domingo, 7 de diciembre de 2014

Intermedio.

Querido lector.
Cuando empecé esta tarea de escribir 100 entradas , me pareció lejano el horizonte. Por la entrada 20 me parecía que las ideas iban a volverse repetitiva o aburridas, o simplemente nadie leería nada. Pero al avanzar el año muchos se engancharon y me sentí mejor. Las primeras semanas el contador de visitas permanecía en cero desesperadamente. No me parecía ilógico ya que al tratarse de un desconocido podría ser normal aunque mi ansiedad me indicara lo contrario, y hoy pasamos las 2500 visitas. Se lee en lugares insospechados como India, Ucrania y Francia. Hay muchos de Estados Unidos y otro tanto de Argentina. El proyecto termina en el día cero, al reves de los demás proyectos que encaré en mi vida. Si le gustó hasta ahora, querido lector, no afloje que falta poco.
Fue un lindo año que pasamos juntos.
Gracias por estar allí.
Stay tune!!!

Panza...(el Toti, para los amigos)

jueves, 4 de diciembre de 2014

Día 17 - Masa critica (teatro)


Masa crítica

Personajes

Abogada: Aproximadamente veinticinco años, proviene de una familia de abogados y quiere hacer su propio camino, no quiere integrar el buffet familiar. Hasta ahora sólo trató divorcios y juicios laborales. Viste sobria y parece siempre tener todo bajo control.

El viajero: Edad aproximada cuarenta años, vestido neutral, no sugiere ninguna época, no se identifica con ninguna labor o profesión. En apariencia tiene una hija que se llama Valeria que supone catorce o dieciséis años, que tiene una rara variedad de leucemia, sólo curable mediante una costosa operación.

Ámbito

Sala amplia sin ventanas y con una sola puerta de acceso. Paredes gastadas y manchadas de humedad. Una sola luz cenital cuelga sobre el escritorio y una silla de cada lado a modo de sala de interrogaciones.

La obra

A oscuras se escucha el tango “Nada” por Julio Sosa.


Se ilumina la silla y se encuentra al viajero visiblemente golpeado y sangrando. Respira con dificultad, apenas se mueve. Tiene los ojos vendados y se encuentra con las manos esposadas en la espalda.
Entra la abogada, correctamente vestida llevando una carpeta en la mano. Se sorprende del estado en que se encuentra el detenido y detiene su caminar. Cierra la puerta por la que entró y se acerca con cautela. Le pasa la mano por delante de la cara un par de veces para comprobar que el detenido no ve nada. Le va a sacar la venda y cuando toca la cara del viajero este último se sobresalta y asusta a la abogada que se queda con la venda en la mano. La suelta inmediatamente y se quedan mirando, los dos asustados.

Viajero:- ¿Quién es usted? ¿Qué quiere? Déjeme salir por favor, desáteme, esto es un error.

Abogada: -(retrocede hacia la puerta intentando recomponerse) Bueno, cálmese, yo soy...

Viajero:- (cortándola rápido viendo que no hay nadie le ruega) Por favor, desáteme, lo que están haciendo conmigo es muy grave, es una terrible equivocación, pueden cambiar el curso de muchas cosas si me retienen mucho más tiempo acá sentado. Hay mucho por hacer todavía

Abogada: -Es que yo...

Viajero: -¡Por favor! ¡Déjese de hablar y suélteme! ¡En cualquier momento vuelven las bestias y empiezan de nuevo y no creo que salga vivo esta vez! Usted parece razonable... ¡LA PUTA QUE LAS PARIÓ! ¡MUEVASE MIERDA! ¿QUE CARAJOS ESPERA?

Abogada: -(recomponiéndose y tratando de hacerle saber quién tiene el control) A ver, a ver si nos entendemos. Veamos la situación. Según los agentes, se le encontró solo y vagando por la calle con una valija llena de dólares de dudosa procedencia. Al momento de detenerlo, no posee documentación alguna que acredite identidad y de acuerdo a nuestros registros, no tiene antecedentes policiales ni nadie que lo reconozca. Para nosotros es un anónimo, un indocumentado, un nadie. Pero por otro lado, nos llena de intriga este insólito cargamento de dinero que estamos intentando rastrear. Tarde o temprano algún cabo suelto va a revelarse y su actitud no le va a servir de nada. ¿Por qué no colabora con nosotros? Veo que los muchachos no lo trataron muy amablemente. Todo, absolutamente todo tiene una razón, hasta su silencio. Pero también quiero que sepa que los cuerpos a la larga se quiebran y lo oculto termina por salir a la luz. Estoy aquí sólo para ayudarlo, pero necesito que confíe en mí.

Viajero: - ¿Confiar? ¿Usted me miró de cerca? ¿Le parece que puedo confiar en usted y su gente?

Abogada: -Entiendo que esté molesto...

Viajero: - ¿Molesto? ¡Estoy golpeado!

Abogada: -Está bien, entiendo su posición...

Viajero: -Por favor, le pido por favor, Libérenme, hago un llamado por teléfono y después les digo todo lo que quieran saber.

Abogada: -Pero eso que usted pide es imposible.

Viajero: -Tengo derecho a una llamada, usted lo sabe bien abogada.

Abogada: -En circunstancias normales sí, pero es mucho el dinero que usted traía consigo, y al no tener una acreditación de identidad hasta los organismos internacionales están preocupados.

Viajero: -Abogada, no me tome por estúpido. Mire la pocilga donde me tienen encerrado y explíqueme como un organismo internacional puede estar preocupado...

Abogada: -Esto es más serio de lo que parece, aunque usted lo dude, y le aseguro que se puede poner peor. Le pido por favor que colabore. Vamos a empezar por el principio, ¿Cómo se llama usted?

Viajero: - Mi nombre no le va a decir nada, para ustedes no existo al menos como persona, y mientras más me retenga, peor va a ser para todos.

Abogada: -No está colaborando, y no puedo seguir hablando si no tengo como nombrarlo, es lo básico, es lo primero que recibimos aun antes de nacer, es....

Viajero: -Pedro.

Abogada: -¿Cómo?

Viajero: -Pedro, dígame Pedro si tanto le incomoda hablar con un nadie.

