lunes, 17 de noviembre de 2014

Día 23 - El Cotolengo San Jorge

En el sur de la provincia de Santa Fe, por el año 1920, se inauguró el Cotolengo San Jorge. El proyecto nació de la mano de Jorge Salcedo, un prestigioso psicopedagogo que al final de su carrera profesional decidió dedicarle su tiempo a la tercera edad. A lo largo de sus estudios comprobó que manteniendo la mente en una sucesión de rutinas simples como el trabajo manual, mantenían a la cabeza lejos de brotes psicóticos o desvaríos. Pudo afirmar que éstas rutinas mantenían al ser humano ocupado libre de la responsabilidad de elegir y anulando su poder de reacción, pero como contraprestación, podía insertarse de forma productiva en la sociedad sintiéndose útil y activo. Con las necesidades básicas satisfechas, el peligro de la rebelión se vio aplacado en su totalidad. La tarea que realizaban en el cotolengo, era el armado de autitos de madera. Se ensamblaban las piezas y luego las pintaban a mano y ponían en una bolsita plástica.  Los paquetes salían semanalmente del cotolengo y a los días recibían materia prima para seguir con la faena. El Cotolengo funcionó con un éxito singular durante ocho décadas ininterrumpidas. Jorge Salcedo falleció viendo que su tarea estaba en buenas manos.
Un estudio posterior, reveló que el modelo implementado por Salcedo se repetía a lo largo de la provincia. En Theobald, funcionaba el hogar de Niños Galletti, que implementaba la modalidad de taller desarmando autitos en mal estado y rescatando o reacondicionando las pequeñas piezas de madera lijando y limpiando la materia prima que sería enviada a los talleres especializados que iban a construir juguetes para los chicos carenciados. Marco Galleti, desapareció sin dejar rastros casi cuando se conoció la muerte de Salcedo. Por otro lado, un economista radicado en Córdoba, hacia el año 1890,anunciaba un modelo de sometimiento del empleado reduciéndolo a poco menos que un esclavo, quien fue repudiado y expulsado de la provincia sin dejar pistas ni paradero. Cuentan también que los industriales más prestigiosos contactaron al economista cordobés y lo alentaron a implementar dicho modelo de trabajo. Por los años 80, era todo un éxito, se empleó en forma experimental en automotrices e industrias textiles con gran éxito. Nunca se pudo comprobar la existencia de Salcedo, ni de Galletti ni del economista cordobés.
Hasta hoy todo sigue igual que en aquellos días.
O peor.

Día 24 - Un artista en potencia

Corría el año 1932 cuando la familia Umansky emigró de su Polonia natal a los Estados Unidos de América. Llevaron consigo sólo lo puesto y un poco menos con la promesa de una vida mejor en la tierra de las oportunidades. Consigo, llevaron a Iván, el único hijo que la pareja tuvo y que sufría de agorafobia y stress traumático a causa de los bombardeos constantes. Iván tenía por aquel entonces 12 años. Lo unico que calmaba los repentinos ataques de ira , era la música. Su padre paciente lo calmaba tocando valses y polkas que distraían al muchacho de las atrocidades de un mundo en ruinas. En el viaje se extravió el pequeño acordeón que acompañaba los vaivenes de la familia y entonces Iván entró en una crisis permanente que le duró hasta que encontró unos tarros que contenían restos de pintura en un galpón de la casa que ocuparon los Umansky. Su fascinación por la pintura fue increscendo con los días, pintaba con las manos paisajes, animales y ambientes cotideanos que lo calmaban y hacían mejor la convivencia . Fue entonces que el padre consiguió un buen trabajo en una siderurgia y la vida fue más llevadera y holgada. La mamá de Iván, vió el potencial artístico que tenía su hijo y le compró delicados pinceles para facilitarle así la tarea de pintar y gastó un buen dinero en telas enmarcadas ya que hasta entonces, Ivan pintaba en el piso o en las paredes de la casa.
Grande fue la desilusión cuando Iván rompió los pinceles en mil pedazos y entró en crisis nuevamente. Las telas fueron manchadas con grandes salpicaduras arruinándose por completo, los pomos de óleo fueron aplastados sin piedad y la crisis volvió a estallar. El tratamiento psicológico y la posterior internación de Iván , les llevó los ahorros y la energía a los Umansky quienes tuvieron que vender lo poco que tenían para poder vivir. Una tarde de marzo, Iván falleció consecuencia de una sobre estimulación que lo derivó en un paro cardiorespiratorio. Su debilitado corazón no resistió una crisis más.Como era habitual, lo habrían enterrado en la fosa comun del Hospital psiquiatrico. Los Umansky se encerraron para siempre y pusieron en venta las pocas pertenencias de Iván entre ellas las telas manchadas. Un vecino recién mudado a la zona se interesó por las telas. Habló con la familia del nóbel artista pero ellos sólo se conformaron con el dinero, no querían recordar el terrible destino que tuvieron que enfrentar desde la aparición de esas telas. Eran como una maldición.
El vecino pagó exactamente el doble de lo que la familia Umansky pedía por ellas y las expuso junto con algunos mediocres dibujos de casitas urbanas y atardeceres cruzados por caballos. La crítica lo aclamó y se convirtió en el artista más cotizado de la década. De los Umansky nunca más se supo nada. Jackson Pollock nunca reveló el secreto de su inspiración. Según se cuenta por ahi, Ivan no habría muerto sino que se habría escapado y refugiado en la zona del Soho.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Día 25 - El cumpleaños de Patricia.

