jueves, 16 de octubre de 2014

Día 36 - Dos palomas


Me miraba con asco. No hacía otra cosa que reprochar fuertemente y sin fundamentos mi actitud infantil. Intenté conciliarla, le dije que había cosas que escapaban de mi control pero que eso no me convertía justamente en ese ogro que ella gritaba a los cuatro vientos para que el mundo me condene. Le señalé las dos palomas, le conté que la naturaleza tiene sus reglas, que ellas eran libres de ir adonde se les ocurra y que me parecía opresivo pensarse el dueño de la verdad y de los actos ajenos. Nada. Ella seguía firme, juzgando, condenando, ejecutando la sentencia dictada por las leyes urbanas que tantas veces trasgredimos cuando fuimos jóvenes y rebeldes. Volví a insistir con las palomas, le mostré una vez más lo inocente de sus actos y de la plenitud que yo veía en ellas, que se me antojaron por un momento como un cuadro de Paul Cezanne, escapando a las reglas de lo establecido, desafiando los órdenes, libres con todas las letras. Ofuscada me miró con un fuerte desprecio, me aniquiló con su mirada y arrebatándome el calzoncillo de la mano le pasó un pan de jabón con violencia y lo dejó en un balde al sol.

Tengo que aflojarle al Fernet.

Día 37 - Cinco minutos


Con Javi, Gabriel y Antonio, compartimos más que la etapa de estudiantes de pedagogía teatral. Javi venía de Formosa, Gabriel buscaba nuevos horizontes dentro de su pequeño pueblo santafesino y Antonio, el más grande de los cuatro venía de Morón escapando de una escandalosa separación con denuncia y restricción incluida. Estábamos haciendo sobremesa en el departamento de Antonio. Nuestras mujeres, la de Javi, la de Gabriel y la mía, estaban en la terraza hablando de bueyes perdidos, los niños (mi hija mas grande, los dos de Gabriel y el de Javi) jugaban en el frente. Cada tanto venían a joderlo a Antonio para que les haga títeres. El tipo tenía cursado un par de años con Sarah Bianchi, una titiritera de puta madre, y con cualquier cosa que encontraba te armaba una historia. Una vez, con un tirabuzón y un par de corchos, les representó "crimen y castigo" de Dostoievski y los pendejos quedaron fascinados. Antonio era lo que cualquier grupo de padres necesitaba para que sus hijos quedaran en buenas manos. No era que sólo los entretenía, sino que los hacía pensar y les hacía conocer los grandes de la literatura de la mejor manera, jugando. En una reunión de esas donde sobra el tiempo y el alcohol, nos pusimos a ver qué podíamos hacer cuando nos recibamos de docentes teatrales, que proyecto podríamos encarar para sacarle plata al estado o como explotar a pendejas aspirantes a docentes mientras nosotros hacíamos las veces de directores o algo jerárquico. El que más futuro tenía era Antonio, ya tenía experiencia y sobre todo mucha paciencia. "Boludo, vos Antonio, si te ponés una escuelita de teatro para pendejos, a la plata la juntás con pala. O te armás un jardín de infantes o un proyecto que tenga que ver con los títeres, o algo. Con un título nacional no te para nadie" lo animamos, total de última nosotros teníamos las vidas mas o menos encaminadas y nuestras mujeres no iban a permitir demasiado volantazo a esta altura del partido. “Ojalá muchachos, pero tengo un pasado complicado que me va a jugar en contra" nos dijo serio. Es cierto, se había comido unos meses adentro y la mujer se la tenía jurada con querellas y denuncias, que pensamos hasta ese momento que eran despechos de una mina abandonada. "Si supieran algunas cosas de mi pasado no me dejarían ni acercar a sus pibes" sentenció Antonio y terminando la cerveza se fue al baño pidiendo permiso. A la pasadita le acarició la cabeza a mi hija y un escalofrío me corrió por la espalda. ¿Qué era lo que hacía potencialmente tan peligroso a Antonio para con los chicos? ¿Por qué nos dijo eso? ¿Por qué la mujer de Antonio, cada vez que atendíamos el teléfono de su departamento nos llenaba las bolas de que tengamos cuidado, que el tipo era peligroso, que había que tener cuidado y no sé cuantas cosas más? Los cinco minutos que tardó Antonio en el baño, fueron suficientes para que nuestra cabeza mutara horriblemente cambiando la imagen afable y bonachona de Antonio, en una espantosa versión de un tipo abusador, denunciado y procesado y totalmente irrecuperable. Javi permaneció en silencio, marcó algo en el celular y hablando inaudible agarró a su hijo y saludó con la cabeza. Curiosamente la mujer también estaba hablando por el celular pero con cara de desconcierto. Algo se terminaba de romper en ese momento. Nos miramos con Gabriel y ahí nos cuestionamos que tan abierta teníamos la cabeza, y con tristeza comprobamos que nuestros prejuicios fueron más fuertes y empezamos a preparar las cosas para irnos de ese lugar que siempre había servido para soñar y cambiar el mundo.

