tarden mucho. Les voy a pedir que cualquier cosa que necesite la abuela, nos llamen por el timbre que está al lado de la cama. Lo que sí le vamos a traer comida, porque está sin desayunar y hasta que la vea el traumatólogo va a pasar un buen rato. ¿La pueden ayudar?" Le dije que si, que no habría problemas. Dicho esto, el camillero agradeció y se fue. La vieja se limitó a mirarnos con asco. Miró todo el lugar con asco rumeando algo como un padrenuestro pero si uno escuchaba bien se alcanzaban a distinguir una veintena de puteadas. Con mi vieja guardamos silencio por las dudas, como si ella fuese una bomba a punto de explotar. Solo movía la cabeza y los ojos, sin pestañear, si hacer otro gesto que el de un profundo desprecio por la creación toda.
Quince minutos después llegó la comida, una sopita gris y un pan que no difería mucho de una roca del muro de berlín.
La vieja me miró seria y miró la bandejita, y algo adentro de mi cabeza conectó los dos hechos y asoció que quería comer y que yo le diera. "¿Tiene hambre?" pregunté y el padrenuestro empezó a fluir de nuevo. Me apuré a darle la comida. Por servilletas, solo me dieron dos retacitos de papel glacé blanco que no absorbían ni la tabla del dos. Así que haciendo gala de mi ingenio, busqué la toalla de mano que había colgada en el baño y se la coloqué a la vieja a modo de babero. Le empecé a dar la sopa de a cucharadas, en realidad se la volcaba adentro de la boca tratando de tirar lo menos posible afuera. Cuando alguna gotita le desbordaba el labio, se la recogía con la cuchara y hacía un ruido similar a la prestobarba cuando me afeito. Cuando era una gota importante, le secaba la boca con la toalla. En un momento la vieja me mira con asco y desprecio, todo junto y mucho y me dice "Esto tiene olor a mierda". Mi  incapacidad de oler nada me impidió certificar esa afirmación, es decir, la miré a la vieja y pregunté "¿Cómo?" . La vieja reforzó el gesto y escupiendo restos inmundos de sopa me dijo "¿Usted es pelotudo o se hace? La toalla tiene olor a mierda.". Dejé la sopa, miré a mi vieja que me hizo un gesto de "No sé, fijate" y levanté la toalla. La di vuelta del derecho y del revés y no tenía nada, estaba blanca como espuma. Le devuelvo el gesto a mi vieja y se me dió por abrir la toalla, hasta ese entonces plegada y apareció. Era la estampa de un águila con las alas desplegadas entre dos nubes realizada integramente en  mierda. Me hizo acordar a un test de Rorschach. La vieja seguía con la vista clavada en el televisorcito de la pared. Mi mamá miraba hacia la ventana y hacía esfuerzos tremendos para que no se escucharan sus carcajadas, simulaba la muy turra que estaba deshecha por el cáncer pero se reía como nunca. Doblé prolijamente la toalla. la puse en el perchero y escuché que el enfermero de mi vieja entraba a la habitación para sacarle la quimio y así poder volvernos a casa. Cuando salgo del baño, el enfermero la estaba abrazando y supuestamente consolando por la tristeza fingida. Mi vieja estaba roja y convulsionaba de risa. Yo me la banqué como un duque. Lo que siguió pasó rápido, nos fuimos justo cuando llegaban los parientes de la vieja en majada. Alcanzamos a cerrar el ascensor cuando escuchamos unos gritos de la vieja desde la habitación en los que claramente se distinguía la palabra "mierda".
Creo que esa fue la última vez que escuché reír a mi vieja a carcajadas.

