Corrían los años 80 y en la calle estábamos como siempre, todos los chicos del barrio. Lo único diferente ese día, y que iba a ser para siempre, era el pavimento. Hasta ese entonces la calle era de carbonilla y las rodillas de todos nosotros tenían ásperas marcas que nos distinguían de los chicos de las calles pavimentadas. Ese día fue especial por varias cosas, los varones no la pasamos dibujando con cascotes la calle y las chicas pudieron patinar por la calle como si fuese sobre hielo. Las dos actividades convivían perfectamente hasta que el dibujo fue ganando terreno a la pista de patinaje. "¡Tarados!¿No ven que estamos patinando?" nos gritó Andrea, la rubia del grupo. "Si quieren dibujar vayan a otra calle" sumó la Bochi.
"¡Nosotros dibujamos donde queremos!" dijo Diego y puso las cosas al borde del punto sin retorno. Los ánimos estaban cada vez más encendidos, los dibujantes estrechaban la calle y las patinadoras pasaban sobre las mejores partes de las obras. Estaba visto que ninguno pensaba en ceder un solo centímetro. La Bochi encontró un punto débil en la formación y pasó entre todos los dibujantes pateando hábilmente los cascotes fueron a parar a la boca de tormenta. Se habían apuntado una victoria más que decisiva y esto pudo con el ánimo de Oscarcito, que con la ultima piedra que quedaba descargó la bronca contra el grupo pegándole en la frente a la Bochi. El proyectil no era más grande que un carozo de durazno, pero fue lo suficiente para que el escándalo explote y todos nos fuéramos cada uno a su casa. Mis viejos me vieron entrar y algo sospechaban. Justo cuando estaban por armar el interrogatorio que consistía en una catarata de preguntas y amenazas que nunca se cumplían, sonó el timbre. Debería haberme aliviado pero la voz de la mamá de la Bochi me trajo de nuevo al estresante presente. "¡Vení para acá!" sentenció mi viejo, "¿Qué le hicieron a la Bochi?¿Eh?".
La frente tenía más merthiolate que sangre y en los ojos las lágrimas le brotaban más por fuerza que por dolor, quería ver un culpable, nada más que eso, un nombre y se acababa todo.
No iban a parar, no se iban a ir con las manos vacías. "¿Quién fue? Decime quién le tiró la piedra a mi hija"
"¡Oscar!" les dije, y algo adentro se me rompió para siempre. El resto del cuerpo me dejó solo con mi cobarde respuesta.No era más que eso, una respuesta estúpida disfrazada de pibe de nueve años.
Sin mediar palabra se fueron. Mis viejos cerraron la puerta y me empezaron a culpar y a preguntar por qué no había parado la pelea que nunca empezó. Mi cabeza no entendía nada, los veía como un sueño y sus voces me sonaban lejanas, sin cuerpo ni brillo.
El timbre sonó de nuevo. Presentí que lo peor había pasado. Qué lejos estaba de la verdad. Mi mamá abrió la puerta y en la puerta de casa estaban cuatro personas: la Bochi que me miraba con miedo, su mamá que había aflojado el gesto duro y ahora no podía articular palabra, Oscarcito que miraba el piso al borde de las lágrimas y el papá de Oscarcito con un cinturón en la mano mirándome con los ojos fuera de sí. "Decime vos ¿Oscar le tiró la piedra a la Bochi? ¿Eh? ¡CONTESTAME! ¿Fue este el que le tiró la piedra a la Bochi SI O NO?"
Los gritos retumbaban en el living y todos me miraban, querían que el cobarde haga el bis, y rompí a llorar como nunca y le grité "¡SI! ¡Fue Oscarcito! ¡Pero no le pegue!" agregué como un patético acto de heroísmo pedorro. Lo que siguió fueron cuatro cintazos a ritmo, cuatro latigazos en las piernas de Oscar que todavía resuenan en mi cabeza, cuatro veces ver a tu amigo víctima de tu cobardía te cambian para siempre. Oscar salió corriendo para su casa, nunca lo vi llorar en todo ese rato. La Bochi y su mamá se fueron rápido como quien rompe algo en un velorio. Mi viejo me pegó por las dudas, pero creo que fue un acto de justicia por mi cobardía. Mi mamá me habló de algo que no me acuerdo. Daba igual, nunca iba a volver a confiar en los adultos.
Muchas cosas se me rompieron ese día.