Dejamos de vernos, los cuatro, esa fue la última tarde.

Años después, un conocido de Antonio nos comentó que el turbio pasado se resumía a un par de estafas con celulares robados y un contrabando de zapatillas truchas que fue descubierto y por eso estuvo guardado.

Ya era tarde para volver atrás, la inocencia, así como se había ido, no regresaría nunca más.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Día 38 - La herencia


Mi trabajo de oficina me tiene muy mal.

 Todos los días lo mismo, el mismo café sin gusto, las mismas charlas de siempre, los mismos horarios, las mismas caras. Esta insoportable rutina/ruina hoy ya no resulta tan desagradable. Por suerte, a veces en un montón de mierda uno puede llegar a encontrar un pequeño diamante que justifica una vida de sacrificios. Miro a todos porque tengo en la manga un dato que me pone por encima de sus tristes vidas. La semana pasada vino a visitarme un señor de traje elegante que hablaba como los pastores de la tele a la medianoche. Me llamó por mi nombre y apellido y me mostró la copia de mi partida de nacimiento, dentro del maletín se veían unas carpetas con documentos sellados y un libro de actas muy viejo. Lo hice pasar y se sentó en el living, me dijo que llame a mi mujer (se refirió a ella por su nombre) que tenía importantes novedades para darnos. Sacó dos perfectos árboles genealógicos nuestros, ahí se leían perfectos los nombres de nuestros antepasados pero aún no sabíamos que tenía que ver esto con nosotros y que quería este pastor brasilero de nosotros. Cerca de la rama de mis tatarabuelos maternos se encontraba encerrado el apellido de mi tatarabuela: Correas. El hombre nos refirió que Evelina María Correa era descendiente directa del Comendador Domingo Faustino Correa de Almeida, un hombre al que se le usurparon ilegalmente unas tierras en Brasil y después de mucho tramite legal, el estado Brasileño iba por fin a indemnizar a todos los herederos del Comendador. De acuerdo al grado de parentesco, mi tatarabuela hubiera heredado cerca de cinco millones de dólares. Lamentablemente habría que validar el linaje y hacer el reparto entre los herederos vivos, a lo que el abogado brasileño sacó un acta con cada uno de mis primos (estaban todos ahí, algunos marcados con un resaltador). Al lado de cada nombre había un 720.000. Pregunté que era ese número y el abogado dijo "Es lo que le corresponde a cada heredero de su línea. A ustedes les correspondería 720.000." ¿Pesos? pregunté. Se sacó los anteojos y dijo "Dólares. Tiene una hija tengo entendido ¿es así?" Yo me estaba recuperando del pre infarto y le dije que sí. "Ah, eso es un problema...a ella le corresponderían 150.000 dólares pero lamentablemente no tienen ni usted ni su hija la carta de linaje. Es un trámite costoso y lleva un par de meses. Si nos apuramos en una de esas llegamos a presentar la lista de herederos antes de fin de año en el estudio de la ciudad de Paraná." Me contó que el trámite de la carta de linaje cuesta entre 10.000 y 15.000 pesos dependiendo la línea de descendencia, mientras más lejos, menos era la herencia y menos costaba la carta de linaje. Así que saque un préstamo en el trabajo y le pagué al abogado, el cual me entregó toda la documentación legal para cuando nos llamen de Paraná. Me dijo que ya estaba todo en orden, que no faltaba nada, que el dictamen saldría a más tardar a fin de este año.

