Hay aromas de la infancia que nos marcan para siempre. No se sabe si es el aroma en sí, las circunstancias del entorno o sólamente es la frágil inocencia con que se reciben ciertas cosas en la vida.
Augusto Quiroga, era un anciano setentón y soltero hasta la médula. Su vida pasó más tiempo arriba de un avión que en tierra firme. Fue un viajado ingeniero químico que sabía hacernos reír con explosivos caseros y tintas invisibles que fabricaba con comestibles. Sin dudas había aprendido mucho en su vida y se afanaba por aplicarlo en lo cotideano. En su jubilación, decidió mudarse cerca de casa por la proximidad al río y por el clima de campo que se vivía en San Cristobal.
Pero lo que más nos atraía, era conocer el secreto de sus maníes tostados, tenían un sabor único como nunca ninguno había probado en la vida.Lo seguíamos en secreto pero todos los intentos terminaban en una puerta que él , ingeniosamente llamaba "Laboratorio Q" y cuya llave colgaba de su cuello. Cada vez que se encerraba en el laboratorio, por la ventana salía el inconfundible olor a maní tostado, y era un llamado que ninguno podía resistir, todos dejábamos el partido de futbol, o las escondidas y corríamos a lo de don Quiroga, quien minutos después, salía con tres enormes cucuruchos de papel de diario repletos de exquisito maní.
Nuestras madres empezaron a ponerse celosas y empezaron sin exito, a probar distintas fórmulas para tostar maní. Lo único certero, era que lo compraba por bolsas en el almacen del barrio, el resto un secreto guardado bajo siete llaves.
Cierta mañana se supo de la muerte de don Quiroga. Los que éramos sus habitués, sentimos una gran pérdida, obviamente en la medida de nuestras posibilidades. Se supo que sufrió un infarto mientras dormía. Se llevaba consigo uno de los grandes secretos de nuestra infancia. Como no tenía familiares, los vecinos más cercanos fueron a ordenar sus cosas, los niños de entonces fuimos a ver por última vez la casa. Alguien dijo, "Aquella llave de allá, la tenía atada al cuello, ¿alguien sabe de donde es?" .Como nadie sabía la llave quedó allí. Nosotros sí sabíamos, era del Laboratorio Q. Cuando estábamos por apoderarnos del secreto, el papá de Diego y Guille la agarró y dijo "Debe ser de esa pieza. Vamos a ver".
Abrieron ante nuestros ojos el Laboratorio Q. No era lo que esperábamos. Siempre nos imaginamos un lugar con frascos humeantes, líquidos verdes y mecheros bunsen. En lugar de eso había un enorme colador de pastas, un tostador ordinario, varias bolsas de maní y una especie de olla. En la pared había infinidad de recortes, pero uno resaltaba entre todos. Era uno que se titulaba "Kopi Luwak". Nuestros padres que sabían leer, quedaron blancos. "¡Que viejo hijo de mil puta!" dijo mi papá, "Con razón había tantos frascos de laxante en la basura."
Nos sacaron de allí y nunca nos permitieron preguntar nada.
Nadie volvió a mencionar a don Quiroga.
Nunca.
jueves, 12 de febrero de 2015
jueves, 29 de enero de 2015
Día 6 - Literalmente
Don Nannini nos contaba cómo una enfermedad lo separó de lo que restaba de su familia.
Nunca fue un tipo sociable, la mayor parte de las veces se peleaba con los vecinos, a los chicos les reventaba cada pelota que caía en su jardín, a su hija le hizo la vida imposible con cada novio que tuvo, de los oficiales y de los otros. Esto puso mucha distancia con su única familia. Lo único que doblegaba a don Nannini era su nieta Camila. Tal era la distancia entre su hija y él, que su corazón pareció endurecer más con el tiempo.
Como siempre sucede, estas cosas se diluyen cuando la muerte ronda por la tierra. Así fue que un cancer de intestino, terminó por dejar a don Nannini sin fe ni sistema excretor. Quiso suicidarse con una escopeta vieja, pero la invitación a último momento al cumpleaños número tres de Camila terminó por ablandar lo que quedaba de su viejo corazón.
Se dio un baño, buscó la camisa blanca y se acomodó prolijo la bolsita de colostomía para que le quede a un costado.
Como pudo llegó a la casa de su hija. Se bajó del taxi y Camila abrió la puerta ante la sorpresa pintada en la cara de toda la familia política de Nannini. Como en cámara lenta, Camila abrió los brazos y corrió hacia su abuelo gritando feliz. La hija de don Nannini pareció olvidar por un segundo el tormento padecido en su juventud y pensó si se trataba de una segunda oportunidad.
Camila lo abrazó con mucha fuerza, de manera que la bolsa de colostomía reventó manchando de pies a cabeza a Camila que estrenaba un vestidito blanco.
Se alejó de su abuelo y la hija de don Nannini la agarró como a una bomba y la llevó mirando con profundo odio a su padre que sin querer arruinó el cumpleaños.
Nannini miró a todos y los mandó a la mierda. Giró sobre sus talones y volvió a la casa.
"La relación entre mi hija y yo se fue a la mierda" nos dijo don Nannini, "¡Literalmente!"
Nunca fue un tipo sociable, la mayor parte de las veces se peleaba con los vecinos, a los chicos les reventaba cada pelota que caía en su jardín, a su hija le hizo la vida imposible con cada novio que tuvo, de los oficiales y de los otros. Esto puso mucha distancia con su única familia. Lo único que doblegaba a don Nannini era su nieta Camila. Tal era la distancia entre su hija y él, que su corazón pareció endurecer más con el tiempo.
Como siempre sucede, estas cosas se diluyen cuando la muerte ronda por la tierra. Así fue que un cancer de intestino, terminó por dejar a don Nannini sin fe ni sistema excretor. Quiso suicidarse con una escopeta vieja, pero la invitación a último momento al cumpleaños número tres de Camila terminó por ablandar lo que quedaba de su viejo corazón.
Se dio un baño, buscó la camisa blanca y se acomodó prolijo la bolsita de colostomía para que le quede a un costado.
Como pudo llegó a la casa de su hija. Se bajó del taxi y Camila abrió la puerta ante la sorpresa pintada en la cara de toda la familia política de Nannini. Como en cámara lenta, Camila abrió los brazos y corrió hacia su abuelo gritando feliz. La hija de don Nannini pareció olvidar por un segundo el tormento padecido en su juventud y pensó si se trataba de una segunda oportunidad.
Camila lo abrazó con mucha fuerza, de manera que la bolsa de colostomía reventó manchando de pies a cabeza a Camila que estrenaba un vestidito blanco.
Se alejó de su abuelo y la hija de don Nannini la agarró como a una bomba y la llevó mirando con profundo odio a su padre que sin querer arruinó el cumpleaños.
Nannini miró a todos y los mandó a la mierda. Giró sobre sus talones y volvió a la casa.
"La relación entre mi hija y yo se fue a la mierda" nos dijo don Nannini, "¡Literalmente!"
jueves, 22 de enero de 2015
Día 8 - Primera impresión.
Lo malo de las primeras impresiones, es que son imborrables. A lo mejor y con mucha suerte lográs pilotear la situación y convertirla en una anécdota familiar.