La vida me encontró mucho tiempo después con Oscar Pérez, ya grandecito y viviendo del clown y los malabares. Cuando lo volví a ver tenía un pibe de la edad que él tendría por aquellos años de los cintazos. Nunca le conté la historia ni le pedí disculpas.
Publico recién este texto que estoy escribiendo, así en caliente como me sale justo un día antes del día del amigo. Recién él me aceptó como amigo en el facebook ayer, y si tengo suerte y lo lee me gustaría que sepa que hoy, casi cuarenta años después de ese día, todavía me suenan los cuatro latigazos y si pudiera cambiar algunas cosas de mi vida, una de esas sería mi cobarde respuesta.
Ojalá se pudiera.
Lamentablemente crecemos.
Perdón.
martes, 19 de julio de 2016
sábado, 16 de julio de 2016
Falso y verdadero
Hace un tiempo,
con unos amigos tiramos en la mesa la idea de falsificar dinero.
Algunos propusieron hacer billetes de 20$ o de 50$, que
son los de uso más corriente y que al desgastarse más rápido, bien
podrían pasar por buenos si uno los arruga un poco antes de ponerlos
en circulación. Otros optaron por las monedas de 1$ que pasarían
sin ningún problema ya que su valor era tan bajo que no valdría la
pena controlarlas. Unos pocos apostaron a falsificar billetes de 100$
ya que si bien el riesgo de pasarlos era alto, uno tendría una
rentabilidad mayor si los controles fuesen no tan rigurosos.
Este delirio, me
llevó a pensar seriamente en algo. Si uno fabricara una moneda de
1$, aún con algún detalle, podría bien pasar por una verdadera,
aunque uno reciba una de estas monedas, la recirculación sería casi
normal. Si uno fabricara en cambio muchas monedas de 1$, el resultado
sería el mismo, ya que en lugar de una, serían millones de monedas
falsas circulando paralelamente con las buenas y aunque uno las
diferencie bien, en el punto crítico cuando las falsas superen en
número a las buenas,¿cuáles serían cuáles?.
Con los billetes no
es tan fácil, ya que dijimos antes que la gente tomaría un rato más
en asegurarse que el mismo sea verdadero, y de recibir un billete
falso de 100$, sería más difícil ponerlo a recircular, ni hablar
de muchos billetes.
Si el dinero es
falso, es una mentira.
Pensemos el valor
del dinero falso como el tamaño de una mentira.
Es más fácil hacer
circular los pequeños engaños que una gran mentira. La gente en el
fondo sabe que se tratan de pequeñas mentiras pero que las hace
circular porque en apariencia no dañan sustancialmente a nadie, en
cambio las grandes mentiras solo las manipulan gente experimentada en
el arte del engaño, y eso daña mucho.
Por otro lado,
cuando un pequeño grupo de monedas de 1$ circula, sirve para comprar
pan, pagar una propina, dar pequeñas limosnas, comprar una revista
usada o hacer una llamada por teléfono, es decir para un puñado de
placeres. Al igual que las mentiras, también generan pequeños
placeres, al que las dice como al que las escucha , aún a sabiendas
que la información no es veraz. Por eso creo que vivimos en un mundo
rodeado de pequeñas mentiras aceptadas, nadie las cree pero tampoco
nadie se ocupa de sacarlas de circulación, y esto nos mantiene
alimentados, entretenidos, satisfechos, es decir con pequeños
placeres cumplidos.
¿Será por eso que
nos conformamos con poco?
¿Será entonces que
las pequeñas verdades no las tomamos en serio y le damos el mismo
tratamento que a las pequeñas mentiras y nos volvimos un engaño en
nosotros mismos?
¿Quiénes somos
entonces?
¿Esos que aceptamos
mentiras y a cambio esperamos a que otros hagan lo propio o estamos
con una gran mentira encerrada en la mano esperando que venga un
incauto para pasársela por buena?
Qué complicado es
ser uno mismo.
miércoles, 13 de julio de 2016
Destinos
Se habían
distanciado por una cuestión menor. Una estupidez entre madre e
hija. Una de esas frases que se dicen por decir, por el placer de
ganar una discusión idiota y que después el orgullo encarcela el
perdón hasta volverlo una llaga en el alma.
Pasados los años la
juventud te vuelve inmortal e irresponsable y ella tomó cada
pedacito de vida para exprimirle todo el jugo que pudo. Su madre en
cambio descubrió que un enemigo de verdad había crecido dentro suyo
y se había vuelto indomable.