Abogada: -(buscando algo para anotar) ¿Pedro qué?

Viajero: -Pedro, nada más.

Abogada: (sacándose los lentes)- Como quiera ¿Pedro? ¿A que se dedica?

Viajero: -¿Que espera que le diga? ¿Que trafico drogas? ¿Que vendo órganos? Que más da...si le digo que soy un accidente del destino y que voy y vengo por el tiempo como le dije a los agentes ¿también me va a pegar y amenazar?

Abogada: - (intentando no sumarse al discurso del viajero) Yo no espero nada, sólo cálmese y hablemos. Déjeme ayudarlo.

Viajero: - Si de verdad quiere ayudarme, suélteme, puedo hacer mucho por usted, más de lo que cree. Sólo tiene que confiar.

Abogada: - Usted sabe donde estamos ¿no? ¿Sabe que lo que me está pidiendo es una locura? Vamos a pensar un poco y a razonar.

Viajero: - ¡Razonar! ¡Le parece razonable detener a una persona libre y pegarle sólo porque llevo un bolso con dinero! Dígame ¿dónde está el delito? ¿Qué hice de malo? ¡Usted es abogada! ¿Por qué no hace su trabajo y me defiende?

Abogada: - (gritando) ¡Porque usted no me deja hacer mi trabajo! ¡No me ayuda! ¡No me da un dato coherente! ¡No me dice ni siquiera su nombre real! ¡Y encima pretende que me trague la historia del viaje en el tiempo para juntar dinero para su hija!

Viajero: -Nunca le dije nada de mi hija... ¿cómo supo?

Abogada: -....

Viajero: - (gritando) ¿¿Cómo carajos supo lo de mi hija??

Abogada: -(revolviendo la carpeta buscando) Acá en el expediente debe estar, en algún lado lo leí, algún agente lo debe haber mencionado...

Viajero: -(cambiando, reflexivo) Entonces, finalmente me soltaron, o me escapé...

Abogada: - ¡¡Acá está!! Lo declaró y lo anotaron. Acá dice clarito, “Se le encuentra en posesión de un bolso cuyo contenido es una suma considerable de dólares superior a los cuatrocientos mil dólares en efectivo, que según declara el acusado son para la operación de leucemia de su hija menor”

Viajero: - (casi llorando) ¡Hijos de puta! ¡Nunca declaré eso! ¿Cómo lo saben? ¿¿Por favor dígame qué sabe y prometo decirle todo??

Abogada:- ¡Cálmese por favor! ¿No se da cuenta que esta actitud suya nos deja siempre en el mismo lugar? Si consta en el expediente, significa que usted declaró estas palabras, no las inventó el agente que conversó con usted.

Viajero: - Por favor, déjeme llamar por teléfono. Es sólo una llamada y luego soy todo suyo.

Abogada: - Imposible, ya se lo dije.

Viajero: -¡Entonces llame usted! Le doy un número y llama usted. ¡Por favor!

Abogada: -Me está poniendo en un compromiso, no me puede pedir eso.

Viajero: -Tiene Razón. (Resignado) Olvídelo.

Pausa incómoda.

Abogada: - Voy a concederle sólo eso. Marco el teléfono que usted me dicta, y me dice que espera que escuche del otro lado. ¿Si?

Viajero: - Marque este numero por favor 01143357656 y luego sólo pregunte si Valeria está bien.
No lo anote en ningún lado... ¡memorícelo por favor!

Abogada: -¿Quién es Valeria? ¿Por qué tengo que preguntar si está bien? ¿Qué le pasa a Valeria?

Viajero: - Valeria es mi hija, sólo quiero saber si está bien nomás. Sólo eso. ¿Puede ser? ¿Memorizó el número?

Abogada; - Está bien, pero si aparece alguien yo corto y no hago nada más por usted. ¿Si?

Viajero: -Está bien. (Abatido) de acuerdo.

Abogada: -Repítame el número.

Viajero: - 01143357656

Abogada: - (tratando de memorizar repite en voz baja el numero varias veces. Le pregunta con un gesto de la cara al viajero quien asiente o niega según ella le va diciendo el número) Listo. Ya lo tengo. Pregunto por Valeria, escucho la respuesta y corto, nada más ¿eh?

Viajero: -Está bien, pregunte si ella está bien, después haga lo que quiera.

Abogada: -(saca un celular) Cero, once...

Viajero: -No, no llame desde un celular. Llame desde un fijo. ¡Sino queda registrado!

Abogada: -Que más da. Ya lo tengo marcado, memorizado, puedo hacer lo que quiera.

Viajero: - …

Abogada: - ¿De quien es este número? Se da cuenta que puedo rastrear fácilmente la dirección y a nombre de quién está la línea...eso me llevaría a saber más de usted en sólo minutos... (Se para enérgica y se dispone a salir. Cuando llega a la puerta se detiene y mira al viajero) ¿Éste número no existe verdad?

Viajero: - (se ríe)

Abogada: - ¿Usted es idiota? ¿Qué pretende con esta estupidez? ¿Eh?

Viajero: - (se ríe más fuerte aún)

Abogada: - (Deja el celular y comienza a apretar el cuello del viajero que no para de reírse) ¡Deje de tomarnos el pelo y hable! ¿De donde sacó tanto dinero? (a los gritos) ¿Por qué no colabora, por qué no nos cuenta que pasa, quien es y que carajos quiere?

Viajero: - (Ríe con mucha fuerza y dificultad, le resulta difícil seguir respirando y empieza a convulsionar)

Abogada: -(se da cuenta que se excedió y lo suelta violentamente tropezando con el escritorio. Retrocediendo cae al piso mientras el viajero convulsiona violentamente) ¿Que le pasa? ¿¿¿Que le pasa??? (Hacia afuera) ¡¡¡Guardias!!! (Se acerca y como puede le suelta las esposas de las manos. Confundida lo mira y al no saber que hacer mira hacia la puerta. Cuando está a punto de gritar de nuevo el viajero le toca el hombro. La abogada se sobresalta y al retroceder cae y se queda mirándolo)

Viajero: - (con mucha dificultad, casi susurrando la llama) Venga...venga por favor que no me queda mucho tiempo.