Era el invierno del '97 y después de pasar la tarde juntos, mi pareja de entonces me propuso visitar a sus padres. La iniciativa en apariencia espontánea, ya se venía gestando a mis espaldas hace unas semanas. No conocía a mis futuros suegros y ellos tampoco me conocían, así que ambos estábamos preparando la versión demo mejorada de nuestras vidas para crear esa imagen de seguridad que a veces queremos inútilmente infundir en el otro, pensando que ese es el único y definitivo encuentro.
Me puse la chomba (mi vieja decía que una chomba da clase) un desodorante genérico, para lograr aceptación pero para no despertar falsas expectativas, y le pasé un trapo húmedo a la goma de las zapatillas logrando un color uniforme y no ese tono marmolado habitual, aunque después de una hora de colectivo la chomba queda hecha una lechuga roja, los sobacos apestan como un circo y las zapatillas refuerzan el entramado ocre y blanco.
Ya cerca de la casa de mis futuros suegros, la sensación de ajeno al lugar ganaba terreno en mi cabeza y en mi estómago que empezó a oprimirme igual que el día que pasé a dar la lección de los ríos de Europa en cuarto año y no había estudiado ni un poquito. Desde la puerta de calle, mi futura concuñada vestida de sporting colors y con una sonrisa de calavera maya que le quedaba pintada me daba la bienvenida a la familia. Mi futuro suegro era más alto de lo que yo esperaba y mi suegra más inquieta y comedida que lo habitual. "Sentate, sentate" insistieron. La mayoría de los tiempos verbales fueron variantes amables del imperativo. La sincronía de los actos era perfecta, cada vez que me llevaba un bocado a la boca me tiraban una de esas preguntas donde uno tiene que desarrollar, donde no basta un si o un no. "¿En qué trabajás? ¿Cuánto hace que vivís en Rosario? ¿ Cómo hiciste el pollo a la naranja?" eran las distintas fases del interrogatorio al que en vano traté de contestar en forma inteligente sin que se me escapen pedacitos de carne al horno con papas.
En medio de la velada, el estómago se declaró en rebeldía y empezó a pedir pista. Me excusé y formal pedí permiso. Me indicaron el camino amablemente y desaparecí a paso decidido por el largo corredor. Luego de lograr la intimidad advierto que la puerta no tiene trabas ni llave. Años después me explicaban que se trataba de que mis suegros eran gente grande y si algo les pasaba en el baño y la puerta estaba trabada podrían llegar a lamentar algo grave. Como sea, yo estaba ahí con muy poca gana de proyecciones más allá de cagar lavarme las manos y volver a la mesa como un duque. Sin pensar demasiado me bajé los pantalones y calzoncillos y empecé la suave melodía de los pedos. Me acomodé tratando de hacer que la cantidad de pliegues sea la menor así los vientos no se encontrarían con obstáculos y saldrían en silencio. Al principio fue un éxito. Sonaba el traste como los frenos de aire de los camiones, aunque a veces se transformaba en bufidos sordos y supermalolientes. Puse atención al exterior y se escuchaban a lo lejos las voces y los cubiertos. Todo bien, pensé. Me acomodé de nuevo y en la maniobra se me escapó un estruendoso pedo que aumentado por la caja resonante del inodoro, me dejó en ridículo por siempre, ya que si yo escuchaba las voces a lo lejos, poco probable es que pase desapercibido semejante trueno. Pero bueh, ya estaba en el baile. Escuché unos pasos que se acercaban al baño y me apuré a poner una mano en la puerta. En el medio dos minúsculos pedos similares a trompetitas se me escaparon. "¿Estás bien?" me preguntó mi pareja. "Si , ya voy." contesté mintiendo. Recién empezaba el calvario.
Sentí que se alejaban los pasos y que desde la mesa preguntaban cosas como "¿Está bien?¿Necesita ayuda?¿Llamamos al servicio de emergencias?"
Traté de apurar el trámite, ya que la cosa pintaba feo. Hice fuerza y tras un par de gruñidos tres cocodrilos marrones cayeron al inodoro y fueron a pegarse a las paredes blancas del mismo cual tentáculos de pulpo. Aliviado, busqué algo de papel higiénico para terminar la ceremonia del adiós y seguir con la presentación en sociedad. Sin éxito en la búsqueda del papel sanitario me pasé al bidet. Abrí como nunca el chorro y me lavé el traste. Esta sensación de alivio se vio interrumpida cuando advierto que la única toalla que hay en el baño, es la pequeña que se usa para la cara y lucía blanca radiante. Mi cabeza se debatía infinitamente en usar o no esa toalla. Si seguía por ese camino debía esmerarme en la lavada de culo, éste debía quedar pulcro e inmaculado. La idea me daba vueltas en la cabeza cuando escuché nuevamente los pasos acercándose al baño. Hábilmente apreté el botón del depósito en una maniobra popularmente conocida como "tirar la cadena". El ruido de la descarga de agua alejó a quie quiera que sea que venía a preguntar como me encontraba. Aproveché para secarme muy muy por arriba el culo con la toalla de mano tratando de transferirle la menor cantidad de material didáctico. La miraba cada tanto para corroborar que los colores seguían inalterables. En un momento miré para el inodoro y ví que los tres tentáculos marrones seguían allí adheridos a la pared blanca. Me distraje y me sequé profundo con la toalla imprimiendo allí una mancha similar a una frenada de bicicleta. Alarmado y transpirado busqué un jabón para lavar la toalla. Le puse champú para la caspa con la esperanza de blanquear la toalla y sólo conseguí extender la mancha hasta que parecía un mapa de América. Refregué con fuerzas y a los ojos de un observador no muy exigente podría pasar desapercibida la mancha. Aún con los pantalones bajos miré el inodoro y aún quedaba por resolver esa cuestión de los tentáculos. Apunté con mi pene a los tres visitantes y empecé a orinar tratando de despegarlos de la pared. El resultado no podía ser pero. No sólo los soretes seguían allí, sinó que además el inodoro se pobló de lunares marrones. Siento los pasos nuevamente acercarse por el pasillo y cuando adiviné que estaban del otro lado de la puerta me apuré y dije "¡Ya vá!¡Estoy cagando! Entretené a tus viejos que arreglo esto y voy.". Después de un silencio mortal mi suegra dijo "Esta bien, te esperamos. Cualquier cosa avisá". No podía ser peor el panorama. Cuánto me iba a costar remontar esta situación.
Volví sin pensar tanto a la faena. Le pude agua oxigenada al inodoro y un poco de crema enjuague esperando vaya a saber qué milagro de la química. Tiré la cadena nuevamente y con un peine despegué los soretes que luego de varios giros fueron a trabarse en la escotilla de salida. Ya sin escrúpulos los destrocé literalmente con el peine hasta convertirlos en un puré de mierda. Junté agua en un balde y cuando se produjo el llenado del depósito, la maniobra conjunta de tirar la cadena y arrojar el balde terminó por llevarse el maloliente barro para el mas allá. Sólo restaba lavar el peine. Para ello usé un jaboncito y un cepillo de diente que elegí al azar para no cargar mi conciencia con algún nombre. Sentí los pasos nuevamente acercarse. Apuré el lavado y puse todo en su lugar. Fui al inodoro a echar un poco de desodorante de ambientes para neutralizar la atmósfera hedionda. En eso abre la puerta mi suegro. El cuadro no pudo ser más demoledor. La toalla de mano chorreaba gotas color whisky, el peine estaba mojado y en la jabonera, el jabón en el piso todo rasqueteado y el cepillo de dientes todo espumoso. La pared de azulejos blancos tenía aún lunares ocre. Yo estaba con los pantalones en el piso y el calzoncillo mojado el gran parte del culo.