Por eso, mientras miro a estos pelotudos de la oficina tomar su cafecito tibio mientras se ríen de las boludeces que hace Villarino de contaduría y le tiran bollitos de papel al canasto del idiota de Pernía. A más tardar a fin de año me iba a ir a la mierda, a vivir como Dios manda, lejos de estos grises ratones sin futuro. Que felicidad que tengo adentro. Que lindo va a ser decirle a Martínez nuestro jefe, que me voy a la mierda y no sepa como carajo se cierra un balance dibujado. Que lejos me veo de esto.

Muchas gracias Domingo Faustino Correa por rescatarme de esta gris existencia. 

Día 39 - La otra obra


Hace un tiempo fui a darle una mano a un amigo con un festival de teatro. Básicamente me encargaba de conseguir o fabricar escenografía, utilería y conectar cables. Se presentaban alrededor de tres elencos por noche y el festival duraba cuatro días. Era mucho trabajo en poco tiempo, pero estábamos felices cada vez que una obra salía bien. Una de las noches, se presentó una obra que se llamaba "Alto apocalipsis" que trataba con humor la llegada del fin del mundo y al protagonista lo agarraba encerrado en el baño de un shopping. Hicimos la escenografía de un minúsculo cubículo de baño con portarrollos de papel, perchero, inodoro, etc. Un trabajo maestro. Durante la obra, el protagonista habla con diversas personas desde su celular ya que es su única manera de despedirse de los que quiere ante la inminente muerte global. Comenzó la obra y atrás de la escenografía estábamos con José, otro técnico, sosteniendo la estructura del cubículo ya que en algún momento el protagonista iba a empezar a tratar de derribar los tabiques y teníamos que sostener todo para que no se venga abajo. De pronto entró una misteriosa mujer que se sentó unos metros atrás en una mesa con una linternita de vincha y un texto en la mano. Llamaba la atención que alguien haya elegido ese punto oscuro para ponerse a repasar la letra, pensamos creyendo que se trataba de una actriz de la obra que venía después de "Alto apocalipsis". La obra se desarrollaba normalmente hasta que escuchamos una charla que el protagonista tiene por teléfono con un amigo que supuestamente lo engaña con su mujer. Sentimos un murmullo y miramos hacia el lado de la mujer sombría y confirmamos la sospecha, ella estaba hablando con el protagonista con su celular. Era increíble, el tipo no estaba actuando, estaba conversando en forma real con la directora, que por otra parte nos enteramos que era su madre, recreando todos los diálogos. También nos enteramos en ese momento, que el actor tenía mala memoria y no pudo retener gran parte del texto. Mientras sosteníamos la escenografía (no sabíamos bien cuando iba a empezar la hecatombe) nos mirábamos con cara de "no puede ser". Era todo tan surrealista y hasta gracioso, hasta que pasó lo que pasó, la extraña dama se acercó con su linternita y mirándonos con pánico nos dijo "me quedé sin crédito ¿qué hago?". Nos miramos con José mientras el protagonista le gritaba a su celular "¡contestame boludo! ¡No me dejés con la palabra en la boca!" y la gente se reía mucho. Le dimos nuestros celulares a la madre/directora y no pudo comunicarse con su hijo/actor porque tenía bloqueados a todos lo usuarios menos a su mamá. Ya con José nos mirábamos mal, no entendíamos cómo se puede presentar alguien en un festival con la obra tan verde. La madre/directora se acercó al hueco que hicimos para poner la falsa cañería del inodoro y por ese agujero le soplaba la letra al hijo/actor. Era increíble, José soltó la estructura y me dijo con señas "me voy a la mierda, dejá que estos irresponsables se arreglen como puedan". Lo convencí de quedarnos un rato más, que ya terminaba, que piense en el festival. Y así nos quedamos hasta el apagón final que nos fuimos a la calle a fumar un pucho. Desde allí se escuchaban los mal merecidos aplausos de la multitud de pie. Salió uno de los sonidistas y nos llamó, nos dijo "¡Che, entren que Cesar (el hijo/actor) quiere decir unas palabras!". Allá fuimos con José, entramos en la sala justo cuando César, el hijo/actor decía: "Quiero agradecer a Hugo por haberme hecho parte de este sueño que es este maravilloso festival, a los chicos del sonido que hicieron posible esta obra y por sobre todo, quiero agradecer a mi madre, que también es la directora de esta obra y que es mi vida y mi red que nunca nunca me dejó ni me dejará caer. ¡Mamá, te quiero mucho!" y la gente aplaudió más que nunca mientras desde lo oscuro venía la madre/directora con la linternita en la frente y llorando emocionada mientras abría sus brazos para recibir al desmemoriado retoño. José y yo puteamos al sonidista por hacernos tirar al pedo los dos últimos marlboro nacionales que nos quedaban.