En vano las
aplicaciones de rayos y los tratamientos intentaron devolverle unos
años para volver sobre sus pasos y reevaluar la situación. La
agonía te vuelve reflexivo y pedante cuando sabés que no tenés
nada que perder. De alguna manera hizo que su hija se enterara de lo
frágil de la situación y el escaso destino hizo posible el
encuentro. Apareció en el hospital una mañana para contemplar el
último estado del cuerpo de su madre. La quimioterapia había
devastado a la mujer. Tres segundos duró el encuentro antes de salir
corriendo por el pasillo maldiciendo a cada persona que se cruzaba en
su camino. Tomó el primer ómnibus a ninguna parte y se perdió del
todo y para todos.
Encontró la calma
en las drogas y el alcohol y en vano fueron los intentos por detener
esa loca carrera de escape a ningún lado.
Su madre murió sola
y en una falsa sensación de paz que suele venir encapsulada en dosis
de 20 miligramos.
En algún lado, ella
se sumerge en un mar de alcohol y pastillas, y decide cortar su
cabello como cortando con su pasado y su pesado lastre. La resaca
puede más y la cabeza parece encontrar en el dolor una luz, una
posibilidad, una esperanza. La oscuridad de la habitación le
devuelve un poco de calma. La culpa le devuelve la identidad y las
imposibles ganas de ver a su madre una vez más , la quiebran en un
llanto inconsolable.
Sola, en una pocilga
, se decide enfrentar a su destino. Se levanta y seca las pesadas
lágrimas con una sábana, se cubre el cuerpo con ella y a tientas
llega al baño. Como puede enciende la luz y con horror, el espejo le
devuelve la imagen última de su madre tal cual la vio aquella mañana
en el hospital. En una fracción de segundo retrocedió ahogando un
grito y enredando sus pies con la sábana cayendo pesadamente contra
el inodoro para desnucarse en el acto.
Su cuerpo fue
hallado sin vida veinte días después.
Es raro el destino
la forma que tiene de enfrentarnos con nuestros miedos.
A veces busca el
camino más largo para resolver los asuntos pendientes, no conoce de
apuros ni negocia con nadie.
Al menos hasta
ahora.
lunes, 11 de julio de 2016
Castillos de naipes y mentiras.
Luisina estaba
frente a la puerta de una casa. La dirección estaba apuntada en un
papel escrita a mano. No podía estar equivocada, sin embargo estaba
en las antípodas de algo parecido a la verdad.
Dentro de la casa
estaba Angélica, una mujer de 73 años que guardaba un secreto bajo
siete llaves. Vivía sola y su vida había encontrado un triste
equilibrio que le daba tranquilidad a la vida que le quedaba.
Luisina era hija de
un donante anónimo. Después de muchas averiguaciones poco
oficiales, logró dar con la casa de su padre biológico. Quería
conocerlo. Su corazón estaba literalmente saltando fuera de su
pecho.
Tocó timbre y fue
recibida por Angélica. Le explicó a quién estaba buscando y el
motivo de su visita. Angélica se quebró en un llanto y le cerró la
puerta sin mayores explicaciones.
De un lado y del
otro de la pesada puerta, se encontraban dos mujeres cargadas de
dudas y secretos. Angélica no paraba de llorar abrazada a un pequeño
portarretratos y Luisina no paraba de pedir disculpas por lo violento
de la presentación. “¡Estoy embarazada!” le gritó desde afuera
como un último e inútil esfuerzo que hace alguien que cae al vacío.
Los llantos de la anciana cesaron y la puerta hizo el clásico
sonido de la cerradura que se destraba. En silencio y despacio,
Luisina abrió la puerta para ver que el living estaba vacío. Entró
mirando con dificultad en a penumbra y sus pasos torpes tropezaron
con algo en el piso. Era el portarretratos que abrazaba un rato atrás
Angélica. La oscuridad no le permitía distinguir quienes estaban en
la foto.
“Abel murió hace
tres años” dijo Angélica desde su silla. Luisina entró hasta el
comedor y encontró a la anciana desencajada . Estaba frente a una
botella de anís con dos vasitos. “Abel era mi vida, nunca se
separó de mí. Desde que el padre nos abandonó el se ocupó de casi
todo. Era un chico especial. A veces Diós es injusto y se lleva a la
gente equivocada. Supo que no iba a vivir muchos años, pero me dijo
que su máximo deseo en la vida era ser papá. Me dejó en blanco. Ya
cercano su final lo llevé al centro de donantes y dejó una muestra
de esperma bajo un archivo clasificado, no sé cómo pudo averiguarlo
usted, pero como sea, quiero que sepa que Abel era un chico
extraordinario y se hubiera puesto felíz de conocerla y de saber que
podría llegar a ser abuelo.”