"¿Todo bien?" preguntó mi suegro.
"Ya voy. Me lavo las manos y voy. Me descompuse pero ya estoy bien." dije con un hilo de voz y colorado como tomate.
Mi suegro cerró la puerta y se alejó. Escuché como les decía que estaba descompuesto a los demás. Las conjeturas y sugerencias acompañadas al final con un "pobre..." se hicieron eco en el largo pasillo. Me lavé las manos , eché desodorante, me acomodé la ropa y me dispuse a volver a la mesa.
Fueron los 20 minutos más largos de mi vida.
Ya pasó mucho tiempo de aquel día.
Muchas cosas cambiaron pero todavía no asimilé aquel hecho como una anécdota para recordar en mesa navideña.
Era el invierno del '97 y después de pasar la tarde juntos, mi pareja de entonces me propuso visitar a sus padres. La iniciativa en apariencia espontánea, ya se venía gestando a mis espaldas hace unas semanas. No conocía a mis futuros suegros y ellos tampoco me conocían, así que ambos estábamos preparando la versión demo mejorada de nuestras vidas para crear esa imagen de seguridad que a veces queremos inútilmente infundir en el otro, pensando que ese es el único y definitivo encuentro.
Me puse la chomba (mi vieja decía que una chomba da clase) un desodorante genérico, para lograr aceptación pero para no despertar falsas expectativas, y le pasé un trapo húmedo a la goma de las zapatillas logrando un color uniforme y no ese tono marmolado habitual, aunque después de una hora de colectivo la chomba queda hecha una lechuga roja, los sobacos apestan como un circo y las zapatillas refuerzan el entramado ocre y blanco.
Ya cerca de la casa de mis futuros suegros, la sensación de ajeno al lugar ganaba terreno en mi cabeza y en mi estómago que empezó a oprimirme igual que el día que pasé a dar la lección de los ríos de Europa en cuarto año y no había estudiado ni un poquito. Desde la puerta de calle, mi futura concuñada vestida de sporting colors y con una sonrisa de calavera maya que le quedaba pintada me daba la bienvenida a la familia. Mi futuro suegro era más alto de lo que yo esperaba y mi suegra más inquieta y comedida que lo habitual. "Sentate, sentate" insistieron. La mayoría de los tiempos verbales fueron variantes amables del imperativo. La sincronía de los actos era perfecta, cada vez que me llevaba un bocado a la boca me tiraban una de esas preguntas donde uno tiene que desarrollar, donde no basta un si o un no. "¿En qué trabajás? ¿Cuánto hace que vivís en Rosario? ¿ Cómo hiciste el pollo a la naranja?" eran las distintas fases del interrogatorio al que en vano traté de contestar en forma inteligente sin que se me escapen pedacitos de carne al horno con papas.
En medio de la velada, el estómago se declaró en rebeldía y empezó a pedir pista. Me excusé y formal pedí permiso. Me indicaron el camino amablemente y desaparecí a paso decidido por el largo corredor. Luego de lograr la intimidad advierto que la puerta no tiene trabas ni llave. Años después me explicaban que se trataba de que mis suegros eran gente grande y si algo les pasaba en el baño y la puerta estaba trabada podrían llegar a lamentar algo grave. Como sea, yo estaba ahí con muy poca gana de proyecciones más allá de cagar lavarme las manos y volver a la mesa como un duque. Sin pensar demasiado me bajé los pantalones y calzoncillos y empecé la suave melodía de los pedos. Me acomodé tratando de hacer que la cantidad de pliegues sea la menor así los vientos no se encontrarían con obstáculos y saldrían en silencio. Al principio fue un éxito. Sonaba el traste como los frenos de aire de los camiones, aunque a veces se transformaba en bufidos sordos y supermalolientes. Puse atención al exterior y se escuchaban a lo lejos las voces y los cubiertos. Todo bien, pensé. Me acomodé de nuevo y en la maniobra se me escapó un estruendoso pedo que aumentado por la caja resonante del inodoro, me dejó en ridículo por siempre, ya que si yo escuchaba las voces a lo lejos, poco probable es que pase desapercibido semejante trueno. Pero bueh, ya estaba en el baile. Escuché unos pasos que se acercaban al baño y me apuré a poner una mano en la puerta. En el medio dos minúsculos pedos similares a trompetitas se me escaparon. "¿Estás bien?" me preguntó mi pareja. "Si , ya voy." contesté mintiendo. Recién empezaba el calvario.
Sentí que se alejaban los pasos y que desde la mesa preguntaban cosas como "¿Está bien?¿Necesita ayuda?¿Llamamos al servicio de emergencias?"
Traté de apurar el trámite, ya que la cosa pintaba feo. Hice fuerza y tras un par de gruñidos tres cocodrilos marrones cayeron al inodoro y fueron a pegarse a las paredes blancas del mismo cual tentáculos de pulpo. Aliviado, busqué algo de papel higiénico para terminar la ceremonia del adiós y seguir con la presentación en sociedad. Sin éxito en la búsqueda del papel sanitario me pasé al bidet. Abrí como nunca el chorro y me lavé el traste. Esta sensación de alivio se vio interrumpida cuando advierto que la única toalla que hay en el baño, es la pequeña que se usa para la cara y lucía blanca radiante. Mi cabeza se debatía infinitamente en usar o no esa toalla. Si seguía por ese camino debía esmerarme en la lavada de culo, éste debía quedar pulcro e inmaculado. La idea me daba vueltas en la cabeza cuando escuché nuevamente los pasos acercándose al baño. Hábilmente apreté el botón del depósito en una maniobra popularmente conocida como "tirar la cadena". El ruido de la descarga de agua alejó a quie quiera que sea que venía a preguntar como me encontraba. Aproveché para secarme muy muy por arriba el culo con la toalla de mano tratando de transferirle la menor cantidad de material didáctico. La miraba cada tanto para corroborar que los colores seguían inalterables. En un momento miré para el inodoro y ví que los tres tentáculos marrones seguían allí adheridos a la pared blanca. Me distraje y me sequé profundo con la toalla imprimiendo allí una mancha similar a una frenada de bicicleta. Alarmado y transpirado busqué un jabón para lavar la toalla. Le puse champú para la caspa con la esperanza de blanquear la toalla y sólo conseguí extender la mancha hasta que parecía un mapa de América. Refregué con fuerzas y a los ojos de un observador no muy exigente podría pasar desapercibida la mancha. Aún con los pantalones bajos miré el inodoro y aún quedaba por resolver esa cuestión de los tentáculos. Apunté con mi pene a los tres visitantes y empecé a orinar tratando de despegarlos de la pared. El resultado no podía ser pero. No sólo los soretes seguían allí, sinó que además el inodoro se pobló de lunares marrones. Siento los pasos nuevamente acercarse por el pasillo y cuando adiviné que estaban del otro lado de la puerta me apuré y dije "¡Ya vá!¡Estoy cagando! Entretené a tus viejos que arreglo esto y voy.". Después de un silencio mortal mi suegra dijo "Esta bien, te esperamos. Cualquier cosa avisá". No podía ser peor el panorama. Cuánto me iba a costar remontar esta situación.