Estaba por llegar el cumpleaños 40 de Patricia y una sorpresa se estaba cocinando en la casa de los Suarez. Cristian, su marido, nunca fue muy demostrativo, pero se mostraba más raro y esquivo que nunca. Hablaba poco con los hijos y los parientes no lo encontraban nunca en los lugares que solía frecuentar. No tenía trabajo fijo y se ganaba la vida pintando casas. Patricia era un ama de casa venida de España a los 2 años con unos tíos. Prácticamente la habían criado. En Bilbao se encontraba su madre de 65 años a quien sólo había visto tres veces desde su llegada a Argentina. La relación entre ellas nunca estuvo muy bien pero trece años sin dirigirse palabra, a Cristian le parecía una exageración. Los regalos de cumpleaños de Cristian nunca pasaron de electrodomésticos que duraban exactamente hasta el día después que caducaba la garantía, ahí Cristian lo desarmaba y lo dejaba junto a otros artefactos descompuestos logrando así la mayor colección deaparatos inutilizados por la mano del hombre jamás vista.
Vanos fueron los intentos de sacarle palabra a Cristian acerca de qué tramaba que estaba tan parco y misterioso. Sin dudas en algo andaba.
Y llegó el cumpleaños tan esperado.Los hijos de Patricia le hicieron unos dibujos, el resto de la familia le enviaron flores con tarjetas con frases. La comida la cocinó toda Patricia y el poco tiempo que le quedaba lo destinó a limpiar sola la casa ya que Cristian no apareció en todo el día. Cerca de los brindis, Patricia no daba más, se quería acostar a llorar en silencio cuando apareció Cristian con tres claveles y un sobre blanco, aparte de eso nada más. En silencio y con mala cara se los dio rumendo un "feliz cumpleaño che" seguido de un seco beso en la mejilla.
Desconfiada, Patricia abrió el sobre sacó una carta y algo parecido a una entrada de algún costoso espectáculo. Leyó pacientemente la nota y su cara fue pasando por muchos estados, desconcierto, rabia, tristeza, alegría y terminó llorando y abrazando a Cristian como nunca lo había abrazado. La emoción le corría por el cuerpo mientras que Cristian hacía gestos de suficiencia. Patricia se recuperó un poco de la situación y explicó al resto de los presentes. El regalo de Cristian consistía en un pasaje de avión para que Patricia se reúna con su madre. Explicaba en la carta que ya había hablado muchas veces con la madre y que estaba dispuesta a dejar atrás el pasado y pedir disculpas por lo malo, pero que necesitaba verla. A la madre de Patricia se le hacía imposible ya que un problema de claustrofobia le impedía viajar en aviones. Así que Cristian tomó unos trabajos extras que le llevaban el poco tiempo libre , la energía y por sobre todo el buen humor. Algo de dinero le habían adelantado por trabajos a futuro y otro tanto lo habria pedido prestado a sus amigos. Tamaño esfuerzo había coronado la noche de los cuarenta de Patricia. Pero contrariamente a lo esperado, le devolvió el pasaje y le agradeció no menos de diez veces y le pidió perdón no menos de veinte. Dijo que no podría aceptarlo nunca, que lo agradecía infinitamente y que era el gesto más maravilloso que alguien hubiera jamas tenido para con ella. Lloraba mucho de nuevo y Cristian la abrazó. Patricia le dijo que si bien no iba a viajar y que esa deuda no justificaba unos días de reconciliación con su madre, hizo un mea culpa silencioso y prometió llamar a su madre y retomar el vínculo perdido con ella, y que no era justo que Cristian se matara trabajando para solventar algo que era posible realizar de otra manera, con otros medios. Le pidió una vez más devolver el pasaje y el dinero a lo que Cristian accedió ya casi con desgano. El problema era la multa de $500 por la anulación del vuelo, pero Mario, el hermano de Patricia, conmovido por el gesto de Cristian, sacó la billetera y le dio el dinero. "No me debés nada cuñado. La felicidad de mi hermana es mi felicidad" dijo mario y se fue con su familia antes de quebrarse y llorar en público. Lo hijos se fueron con los primos y Cristian quedó solo con su copa de sidra barata abajo de la parra.
La mirada seria se había aflojado y casi se le adivinó un suspiro.
La mañana siguiente sería igual a las de siempre, mate, galleta y una hora de colectivo para llegar a su trabajo. En el último tramo del viaje, se subió al transporte su compañero Rubén. Se le acercó entre la gente y lo saludó seco. Cuando bajaron del colectivo, Ruben solo le preguntó "¿Y?". "Cómo un engranaje negro" le dijo Cristian. "Se creyó todo la Patri"."¿Y las charlas con la vieja?". "Ah, a eso lo hice desde el teléfono del mono, que lo tiene libre y se puede llamar a quien sea el tiempo que uno quiera. La cagada era que las llamadas eran de noche, así que llegaba a cualquier hora de vuelta y la loca sospechaba algo." "¿Así que te salió gratarola la joda y quedaste como un duque hijo de puta?" Apurando el paso Cristian concluyó "Gratis no boludo...Mucho mejor que eso. El pajero de mi cuñado me dio media luca para ir de putas y todo".