Luisina, consternada
por la situación, no sabía como acercarse a la anciana. Tomó
fuerzas y miró el portarretratos. Su cara se deformó en una trágica
mueca. Retrocedió hasta la puerta respirando con dificultad y
agarrandosé el pecho miró por última vez a la mujer que le dedicó
una triste media sonrisa. Ganó la calle y cerró con estruendo la
puerta dejando caer la foto en la que se encontraba Angélica y un
chico de aproximadamente 20 años con síndrome de down.
Tres años atrás,
Angélica llevaba a Abel al centro de donantes por vigésima vez,
para ser rechazada sin escrúpulos por la secretaria que argumentaba
que Abel no estaba capacitado para tomar una decisión como la de
donar esperma, aunque en el fondo el prejuicio ganaba el partido por
goleada. Luego de reiteradas charlas, y exponiendo lo breve de su
vida, le concedieron hacer la donación de esperma que sería
clasificada y archivada para satisfacer la última voluntad de Abel.
Angélica no paró de agradecerle a los médicos y personal del
centro por la atención y la deferencia para con su hijo. Abel murió
en paz un tiempo después.
La muestra fue
desechada y cambiada por otra casi de inmediato, nadie iba a
detenerse a chequear nada en esas circunstancias. Sólo el médico
que asistió e intercambió su esperma en lugar de la de Abel en el
archivo,lo sabía y nunca lo revelaría nadie más.
Dos años después,
la hija de un médico, decide inseminarse a espaldas de la familia y
asiste al banco de esperma en el que trabaja su padre.
Es raro como las
mismas mentiras piadosas llevan alegrías momentáneas a unos y sacan
lo peor de nosotros. Creo que es como una reacción en cadena, a
veces los silencios y las culpas suelen construir castillos de
naipes, donde todos tienen que estar en perfecta armonía. Una verdad
fuera de lugar, un dato revelador fuera de tiempo o un desencuentro,
terminan con nuestra vida para siempre.
Seguimos respirando,
pero ya no es vida
martes, 5 de julio de 2016
El argumento Belluomini
Estimado compañero delegado:
Como sabrá, se lo habrán hecho saber mis compañeros, no soy amigo de las medidas de fuerza. Por favor no me malinterprete y dispóngase cinco minutos a leer mi argumento y seguro me va a entender. De verdad valoro la lucha que año tras año ud y mis compañeros llevan a cabo para lograr mejoras salariales o para conseguir la reincorporación de los empleados suspendidos y créame que cada vez que los veo cortar la entrada de la fábrica el corazón se me rompe.
Por eso es que quiero que sepa una cosa: tengo un cuerpo carnero. Mi cabeza de verdad quiere ir a las marchas, ir a ponerle el pecho a las balas, a unirme a los gritos contra la patronal que día a día nos oprime y socava nuestras economías. Todos mis pensamientos se alinean con los de mis compañeros, pero el cuerpo hace otra cosa. Él se empeña en asistir todos los días , día tras día, al trabajo, a destajo, que mientras todos para , él está produciendo lo que hace falta para que no se note el vacío de los obreros, aún en horas extras. Compañero delegado, ud mas que nadie sabe lo que es tener un obrero que "carnerea" cuando todos paran, y eso lo indigna, ¿cómo no va a entender a alguien cuyo cuerpo es su propio enemigo? Me gustaría que alguno de esos que me gritan cada vez que entro a la fábrica se pusiera una vez sola en mi lugar. Que un día uno solo de ellos sepa lo que es subirse a un cero kilometro o ir a cenar afuera todos los viernes y sábados sabiendo que nada de eso es merecido. Ojalá NUNCA les toque estar en mi lugar. Sufro, compañero, sufro mucho, y tengo que hacerme de piedra para poder seguir. Busco todos los día motivos para no pegarme un tiro, sería lo más fácil. Pero no, yo soy un luchador....
...solo que mi cuerpo no me acompaña.
Con afecto,
Roberto Belluomini.