viernes, 10 de octubre de 2014

Día 40 - Sanpaku


Hace mucho mucho, por los años 70, salía una publicación que se llamaba Semanario y en un semisubtitulo se leía "Tabloide". Era una publicación que exhibía casos insólitos como los hijos de la talidomida, el caso del niño mono, la mujer más flaca del mundo y otros temas tan fascinantes como inútiles. De todos los títulos, uno me llamó poderosamente la atención: los ojos sanpaku. Contaba la nota , que los ojos sanpaku son los que presentan una franja blanca por debajo de la pupila, como si la misma se encontrara colgando del parpado superior como una piñatita. Decía que las personas que poseían estos ojos estaban signados por la tragedia, que los esperaba una muerte pronta e inesperada. Contaba el artículo que Olmedo era uno de ellos. Obviamente y recontracagado en las patas me fui a ver en el botiquín si tenía ojos sanpaku. Me puse a hacer caras y miradas que de a ratos parecía que sí, que era una de esas personas signadas por la marca de los sanpaku y empecé a imaginar una serie de sucesos trágicos. Me puso muy paranoico esta situación, que según como miraba podría ser una persona normal o un posible fiambre a corta edad. Cada auto que se me acercaba era una amenaza, cada vez que subía al colectivo me imaginaba un choque frontal con un reguero de cadáveres sanpaku en la calle. Cada vez que iba a comer , esperaba que todos empezaran y luego de 10 minutos me acoplaba a la comida. Trataba de encontrar un sanpaku y saber si tenía las mismas persecutas que yo. Pensé en los orientales y asumí que eran muchos porque no podrían ser sanpaku nunca debido al escaso margen que existe entre los párpados. Así fue que mi vida se volvió un infierno. Ya tenía 12 años y una úlcera incipiente a causa de este tema.

Grande fue mi sorpresa cuando una mañana de marzo llegando a la plaza, se escuchó el grito de un hombre de no más de treinta años en una cornisa de un octavo piso de un edificio céntrico. Me imaginé que era un sanpaku como yo, que cansado de su incierto destino decidía terminar con su suerte, paradójicamente de esta manera alimentaba aún más el mito de su destino. Gritaba y mucho, más de lo que se necesita para llamar la atención. Ahí entendí que no se iba a tirar, que sólo era una estrategia para atraer la atención de su mujer que lo había dejado porque él le metió los cuernos con una vecina de abajo, según contaban los vecinos. Y entonces pasó, se me ocurrió la desafortunada tarea de mirar alrededor mío y me vi rodeado de mucha gente curiosa que miraban hacia arriba. Se habían vuelto en forma misteriosa un ejército de sanpakus.

Salí corriendo y no vi la motito que se me vino encima.

jueves, 9 de octubre de 2014

Día 41 - Había una vez un circo...