Abogada: -(dudando que sea otra estrategia del viajero no se acerca. Mira hacia afuera nuevamente y notando que la dificultad para respirar se agrava decide acercarse cauta)

Viajero: -Veeeenga...Por favor...es importante.

Abogada: -(torpemente se acerca y a distancia prudente se resguarda alerta) Dígame, Pedro, ¿qué le pasa?

Viajero: - Mi nombre real es Pedro, de verdad (tose ruidosamente) Escuche atentamente lo que le voy a decir.

Abogada: -(acercándose cautelosa le presta atención) Dígame, por favor. Siga hablando lo escucho.

Viajero: - Es importante que el dinero le llegue a mi hija...

Abogada: -Pero ya le dije...

Viajero: -(cortándola) Escuche bien, ya sé que no puede hacer nada, esta bien. Me ganó, le voy a contar todo, no puede haber otra forma. (Con dificultad) Mi nombre es Pedro, y mi hija es Valeria. Ella sufre un raro caso de leucemia, y la única forma de curarla es haciendo una operación difícil y cara. El dinero que junté es para eso...

Abogada: -Pero...

Viajero: - Esta es la parte increíble de la historia, yo descubrí una grieta en el tiempo, y puedo viajar cuantas veces me permita el cuerpo, siempre y cuando no altere nada, no debería haber grandes cambios, (tose fuerte) Descubrí que haciendo algunas maniobras pude multiplicar mis ahorros hasta conseguir la cantidad necesaria sin tener que robarle a nadie, especulación, compra de dólares,de todo…lo que pude juntar que es lo que hay en el bolso.

Abogada: -Pero es una locura, eso es imposible, usted delira.

Viajero: -(agarrando fuertemente a la abogada del brazo) No sea imbécil, ya pasé por esto muchas veces. Llame al número que le di y pregunte por Valeria, ella sabe todo esto. Para ella es un cuento pero no puede ser más cierto...Llame por favor, dígale que estoy acá, ahora...¡¡Llame!!

Abogada: - ¡Voy a llamar a los guardias! ¡Esto se salió de mi control!

Viajero: - ¡Llama a los guardias y nunca se va a perdonar que Valeria se muera igual que su hija!

Abogada: - (congelada en una pieza.) ¿qué dijo?

Viajero: - (la mira fijamente sin decir nada)

Abogada: - (reaccionando violenta) ¿Como supo de mi hija? ¡Dígame, como sabe!

Viajero: - ¡Suelteme por favor! ¡No hay mucho tiempo!

Abogada:- ¡Ah, ya sé! Improvisó, eso...Tiró un dato al azar y yo caí como una imbécil. Quiso arrastrarme a su juego, pero se equivocó conmigo.

Viajero: - (trata de levantarse pero resbala y se cae atado a la silla) (la abogada retrocede hacia la puerta y empieza a gritar) ¡Basta! No estoy inventando nada. ¿Cómo quiere que adivine que su hija de tres años murió de leucemia? ¿Cómo quiere que adivine que su familia la odia por no formar parte del prestigioso buffet “Lima y asociados”? ¿Cómo hago para convencerla que no estoy mintiendo?

Abogada: -(algo se le rompe adentro y se sienta en el piso) (casi inaudible) ¡es imposible! ¡ud no puede saber eso! ¡Ud no puede! ¿cómo puede ser?

Viajero:- Por favor...no se engañe más. Sueltemé pero ahora...Ud sabe que no pude haber inventado todo esto.

Abogada:- Ud, no inventó nada... ¡ud no inventó nada! Simplemente escuchó a los guardias, o leyó mi legajo, o alguno de sus cómplices le pasó datos. (se levanta del suelo con dificultad) Ud ató cabos y ahora juega conmigo. (el rostro se le desencaja) ¿Qué quiere usted de mí? ¡Dígame qué quiere usted de mí!

Viajero:- (desde el suelo levantando la cabeza) Quiero que llame a mi hija Valeria, que pregunte si está bien y nada más...

Abogada: - (lo agarra del cuello y le grita) ¿Quien se piensa que soy? ¿Quien cree que es usted? No le voy a permitir nunca más que mencione a mi hija entendió. Juegue con lo que quiera pero meterse con mi familia fue demasiado lejos. ¡Fue muy lejos esta vez!

Viajero:- (tratando de explicar casi ahogándose) Yo soy...yo soy....(tose estruendosamente)

Abogada:- (Tomando fuertemente del cuello al viajero) ¿Quien es usted? ¿QUE QUIERE DE Mí?

Viajero:- (convulsiona y finalmente se desvanece en manos de la abogada quien lo suelta brusca y cae sentada

La abogada creyéndolo muerto y casi a punto de gritar mira alrededor desencajada. Todo lo que pasó le resulta increíble, la historia de Pedro, su desvanecimiento, su hija si es que existe...Toma el celular y ve registrado el número que le dictó Pedro. Confundida lo marca. Suena un largo rato. Respira agitada. Cuando está por cortar la atienden.

Abogada: -(al borde del grito)Si hola. ¿Hablo con la casa de Valeria? Soy la abogada de su papá, Pedro. ¿Valeria? Ahh hola....si tu papá está acá....no, no puede hablarte ahora, está...ocupado. Decime lo que quieras decirle que yo se lo digo...no puedo pasarte con él, de verdad, recién salió...(se quiebra y empieza a llorar) Si...yo le digo que lo querés mucho y que vaya lo más rápido que pueda....Valeria ...Pedro me preguntó como estás...ahh, bueno...Si algo me contó...si, yo le digo... (poniéndose aun peor) ...Si no te preocupes, yo le digo que vaya cuando pueda...ahhh Valeria, una cosa más, me dijo que te diga que él está acá (con un nudo en la garganta) en la policía...no no hizo nada malo, le estábamos preguntando cosas y se sintió un poco mal...¿la dirección de acá?....sí, anota, Alem 1465. ..¿Anotaste?...yo le digo... (Se corta la comunicación)

El viajero convulsiona violentamente y la abogada se sobresalta. Lo siente respirar fuerte y con dificultad y sale gritando por los guardias.

Apagón.

Vuelve la luz y la abogada está sola en la escena.
Mira el lugar y no entiende bien lo que pasó.