Legajo: 20535
Como sabrá, se lo habrán hecho saber mis compañeros, no soy amigo de las medidas de fuerza. Por favor no me malinterprete y dispóngase cinco minutos a leer mi argumento y seguro me va a entender. De verdad valoro la lucha que año tras año ud y mis compañeros llevan a cabo para lograr mejoras salariales o para conseguir la reincorporación de los empleados suspendidos y créame que cada vez que los veo cortar la entrada de la fábrica el corazón se me rompe.
Por eso es que quiero que sepa una cosa: tengo un cuerpo carnero. Mi cabeza de verdad quiere ir a las marchas, ir a ponerle el pecho a las balas, a unirme a los gritos contra la patronal que día a día nos oprime y socava nuestras economías. Todos mis pensamientos se alinean con los de mis compañeros, pero el cuerpo hace otra cosa. Él se empeña en asistir todos los días , día tras día, al trabajo, a destajo, que mientras todos para , él está produciendo lo que hace falta para que no se note el vacío de los obreros, aún en horas extras. Compañero delegado, ud mas que nadie sabe lo que es tener un obrero que "carnerea" cuando todos paran, y eso lo indigna, ¿cómo no va a entender a alguien cuyo cuerpo es su propio enemigo? Me gustaría que alguno de esos que me gritan cada vez que entro a la fábrica se pusiera una vez sola en mi lugar. Que un día uno solo de ellos sepa lo que es subirse a un cero kilometro o ir a cenar afuera todos los viernes y sábados sabiendo que nada de eso es merecido. Ojalá NUNCA les toque estar en mi lugar. Sufro, compañero, sufro mucho, y tengo que hacerme de piedra para poder seguir. Busco todos los día motivos para no pegarme un tiro, sería lo más fácil. Pero no, yo soy un luchador....
...solo que mi cuerpo no me acompaña.
Con afecto,
Roberto Belluomini.
Legajo: 20535
lunes, 4 de julio de 2016
Aislados
El viejo y el niño vivían en lo profundo del bosque en una precaria cabaña que apenas cubría las necesidades básicas para ser un refugio decente. El paisaje se encargaba de aniquilar todo vestigio de vida alrededor de la vivienda que pedía auxilio a través de una débil columna de humo que nunca superaba la altura de los pinos. La vida rústica obligaba al viejo a buscar leña y provisiones cada vez más lejos y el niño permanecía gran parte del día solo, y al caer la noche cuando el viejo regresaba por lo general lo encontraba rendido en su cama sin posibilidad de diálogo alguno. Para poder comunicarse utilizaban un sistema rudimentario de mensajes que consistían en una serie de nudos que el viejo hacía en sus sábanas, y que el niño deshacía en ausencia del viejo. De acuerdo a la cantidad de nudos deshechos, el viejo podía establecer algún código que respondería con otra cantidad de nudos generando un complejo algoritmo de preguntas y respuestas que sólo ellos comprendían.
Así pasaban los días y el niño iba creciendo, hasta que un día logró deshacer todos los nudos. Asombrado de su progreso y no teniendo con quien compartirlo, decidió abandonar la cama y se abrigó con lo que quedaba de frazada y salió corriendo por el bosque. Lo hizo durante un par de horas hasta caer rendido a la puerta de un establo. Cuando despertó dos viejos lo estaban arropando contra la chimenea mientras le ofrecían sopa caliente y pan. El niño no sabía comunicarse de otra manera que no fuera a través de los nudos. Como pudo agradeció la comida caliente y los cuidados, mientras tanto en el bosque, los campesinos le prendían fuego a una precaria cabaña donde se encontraba un viejo pedófilo atado a una cama con una sábana con no menos de una veintena de nudos.
Así pasaban los días y el niño iba creciendo, hasta que un día logró deshacer todos los nudos. Asombrado de su progreso y no teniendo con quien compartirlo, decidió abandonar la cama y se abrigó con lo que quedaba de frazada y salió corriendo por el bosque. Lo hizo durante un par de horas hasta caer rendido a la puerta de un establo. Cuando despertó dos viejos lo estaban arropando contra la chimenea mientras le ofrecían sopa caliente y pan. El niño no sabía comunicarse de otra manera que no fuera a través de los nudos. Como pudo agradeció la comida caliente y los cuidados, mientras tanto en el bosque, los campesinos le prendían fuego a una precaria cabaña donde se encontraba un viejo pedófilo atado a una cama con una sábana con no menos de una veintena de nudos.
domingo, 26 de junio de 2016
Del mundo industrial.