jueves, 28 de abril de 2016

1983 - Un exceso de imaginación

En los años 80, internet era un sueño de trece geeks que no querían salir de su oficina y debían compartir sus documentos digitales. De la misma manera, la pornografía se resumía a un puñado de revistas grandotas imposibles de esconder y enormes y ruidosos vhs que repetían una y otra vez espantosas posiciones sexuales horriblemente filmadas. La mayor parte de los jóvenes poseían a la fuerza una gran imaginación ya sea para mentir hazañas sexuales o para inventar excusas para no tenerlas.
Jorgito Arévalo fue un pionero en la búsqueda de la autofellación. Según decía, si lo lograba, se iba a hacer un implante de tetas a la altura de la cintura y así prescindiría de las minas para siempre. Para ello hacían falta reunir varios factores. Primero, y fundamental, que no haya nadie en la casa y para ello Jorge aprovechó una salida familiar para fingir que tenía que estudiar mucho. Segundo, una buena erección, en tiempos donde no se conocía el viagra y los celulares, tablets que proyectan porno no existían, la revista Penthouse era imprescindible, ya que si el pene estaba dormído era imposible llegar a chuparlo. En el mejor de los casos, la punta de la chota estaba a un triple decímetro de la boca (triple decímetro: especie de regla de 30 cm que se usa en dibujo técnico) así que la tercer condición necesaria era un lugar cómodo e intimo y las posibilidades se redujeron al baño. Se sentó en el inodoro y apoyó la espalda contra la pared. Se manoseó hasta lograr la erección y acercó todo lo que pudo la boca a la chota. Los treinta centímetros no se acortaban así que empezó a apoyar los pies en el lavabo. Con este combo ganó 5 valiosos centímetros y empezó a bajar la espalda deslizando su traste hacia adelante hasta trabarlo con la tabla del inodoro. Bajó en forma imposible la cabeza y ganó 5 centímetros lo cual representaba un tercio del camino recorrido. Su cara estaba roja y los labios se pusieron en una mueca muy graciosa similar a un chimpancé eructando. Se agarró de los muslos y con todas sus fuerzas tensando sus tobillos y acercando imposiblemente el miembro a la boca. Escasos 10 centímetros lo separaban de la gloria. En un intento desesperado sacó la lengua y la estiró en forma sobrehumana sintiendo un sonido de los maxilares desencajándose en pos del objetivo. Su espalda le dolía enormemente y las vértebras parecían a punto de estallar. Tuvo la sensación de partirse en dos en cualquier momento. Su cuello estaba púrpura y surcado de venas hinchadas cuando sintió un chasquido seco. Creyó que se trataba de su columna vertebral, pero fueron los tornillos de la tapa del inodoro que se cortaron de cuajo y su cuerpo fue a parar violentamente contra la base del lavabo desencajándolo. El inodoro cayó a sus espaldas y partiéndose contra el piso lo mojó íntegro. El lavabo se le vino encima dándole de lleno en la frente dejándolo desmayado. Lo primero que recordó Jorge después del desmayo fue la cara del doctor Fanaro, un vecino de la familia. Al resto de la escena nadie quiso contárselo, pero si hubiera sucedido en estos tiempos, Pedro su hermano menor , le hubiera sacado una foto con su smartphone y la hubiéramos colocado acá abajo.
Paciencia querido lector, imagíneselo.
 Le aseguro que no va a estar ni cerca.

domingo, 24 de abril de 2016

El patio en otoño

Hace más o menos dos semanas de perra lluvia que no para de caer. Las hojas de la enredadera taparon el patio, literalmente.
Recién hace un ratito paró un poco y mi mujer barrió todo lo que pudo y embolsó la mugre recuperando el patio en casi su totalidad. Estaba cansada por el esfuerzo y luego de un relajante baño se fue a la ventana de la cocina y mirando el patio su cara se desarmó en un gesto triste. Me acerqué a ver que pasaba y el viento había tapado nuevamente el piso volviendo inútil el trabajo de una tarde.
La abracé y le dije "Fijate flaca, el patio vendría a ser como la mente de un ser humano. Las hojas serían las ideas, los pensamientos. Mirá allá, esas ideas chiquitas y secas son las más movedizas pero las que duran menos, el viento, que vendría a ser como el tiempo, se las lleva en un santiamén. Hay otras hojas más pesadas y grandes que tardan en caer pero si lo hacen se quedan mucho más tiempo en el patio. Vendrían a ser grandes ideas maduras y que habitan la mente por más tiempo. Pero fijate bien aquellas de allá, son pocas, pero tienen el color de las maduras y la humedad de las frescas y se adhieren al patio moificándolo casi para siempre. Se pegan con tal fuerza que es imposible que el viento o el agua las saque. Esas son las ideas que van formando nuestro carácter e identidad, son casi perennes y dejan una huella profunda ¿Viste?"
La flaca miró el patio largamente, me miró fijo y me dijo "¡Por qué no te vas a la puta que te parió!"

miércoles, 30 de marzo de 2016

Persiana Americana


Desde su habitación, Valeria veía a sus lejanos ídolos pegados en la puerta. Eran tres personajes irreales que hacían una música que la transportaba lejos del silencio monótono de Firmat, una localidad al sur de Santa Fe. No conocía ningún boliche bailable y lo más parecido por esas tierras eran unos bailes familiares con orquesta en vivo. En su pieza tenía un tocadiscos y seis vinilos de rock nacional, una infinidad de cassetes grabados por un amigo de la radio y unas revistas de las que recortaba fotos y notas del grupo favorito y pegaba prolijamente en las tapas de las carpetas de estudio.