martes, 11 de noviembre de 2014

Día 26 - Nace una leyenda


Por el año 45, la familia Pasciullo llegó a la Argentina corrida por las atrocidades de la guerra en Europa. Se instalaron en la zona del Valle de Calamuchita, en una finca que perteneció al doctor Haroldo Vittone, padrino de los hermanos Fernando y Hector Pasciullo. El médico retirado pasaba sus últimos días al calor del sol cordobés hasta que una mañana , cerca de la hora final de sus días, llamó a los hermanos, los miró con la última fuerza, los tomó de las manos y les dio una llave que tenía colgada de su cuello y que nadie nunca había notado. “Ahí está el futuro....en el galpón” Dijo don Haroldo y un hondo ronquido terminó con sus días. Cerca de 5 años tardaron los hermanos en entender el mensaje de su padrino, hasta que una tarde de otoño se animaron y juntos abrieron la pesada puerta de madera. Un fuerte olor a alcanfor y amoníaco salió como en una espesa nube casi desmayando a los Pasciullo. Cuando se disipó la nube , el espectaculo que se abrió frente a ellos era demoledor. Un complejo alambique , varios matraces con medidas, un centenar de frascos marrones y una enorme de olla de acero inoxidable componían este bizarro laboratorio. Sobe una mesa había un cuaderno de notas. Allí explicaba detalladamente la fórmula para adulterar el bisolvón y la paratropina. También había un grueso libro de contabilidad y descubrieron lo inevitable, el padrino Haroldo se ganaba la vida ilegalmente falsificando y comercializando medicina. Los hermanos accionaron un mecanismo parecido a una enorme cuerda de juguete y el alambique comenzó a moverse con un chirrido insoportable. Líquidos espesos comenzaron a circular por las mangueras corrugadas y unos fuelles se hinchaban y descomprimían rítmicamente como un destartalado corazón. El alambique bufó y un liquido color ciruela llenó un matraz. Los hermanos se miraron desconcertados. Tomaron el jarabe y lo probaron con la punta del dedo y se lo llevaron a la boca. Tenía un fuerte gusto a remedio y yuyos, sin embargo los hizo eructar fuertemente y les produjo enorme cantidad de gases que les alivió los incipientes dolores de cabeza y estómago producidos por la inhalación de los vapores al entrar al galpón. La fórmula daba resultados pero con ese gusto horrible no se lo iban a vender a nadie. Se les ocurrió entonces mezclar en una proporción de 1 parte de la medicina en 4 partes de té de cedrón con mucha miel. Lo probaron y esta vez los resultados fueron óptimos. No tenía la fuerza curativa de la medicina original, pero habían mejorado notablemente el sabor. Decidieron ponerle al brebaje una sintesis de los nombres de los hermanos: Fer-Hec. Dada la mala caligrafía de Héctor, la H se confundía fácilmente con una N y la C con una t minúscula, dando por resultado hermosas etiquetas que lucían el texto “FER-NEt”. Como homenaje al padrino Haroldo pensaron ponerle su apellido “Vittone” pero les pareció un despropósito ya que la fórmula original habría fracasado, así que después de largas discusiones, lo llamaron “FER-NEt El Robot” en merecido homenaje al alambique mecánico que hizo más que su padrino por la empresa y que era en definitiva el tercer socio.
La bebida resultó un estrepitoso fracaso. Los hermanos ya promediaban los 70 años y no levantaban cabeza con el emprendimiento. Así que aprovechándose de la crisis del 65, decidieron venderle la empresa a los recién llegados a la Argentina los hermanos Branca, dos boticarios retirados quienes adquirieron la finca y las instalaciones a los Pasciullo dejándoles un dinero suficiente como para poner una fonda de mala muerte en Tanti. Como acto de despecho, los Pasciullo les ocultaron el secreto del horrible sabor del brebaje, a cambio les dejaron utilizar el nombre de fantasía Fernet, total no los implicaba en absoluto. Los Branca embotellaron el brebaje pero le quitaron el nombre “El Robot” ya que le quitaba mercado y sólo lo bautizaron con su apellido.
El resto de la historia, querido lector, ya se la sabe,
¡Salud!