En una conocida papelera se estaban discutiendo los salarios de convenio y los corrimientos de categoría para los ascensos del personal contratado. Los directivos de la empresa, se mantuvieron firmes en su decisión de no aumentar un solo centavo en los sueldos básicos, puesto que la producción había caído en un 25% respecto del mismo período en el anterior año. La demanda del mercado interno se abastecía desde hace unos años con un papel de origen chino, de dudosa calidad pero con excelentes precios y amenazaba con inundar los mercados. La alza paulatina de los costos de los insumos y la suba de los precios de la comida y el combustible hacía imposible vivir del sueldo de un obrero.
El sindicato amenazó con una huelga por tiempo indeterminado, pero la respuesta del directorio no se hizo esperar. Un paro en estos tiempos, sólo beneficia a la papelera. No hace falta tanta producción hasta tanto no se sepa como se iba a dar el mercado en el mes en curso y la huelga solo justificaría algunos despidos y suspensiones que ya estaban en los planes de los empresarios.
Los sindicalistas estaban entre la necesidad del obrero y la mezquindad de empresario, literalmente entre la espada y la pared. Desesperados por la situación, los delegados tenían reuniones constantes, los ánimos destrozados y la pared del callejon sin salida cada vez más cerca.
Ya sin control, el delegado de mantenimiento se acercó a la máquina bobinadora de papel a plena marcha. Miró como el papel fluía hacia los rodillos de bobinado final y luego a los entubadores que finalmente empaquetarían el papel higiénico listo para su despacho. Un pensamiento loco atravesó su cabeza, si se tirara a la máquina, quedaría como un símbolo de lucha para sus compañeros y una marca roja en la empresa explotadora de obreros. Sería pasar a la inmortalidad a costa de su vida, qué más daba, si ya estaba todo perdido. Pero pudo más la bronca y agarró una barreta de hierro y la arrojó a la maquinaria que se la tragó y con un grave estruendo la destrozó marcando para siempre los rodillos de bobinado. El ruido atrajo a los empresarios y a los delegados que no terminaban de entender la situación. SE llevaron al delegado de mantenimiento para apercibirlo por dañar la instalación en forma definitiva y probablemente se produzca la baja de la bobinadora y posterior cierre de la papelera ya que si bien los mecanismos funcionaban, el papel salía marcado cada 60 cm haciendo que el mismo se cortaba al menor tirón.
El cierre era inminente, hasta que el departamento de marketing inició una feroz campaña publicitaria. El papel fue un éxito y la empresa se recompuso inundando el mercado con su último producto: Scott Smart Cut.
Obviamente, los salarios no se movieron y al delegado de mantenimiento lo suspendieron por 90 días.
Este es el comercial que aún circula entre nosotros.
Scott smart cut
El sindicato amenazó con una huelga por tiempo indeterminado, pero la respuesta del directorio no se hizo esperar. Un paro en estos tiempos, sólo beneficia a la papelera. No hace falta tanta producción hasta tanto no se sepa como se iba a dar el mercado en el mes en curso y la huelga solo justificaría algunos despidos y suspensiones que ya estaban en los planes de los empresarios.
Los sindicalistas estaban entre la necesidad del obrero y la mezquindad de empresario, literalmente entre la espada y la pared. Desesperados por la situación, los delegados tenían reuniones constantes, los ánimos destrozados y la pared del callejon sin salida cada vez más cerca.
Ya sin control, el delegado de mantenimiento se acercó a la máquina bobinadora de papel a plena marcha. Miró como el papel fluía hacia los rodillos de bobinado final y luego a los entubadores que finalmente empaquetarían el papel higiénico listo para su despacho. Un pensamiento loco atravesó su cabeza, si se tirara a la máquina, quedaría como un símbolo de lucha para sus compañeros y una marca roja en la empresa explotadora de obreros. Sería pasar a la inmortalidad a costa de su vida, qué más daba, si ya estaba todo perdido. Pero pudo más la bronca y agarró una barreta de hierro y la arrojó a la maquinaria que se la tragó y con un grave estruendo la destrozó marcando para siempre los rodillos de bobinado. El ruido atrajo a los empresarios y a los delegados que no terminaban de entender la situación. SE llevaron al delegado de mantenimiento para apercibirlo por dañar la instalación en forma definitiva y probablemente se produzca la baja de la bobinadora y posterior cierre de la papelera ya que si bien los mecanismos funcionaban, el papel salía marcado cada 60 cm haciendo que el mismo se cortaba al menor tirón.
El cierre era inminente, hasta que el departamento de marketing inició una feroz campaña publicitaria. El papel fue un éxito y la empresa se recompuso inundando el mercado con su último producto: Scott Smart Cut.