Desde afuera, se escucha un fuerte portazo y corridas, se abren y se cierran puertas rápidamente. Murmullo in crescendo hasta hacerse insoportable. La abogada se acerca a la puerta y grita.

Abogada: -¡Qué pasó! ¿Por qué tanto ruido?

En off un agente: -Desapareció el hijo de puta... ¡Desapareció! ¡Lo dejamos sólo en la enfermería y desapareció! ¡Y el dinero también!

Abogada: -(mira su celular, desesperada llama al último número marcado y suena varias veces.)

(Audio en Off de celular): - El número marcado no corresponde a un abonado en servicio, por favor...

La abogada corta y tira el teléfono al piso destrozándolo.

Apagón.

Fin.

Día 18 - Revisación médica periódica (final)

Ya estaba de nuevo en la sala de espera con mi planillita arrugadisima y con manchas de diversos tonos ocre. Débil y con hambre, opté por sacarle la birome y los bizcochos a un zombie que yacía en la puerta de entrada. Tenía el aspecto de estar tirado hacía días por el aspecto de los bizcochos que tenían reservas de penicilina para un año o más. Me estaba acercando cuando de repente un rayo de luz iluminó la planillita del desdichado y comprobé con sorpresa que estaba casi completa. Me improvisé con unos bajalenguas que le afané a Igor que los usaba para sacarle dulce de leche a las facturas. Aprovechando la pegajosidad, y con mucha paciencia, logré sacar muy muy despacito la ansiada planillita. Cuando la tuve en mis manos vi que solo le faltaba el casillero 8. Mi corazón debilitado por la radiación parecía que iba a partirse en cualquier momento. Cuando estaba al borde del infarto, tronó el parlante sobresaltándome. Algo incomprensible sonó parecido a mi apellido seguido de una tuberculosa catarata de palabras mal articuladas. Antes que el moribundo despierte, me escurrí al ritmo de los "Permisos" que iba recitando como un apócrifo padrenuestro. Gané la puerta e Igor me miró desconfiando. Oculté los bajalenguas en las mangas con repulsión por los restos de dulce de leche pegado. "¿Qué le falta?" gruñó seco Igor. Miré la planillita que Igor me arrancó de un tirón. El grotesco rostro de Igor se deformó hasta lo imposible. Arqueó ambas cejas como como dos corchetes borroneados con alcohol. Sos ojos estaban literalmente desorbitados y surcados de gruesas trazas rojas. Me miró temblando y me dejó la planillita en la mesita de  recepción. Con el dedo índice señaló un consultorio que parecía haber estado cerrado por siempre. La puerta tenía un 8 acostado como si fuera un infinito. Algo no estaba bien. "¿Qué le pasa?" le pregunté a Igor que se ponía verde a cada minuto. "Nunca nadie llegó al consultorio 8" murmuró Igor, Por primera vez vi gestos humanos en su cara. "Vaya" insistió...y tiró sal gruesa adonde yo había estado parado.
Fui hasta la puerta y cuando estaba por golpear se abrió lento con un chirrido de madera vieja, como en los sótanos de las películas de terror. Una luz desde el fondo me cegó. La silueta de algo parecido a un ser humando de dimensiones anormales, se recortaba con dificultad. "¡Bájese los pantalones y los calzoncillos! ¡Y deje la planillita en el piso!" bramó algo desde el fondo de la habitación. Mientras me sacaba la ropa, se escuchó que el doctor abrió un cajón ruidosamente y se sintió un ruido a látex reseco. Se acercó lentamente fumando un destartalado cigarro armado. "¡Mire al costado!" mugió, y me puso un dedo en la ingle. Tuve por momentos la sensación que me iba a colgar como un pedazo de carne. "¡Tuesa!" ordenó el galeno. Mi cabeza procesó la palabra y al segundo le ordenó al cuerpo ponerse en posición de carcajada."¡Tuesa!¿Es sordo o pelotudo?" insistió. El cuerpo me convulsionaba en silencio y las risas se manifestaban como un ataque epiléptico. "¡¡¡TUESA!!! remató el doctor mientras me  levantó en el aire literalmente. No pude más. Estallé en risas, explícitas, fuertes, y finalmente una ráfaga de toses y flatos. El doctor me soltó y con asco tachó el cuadrito vacío de la planillita y la hizo un bollo.
"¡Vaya! ¡Así no se puede hacer ningúna revisación!" y diciendo esto último, sacó un encendedor de bencina y prendió fuego la planillita. Desde el piso, desnudo, dolorido y sin aire, me subí como pude los pantalones y los calzoncillos. Me arrastré hasta la salida que daba a la sala de espera y aprovechando el estado catatónico de Igor, taché todos los controles dándome por aprobado. Rengueando me estaba yendo cuando el zombie al que le robé la planillita me cortó el paso poniéndose en la puerta. "Cagué" pensé, se avivó que le robé. Me miró tres largos minutos y gruñó "¿Qué día es hoy?". "¿Cómo?" contesté. Me agarró del cuello de la camisa y repitió "¿Qué día es hoy?". "¡Martes!" me apuré, "¡Martes 18 de junio!". Me mostró mi planillita, me miró a los ojos y resoplando me dijo "¡No termino más esta revisación de mierda! Gracias pibe." y se acostó en el piso de nuevo.
Lo salté y me fui para no volver nunca más a revisarme allí.

martes, 2 de diciembre de 2014

Día 19 - Revisación médica periódica (parte III)