sábado, 8 de noviembre de 2014

Día 27 - Tener miedo...mucho miedo

Siempre supimos que el encargado se traía algo entre manos.
Ribosechi era un gringo reservado, bien pagado de sí mismo. La familia tipo era su escudo de honestidad donde cimentaba sus lemas y parábolas acerca de cómo se hacen las cosas y sobre todo cómo se vive. Sus charlas de incentivo apestaban a ser intachable. Había un detalle que ponía a Ribosechi en la mira de las sospechas: Su desaparición por cuarenta minutos de reloj en uno de los baños.Luego salía furtívamente y se escapaba por la puerta de emergencias para aparecer milagroso por la puerta de entrada con algún tema candente a flor de labios para poder seguir con la farsa del deber cumplido o por cumplir.Sistemáticamente vimos que llevaba una carpeta de bibliorato blanca cada vez que desaparecía. Lo llamábamos el ninja siciliano. Nos pusimos a pensar cómo podríamos descubrir a qué se dedicaba nuestro intachable encargado. Meses duró la espera hasta que un día, carpeta en mano se dirigía a su ritual diario y lo llamaron de la jefatura a una reunión urgente acerca de unas decisiones que venían postergando y que aparentemente debían apresurar. Presto, Ribosechi dejó la carpeta blanca entre unas resmas de papel usadas. Uno de los nuestros alcanzó a ver donde estaba y esperó a que Ribosechi se metiera a la reunión. Pasados tres minutos, tiempo suficiente para nuestra impaciencia, buscamos la carpeta y al final alguien la encontró. Esperábamos encontrar minas en bolas o algo así, pero nada iba a superar más nuestra imaginación que lo que vimos allí. La predecible sucesión de mujeres desnudas empezó a mutar en forma horrible. Alternado con los cuerpos, habían fotos de alguien a quien le habían recortado prolijamente la cabeza y se la habían adosado a los cuerpos desnudos de actrices de pornografía. Fue rara la sensación de no entender que rayos significaba tan morboso collage. De pronto miramos a Forconesi ponerse pálido y le temblaba la pera. Estaba transpirando mucho y por fin dijo :"Boludo...esa es la mujer de Ribosechi". Miramos a Forconesi y le dijimos :"¿la mujer de Ribosechi? ¿Nos estás jodiendo gringo? ¿Por qué en lugar de pajearse con estas fotos no se coje a la mujer y listo?¿Está loco Ribosechi?"
"No puede" sentenció el gringo, "La mujer murió hace dos años."
Nos quedamos helados y otro pensamiento atroz y más peligroso se nos cruzó en ese momento: ¿Y si Robosechi nos encontraba revolviendo su mambo?¿Qué sería capaz de hacer un tipo ante semejante revelación?
Un sudor frío nos recorrió la espalda.
Dejamos la carpeta bibliorato blanca en su escondite y juramos en silencio nunca hablar al respecto.
Nada nunca fue como antes.
De a poco nos fuimos yendo del sector o nos iban trasladando.
Nunca más volvimos a tocar el tema.
Nunca sentí tanto miedo, ni tanto desconcierto, ni aún cuando cayeron las torres gemelas.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Día 28 - Domingos en familia, sobremesa y tareas.


Estábamos en la casa de mis suegros cuando mi hija mayor se acercó con el cuaderno de la escuela y nos preguntó: “Para ustedes, ¿cuál fue el mejor invento de la humanidad?”
¡Bomba!
Empezó la puja intelectual de los domingos de sobremesa con fernet.
“El comunismo” bramó mi suegro con la servilleta roja en la mano y agitando el vaso mientras tomaba aire para empezar su discurso socialista de cuando era sindicalista en los años duros.