Una tarde de abril, su amigo de la radio le pasó un dato: se iba a hacer un concurso por una entrada a un boliche bailable al cual iban a venir sus ídolos. Solo había que adivinar la canción y llamar a la radio ni bien anuncien el concurso. En esa época no había teléfonos móviles y no todas las casas tenían teléfono fijo así que había que estar muy atento a la radio y sobre todo cerca de un teléfono. Era una tarde soleada y Valeria no se despegaba de la radio ni un segundo. Lejos estaba de hacer la monografía de historia europea y corría riesgos de empezar mal el último año de la secundaria. Entonces pasó: el locutor comenzó una efusiva arenga con un tema de fondo hasta que por fin anunció el concurso "Desde ahora, quien llame a la radio y diga el nombre correcto de la canción , se lleva cuatro entradas para ver Soda Stereo" y el volumen del tema subió hasta el infinito. Valeria cerró los ojos, hizo fuerza y salió corriendo al living de la casa. Marcó torpemente seis veces el teléfono de la radio , hasta que del otro lado recibió el ansiado mensaje "Te comunicaste con la radio, decime como se llama el tema y tus tres últimos números del documento". "¡Prófugos!¡Se llama prófugos y es de Soda Stereo!" gritó Valeria en la soledad de la casa que retumbó interminablemente. "Quedate en línea Vale" le dijeron mientras sentía que se le salía el corazón del pecho. A lo lejos se escuchó "Nos llamó Vale de Firmat, cuyo documento termina en tres cinco siete y su respuesta es.....¡Correcta!¡Se ganó cuatro entradas para el sábado dos de mayo, para ver Soda Stereo! ¡felicitaciones! Pasalas a buscar a la radio de quince a diecisiete con el documento."

Valeria colgó y se puso a gritar como loca, llamó a sus amigos quienes la saludaron ya que estaban escuchando la radio. Faltaba la parte más difícil, decirle a sus padres que se iba a otra ciudad a un boliche.No le gustaba mentirles pero la posibilidad que la dejaran ir era remota y se iba a poner muy mal si se confirmaba su sospecha.

Con el ánimo dividido se fue a lo de su amiga Malena quien le dió la solución que no encontraba. "Es el feriado del día del trabajo, vamos de campamento a la localidad del recital a un camping y a la noche del sábado nos vamos a ver Soda y al otro día a la tarde nos volvemos. Traete la ropa de salir a casa unos dias antes así no levantas sospechas. ¡y no te olvidés de las entradas!" Con un fuerte abrazo le agradeció y fue a su casa a terminar la bendita monografía y a hacer buena letra para que la dejen ir de campamento, algo que era mucho más viable que la salida nocturna.

Como era de esperar, el permiso fue dado y los preparativos se hicieron en tiempo record. Las iba a llevar el papá de Malena en la camioneta junto con dos amigos más del barrio. Si bien el plan marchaba viento en popa, Valeria sentía que estaba traicionando la confianza de los padres y estuvo tentada de decirles la verdad cuando estaban a punto de partir. Los miró en silencio un par de segundos y el silencio lo rompió el papá de Vale diciendo "¡Cuidate!¡Te vamos a extrañar!". Valeria sintió un vació en el estómago que casi la hizo soltar dos lágrimas. Esa sensación le duró hasta que Malena le recordó el motivo del viaje y la alegría le volvió de a ratos. "Mirá boluda, cuando volvamos a casa, si te dura la culpa les decís a tus viejos lo que pasó y te bancás lo que sigue, o hacés de cuenta que no pasó nada y jurate que nunca más les vas a mentir. Por ahí se te hace más liviano. De todas maneras no estamos haciendo nada malo, nos vamos a un recital nomás.¿eh?" le dijo Malena y Valeria optó por la segunda opción, no quería defraudar a sus padres y enos por algo menor como este tema.