Cuando volví a la sala de espera, el número de zombies había disminuido notablemente. Sólo había 10 de ellos desparramados en los bancos de fibra. Busqué un lugar libre para poder esperar un nuevo llamado. A medida que iba bramando como un mugido ocluso, el parlante parecía desarmarse a cada llamado. Empecé a entender casi sin dificultad que nombres pronunciaba, y veía como los zombies sacudían perezosos sus cabezas y se miraban entre sí parasaber a quien le tocaba el turno y sobre todo en qué consultorio. Cuando sonó algo parecido a mi nombre, me aproveché de mi insomnia y me adelanté con algo parecido a un salto y entré al pasillo antes que Igor me trate de tacklear. Avancé en la penumbra hasta la puerta entreabierta. Tenía un número 5 pintado con desgano. Entré y me encontré un aparato antediluviano de sacar radiografías. El técnico apareció de la nada vestido como uno de los ricachones de la película Hostel, esos que torturaban gente. "Saquese rápido la camisa, así podemos hacer la placa lo antes posible. El equipo tiene pérdidas y la radiación es alta." Dijo esto y se metió en una especie de cabina telefónica forrada en plomo. Por un parlante cónico, sonó la voz del técnico. "Apúrese. Cada minuto que pasa acá son dos años de vida menos." Y un agudo silbido cruzó la habitación. Se prendió una luz roja que giraba y la voz dijo "Ponga la pero en la placa frente a usted, apoye el pecho. Pongasé las manos en la cintura y apoye los codos en la placa....¡Rapido!" La posición que  me proponía el técnico era imposible. La placa estaba helada y los codos no los podía apoyar ni por joda. "¡No se mueva!¡No respire!" Terminó de decir esto el técnico, y sobre la placa apareció una cucaracha del tamaño de un control remoto. Se movió rápido hasta ponerse a oler mi pezón. Traté de espantarla soplando. "¡NO SE MUEVA!" Gritó el parlante, y se escuchó un ruido metálico similar a una persiana cerrándose con fuerza. "Respire" dijo el parlante y con un manotazo espanté la cucaracha. Mi corazón estaba por explotar, no sé si por la radiación, por el frío de la placa o la impresión que me dio la cucaracha. "¡Vístase y retírese rápido!¡ La planillita está en el piso!" y por debajo de la puerta de la cabina antirradiación el técnico me pasó la planillita. La agarré con prisa y salí al pasillo corriendo mientras me abrochaba la camisa. Con una taquicardia impresionante y bañado en sudor frío, comprobé que tenía firmado el consultorio 5 (radiología) y misteriosamente tenía firmado el consultorio de oído y vista.
Lo que nunca dejó de ser un misterio, fue el alto grado de casos de empleados con una extraña mancha en el pulmón.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Día 20 - Revisación médica periódica (parte II)

Aliviado al menos en forma temporal, me siento como puedo en una incomoda silla plástica. Ya los primeros rayos de sol auguraban el buen día. Me acomodé como pude y empecé a llenar la planillita que incluía una detallada declaración jurada donde constaba mis antecedentes médicos, operaciones y tambien datos triviales como si tenía hábitos perjudiciales como las drogas o el alcohol o si tenía poluciones nocturnas y detallar cantidad y consistencia. Por las dudas llené todo pero tratando de acercarme a la media, sin sobresalir por nada. En una palabra, la declaración jurada fue una mentira total.
Me encontraba en esta etapa cuando una fuerte descarga hizo retumbar a la horda de zombies. Fue como un trueno en cuatro sílabas semiarticuladas. Luego de tres segundos se repitió la secuencia con volumen en ascenso. Allí se podía adivinar al final de la secuencia un número. Sonaba como un "GGSSSGGREAERRNANNNNGGRREZZZRRREALLLTORRRRCEEEEE" (con mucho esfuerzo de imaginación sonaba como "Fernandez al catorce") Uno de los zombies se paró y se fue tambaleando por la puerta vaiven. Ahí entendí que por el desconchado parlante, alguien te llamaba a algun consultorio identificado con un número y corroboré con la planillita que al final de cuentas se trataba de una hoja de ruta. La bioquímica estaba identificada como consultorio 4. Más o menos con una frecuencia de un llamado cada 2 minutos, los zombies iban circulando en orden totalmente aleatorio. No había correlación entre el trueno del parlante y los apellidos de los pacientes quienes acudían segun se despertaban. Al próximo llamado, gané la puerta vaiven y me mandé al consultorio 2 que estaba identificado como Electrocardiogramas. Cuando abrí la puerta, en la camilla descansaba el médico en semipenumbras, cuando le dije permiso se sobresaltó y cayó al piso. En el camino arrastró el electrocardiógrafo y se escuchó un estruendo. Dos enfermeros entraron con la ropa descamisada, revisaron el lugar y descubrieron al medico en el piso aplastado por el electrocardiógrafo. Uno de los enfermeros se llevó al médico y otro se llevó el electrocardiógrafo. Me quedé solo por un rato, anonadado y sorprendido. Por fin entró la mujer del servicio de limpieza y cuando me vio dio un salto y me apuntó con la escoba "¿Quién mierda es usted y qué hace acá?" me ladró en guaraní...Yo retrocedí y le mostré la planillita, y le dije que estaba en revisación periódica. Bajó la escoba, se persignó y me miró con lástima. Buscó en la basura un electrocardiograma, lo alisó me dijo que lo firme. Mientras lo hacía me sacó la planillita y tachó el casillero numero 2 marcado como Electrocadiograma.Me lo dio junto con un billete de 5 pesos y me señaló con la escoba la salida. Murmuró algo incomprensible como si fuera la oración para curar las quemaduras y hacía cuernitos con los dedos de ambas manos apuntando al piso. Me fui a la sala de espera.
Ya faltaba menos...
continuará.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Día 21 - Revisación médica periódica (parte I)