Hace unos años llegó a San Cristóbal el gran Circo Lombardi. Hay que admitir que el calificativo "gran" le quedaba holgado, pero para lo que venía por el pueblo no había demasiado para reprochar. La expectativa era grande, se calculaba que traían leones, tigres y un montón de esbeltas acróbatas y graciosos payasos. Grande fue la desilusión cuando vieron desfilar un cúmulo de personajes decadentes por la calle principal. Jacinto, el empleado de la pompa fúnebre, tenía más chispa que el más gracioso de los tres payasos. La vieja de la farmacia tenía más gracia y carne que Olga la trapecista que parecía literalmente un esqueleto forrado con cuero gris. A los animales no había que aplaudirlos muy fuerte porque corrían el riesgo de morir de un infarto. El que andaba bien era un domador de aves, que tenía amaestrados unos pájaros que en los ratos libres salían a alimentarse de lo que encontraban y a la siesta el domador los mandaba a afanar cositas chicas, aritos, billetes, dientes de oro, en fin todo lo que le pudiera sacar a un pobre. Pero el número fuerte era Piguetti, el lanzafuegos que era impresionante la longitud de la llama que lograba con un buche de querosén cortado con caña Palanca. La noche de la apertura del circo, se organizó un desfile por la calle central de San Cristóbal. Lombardi iba adelante vestido con un traje de capitán de barco color lila tirando tiros de salva al aire, atrás de él venían lo animales. Se sospechaba que los tiros eran de verdad, porque una vez el león lo mordió en una nalga y leyendo un  artículo de Pavlov, Lombardi había logrado dominar a las fieras con el ruido de los tiros. Más atrás venían las acróbatas, saludando en silencio para que no se aviven las bestias y se las coman. Al final venían los tres payasos con un rastrojero lookeado como una enorme cucha de perros, y cambiaban una entrada al circo por un perro o un gatito, que arrojaban a la cucha y adentro el Piguetti los mataba, los cuereaba prolijamente y los metía en grandes cajas con sal gruesa, que luego serviría de alimento a los animales y a las trapecistas. Cuando llegó el cortejo al circo, Lombardi empezó una perorata contando las bondades de unas botellas de agua con alcanfor y whisky barato con azúcar, que según él tenía grandes poderes curativos. Luego de la venta del inútil brebaje, y a modo de broche de oro, sonaban las trompetas de los payasos que anunciaban el plato fuerte de la inauguración, Piguetti el lanzallamas humano. En la penumbra se asomó un sombrío personaje portando una antorcha y enfundado en una especie de sobretodo rojo. Tiró el sobretodo y lucía una ajustada camiseta musculosa con una llamarada estampada en el pecho. La gente miraba en silencio atenta a lo que sería el plato fuerte. Medio pueblo estaba en la carpa esa noche. De la nada Piguetti sacó una botellita plástica y tomó un abundante trago del brebaje que luego escupió en siete pequeños chorritos que se transformaron en azules llamaradas de mediano tamaño. La multitud estalló en un aplauso estruendoso. Tomó otro trago y esta vez logró una llama finita y sostenida en el tiempo que denominaba como "la meada del diablo". De la nada empezaron a sonar una especie de tambores creando un gran clima de suspenso. Los payasos, golpeaban rítmicamente dos tanques de 50 litros con palos de escoba y cuando el clímax estaba en la cumbre, Piguetti tomó un trago mucho más sustancioso de la botella y la arrojó vacía a un costado. Hinchó su pecho y roció con todas sus fuerzas provocando una llama que incendió la carpa. Comenzó un caos sin igual, la gente corría, se atropellaban y todo terminó en un tremendo desastre. Los animales huyeron para siempre, muchos niños se extraviaron y Lombardi desapareció para siempre. La posible explicación del accidente fue que en lugar de la habitual mezcla de querosén y caña palanca, el adiestrador de aves fue al almacén de Ramos generales y en lugar de caña palanca consiguió caña piragua, de mayor graduación alcohólica, y en lugar del habitual y ordinario querosene, le puso nafta Fangio XXI que le afanó a una moto chopera de un hippie.

Desde ese entonces , Piguetti se gana la vida como promotor en las fiestas de ron Bacardi.

Del resto del circo nunca se supo más. Se sospecha que armaron una Mutual de empleados de comercio.

Día 42 - Rebelde sin causa


Se resistía a seguir a los demás.

Era la primera vez que pasaba. No era un día como todos. Significaba que algo no andaba bien.

Vanos fueron los esfuerzos para encausar al rebelde. Intentamos todo, arremeter por la fuerza, dosificar el suministro de agua, tentarlo a unirse a nosotros pero seguía firme en su capricho de quedarse justo donde estaba. Los tiempos ya estaban al borde de lo tolerable, la paciencia tiene un límite y esta situación no podría estirarse por más tiempo, el resto de la comunidad comenzaría con preguntas incómodas y las explicaciones nunca alcanzarían. Todo se tornaba inquietante. Aunque era pequeño resistía como un valiente dándonos a todos una lección de voluntad y perseverancia. Ausentes de recursos y a punto de desistir de nuestra titánica empresa, llegó a nosotros la solución en la voz de mi primo Nahuel: "¡Boludo, cuando tirés la cadena la próxima vez, largale mas o menos 30 centímetros de papel higiénico y vas a ver que se lleva a ese confite de mierda!"

lunes, 6 de octubre de 2014

Dïa 43 - La paciencia de Messi


El otro día estaba viendo a Messi en la tele mientras un pibito le quería sacar una foto. Me chocó feo esa imagen de la cara de orto de Messi totalmente inmutable, ni un gesto , ni una sonrisa, nada. Como puede ser alguien tan insensible, cómo alguien puede permanecer ajeno a la alegría de un fan, sin ellos no tendría razón de ser. Sería un loco más pateando una pelota en una cancha lejos del dinero y el calor de la gente.Tendría que ser más humilde pensé, que no se olvide de la gente, que él salió desde abajo y es el horizonte de muchos que quieren soñar.