Volví sin pensar tanto a la faena. Le pude agua oxigenada al inodoro y un poco de crema enjuague esperando vaya a saber qué milagro de la química. Tiré la cadena nuevamente y con un peine despegué los soretes que luego de varios giros fueron a trabarse en la escotilla de salida. Ya sin escrúpulos los destrocé literalmente con el peine hasta convertirlos en un puré de mierda. Junté agua en un balde y cuando se produjo el llenado del depósito, la maniobra conjunta de tirar la cadena y arrojar el balde terminó por llevarse el maloliente barro para el mas allá. Sólo restaba lavar el peine. Para ello usé un jaboncito y un cepillo de diente que elegí al azar para no cargar mi conciencia con algún nombre. Sentí los pasos nuevamente acercarse. Apuré el lavado y puse todo en su lugar. Fui al inodoro a echar un poco de desodorante de ambientes para neutralizar la atmósfera hedionda. En eso abre la puerta mi suegro. El cuadro no pudo ser más demoledor. La toalla de mano chorreaba gotas color whisky, el peine estaba mojado y en la jabonera, el jabón en el piso todo rasqueteado y el cepillo de dientes todo espumoso. La pared de azulejos blancos tenía aún lunares ocre. Yo estaba con los pantalones en el piso y el calzoncillo mojado el gran parte del culo.
"¿Todo bien?" preguntó mi suegro.
"Ya voy. Me lavo las manos y voy. Me descompuse pero ya estoy bien." dije con un hilo de voz y colorado como tomate.
Mi suegro cerró la puerta y se alejó. Escuché como les decía que estaba descompuesto a los demás. Las conjeturas y sugerencias acompañadas al final con un "pobre..." se hicieron eco en el largo pasillo. Me lavé las manos , eché desodorante, me acomodé la ropa y me dispuse a volver a la mesa.
Fueron los 20 minutos más largos de mi vida.
Ya pasó mucho tiempo de aquel día.
Muchas cosas cambiaron pero todavía no asimilé aquel hecho como una anécdota para recordar en mesa navideña.
martes, 20 de enero de 2015
Día 9 - Casualidad
¿Te diste cuenta que sos una casualidad?
A ver, vos no planeaste estar en este momento leer esto, se sucedieron muchas cosas, la mayor parte de ellas en forma casual y terminaste acá, frente a este texto sin otra cosa mejor para hacer. De la misma manera yo estoy escribiendo esto para que vos y sólo vos leas.
Si llegaste a este punto, quere decir que todavía te quedan ganas de llegar al final de la oración.
Bien, seguimos un ratito más y te dejo libre para hacer lo que quieras.
Para bien o mal, vos y yo fuimos el espermatozoide más rápido y dejamos mas o menos 25 millones de hermanos por el camino, que NUNCA van a ver el mundo. Ya eso es superior a sacarse la lotería...¿Me vas a negar que no tenés suerte?
Sigamos..si podés leer esto, con lentes o sin ellos, tambien es una casualidad. Imaginate por un momento que fueras miope, te privarías de un montón de cosas importantes, otro montón de cosas placenteras y cosas pasajeras como este texto.
Ya que estás ahi, y como llegaste hasta acá tambien tenés suerte de leer esta maraña de palitos y redondelitos que son las letras y sobre todo entender y razonar algo de esto, que repito, por simple que sea lleva sus procesos neuronales.
Veo que tampoco sufriste ningun accidente que te impida mover el mouse o el teclado y que por esas cosas de la vida tenés una computadora o un celular o una tablet ahi adelante para vos, sea permanente o prestada.
Caramba, veo que seguís leyendo.
Además te interesa un poco este texto, aunque sea para ver como termina...
¿Viste? Ahí hay otra casualidad, los intereses.
Si no te hubiera interesado esto hubieras seguido de largo navegando por la red o haciendo otra cosa en la vida real.
Si seguiste hasta acá, esto que te escribo, entonces es para vos.
Desconfiá de los que escriben.
Por lo general sólo te hacen perder el tiempo.
Como a veces nos toma un trabajito hacer algo más o menos legible, pedimos a cambio tiempo, atención y concentración.
Algunos piden dinero incluso, pero esos ya están más metidos en el mercadeo.
Así que si terminaste de leer esto, tené cuidado.
No siempre lo que leés te abre la mente.
la mayor parte de las veces te vas a dar cuenta que podrías haber llevado una vida perfectamente normal sin estas líneas.
La mayor parte de los textos despiertan un interés efímero y luego empiezan a amontonarse en grandes bibliotecas que nos recuerdan el tiempo que perdimos leyendo estupideces.
Mirá sino tu biblioteca querido lector y decime a ciencia cierta, ¿cuantas veces leíste el mejor libro que tenés?
¡Déjate de joder!
Apagá la computadora y andá a vivir la vida.
Abrazá a un ser querido o hablá con el primero que se cruce en la calle.
Seguro que va a ser de mejor provecho que seguir acá...
Vamos.
Yo ya dejo de escribir en un par de minutos y apago todo.
Para cuando leas esto yo ya me habré marchado por ahí.
o tal vez no y sigo acá escribiendo algo un poco más llevadero.
Si entrás de nuevo al blog lo vas a averiguar.
Suerte.
A ver, vos no planeaste estar en este momento leer esto, se sucedieron muchas cosas, la mayor parte de ellas en forma casual y terminaste acá, frente a este texto sin otra cosa mejor para hacer. De la misma manera yo estoy escribiendo esto para que vos y sólo vos leas.
Si llegaste a este punto, quere decir que todavía te quedan ganas de llegar al final de la oración.
Bien, seguimos un ratito más y te dejo libre para hacer lo que quieras.
Para bien o mal, vos y yo fuimos el espermatozoide más rápido y dejamos mas o menos 25 millones de hermanos por el camino, que NUNCA van a ver el mundo. Ya eso es superior a sacarse la lotería...¿Me vas a negar que no tenés suerte?
Sigamos..si podés leer esto, con lentes o sin ellos, tambien es una casualidad. Imaginate por un momento que fueras miope, te privarías de un montón de cosas importantes, otro montón de cosas placenteras y cosas pasajeras como este texto.
Ya que estás ahi, y como llegaste hasta acá tambien tenés suerte de leer esta maraña de palitos y redondelitos que son las letras y sobre todo entender y razonar algo de esto, que repito, por simple que sea lleva sus procesos neuronales.
Veo que tampoco sufriste ningun accidente que te impida mover el mouse o el teclado y que por esas cosas de la vida tenés una computadora o un celular o una tablet ahi adelante para vos, sea permanente o prestada.
Caramba, veo que seguís leyendo.
Además te interesa un poco este texto, aunque sea para ver como termina...
¿Viste? Ahí hay otra casualidad, los intereses.
Si no te hubiera interesado esto hubieras seguido de largo navegando por la red o haciendo otra cosa en la vida real.
Si seguiste hasta acá, esto que te escribo, entonces es para vos.
Desconfiá de los que escriben.
Por lo general sólo te hacen perder el tiempo.
Como a veces nos toma un trabajito hacer algo más o menos legible, pedimos a cambio tiempo, atención y concentración.
Algunos piden dinero incluso, pero esos ya están más metidos en el mercadeo.