Obviamente, los salarios no se movieron y al delegado de mantenimiento lo suspendieron por 90 días.
Este es el comercial que aún circula entre nosotros.
Scott smart cut
Pavlov
Querido lector, no lo voy a aburrir con 20 renglones sobre Pavlov que es alguien que puede googlear por ud mismo pero por las dudas acá hay un poco acerca de Pavlov
Para este texto, solo basta saber que Pavlov trabajó un estudio acerca de la relación estímulo/respuesta, es decir frente a ciertos estímulos, los seres vivos reaccionamos con determinadas respuestas y a esto lo llamó reflejo condicionado.
Me puse a pensar en ciertos estímulos que vienen sucediendo con el ser humano, como por ejemplo cuando una maestra raya con la tiza el pizarrón y emite un agudo chirrido que pone la piel de gallina, intento asociarlo con la garra de un tigre diente de sable que arañó una pared de piedra y produjo un sonido similar que grabó la respuesta en nuestros genes. En los gatos, hay un punto justo detrás del cuello que si uno lo pellizca el gato queda inmóvil. Esto se debe a la información genética que tienen acerca de cómo los transportaba la mamá gata mordiéndolos en la nuca. Mi mamá , por ejemplo, cuando yo frotaba dos piezas de telgopor le hacía mal en los dientes.
Hasta ahora siempre pude entender o al menos intentarlo, de donde vienen estas reacciones instantáneas.
Lo que nunca voy a entender, es la pequeña y elemental canción que se viene repitiendo de generación en generación desde la invención de la escuela pública y hasta el presente. Es una tonada simple de dos tonos y ocho notas negras en total. Si tuviera más conocimientos musicales escribiría la partitura para que cada uno la pueda ejecutar en algún instrumento. La tonada que nos viene persiguiendo responde a un estímulo emitido por una persona mayor vestida de uniforme blanco.
La situación es más o menos así:
Estímulo: - ¡Buenos días chicos!
Respuesta: - ¡Bue-nos-dí-as-se-ño-ri-ta!
Estos son los pequeños e insondables misterios que me quitan el sueño. Como la fórmula de la cocacola, la duración de los caramelos media hora, el indescifrable idioma de Anamá Ferreyra, y la forma de los ornitorrincos.
Si alguien arroja un poco de luz acerca de estos misterios, que lo haga de noche o en días nublados.
Para este texto, solo basta saber que Pavlov trabajó un estudio acerca de la relación estímulo/respuesta, es decir frente a ciertos estímulos, los seres vivos reaccionamos con determinadas respuestas y a esto lo llamó reflejo condicionado.
Me puse a pensar en ciertos estímulos que vienen sucediendo con el ser humano, como por ejemplo cuando una maestra raya con la tiza el pizarrón y emite un agudo chirrido que pone la piel de gallina, intento asociarlo con la garra de un tigre diente de sable que arañó una pared de piedra y produjo un sonido similar que grabó la respuesta en nuestros genes. En los gatos, hay un punto justo detrás del cuello que si uno lo pellizca el gato queda inmóvil. Esto se debe a la información genética que tienen acerca de cómo los transportaba la mamá gata mordiéndolos en la nuca. Mi mamá , por ejemplo, cuando yo frotaba dos piezas de telgopor le hacía mal en los dientes.
Hasta ahora siempre pude entender o al menos intentarlo, de donde vienen estas reacciones instantáneas.
Lo que nunca voy a entender, es la pequeña y elemental canción que se viene repitiendo de generación en generación desde la invención de la escuela pública y hasta el presente. Es una tonada simple de dos tonos y ocho notas negras en total. Si tuviera más conocimientos musicales escribiría la partitura para que cada uno la pueda ejecutar en algún instrumento. La tonada que nos viene persiguiendo responde a un estímulo emitido por una persona mayor vestida de uniforme blanco.
La situación es más o menos así:
Estímulo: - ¡Buenos días chicos!
Respuesta: - ¡Bue-nos-dí-as-se-ño-ri-ta!
Estos son los pequeños e insondables misterios que me quitan el sueño. Como la fórmula de la cocacola, la duración de los caramelos media hora, el indescifrable idioma de Anamá Ferreyra, y la forma de los ornitorrincos.