Estaba pensando en esto cuando se me vino la imagen de los periodistas que cada cuatro años le dedican vaticinios poco alentadores y que al primer gol lo ponen en un altar del que lo van a voltear 10 minutos después de la primer caída. También se me viene la cara de las gente que lo putea a viva voz mientras el chabón se come todas las patadas que no puede esquivar y cuando lo bajan le gritan "CAGON" "FORRO" "SORETE" " Claro, en Europa la descose pero acá se cuida el hijo de puta" desde la comodidad de una reposera tomado cerveza de lata y jugando a ser hinchas fervorosos. También se me viene la opinión "formada" de la gente cuando se supo que Messi tenía un quilombo de impuestos y no pararon de pegarle e indignarse con frases del tipo "¡¡¡Pero che!!! ¡¡¡Es multimillonario y evade!!! Que mal ejemplo!!!¡ Ni hablar sabe pero meter la mano en la lata si!¡ si metiera goles en lugar de evadir seríamos campeones!"

Y como para definir , veo en la tele que el pendejo ni lo mira a Messi, ni le habla, sólo grita  "MESSI, MESSI, MESSI" como una alarma de moto barata y no para hasta cogotearlo con el antebrazo y tomarse una selfie.

Ahí es donde me cae la ficha...la gente no quiere saludar a su ídolo, quiere que otra gente vea que el ídolo estuvo con él, con el fan, como si el fan fuera protagonista y Messi un accesorio del paisaje. El pendejo no le interesaba Messi...sólo quería la selfie.

Ahora entiendo la cara de Messi.

Que paciencia que tiene Messi.

sábado, 4 de octubre de 2014

Día 44 - Causas de divorcio

Muchos son los causales de divorcio, y los más importantes tienen que ver con el fin de la pasión, con el desenamoramiento del otro. Siempre, o casi siempre, sucede mucho antes de la separación propiamente dicha y la pareja se soporta hasta que una boludez termina por justificar lo inevitable.
Suponiendo que la pareja ande bien, es decir que se amen dentro de lo posible, sin llegar a lo nevelesco, acá hay algunos causales de divorcio que fueron en mayor o menor medida determinante en el fin del amor en forma estrepitosa.

La danza:
En el caso que ella haga danza clásica, hay que ser muy abierto de mente para tolerar que un muchachito musculoso en mallón levante por los aires y manosee ante un teatro lleno a nuestra pareja. Ni tengamos en cuenta los ensayos o giras lejos de nuestros ojos.
El el caso que él baile tango, para la mujer no debe ser divertido ver que una jovencita vestida de mujerzuela le apoya el muslo en la entrepierna a su hombre mientras lo mira fijo a los ojos con un tangazo de fondo y el tipo le agarra la cintura para no dejarla escapar. La pucha.

El asma
Uno a veces en medio de un orgasmo puede quedarse muerto o viudo pensando que se está llegando al climax.Es preferible el falso orgasmo.

La cuñada menor.El cuñado universitario y deportista
Por lo general uno desconoce la familia de la pareja, un poco por comodo y vago y otro poco por si fracasa la pareja, es preferible ser odiado por una sola persona y no por una familia. Con el tiempo llega la primer visita y ahí te presentan al resto del clan que se compone de gente copada y que te tira la mejor onda y te pide favores como "¿me ayudás a atarme la bikini que me queda el moño flojo?" o para ellas "te veo tensa ¿querés un masaje en la espalda?" . Y si los cuñados son unos bichos, seguro tienen amigos y amigas que se parten y se tiran a la pileta sin salvavidas porque total "¡¡A ustedes se los ve rebien!!" nos dicen, ignorando que estamos al borde del pacto suicida.