Así que si terminaste de leer esto, tené cuidado.
No siempre lo que leés te abre la mente.
la mayor parte de las veces te vas a dar cuenta que podrías haber llevado una vida perfectamente normal sin estas líneas.
La mayor parte de los textos despiertan un interés efímero y luego empiezan a amontonarse en grandes bibliotecas que nos recuerdan el tiempo que perdimos leyendo estupideces.
Mirá sino tu biblioteca querido lector y decime a ciencia cierta, ¿cuantas veces leíste el mejor libro que tenés?
¡Déjate de joder!
Apagá la computadora y andá a vivir la vida.
Abrazá a un ser querido o hablá con el primero que se cruce en la calle.
Seguro que va a ser de mejor provecho que seguir acá...
Vamos.
Yo ya dejo de escribir en un par de minutos y apago todo.
Para cuando leas esto yo ya me habré marchado por ahí.
o tal vez no y sigo acá escribiendo algo un poco más llevadero.
Si entrás de nuevo al blog lo vas a averiguar.
Suerte.
jueves, 15 de enero de 2015
Día 10 - Anaconda técnica de seguridad.
Cuando los recursos se te agotan, a veces la imaginación te lleva a hacer locuras.
Hace unos años, una conocida cerealera de la zona se encontraba tomando personal para cubrir vacaciones. El personal de maestranza, técnicos de mantenimiento y administrativos eran los más buscados. Anaconda se acordó de su paso por el industrial de calle Savio y buscó en la casa de su viejo el analítico. Armó junto con Pichuco (otro travesti que se llamaba Anibal Troilo como el bandoneonista) y los mandaron por correo certificado ya que uno de los cajeros les debía favores. Como siempre falsearon los nombres ya que no cuadraban con sus aspectos actuales. Fueron llamados a una entrevista y a un examen psicolaboral. Pichuco fue derivado a la administración ya que hizo la secundaria en la superior de comercio y Anaconda fue a cubrir a la administrativa del taller mecánico que había tomado vacaciones y licencia por maternidad. El trabajo consistía en cargar las horas de los técnicos y gestionar la provisión de repuestos con los proveedores. Como era costumbre, el jefe siempre les daba una recorrida por la planta a los contratados y más sabiendo que se trataba de una mujer, como parecía de lejos Anaconda. Durante el recorrido, Anaconda le señaló un par de situaciones riesgosas a las que estaban expuestos los obreros y la falta de señalización de sendas para delimitar la circulación entre maquinaria y obreros. El jefe quedó asombrado con el poder de observación de Valeria (ese fue el nombre que dio Anaconda) y sugirió que se dedique a recorrer la planta y le confeccione todos los días un informe con el fin de bajar el índice de accidentes ya que era muy alto y generaba muchos puestos vacíos y muchas horas extras para cubrir a los ausentes, si contar el presupuesto en seguros médicos.
Así fue que carpeta en mano, Anaconda recorría la planta y señalizaba lo que veía riesgoso. Generó muchas observaciones de seguridad, promovió charlas y un amigote le diseñó una cartelería muy novedosa. Los resultados no tardaron en hacerse notar. Los accidentes bajaron notablemente y el jefe estaba realmente feliz. Fue una campaña increible y veloz. Pasó el tiempo y el jefe no veía más avances en la gestión Anaconda o valeria como el lo llamaba. Si bien no había accidentes, el trabajo de Anaconda no tenía mayores avances y se terminaba el período de vacaciones. Algo debía hacer para recobrar su prestigio. ¿Pero qué?
Le dio muchas vueltas al asunto y una noche la luz se le hizo: ¡Faltaban accidentes!
Fue temprano al taller y empezó a cambiar la señalización, a aflojar peldaños de escaleras , a cambiar limites de velocidad en las grúas y todo lo que genere accidentes. Fue muy cuidadoso en ese tema, pero lamentablemente había creado en la gente una cultura de la seguridad que resolvieron todo y nadie se accidentó. Es más, el protagonismo recayó en los empleados y les dieron una cena como premio en un lugar céntrico. Más crecía la posibilidad que desafecten a Anaconda de su puesto y en un acto desesperado salió a sabotear maquinaria, alterar planos, esconder matafuegos y tocó fondo cuando empezó a hacerle deliberadamente trabadas y darle patadas a los obreros recordando su época de número 2 del club El Fortín.
El gremio y la jefatura entendieron que Anaconda no estaba bien cuando los trató con voz varonil de "hijos de puta chupapijas". "Moderate Valeria" le dijo el jefe de sección. "¡Vení a moderarme ésta, viejo cara de verga!" gritó Anaconda agarrándose con ambas manos la razón de su apodo. Entre el delegado y siete obreros lograron sujetarlo en medio de un combate desigual, Anaconda los estaba literalmente reventándolos a golpes. Terminaron todos en la policía donde los oficiales prometieron retener a Anaconda hasta que aprenda. Cuando se retiraron los obreros y el resto del personal jerárquico de la empresa cerealera, Liberaron a Anaconda y se pusieron a tomar mate con él y le preguntaron que pasó.
"Nada, esos malandras no saben apreciar la seguridad. No quieren salir del pozo donde se encuentran y no les importan un carajo la gente. Es así" dijo Anaconda. "Che, loco, ¿te das maña con los fierros? tenemos un par de móviles que si les metés mano te dejamos ir" dijo el oficial a cargo. "Dale. Decime donde está la fosa y ponemelos ahí papi así los vemos. Lo que sí vallame la zona así no lamentamos accidentes. Matafuegos ¿tenés?" . "Vení que te lo enseño", le dijo el oficial a cargo y se lo llevó del brazo a la fosa.
Dicen que al oficial lo trasladaron a Bahía Blanca después de la cirugía y a Anaconda lo dejaron libre con tal que no cuente nada. A cambio negoció una esquina para él y para Pichuco , que lo echaron de la cerealera por afanarse las biromes.
Hace unos años, una conocida cerealera de la zona se encontraba tomando personal para cubrir vacaciones. El personal de maestranza, técnicos de mantenimiento y administrativos eran los más buscados. Anaconda se acordó de su paso por el industrial de calle Savio y buscó en la casa de su viejo el analítico. Armó junto con Pichuco (otro travesti que se llamaba Anibal Troilo como el bandoneonista) y los mandaron por correo certificado ya que uno de los cajeros les debía favores. Como siempre falsearon los nombres ya que no cuadraban con sus aspectos actuales. Fueron llamados a una entrevista y a un examen psicolaboral. Pichuco fue derivado a la administración ya que hizo la secundaria en la superior de comercio y Anaconda fue a cubrir a la administrativa del taller mecánico que había tomado vacaciones y licencia por maternidad. El trabajo consistía en cargar las horas de los técnicos y gestionar la provisión de repuestos con los proveedores. Como era costumbre, el jefe siempre les daba una recorrida por la planta a los contratados y más sabiendo que se trataba de una mujer, como parecía de lejos Anaconda. Durante el recorrido, Anaconda le señaló un par de situaciones riesgosas a las que estaban expuestos los obreros y la falta de señalización de sendas para delimitar la circulación entre maquinaria y obreros. El jefe quedó asombrado con el poder de observación de Valeria (ese fue el nombre que dio Anaconda) y sugirió que se dedique a recorrer la planta y le confeccione todos los días un informe con el fin de bajar el índice de accidentes ya que era muy alto y generaba muchos puestos vacíos y muchas horas extras para cubrir a los ausentes, si contar el presupuesto en seguros médicos.