“¡Las medicinas!” Gritó mi suegra con la cuchilla de mango blanco en la mano, dando a entender que con ella no se jodía.
“La cultura y la educación...” concilió mi mujer tratando de calmar las aguas entre el toro y el torero, aunque a esa altura no sabíamos quién era cada quién.
Yo miraba la biblioteca victorioso mientras la plebe se batía a duelo en esa triste trilogía sin retorno que es la eterna lucha ciencia/cultura/política. Jugué por enésima vez con los hielos de mi fernet y los miraba mientras aguardaba el silencio, la pequeña grieta en el grito para poner mi infalible cuña. Cuando llegaron al callejón sin salida del inentendimiento, les asesté mi mejor estocada....”El papel” les dije. Los tres me miraron medio segundo y se montaron en mi caballo y empezaron de nuevo “El papel es el vehículo de las ideas” dijo mi suegro. “Sin el papel no se puede plasmar el conocimiento” argumentó mi mujer con aires de suficiencia. “En papel se documentan las enfermedades y sus curas y así se transmiten de generación en generación” intentó concluir mi suegra. Y fue el comienzo de una nueva etapa de discusiones. Fue como calmar un fuego con nafta. “¿Para qué habré dicho el papel?” me maldije en silencio buscando una forma de abrirme paso y dejar al mundo boquiabierto... Las ideas me abandonaban en el medio del griterío. Hasta que desde el fondo de mi cabeza, vino una respuesta estúpida, pero asombrosa a la hora de cerrar discusiones. “¡El papel higiénico carajo! ¡A ese papel me refería!! Y embalé....
“¿Vos te imaginás un mundo sin papel higiénico? ¿Te da igual limpiarte con una hoja de suave papel Kimberley Clark o con una hoja de Campanita calidad lija intermedio? ¿Te imaginás en una isla sin papel? Desde que el hombre es hombre caga, siempre cagó y siempre va a cagar, así que el papel higiénico es VITAL. Así que gente, no nos engañemos con boludeces, el mejor invento sin duda es el papel higiénico, o mejor llamado Papel Sanitario. ¡Ojo! La calidad del papel siempre marca la diferencia de clases. Las altas se limpian con gruesas y suaves hojitas absorbentes perfumadas que se degradan al contacto con el agua como un M & M. A las clases medias se les da una calidad de papel intermedio. Las hay buenas como el Scott y otras no tanto como el Higienol. Campanita está destinado a las clases bajas que desarrollaron callosidades en el traste para resistir el embate abrasivo de esa especie de rallador ecológico. En cambio las clases trabajadoras, nos vemos obligados a enfrentar toda clase de retos, desde papeles que se rompen al menor tirón y te terminas limpiando el culo con un manojo de boletos o un papel tan duro y flexible que cuando por fin se corta te queda un manojo infame de serpentina gris que te manchas las manos hasta la linea del corazón.”
Cuando terminé mi sabio discurso, me descubro parado en la silla con el fernet en alto mientras todos me miraban atónitos. Mi hija, con la boca aún abierta, anotó “El mejor invento es el papel higiénico, porque...”
Mi mujer le arrancó el cuaderno y lo hizo mil pedazos y se encerró en la pieza con un portazo. Mi suegro se levantó en silencio y se encerró en la pieza del tele. Mi suegra se fue al baño en silencio moviendo la cabeza como diciendo que no. Mi hija me miraba con desconcierto con la lapicera aún en la mano. Me bajé de la silla y le pedí disculpas. Lo que parecía un puchero, era una carcajada contenida que estalló casi inmediatamente cuando mi suegra le gritó a mi suegro desde el baño: “¡Juaaaaannnnnn! ¡No hay papel!”