Los peluqueros de cabecera.
Son esos hijos de putas que le llenan la cabeza a nuestras parejas finalizando cada frase que se tira con un "Mmmmm, nosé, nosé...." clavándole las dudas en ese lugar de donde nunca se las van a poder sacar. Ahora, cuando nos secan las bolas con la paranoia y la cosa se va al carajo, ellas van y le dicen al coiffeur "¡¡¡Tenías razón Juan Ignacio, son todos una basura!!! te tendría que haber hecho caso el primer día que me dijiste eso acerca de él." y lo abrazan y probablemente el hasta ahora afeminado peluquero se la termine follando como jamás se habían follado a nuestra pareja.

Los alumnos particulares
Esos pendejos que desbordan hormonas y se llevan francés y se vienen a tomar clases particulares con nuestra pareja y me miran la boca cuando pronuncia "Bon jour", y nuestra pareja insiste que le mire la boca, y el pendejo mira, y la mira, y la vuelve a mirar, y cuando articula algo parecido a "bon jour" nuestra pareja salta alborozada aclamando "¡tres bien!¡tres bien!"

viernes, 3 de octubre de 2014

Día 45 - Una niña, un Toyota...


En una época trabajaba en Alvear en una autopartista cerca de donde vivía en ese entonces. Para llegar tomaba todos los días a las 7:30 el micro interurbano. Por coincidencia de horarios, siempre llegábamos a un semáforo junto con autos que llevaban a los niños a la escuela y a los padres a sus trabajos. Desde la altura de la ventanilla, se podía ver parcialmente a los conductores y acompañantes de los autos vecinos. Siempre esperaba al Toyota Corolla color champagne. ¿El motivo? La conductora tenía unas piernas de infierno. El único problema que había era que a veces llevaba a una niña de aproximadamente 8 o 9 años a la escuela. Un día me encontró la mirada de la niña in fraganti cuando miraba las piernas de su madre. Pensé que me iba a delatar pero en lugar de eso me saludó. Le devolví el saludo y cuando el micro arrancó le saqué la lengua. Al otro día lo primero que hizo esta niña fue devolverme la burla, a lo que puse cara de enojo, y luego la saludé con la mano. Así transcurrían las mañanas. Durante el invierno dibujábamos los vidrios con animalitos imaginarios. Yo a veces escribía unas zetas dentro de un globito de dialogo como si estuviera durmiendo, gracia que ella festejaba. Llegada la primavera y un día previo a mi traslado a la planta de Rosario, le había dibujado en una cartulina una cara triste que decía "chau"  a modo de despedida. Llegó el colectivo junto con el Toyota al semáforo y sin mediar gesto le puse el dibujo contra la ventanilla. Cuando lo bajo para ver su cara, me encuentro con una mirada mucho más triste que mi dibujo. En uno de los ojos rodaba una lágrima y me sentí mal. Pensé que había alimentado demasiado el vínculo y que era muy precipitado para una niña de 8 o 9 años esa despedida casi poética de nuestra semi amistad. Pero había algo más en su mirada que no alcanzaba a entender. Levanto las cejas como preguntando si algo andaba mal. Terrible fue la respuesta casi imperceptible con los ojos de la niña señalando al conductor. Para mi sorpresa, en lugar de las largas piernas de la madre (o de quien yo suponía que era la madre) había un pantalón masculino. Intenté pensar que la niña se encontraba en un proceso de separación, que la madre la llevaba a veces y otras veces la llevaba el padre con quien no se sentía a gusto. También pensé que se había mandado alguna macana y que el padre la había retado fuerte. No entendía bien que pasaba pero algo no andaba bien. La respuesta vino como una bomba a mi cabeza, cuando bajo la vista y veo la mano del conductor cerca de la vulva de la niña se me puso todo rojo. Los pensamientos venían de a montones, quise gritarle al hijo de puta, quise que desaparezca el micro para poder salvar a la niña, no entendía por qué yo solo veía esto, cómo nadie más se percataba de ese hecho. Todo estaba en rojo, menos el semáforo que se llevó el auto, la niña y todas sus pesadillas y me dejó clavado en un lugar del tiempo del que me cuesta salir. Todavía me despierto con los ojos tristes de la niña alejándose por la calle en un Toyota, mezclándose entre otros autos.