El otro día vino el capataz y nos señaló con el cigarrillo. "Che...¿A quién le falta la periódica?" gruñó. "¿Qué es la periódica?" pregunté, y el tipo anotó algo en una planilla y se fue por donde vino. Los demás obreros se me rieron mucho y dos de los más viejos me palmearon la espalda mirando el piso. "Boludos...¿que es la periódica?" insistí. "Ya te vas a enterar cuando te revisen el libro..." fue toda la respuesta que tuve. Casi cuando nos estábamos yendo, y el tema casi olvidado, el capataz me dio un papel que decía "presentarse en ayunas a las 6 de la mañana en servicio médico". Ahí respiré aliviado. Nunca estuve tan equivocado.
Como cualquier hijo de vecino fui al servicio médico en ayunas y sin orinar, como indicaba la planillita. En la sala había como treinta personas esperando en estado semivegetativo. En plena semipenumbra me acerqué a la ventanilla y esperé a ser atendido, como decía el cartelito escrito con birome. Tras 10 largos minutos le di dos o tres golpecitos tímidos al vidrio. Nada sucedió. Aumenté la fuerza de los golpes, y el número de los mismos y los zombies gruñeron en consecuencia. De la nada salió algo parecido a un enfermero. "¿Que pasa?" preguntó seco. "Vengo a la revisación periódica" dije. "¡Legajo!" gritó el hijo de puta y la monada me chistaban como un desafinado coro de búhos asesinos. Se lo dije y el cuasimodo desapareció atras de una enorme pila de carpetas. Desde el fondo de la galería gritó "¡Sientese! ya lo van a llamar". Así lo hice, como pude, escondiéndome en la multitud somnolienta. Esperamos como pudimos, aguantando las ganas de orinar. Hasta que no pude más y me acerqué de nuevo a la ventanilla y empecé a golpear de nuevo, ganándome el descontento de la negrada. Cuasimodo me hizo pasar de mala gana y me dio un tarrito del tamaño de un danonino. "El primer chorrito afuera y el resto en el tarrito, por la cascarria viste...". Con semejante data me fui al baño. Tenía en una mano el tarrito, en la otra mano una planillita para completar con datos, el inodoro estaba cerrado y no había nada seco donde apoyar nada. Mordí la planillita, me bajé el cierre con la mano libre, con el pie levanté la tapa y haciendo un número acrobático, destapé el tarrito con el cachete. El primer chorrito salió bifurcado, dando de pleno en mi antebrazo y en mi zapatilla derecha. Primer parte concluida. Ahora había que embocar. Corrijo la mira y el chorro se unifica dando de pleno en la pared y salpicándome lo que restaba de las zapatillas. Emboqué un miserable chorrito en el tarrito y lo tapé como pude. La planillita tenía una horrible aureola de saliva. El tarrito transpiraba orina, y yo estaba hecho un asco. Salí del bañito y la bioquímica me miró con desprecio. Me señaló con el mentón una mesa llena de tarritos rebosantes de meada. Lo coloqué entre los demás recipientes y me senté en una silla que tenía un apoyabrazos. "Apoye" me murmuró la bioquimica y me señaló el brazo con el mentón. Hice lo debido, y la mujer me ató el brazo con una goma de gomera. Me ordenó cerrar el puño y se fue a buscar una jeringa. El brazo comenzó a ponerse azul. Cuando se le ocurrió, volvió con una jeringa inmensa. "No mire si le impresiona...¿sabe?" me dijo con voz cavernosa. Me hice el macho y miré. Cuando me entró la aguja se me puso todo nublado. Me dio un mareo impresionante pero me la banqué como un heroe. Cuando me sacó la goma del brazo me puso un algodoncito del tamaño de un arroz. Me paré y salí al pasillo victorioso con la planillita con dos casilleros tachados...Sólo me faltaban nueve más.

continuará....

martes, 25 de noviembre de 2014

Día 22 - El día que Anaconda formó parte del pesebre.

Corrían los años 90 y el Padre Mario siempre organizaba los pesebres de la Parroquia Inmaculada Concepción. Cada año iba agregándole alguna  cosita extra cada año que lo volvía original y atractivo. Una vez le puso musica en vivo tocada por unos chicos del norte que hacían maravillas con la flauta dulce. Otro año, a la hora del nacimiento de Jesús hizo tirar una bengala que iluminó el pesebre por 2 minutos mientras duró el coro cantando Aleluya.Sin dudas, el Padre Mario ponía su corazón en cada presentación. La presentación del año 90, iba a ser especial. Tendría que esmerarse ya que tanto se había corrido la voz que el Obispo en persona quería presenciar la ceremonia. El padre estaba más nervioso que nunca, nada debía fallar.
Por aquel tiempo, Genaro el ahijado de Anaconda, era monaguillo y ayudaba al Padre Mario en todo lo que le pedía, conseguía cosas imposibles y le sacaba una sonrisa en las situaciones mas adversas. Tan así fue que al Padre casi se le infarta su anciano corazón cuando se enteró un día antes de acto, que la actriz que iba a ser la virgen María se contagió de hepatitis y no podría representar ese papel. El Padre estaba deshecho cuando se le acercó Genaro y lo escuchó paciente. No sabía como disculparse ante la comunidad el pobre párroco cuando Genaro le dijo que su madrina era actriz y sabía la letra ya que lo había ayudado a preparar los guiones y las luces. Le contó que tenía 23 años y vivía cerca de la Iglesia y que ese sábado no tenía nada planeado ya que siempre iba a aplaudir a su ahijado favorito. "¡Llamala rápido!" le dijo el padre y el niño agarró el pesado telefono negro de la iglesia y llamó. El cura ansioso le hacía gestos con la cara como preguntandole al niño que pasaba, y éste arrugaba la frente y levantaba las cejas murmurando porfavores y gracias. Cortó y le hizo una seña afirmativa al padre quien lo abrazó como para sacarle los ojos de las órbitas, y se fue a preparar las invitaciones. Genaro dijo "Mi madrina viene justo sobre la hora porque tiene que trabajar, pero llega bien."."Llevale el traje y que se lo mida, cualquier cosa que lo traiga para arreglarlo si le queda muy largo". Genaro terminó de repasar los guiones y los efectos de sonido y se fue a la casa de su madrina a llevarle el traje.
Al otro día temprano, hubo un cambio de planes. Al pesebre lo iban a montar en un semirremolque que alquiló el obispado para pasear la escena por las calles de la ciudad, así todos iban a poder disfrutarlo. El padre, más nervioso que nunca, repasó cada detalle y llamó por enésima vez a Genaro para recordarle el compromiso de su madrina.
Diez minutos antes de emprender la caravana, el padre Mario había masticado todas las velas de la iglesia. Estaba todo en su lugar y montado pero la virgen María venía con retraso. Cuando estaba a puto del infarto, dobló la esquina Anaconda vestido de virgen corriendo a todo lo que le daban las piernas. En el apuro, el padre lo subió al semirremolque y se fue al lado del chofer del tractor para indicarle el recorrido. Anaconda se acomodó como pudo y Genaro le alisó el traje. La caravana partió por las calles. La gente les tiraba flores y los niños del coro iban caminando mientras cantaban villancicos. Anaconda estaba emocionadisimo. Llevaban un bebé de verdad que hacía las veces de Jesús. Cuando pasaron frente al Obispo, Anaconda se puso de pie mientras la caravana aminoraba la marcha. Le mostró al Obispo la ternura del niño que llevaba en brazos. En eso una rafaga de viento le embolsó el traje y se lo levantó hasta los hombros enganchándose en la cabeza del bebé. El Obispo no podía creer lo que veía. En pleno pesebre una especie de fantasmagorica presencia ofrecía su sexo a la comunidad rodeado de figuras celestiales y enmarcado en un coro de niños que cesaron de cantar. El tractor hizo un sordo ruido y emanó una bocanada de humo espeso. Anaconda luchaba con el traje mientras gritaba como un hombre "¡pendejo de mierda! ¡soltame la pollera!" y lo sacudía de un lado a otro. Al padre Mario le empezó a latir un ojo, luego quedó duro, con la boca torcida. El Obispo empezó a rezar con los ojos cerrados,  San José, empezó a vomitar en el pesebre, los angelitos gritaban. Finalmente el traje cedió mientras la madre del niño se lo arrebató violentamente de las manos a Anaconda quien de un salto se bajó y se fue corriendo con Genaro por las calles más oscuras. Corrieron mucho, sin parar. Cuando ya no les dieron más las fuerzas, pararon. El corazón les iba a reventar en cualquier momento. Genaro, agitado y con los ojos desorbitados lo miró a Anaconda y le dijo "Madrina, ¿vos tenes pito?" . "Si Genarito." le dijo comprensivo Anaconda. "¿Por?". "Porque la operación está cara Genarito" concluyó Anaconda. Y se fueron a tomar el 147 rojo.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Día 23 - El Cotolengo San Jorge