martes, 4 de noviembre de 2014

Día 29 - ¡Mentiras!


Mentir no tendría tan mala prensa si no fuera por lo que opinan los demás acerca de nosotros. Si no nos afectara lo que piensan los otros, la mentira ni siquiera tendría razón de ser. Lo primero que tendría que pasar, es que sintamos algo por los demás. Ahí empieza el verdadero engaño, creer y creernos que los demás nos importan algo, lo suficiente como para tener que componer una historia falsa para tener a quien engañar y subestimar. Cuando ya creemos que los demás pueden llegar a ser dañados con nuestras verdades, tenemos que empezar a crear nuestro mundo de encubrimientos. La primer mentira suele ser una pequeña distorsión de la realidad que por lo general es una desviación de los hechos en favor nuestro o en perjuicio de otro u otros. Como nuestra inteligencia, es más limitada de lo que creemos, tenemos que nivelar hacia abajo y empezar la red de confusiones. Se siembran muchos datos falsos que inducen dudas sobre los hechos periféricos para realzar la supuesta veracidad de nuestra versión. Obviamente va a haber preguntas, siempre las hay. Si no hay ninguna duda, significa que nuestra mentira es aceptada pero nunca creída. En ese caso hay que tirar un dato absurdo, como un electroshock a la credibilidad, cosa de despertar a nuestro interlocutor. En ese caso hay que tener una batería de respuestas resfirmantes del embuste original. Si hay dudas, hay que dejar fluir como si uno fuese un puente, siempre mirando por encima de la media de la escucha. Cuando se agotan las preguntas, empiezan las reafirmaciones del bolazo. Una y mil refutaciones, contradicciones y afirmaciones van a conducir a nuestra víctima hacia la trampa. De esa manera vamos a tener el mundo en nuestras manos querido lector. Yo se que en el fondo no le estoy revelando nada nuevo, ni si quiera creo que haya aprendido algo hasta acá, pero tenga en cuenta que, cada vez que se mira al espejo, una de las dos figuras es un andamiaje de palabras sin sentido que sólo tienen por función reafirmar aquello que nunca vamos a ser, en tanto el reflejo es auténtico, real, irrefutable.
Por eso, querido lector, Alicia sigue eligiendo siempre el lado del espejo, a diferencia suyo que elige el autoengaño y la complacencia ajena.
Siga así que vamos bárbaro.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Día 30 - Una premonición.