Si alguien arroja un poco de luz acerca de estos misterios, que lo haga de noche o en días nublados.
miércoles, 22 de junio de 2016
Ausencias
Técnicamente, esta entrada iba a estar dedicada a la ausencia de Hernán Casciari de su Blog Orsai
El relato tendría un tinte cómico acerca de cómo el autor del blog mutó en actor de su propia vida para perderse entre varios relatos que formaron parte de su fogón de los martes.
En eso estaba cuando me llegó un whatsapp de mi hermana contándome que había fallecido mi tía Rosa. La noticia me golpeó literalmente ya que era la última de mis tías que quedaba viva. Hice memoria y me ayudé con un papel y un lapiz y escribí todos los nombres de los hermanos de mis viejos y efectivamente, se fue la última integrante de la familia de la generación de mis padres, no queda ninguno más.
Por primera vez en mi vida siento que se serruchó la rama donde estaba sentada mi generación y quedamos todos los primos colgando de nuestra propia rama.
"¡Somos los que seguimos!" fue mi pensamiento mas pesimista mientras repasaba la lista pensando si me había olvidado de algún integrante. Era inútil, el papel estaba lleno de muertos.
En eso estaba cuando vino mi hija y me vio mal. Miró la lista y el whatsapp aún sin respuesta.
"¿Quiénes son Rita, Rosa, Hilda, Teresa, Victorio, Bores, Irma, Juan , Uco, Erlinda y Eiberio?" preguntó mi hija. "Son los abuelos y sus hermanos" le dije.
" Están todos..."
"¿Juntos?" me interrumpió sabiamente.
"Si hija, están todos juntos ahora."
Me abrazó y se fue a dormir.
Miro la lista y me asalta un pensamiento....el ausente soy yo.
Repaso y repaso...y pienso que a cinco metros duermen las tres personas más importantes de mi presente.
Lejos de casa mi sobrino Francisco me escribe "¿Cómo estás tío?¿Cómo anda la familia?" . Francisco es el hijo de mi hermana con quien estoy peleado mal. Sin embargo su hijo le roba dos minutos al sueño para saber cómo ando.
Miro una vez más la lista y la tiro a la basura.
¡Que esperen un rato che.....todavía tengo cosas por hacer!
Son las 23:54 del miércoles 22 de junio.
Esto todavía está lejos de un final.
Les dejo un video que me resume las palabras ausencia y continuar.
http://www.dailymotion.com/video/x2m0cxj
El relato tendría un tinte cómico acerca de cómo el autor del blog mutó en actor de su propia vida para perderse entre varios relatos que formaron parte de su fogón de los martes.
En eso estaba cuando me llegó un whatsapp de mi hermana contándome que había fallecido mi tía Rosa. La noticia me golpeó literalmente ya que era la última de mis tías que quedaba viva. Hice memoria y me ayudé con un papel y un lapiz y escribí todos los nombres de los hermanos de mis viejos y efectivamente, se fue la última integrante de la familia de la generación de mis padres, no queda ninguno más.
Por primera vez en mi vida siento que se serruchó la rama donde estaba sentada mi generación y quedamos todos los primos colgando de nuestra propia rama.
"¡Somos los que seguimos!" fue mi pensamiento mas pesimista mientras repasaba la lista pensando si me había olvidado de algún integrante. Era inútil, el papel estaba lleno de muertos.
En eso estaba cuando vino mi hija y me vio mal. Miró la lista y el whatsapp aún sin respuesta.
"¿Quiénes son Rita, Rosa, Hilda, Teresa, Victorio, Bores, Irma, Juan , Uco, Erlinda y Eiberio?" preguntó mi hija. "Son los abuelos y sus hermanos" le dije.
" Están todos..."
"¿Juntos?" me interrumpió sabiamente.
"Si hija, están todos juntos ahora."
Me abrazó y se fue a dormir.
Miro la lista y me asalta un pensamiento....el ausente soy yo.
Repaso y repaso...y pienso que a cinco metros duermen las tres personas más importantes de mi presente.
Lejos de casa mi sobrino Francisco me escribe "¿Cómo estás tío?¿Cómo anda la familia?" . Francisco es el hijo de mi hermana con quien estoy peleado mal. Sin embargo su hijo le roba dos minutos al sueño para saber cómo ando.
Miro una vez más la lista y la tiro a la basura.
¡Que esperen un rato che.....todavía tengo cosas por hacer!
Son las 23:54 del miércoles 22 de junio.
Esto todavía está lejos de un final.
Les dejo un video que me resume las palabras ausencia y continuar.
http://www.dailymotion.com/video/x2m0cxj
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