En el sur de la provincia de Santa Fe, por el año 1920, se inauguró el Cotolengo San Jorge. El proyecto nació de la mano de Jorge Salcedo, un prestigioso psicopedagogo que al final de su carrera profesional decidió dedicarle su tiempo a la tercera edad. A lo largo de sus estudios comprobó que manteniendo la mente en una sucesión de rutinas simples como el trabajo manual, mantenían a la cabeza lejos de brotes psicóticos o desvaríos. Pudo afirmar que éstas rutinas mantenían al ser humano ocupado libre de la responsabilidad de elegir y anulando su poder de reacción, pero como contraprestación, podía insertarse de forma productiva en la sociedad sintiéndose útil y activo. Con las necesidades básicas satisfechas, el peligro de la rebelión se vio aplacado en su totalidad. La tarea que realizaban en el cotolengo, era el armado de autitos de madera. Se ensamblaban las piezas y luego las pintaban a mano y ponían en una bolsita plástica.  Los paquetes salían semanalmente del cotolengo y a los días recibían materia prima para seguir con la faena. El Cotolengo funcionó con un éxito singular durante ocho décadas ininterrumpidas. Jorge Salcedo falleció viendo que su tarea estaba en buenas manos.
Un estudio posterior, reveló que el modelo implementado por Salcedo se repetía a lo largo de la provincia. En Theobald, funcionaba el hogar de Niños Galletti, que implementaba la modalidad de taller desarmando autitos en mal estado y rescatando o reacondicionando las pequeñas piezas de madera lijando y limpiando la materia prima que sería enviada a los talleres especializados que iban a construir juguetes para los chicos carenciados. Marco Galleti, desapareció sin dejar rastros casi cuando se conoció la muerte de Salcedo. Por otro lado, un economista radicado en Córdoba, hacia el año 1890,anunciaba un modelo de sometimiento del empleado reduciéndolo a poco menos que un esclavo, quien fue repudiado y expulsado de la provincia sin dejar pistas ni paradero. Cuentan también que los industriales más prestigiosos contactaron al economista cordobés y lo alentaron a implementar dicho modelo de trabajo. Por los años 80, era todo un éxito, se empleó en forma experimental en automotrices e industrias textiles con gran éxito. Nunca se pudo comprobar la existencia de Salcedo, ni de Galletti ni del economista cordobés.
Hasta hoy todo sigue igual que en aquellos días.
O peor.

Día 24 - Un artista en potencia

Corría el año 1932 cuando la familia Umansky emigró de su Polonia natal a los Estados Unidos de América. Llevaron consigo sólo lo puesto y un poco menos con la promesa de una vida mejor en la tierra de las oportunidades. Consigo, llevaron a Iván, el único hijo que la pareja tuvo y que sufría de agorafobia y stress traumático a causa de los bombardeos constantes. Iván tenía por aquel entonces 12 años. Lo unico que calmaba los repentinos ataques de ira , era la música. Su padre paciente lo calmaba tocando valses y polkas que distraían al muchacho de las atrocidades de un mundo en ruinas. En el viaje se extravió el pequeño acordeón que acompañaba los vaivenes de la familia y entonces Iván entró en una crisis permanente que le duró hasta que encontró unos tarros que contenían restos de pintura en un galpón de la casa que ocuparon los Umansky. Su fascinación por la pintura fue increscendo con los días, pintaba con las manos paisajes, animales y ambientes cotideanos que lo calmaban y hacían mejor la convivencia . Fue entonces que el padre consiguió un buen trabajo en una siderurgia y la vida fue más llevadera y holgada. La mamá de Iván, vió el potencial artístico que tenía su hijo y le compró delicados pinceles para facilitarle así la tarea de pintar y gastó un buen dinero en telas enmarcadas ya que hasta entonces, Ivan pintaba en el piso o en las paredes de la casa.
Grande fue la desilusión cuando Iván rompió los pinceles en mil pedazos y entró en crisis nuevamente. Las telas fueron manchadas con grandes salpicaduras arruinándose por completo, los pomos de óleo fueron aplastados sin piedad y la crisis volvió a estallar. El tratamiento psicológico y la posterior internación de Iván , les llevó los ahorros y la energía a los Umansky quienes tuvieron que vender lo poco que tenían para poder vivir. Una tarde de marzo, Iván falleció consecuencia de una sobre estimulación que lo derivó en un paro cardiorespiratorio. Su debilitado corazón no resistió una crisis más.Como era habitual, lo habrían enterrado en la fosa comun del Hospital psiquiatrico. Los Umansky se encerraron para siempre y pusieron en venta las pocas pertenencias de Iván entre ellas las telas manchadas. Un vecino recién mudado a la zona se interesó por las telas. Habló con la familia del nóbel artista pero ellos sólo se conformaron con el dinero, no querían recordar el terrible destino que tuvieron que enfrentar desde la aparición de esas telas. Eran como una maldición.
El vecino pagó exactamente el doble de lo que la familia Umansky pedía por ellas y las expuso junto con algunos mediocres dibujos de casitas urbanas y atardeceres cruzados por caballos. La crítica lo aclamó y se convirtió en el artista más cotizado de la década. De los Umansky nunca más se supo nada. Jackson Pollock nunca reveló el secreto de su inspiración. Según se cuenta por ahi, Ivan no habría muerto sino que se habría escapado y refugiado en la zona del Soho.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Día 25 - El cumpleaños de Patricia.