El viernes se pasó en el viaje y la tarde del sábado escuchando hasta el hartazgo el cassete grabado del complidao de Soda Stereo. La noche era ideal, un cielo estrellado las recibía en la puerta del boliche. Los nervios pudieron más y Valeria comenzó a vomitar saliendo de la fila. "¿Te sentís bien?" le preguntó Malena. "Vamos boluda, no puedo entrar, no puedo....es mas fuerte que yo..." dijo Valeria y empezó a llorar desconsoladamente "Me voy a casa Male, quedate vos con los chicos". "¡pará Vale! Vámonos las dos, te acompaño, dejamos a los chicos y les damos las dos entradas extras, no te puedo dejar sola así." Cerca de ellas, dos muchachos escucharon la charla y disculpándose les ofrecieron comprarle las entradas. "Miren chicas, somos de Arroyo Seco y vinimos cuando nos enteramos y no quedan más entradas" les dijo uno de ellos "Si no van a ir se las pagamos a lo que salen en la boletería o lo que ustedes pidan, ¿Quieren?". "Tomá flaco, disfrutalas, no hay drama, pasalo bien que mi amiga está descompuesta y me la tengo que llevar" les dijo Malena dándole las entradas.

 A las dos de la mañana se anunció el show, Hacía mucho calor y las luces se apagaron. Desde la oscuridad se escucharon los primeros acordes. Los gritos llenaron el lugar y la luz cegó a todos. Empezó el recital con toda la furia y la gente comenzó a saltar imparable.

La noticia no podía ser más impactante. El único diario de San Nicolás titulaba la tragedia como "La masacre de Highland Road" aludiendo al frustrado recital de un grupo que se llamaba "Sol Estereo" como escribió alguien que no conocía el mundillo del rock.

Corria el mes de mayo del año 1987.
 El boliche aún sigue cerrado, a pesar de los intentos de reabrirlo aunque sea como un templo religioso.

Valeria no pudo confesar su escape con Malena. Tampoco volvió a escuchar más Soda Stereo. Malena carga con la culpa de lo que pasó con los muchachos, aunque a lo mejor fueron otros dos los muchachos de Arroyo Seco que cayeron desde el balcón.

 

miércoles, 9 de marzo de 2016

Aracnofobia - El fin de un amor

Hace unos años , yo formaba parte de un grupo de teatro vocacional. Ensayábamos obras de dramaturgos europeos y también se nos daba por improvisar escenas de diario llevadas al extremo. El grupo era bastante numeroso y costaba ponernos de acuerdo sobre todo en la forma de abordar los temas. La mayoría eran muchachas de entre 17 y 23 años. Los poco jóvenes masculinos, buscábamos la manera de aparearnos con alguna de estas chicas en flor. Particularmente yo venía haciendo un trabajo finísimo en Malena, la más alegre de las chicas. Las estrategias que intenté con ella iban desde la táctica de la lástima (ya me voy a extender en este concepto) hasta la figura del winner con la respuesta espontánea e ingeniosa a flor de labios  que me venía dando resultado hasta ahora.
La jugada perfilaba bastante bien y la iba a definir esta noche al finalizar el enésimo ensayo de "Las aventuras de Royalita y Puloi". La obra víenía demorada y el estreno era inminente. Si salía todo como Dios manda, Malena se iba a relajar, yo la acompañaría hasta la casa pero antes íbamos a pasar por mi depto a buscar la última corrección del texto que veníamos trabajando. Si todo cuadraba, Malena terminaba su noche conmigo.No podía fallar.
Esa noche el ensayo tuvo lugar en un salón de la comisión vecinal del barrio. Era un galón enorme con una salita acomodada para las clases de yoga, más atrás había un enorme depósito de motores, maderas y chapas destinadas a reciclar y ser destinadas a la venta para reacondicionar el salón. Pasando entre la mugre, había un laberíntico pasillo que llevaba al único baño instalado que constaba de un inodoro limpio, un lavatorio, un toallero y un rollo de papel higiénico apoyado en un banquito.
Quisieron los nervios que el estómago empezara a pedir a gritos un baño, inevitablemente me estaba cagando. Sentía escalosfríos y sudaba como animal en celo. Corté el ensayo para ir al baño, no entré en detalles para no arruinar el plan en marcha. Lo único que me preocupaba, era que hubiera un desodorante de ambientes o al menos un par de fósforos para quemar la evidencia.
Me escabullí en el pasillo oscuro y apuré el paso llevándome todo por delante. La luz del celular (un nokia 1112) apenas me servía  para abrirme paso. Después de un infinito caracol llegué al inodoro y vi que el "baño" no tenía puerta alguna, que dependía de la suerte que nadie apareciera a buscarme cuando era lo menos oportuno. Me senté rápido y empecé el duro derrotero.
Aliviado y más lúcido, comprobé que había muchas telarañas y me acordé de mi aracnofobia. Cada rincón era una amenaza, cada sombra se movía y cada vez más mi miedo crecía irremediablemente. Con el celular iluminaba cada recoveco y una rejilla en particular se había hecho el blanco de mis sospechas. De allí iba a salir mi temeraria enemiga. Sin dejar de iluminar el piso, me estiré para agarrar el papel higiénico. Le metí el dedo mayor en el hueco del rollo y sentí unas cosquillas en la mano. Alumbré con el celular y veo las patas peludas de algo que salía lento y se me quería subir a la mano. Sacudí el brazo que tenía el papel y le pegué celularazos a algo que creí que seguía subiéndome al cuerpo. Me paré rápido y sin pensar y retrocedí todo lo que me permitieron los pantalones aún bajos a la altura de los tobillos. Perdí el equilibrio y retrocedí un millón de pasos hasta llevarme puesto un tabique de durlock que se quebró y pasé directamente a la sala de ensayos, con el culo cagado, con la cara desencajada, con el celular en la mano y transpirado a más no poder. Con este cuadro se encontró el grupo de teatro....y Malena.
De la araña nunca se supo nada. Al durlock, hubo que pagarlo.
A Malena no la volví a ver más.
Tengo miedo de encontrar a algún miembro de ese grupo en el facebook y que recuerde este penoso hecho.