Así fue que carpeta en mano, Anaconda recorría la planta y señalizaba lo que veía riesgoso. Generó muchas observaciones de seguridad, promovió charlas y un amigote le diseñó una cartelería muy novedosa. Los resultados no tardaron en hacerse notar. Los accidentes bajaron notablemente y el jefe estaba realmente feliz. Fue una campaña increible y veloz. Pasó el tiempo y el jefe no veía más avances en la gestión Anaconda o valeria como el lo llamaba. Si bien no había accidentes, el trabajo de Anaconda no tenía mayores avances y se terminaba el período de vacaciones. Algo debía hacer para recobrar su prestigio. ¿Pero qué?
Le dio muchas vueltas al asunto y una noche la luz se le hizo: ¡Faltaban accidentes!
Fue temprano al taller y empezó a cambiar la señalización, a aflojar peldaños de escaleras , a cambiar limites de velocidad en las grúas y todo lo que genere accidentes. Fue muy cuidadoso en ese tema, pero lamentablemente había creado en la gente una cultura de la seguridad que resolvieron todo y nadie se accidentó. Es más, el protagonismo recayó en los empleados y les dieron una cena como premio en un lugar céntrico. Más crecía la posibilidad que desafecten a Anaconda de su puesto y en un acto desesperado salió a sabotear maquinaria, alterar planos, esconder matafuegos y tocó fondo cuando empezó a hacerle deliberadamente trabadas y darle patadas a los obreros recordando su época de número 2 del club El Fortín.
El gremio y la jefatura entendieron que Anaconda no estaba bien cuando los trató con voz varonil de "hijos de puta chupapijas". "Moderate Valeria" le dijo el jefe de sección. "¡Vení a moderarme ésta, viejo cara de verga!" gritó Anaconda agarrándose con ambas manos la razón de su apodo. Entre el delegado y siete obreros lograron sujetarlo en medio de un combate desigual, Anaconda los estaba literalmente reventándolos a golpes. Terminaron todos en la policía donde los oficiales prometieron retener a Anaconda hasta que aprenda. Cuando se retiraron los obreros y el resto del personal jerárquico de la empresa cerealera, Liberaron a Anaconda y se pusieron a tomar mate con él y le preguntaron que pasó.
"Nada, esos malandras no saben apreciar la seguridad. No quieren salir del pozo donde se encuentran y no les importan un carajo la gente. Es así" dijo Anaconda. "Che, loco, ¿te das maña con los fierros? tenemos un par de móviles que si les metés mano te dejamos ir" dijo el oficial a cargo. "Dale. Decime donde está la fosa y ponemelos ahí papi así los vemos. Lo que sí vallame la zona así no lamentamos accidentes. Matafuegos ¿tenés?" . "Vení que te lo enseño", le dijo el oficial a cargo y se lo llevó del brazo a la fosa.
Dicen que al oficial lo trasladaron a Bahía Blanca después de la cirugía y a Anaconda lo dejaron libre con tal que no cuente nada. A cambio negoció una esquina para él y para Pichuco , que lo echaron de la cerealera por afanarse las biromes.
domingo, 11 de enero de 2015
Día 11 - Sanabria, de miserable a contador de historias.
Por los años '70, las salidas al cine y la radio, constituían la mayor parte de la diversión de los hogares de La Emilia, un pueblo al norte de Buenos Aires. Los Sanabria eran 17 en total entre los hijos, los abuelos y un tío soltero y poco afecto al trabajo, conviviendo todos juntos en una casa que había estado en la familia desde principio de siglo. Al ser esta cantidad de personas, la entrada al cine constituía un enorme capital para el ajustado ingreso de los Sanabria, que consistía en changas esporádicas que hacía el padre. El tío soltero, solía matar el tiempo jugando a los naipes las pocas monedas que encontraba durante la semana, hasta que un día se encontró con la fortuna y ganó lo justo para una entrada al cine y un vaso de caña Legui. A escondidas de la familia, se fue al cine continuado y se vio tres películas seguidas. Cuando volvió a la casa, los restantes Sanabria lo recibieron preocupados un poco por el horario y otro tanto por el estado en que llegó, tenía la mirada exaltada y no paraba de hablar. Refirió a historias de gente poseída, a como una población en apariencia normal era atacada por pájaros y también habló de una historia de amor en tiempos de guerra. El resto de la familia lo escuchó hasta entrado el amanecer y no paraban de pedirle otra historia más. Un poco por el cansancio y otro poco por el efecto de la caña Legui, el tío siguió desvariando hasta el mediodía con una mezcla bastante interesante de historias de aparecidos y del lejano oeste. Finalmente todos quedaron rendidos en la terraza y a eso de las 18:00 hs, se despertaron con el sol a pleno. ¿qué extraña magia había pasado allí? De no conocerlos, la gente habría pensado que se habían drogado con LSD y desvariado toda la noche. Así fue que entre todos los vecinos, pusieron dinero para que Sanabria fuera al cine y al regreso, tras cinco cañas les refiriera las más inverosímiles historias que nunca iban a ser fieles a las originales, pero que regadas con la imaginación de Sanabria, iban a ser únicas e irrepetibles.
Tan popular se volvió Sanabria, que inauguró en el fondo de su patio un rincón iluminado con la única luz que había y utilizando de fondo la pared de ladrillos vistos, refirió las historias vistas una y otra y otra vez, cada vez con más detalles y más vuelo.
Y entonces sucedió, la casa de los Sanabria quedó chica, y como la gente había dejado de ir al cine, el tío solterón compró con los ahorros de las funciones la desvencijada sala. Con la ayuda de un proyector, se iluminaba y tras unos tragos de caña empezaba a anudar esta vez historias familiares. Trataba en ellas la historia de algunos hermanos, primos y sobrinos y la mayor parte eran anécdotas familiares. Como los del cine se habían llevado todo, hasta las butacas, la gente asistía de pie a las funciones y allí solo servían caña Legui.
Cansados de las anécdotas familiares, la gente empezó a pedir por más historias de cine, pero justamente la fuente de inspiración de Sanabria había desaparecido paradójicamente gracias a su éxito. Fue así que Sanabria se fue a la capital, huyendo del público exigente.
Se cambió el nombre por uno en inglés y para no ser incoherente, a su espectáculo lo llamó "Stand Up" como un homenaje al público de pie que asistía noche a noche en La Emilia.
Del pueblo nunca se supo más, de Sanabria sólo quedaba un fugaz paso, pero el género inaugurado por él , iba a ser recordado por décadas.
A veces la miseria, te abre caminos inesperados.
Miserable lector, esté atento.
Nunca se sabe cuando puede llegar la fama a su puerta.
Adios.
Tan popular se volvió Sanabria, que inauguró en el fondo de su patio un rincón iluminado con la única luz que había y utilizando de fondo la pared de ladrillos vistos, refirió las historias vistas una y otra y otra vez, cada vez con más detalles y más vuelo.
Y entonces sucedió, la casa de los Sanabria quedó chica, y como la gente había dejado de ir al cine, el tío solterón compró con los ahorros de las funciones la desvencijada sala. Con la ayuda de un proyector, se iluminaba y tras unos tragos de caña empezaba a anudar esta vez historias familiares. Trataba en ellas la historia de algunos hermanos, primos y sobrinos y la mayor parte eran anécdotas familiares. Como los del cine se habían llevado todo, hasta las butacas, la gente asistía de pie a las funciones y allí solo servían caña Legui.