De mi infancia conservo muchos recuerdos. Algunos son buenos pero hay bastante de los otros. Hay malos recuerdos que sólo duelen y no enseñan nada, pero hay otros, muy pocos que te marcan a fuego y descubrís años después su efecto retroactivo y devastador.
Siempre me gustó dibujar, como usted habrá apreciado en este blog querido lector, y era muy feliz con una hoja en blanco y un lapiz o una caja de fibras silvapen. La hoja en blanco era un campo virgen para hacer un animal insólito, un paisaje imposible, una familia completa o una mascota imaginaria. La mayor parte de las hojas provenían del trabajo de mi papá, que de su oficina me traía los formularios de papel contínuo que se descartaban y tiraban por montones antes que la ecología hiciera su causa común con los bosques y se olvidara de los niños artistas. Como estaba por empezar la escuela me empezaron a comprar cuadernos, de los baratos, de los que podían comprarme en aquella época. Que horrible sorpresa fue abrir esos cuadernos y verlos llenos de lineas paralelas. Mi mamá me explicó que servían de guía, para que las letras no anden libres por ahí, que eran una especie de límites. A mí me gustaban las gruesas hojas blancas, que te permitían explayarte en un gran espacio, sin límites, que podía borrar una y mil veces, que se bancaban que se vuelque algun líquido y si uno lo limpiaba rápido no se arruinaba el dibujo. En cambio en esos pequeños cuadernos, las hojas eran finitas, se rompían de nada, con el calor y la humedad se arrugaban o cambiaban de color, había que forrarlos para que no se arruinen, si usabas fibras se traspasaba al otro lado y se corría todo. En síntesis, estos cuadernos lejos de elevarte como artista, formaban una especie de inventario de mala calidad que no reflejaba para nada lo que uno quería plasmar, tambien se perdían en la primera de cambios, o se rompían cuando se apilaban junto con libros o publicaciones importantes como El Gráfico o la Revista Gente, o terminaban retorcidos prendidos fuego en un asado.
Estos cuadernos se llamaban Gloria y Exito.

martes, 28 de octubre de 2014

Día 31 - El dealer me cagó con la papa....


Día 32 - Pulgares arriba


Nuestros antepasados, los más parecidos a los monos, empezaron a diferenciarse de estos en cosas sutiles. Poseían un sistema de comunicación muy precario basado en gestos, señas y gruñidos y además poseían la habilidad de tomar y manipular pequeños objetos con los dedos índice y pulgar. Esto último les permitía hacer elementos más pecisos, curarse las heridas, separar las hierbas venenosas de las comestibles y escribir o pintar detalles que transmitirían la historia para siempre como un documento. Es decir, que el pulgar servía para diferenciar a los aptos de los rústicos. Cuentan que en cierto tiempo, junto con el progreso crecieron también la ambición y las ansias de conquista de lo ajeno, y solo iban a sobrevivir los más aptos. Alguien, que se constituyó como líder de un gran grupo, tuvo que decidir si seguir alimentando rústicos o crear un ejército de aptos y avasallar con lo que pueda para procurarse territorio y alimento, así que como pudo ideó un sistema ingenioso. Se rodeó de tres rústicos armados con palos e hizo pasar uno por uno los habitantes de la tribu. Con gruñidos y fuertes ademanes les indicó que levantaran ambos pulgares, si lo lograban hacer, formaban parte de los aptos, sino eran molidos a palos por los tres rústicos. Ese fue el primer criterio de selección de personal que se conoce hasta el momento y está detallado en tablas que se encontraron en el este de África. En ellas se pueden ver figuras con los pulgares alzados mientras los rústicos apalean a los brutos. Por eso, cuando algún poderoso se acercaba, nuestros antepasados sonreían y levantaban ambos pulgares en señal de que se encontraba todo en orden. Rara vez el líder poderoso levantaba su pulgar. Se sospecha que los rústicos lo apalearon y tomaron su lugar ya que en algún momento ellos mismos, los rústicos, corrían serios riesgos de ser apaleados por los aptos. Así se creó una estructura de poder que aún en estos días sigue vigente. Sólo sobrevivirán los aptos y los alcahuetes y serán guiados por los tres rústicos.