Religiones, hombres y semáforos.

Hubo un tiempo que la gente se sentía sola y un poco el ombligo del mundo, hasta que a un grupo se les ocurrió un plan macabro: inventar a un ser invisible y poderoso que sea incuestionable que dirija los destinos de la gente a gusto y piachere de los cinco creadores. Sería apresurado y poco objetivo aventurar que se iba a llamar Dios, así que vamos a suponer que así fue.
Al principio todo marchaba de maravillas, puesto que Dios iba a solucionar cuestiones inexplicables y a perdonar esas cosas inaceptables para los hombres. Como el concepto era un tanto subjetivo, le dieron forma humana y crearon un sinnúmero de leyendas y prodigios como separar la luz de las tinieblas y crear todo en siete días, a pesar que los días no existían siquiera. Así fueron naciendo las religiones, algunas más cerradas, otras más liberales, unas con mayor cantidad de dioses, otras con seres terrenales dotados de algún poder, algunas contrapuestas con los principios básicos de la creación, pero más o menos todas se parecían.
La diferencia mas grande, tenía que ver con lo geográfico. Los hombres que habitaban tierras áridas, rezaban pero también trabajaban a destajo día tras día para hacer de su aldea, un lugar habitable. La escasez de recursos los obligó a cuidar mucho aquello que cosechaban volviendo sus carácteres hoscos y poco hospitalarios, no celebraban con mucha bulla ni hacían grandes festines para poder guardar para los tiempos poco prósperos. Estos hombres, pertenecieron mayormente a las razas arias y sajonas.
Por contrapartida, en las geografías más fértiles, las tierras proveían alimento y refugio para todos. Sólo hacía falta rezar para que la suerte no cambie y la madre naturaleza siga entregando sus frutos. Para ello se ofrendaban bailes y canciones regados de vinos y manjares que supieron cosechar en la bonanza. Difícilmente se guardaba alimento para tiempos malos porque no había necesidad, pocas veces faltaba de comer. Cuando este fenómeno sucedía, se hacían sacrificios matando un animal u ofreciendo alguna niña consagrada a los dioses para que vuelvan a proveer agua, lluvia para las cosechas y el regreso de los animales. Eran soluciones casi mágicas, que dependían más de los deseos que del esfuerzo.
Yo nací y vivo en la parte del planeta donde la geografía es prometedora y la suerte es la moneda en curso.
¿Será por eso que cada vez que llego a un semáforo en rojo cierro los ojos, cuento hasta tres y los abró esperando encontrarlo en verde?
Interrumpo este breve pensamiento desde la oscuridad de mis ojos cerrados cuando los automovilistas que esperan atrás mío me gritan "¡Daaaaleee pelotudo! ¿Estás dormido o qué?".
Sin dudas, son descendientes de países arios.