Estaba por llegar el cumpleaños 40 de Patricia y una sorpresa se estaba cocinando en la casa de los Suarez. Cristian, su marido, nunca fue muy demostrativo, pero se mostraba más raro y esquivo que nunca. Hablaba poco con los hijos y los parientes no lo encontraban nunca en los lugares que solía frecuentar. No tenía trabajo fijo y se ganaba la vida pintando casas. Patricia era un ama de casa venida de España a los 2 años con unos tíos. Prácticamente la habían criado. En Bilbao se encontraba su madre de 65 años a quien sólo había visto tres veces desde su llegada a Argentina. La relación entre ellas nunca estuvo muy bien pero trece años sin dirigirse palabra, a Cristian le parecía una exageración. Los regalos de cumpleaños de Cristian nunca pasaron de electrodomésticos que duraban exactamente hasta el día después que caducaba la garantía, ahí Cristian lo desarmaba y lo dejaba junto a otros artefactos descompuestos logrando así la mayor colección deaparatos inutilizados por la mano del hombre jamás vista.
Vanos fueron los intentos de sacarle palabra a Cristian acerca de qué tramaba que estaba tan parco y misterioso. Sin dudas en algo andaba.
Y llegó el cumpleaños tan esperado.Los hijos de Patricia le hicieron unos dibujos, el resto de la familia le enviaron flores con tarjetas con frases. La comida la cocinó toda Patricia y el poco tiempo que le quedaba lo destinó a limpiar sola la casa ya que Cristian no apareció en todo el día. Cerca de los brindis, Patricia no daba más, se quería acostar a llorar en silencio cuando apareció Cristian con tres claveles y un sobre blanco, aparte de eso nada más. En silencio y con mala cara se los dio rumendo un "feliz cumpleaño che" seguido de un seco beso en la mejilla.
Desconfiada, Patricia abrió el sobre sacó una carta y algo parecido a una entrada de algún costoso espectáculo. Leyó pacientemente la nota y su cara fue pasando por muchos estados, desconcierto, rabia, tristeza, alegría y terminó llorando y abrazando a Cristian como nunca lo había abrazado. La emoción le corría por el cuerpo mientras que Cristian hacía gestos de suficiencia. Patricia se recuperó un poco de la situación y explicó al resto de los presentes. El regalo de Cristian consistía en un pasaje de avión para que Patricia se reúna con su madre. Explicaba en la carta que ya había hablado muchas veces con la madre y que estaba dispuesta a dejar atrás el pasado y pedir disculpas por lo malo, pero que necesitaba verla. A la madre de Patricia se le hacía imposible ya que un problema de claustrofobia le impedía viajar en aviones. Así que Cristian tomó unos trabajos extras que le llevaban el poco tiempo libre , la energía y por sobre todo el buen humor. Algo de dinero le habían adelantado por trabajos a futuro y otro tanto lo habria pedido prestado a sus amigos. Tamaño esfuerzo había coronado la noche de los cuarenta de Patricia. Pero contrariamente a lo esperado, le devolvió el pasaje y le agradeció no menos de diez veces y le pidió perdón no menos de veinte. Dijo que no podría aceptarlo nunca, que lo agradecía infinitamente y que era el gesto más maravilloso que alguien hubiera jamas tenido para con ella. Lloraba mucho de nuevo y Cristian la abrazó. Patricia le dijo que si bien no iba a viajar y que esa deuda no justificaba unos días de reconciliación con su madre, hizo un mea culpa silencioso y prometió llamar a su madre y retomar el vínculo perdido con ella, y que no era justo que Cristian se matara trabajando para solventar algo que era posible realizar de otra manera, con otros medios. Le pidió una vez más devolver el pasaje y el dinero a lo que Cristian accedió ya casi con desgano. El problema era la multa de $500 por la anulación del vuelo, pero Mario, el hermano de Patricia, conmovido por el gesto de Cristian, sacó la billetera y le dio el dinero. "No me debés nada cuñado. La felicidad de mi hermana es mi felicidad" dijo mario y se fue con su familia antes de quebrarse y llorar en público. Lo hijos se fueron con los primos y Cristian quedó solo con su copa de sidra barata abajo de la parra.
La mirada seria se había aflojado y casi se le adivinó un suspiro.
La mañana siguiente sería igual a las de siempre, mate, galleta y una hora de colectivo para llegar a su trabajo. En el último tramo del viaje, se subió al transporte su compañero Rubén. Se le acercó entre la gente y lo saludó seco. Cuando bajaron del colectivo, Ruben solo le preguntó "¿Y?". "Cómo un engranaje negro" le dijo Cristian. "Se creyó todo la Patri"."¿Y las charlas con la vieja?". "Ah, a eso lo hice desde el teléfono del mono, que lo tiene libre y se puede llamar a quien sea el tiempo que uno quiera. La cagada era que las llamadas eran de noche, así que llegaba a cualquier hora de vuelta y la loca sospechaba algo." "¿Así que te salió gratarola la joda y quedaste como un duque hijo de puta?" Apurando el paso Cristian concluyó "Gratis no boludo...Mucho mejor que eso. El pajero de mi cuñado me dio media luca para ir de putas y todo".