Cansados de las anécdotas familiares, la gente empezó a pedir por más historias de cine, pero justamente la fuente de inspiración de Sanabria había desaparecido paradójicamente gracias a su éxito. Fue así que Sanabria se fue a la capital, huyendo del público exigente.
Se cambió el nombre por uno en inglés y para no ser incoherente, a su espectáculo lo llamó "Stand Up" como un homenaje al público de pie que asistía noche a noche en La Emilia.
Del pueblo nunca se supo más, de Sanabria sólo quedaba un fugaz paso, pero el género inaugurado por él , iba a ser recordado por décadas.
A veces la miseria, te abre caminos inesperados.
Miserable lector, esté atento.
Nunca se sabe cuando puede llegar la fama a su puerta.
Adios.
sábado, 10 de enero de 2015
Día 12 - Tratado acerca de la infidelidad.
"¡Se es fiel, o se es infiel!" sentenció mi suegra acerca de un vecino que se estaba escribiendo por el facebook con una ex compañera de la primaria a espaldas de su mujer.
Vamos a prestar un poco de atención a esto que parece menor y de chisme.
Cuando una persona engaña de cuerpo y mente a su pareja, es infidelidad, y cuando alguien no deja de pensar ni un momento y solo tiene relaciones con su compañero7a es fiel, y esto es irrefutable, pero ¿que pasa con todo lo que está en el medio?
Pensemos algunos casos. Si por ejemplo uno tiene relaciones con su pareja y piensa en otra persona es infidelidad, tener relaciones con otra gente pero pensar en la pareja ¿sería un acto de amor? ¿equilibraría la balanza sentimental?
¿Sería infidelidad masturbarse pensando en la pareja de uno?
Y si uno está teniendo relaciones con la pareja y de pronto piensa en que se vence la luz, o el gas o si quedó la canilla abierta o si hay algo para tomar despues de hacer el amor, ¿es infidelidad?¿si en el fondo, no es algo que tiene que ver con la pareja también ?
O pensar en una escena excitante de una película para ayudar a la pasión, ¿sería ser infiel? si en definitiva la persona que va a recibir el beneficio de esto es nuestra pareja¿o no?
Mirar por la calle a alguien y luego agradecer a la providencia por la persona que uno tiene por pareja, a veces es tomado como una experiencia negativa e infiel, como también conocer a alguien y en definitiva comprobar que elegimos bien a nuestra pareja, y quedarnos finalmente con ella. Entonces, ¿que hacemos con todo esto que ayuda a la pareja? ¿lo compartimos y arriesgamos nuestra felicidad o lo callamos y somos "infieles" morales?
Ese es el problema lector, los grises. Si alguien trata a otro alguien por facebook y desliza un elogio que queda documentado, al ser descubierto por mentes siniestras puede derivar en una situación penosa, entonces, ¿nos deberemos volver oscuras máquinas que anulan sus sentimientos hacia el mundo en favor de una sola persona para ser socialmente aceptados por mi suegra?
¿o la fidelidad es sólo panfleto?
No sé ustedes, pero ya les dediqué demasiada atención queridos lectores, no sea cosa que mi pareja me pase factura por estar escribiéndoles algo en lugar de compartir el lecho o un café o lo que sea y me tilde de infiel.
Suerte gente, si saben de alguna respuesta a lo anteriormente mencionado, agradezco respuestas.
Vamos a prestar un poco de atención a esto que parece menor y de chisme.
Cuando una persona engaña de cuerpo y mente a su pareja, es infidelidad, y cuando alguien no deja de pensar ni un momento y solo tiene relaciones con su compañero7a es fiel, y esto es irrefutable, pero ¿que pasa con todo lo que está en el medio?
Pensemos algunos casos. Si por ejemplo uno tiene relaciones con su pareja y piensa en otra persona es infidelidad, tener relaciones con otra gente pero pensar en la pareja ¿sería un acto de amor? ¿equilibraría la balanza sentimental?
¿Sería infidelidad masturbarse pensando en la pareja de uno?
Y si uno está teniendo relaciones con la pareja y de pronto piensa en que se vence la luz, o el gas o si quedó la canilla abierta o si hay algo para tomar despues de hacer el amor, ¿es infidelidad?¿si en el fondo, no es algo que tiene que ver con la pareja también ?
O pensar en una escena excitante de una película para ayudar a la pasión, ¿sería ser infiel? si en definitiva la persona que va a recibir el beneficio de esto es nuestra pareja¿o no?
Mirar por la calle a alguien y luego agradecer a la providencia por la persona que uno tiene por pareja, a veces es tomado como una experiencia negativa e infiel, como también conocer a alguien y en definitiva comprobar que elegimos bien a nuestra pareja, y quedarnos finalmente con ella. Entonces, ¿que hacemos con todo esto que ayuda a la pareja? ¿lo compartimos y arriesgamos nuestra felicidad o lo callamos y somos "infieles" morales?
Ese es el problema lector, los grises. Si alguien trata a otro alguien por facebook y desliza un elogio que queda documentado, al ser descubierto por mentes siniestras puede derivar en una situación penosa, entonces, ¿nos deberemos volver oscuras máquinas que anulan sus sentimientos hacia el mundo en favor de una sola persona para ser socialmente aceptados por mi suegra?
¿o la fidelidad es sólo panfleto?
No sé ustedes, pero ya les dediqué demasiada atención queridos lectores, no sea cosa que mi pareja me pase factura por estar escribiéndoles algo en lugar de compartir el lecho o un café o lo que sea y me tilde de infiel.
Suerte gente, si saben de alguna respuesta a lo anteriormente mencionado, agradezco respuestas.
domingo, 4 de enero de 2015
Día 13 - La venganza de Grothendieck. La estufa Calorifix.
Muchos de nosotros hemos tenido este tipo de estufas a querosen en los años 70, sin embargo muy pocos saben el secreto que ellas encierran.
En tiempos del holocausto por el 1942, Alexandre Shapiro Grothendieck fue un fotógrafo comunista ruso que fue deportado en un campo de concentración en Alemania Nazi y separado de su familia. Fue destinado a una de las tantas fábricas alemanas que se servían de la abundante mano de obra gratuita que le otorgaba el régimen por aquellos días. La tarea que le encomendaron fue la fabricación casi artesanal de los disipadores metálicos de las estufas a querosén que adornarían los salones alemanes de aquel tiempo. Una falla constructiva, era la ausencia de ventilación lo cual disminuía considerablemente el rendimiento. La pasión amateur de Alexandre por la fisica y las matemáticas, le permitieron desarrollar un modelo de radiación que contaba con aberturas en el metal que permitían la salida del aire caliente. Este modelo constituía un salvoconducto para Alexandre, que solicitaría ser trasladado junto con su familia. Grande fue su desilusión cuando fue trasladado a Varsovia a una muerte segura. Sin embargo, consiguió alterar la matriz de las estufas introduciendo cortes en formas de lineas inconexas en la parte superior de las mismas. Muchos creyeron que dicho modelo tendía a restar potencia calórica a los artefactos, pero exactamente al contrario, evitaban que se recalentara la parte superior y las estufas duraban mucho mas tiempo encendidas. Por tal sabotaje, Alexandre Shapiro Grothendieck fue sometido a la cámara de gases junto con sus compañeros. Sin embargo algo grande estaba ocurriendo, la estufa Grothendieck tenía un propósito aún mayor al esperado. Los cortes aparentemente hechos al azar, revelaban, al ser encendidas las estufas, una enorme estrella de David en los cielorrasos alemanes. Pocos reparaban en este detalle, pero al estudiar las fotografías de esa época, veremos a grupos de alemanes posando victoriosos junto a una estrella de David proyectada en los techos. La venganza Grothendieck estaba en marcha, Si usted lector, da con una de estas estufas, corroborará esto antes escrito.
Suerte.
Suerte.
viernes, 2 de enero de 2015
Día 14 - Millenium dust
“Tengamos ideales elevados y pensemos en alcanzar grandes
cosas, porque como la vida rebaja siempre y
no se logra sino una parte de lo que se ansía, soñando muy alto
alcanzaremos mucho más. Para una voluntad firme, nada es imposible, no hay
fácil ni difícil; fácil es lo que ya sabemos hacer, difícil, lo que aún no
hemos aprendido a hacer bien”.
Dr. Bernardo Houssay (1887 – 1971)
Por el año 86 comencé a proponerme cosas realmente
trascendentes, cosas que poca gente pueda lograr. El abanico en un principio
amplio, implicaba demasiado esfuerzo, dinero o inteligencia, así que fui
desestimando la idea de la trascendencia y la gloria ya que carecía de las tres
virtudes prexistentes. Fue una noche de diciembre que vino a mi cabeza una luz.
Estaba mirando por la tele una maratón de 8K de San Silvestre que dura desde el
31 de diciembre hasta el 1 de enero de año siguiente y la inspiración dijo:
"¡Hay que hacer algo que dure dos años como esa carrera! ¿Pero qué?"
y la respuesta me sorprendió cuando en el baño de casa me estaba masturbando.
La paja de San Silvestre venía a ser el reto a vencer. No era poca cosa, había
que estar sano física y mentalmente, pero por sobre todas las cosas inspirado y
con el tiempo justo para hacer coincidir la eyaculación con las doce
campanadas. Los primeros años fueron imposibles. Como casi siempre pasábamos
las fiestas en familia, costaba abrirse un hueco justo antes de las doce para
llevar a cabo la empresa. Siempre alguien te golpeaba la puerta para saber si
estabas bien o para avisarte que venían las doce. Una vez se me ocurrió atrasar
todos los relojes diez minutos, tiempo suficiente para que nadie venga a interrumpir.
Mi casa era un lugar asincrónico con la realidad, hasta había cortado el cable
de la tele para no tener un conteo oficial. El único reloj en hora era el que
tenía en la muñeca. A dos minutos de emprender el cometido llamó por teléfono
mi tío Juan para saludarnos y nos avisó
que como ese año estaba lejos quería brindar en tiempo real con nosotros. Mi
vieja le dijo que que lindo gesto pero faltaban diez minutos, a lo que mi tío
le recordó que ya era el tiempo y me fueron a buscar corriendo al baño para que
salude a mi tío. Ahí cayeron que todos los relojes estaban atrasados y se
miraban los unos a los otros. En ese momento, otro año se me fue de las manos,
literalmente. Ya por el año 96 me fui a vivir solo, inventando una excusa para
tener libre la medianoche del 31 de diciembre. A mis familiares les inventé que
iba a pasarla con amigos y a mis amigos les dije exactamente lo contrario. El
plan iba de maravillas, hasta que encontré una vecina de departamento que se
quedaba sola y la familia estaba de viaje. Entre charla y charla nos contamos
de nuestra soledad y decidimos terminar el año juntos. Una idea me asaltó en
plena noche "¿Y si en lugar de la paja de San Silvestre hacía el polvo de
San Silvestre?" . El propósito era muy ambicioso pero dadas las
circunstancias era altamente probable que suceda, así fue que empecé a llevar a
mi vecina al terreno de los sentimientos, de las soledades y de la suerte de
tenernos. Llegando a las doce menos veinte la llamó por teléfono su ex,
aparentemente ella lo pasaba sola porque el tipo la había engañado y ella lo
había dejado. Las posibilidades eran dos, o la dejaba hablar con su ex y cumplía con el primer y básico objetivo de
la paja de los dos años, o esperaba a que corte e insistamos por el polvo de
los dos años. Mi ansiedad me taladraba el cerebro. Si cortaba a las doce y
cinco, sea cual fuere el resultado, la paja vería postergado un año más su
cometido, pero si lograba la paja por ahí se me arruinaba el polvo con mi
vecina y contar esto último era bochornoso e incontable. Pasó lo que tenía que
pasar, la mina cortó llorando a las doce y media, me abrazó y me pidió
disculpas y me dijo que quería estar sola. "¡La putísima madre que las
reparió!" pensé y me despedí amablemente y con una calentura mal. El año
99 me trajo una revelación, iba a ir por el reto mayor, el polvo del milenio.
Iba a unir el año 1999 con el 2000 con un polvo. Ya estaba de novio formal y
desde septiembre venía trabajando a mi chica para ir a San Martin de los Andes
a pasar el fin de año. Mis ahorros mermaron a cero y compré anillos para
anunciarle a las doce menos cuarto mi intención de casarme con ella y sin dudas
me iba a echar el polvo del milenio. El plan era un reloj suizo, iba sin
problemas, sin sobresaltos. Corría el día 31 de diciembre del 1999 a las 23:30
hs y era momento de empezar las acciones previas. Justo cuando estaba por
lanzar la propuesta que no iba a poder rechazar, a lo Corleone, mi chica me
dice "Tengo una sorpresa para vos". Temblé, pero me dije para mi mismo,
"Sea lo que sea tiene que ser lindo, y tendría que desembocar en un polvo
y todo estaría bien, de paso en una de esas me ahorro la propuesta de
casamiento y podría devolver los anillos aún sin grabar y recuperar parte de
los ahorros. "Sentate" me dijo y me vendó los ojos. Esto pintaba
mejor de lo que creía. Polvo y perversión de milenio, ahora sí el corazón se me
iba a saltar. Sentí que se alejó unos pasos y con vos suave me dijo
"¡sacate la venda!" El milisegundo previo imaginó cualquier cosa y
realmente estaba al palo. Me saqué la venda de un tirón y la mandíbula se me
estrelló contra el piso como el los dibujitos animados. "¡Sorpresa! "
gritaron los parientes de ella, una manga de gringos con los brazos llenos de
bebida y comida. "Justo mis tíos estaban en Bariloche y me costó pero los
convencí de que vengan a pasar las fiestas con nosotros. ¡Viste que
lindo!" Se me detuvo el mundo, el corazón, menos el ojo derecho que me
empezó a latir feo. Me desperté en la guardia de un hospital, u enfermero me
encandilaba con una linternita y me pregunta cosas como mi nombre, mi edad y el
día en que vivimos. Cuando me dijo que estábamos en el día 4 de enero del 2000
y que no me acordaba de nada, empecé a trazarme nuevas formas de pasar a la
trascendencia. Ya no me parecían imposibles las primeras opciones, las que
involucraban dinero, esfuerzo e inteligencia.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
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