miércoles, 20 de julio de 2016

Botellas al mar

Cuando un tipo más o menos famoso arma un blog, es como tirar un salame en una mesa de 8 tipos hambrientos, todos están esperando que caiga para devorarlo y festejan cada encuentro.
Cuando sos un poco conocido, es como invitar a tus amigos a comer a tu casa, vienen al principio, pero con el correr de los tiempos te suena que vienen porque vos les insistís y no por otra cosa.
Pero cuando no sos nadie y armás un blog, es como tirar una botella al mar, es un acto de fe, poner un poco de tu corazón en letras y dejarlo que vague por el cyberespacio esperando a ser leído en forma anónima aunque sea por alguien.
Cuando empezó la historia de Panza Arriba era para escribir un poco de boludez que habitualmente no me animaba a decir en los círculos íntimos. Me dedico al teatro y fantaseaba con hacer un espectáculo llamado "La paja en el ojo ajeno" que básicamente iba a hablar de la paja en un tono satírico, todo esto fue mucho antes de Sambayoni.
De la mano del gordo Casciari, me animo a escribir este blog sin muchas ilusiones, iban a ser 100 entradas y a otra cosa, nada más. Al principio parecían muchísimas oportunidades, y me mandé a contar cosas.
Los resultados eran peores que los imaginados, nadie visitaba ni por joda el blog. Un día caen un par de visitas de Ucrania. La botella había llegado a Europa del este o alguien se había logueado en un servidor alterado en dirección.
Las visitas crecían con cuentagotas y decidí publicar mi dirección junto con mi nick El Toti en el blog Orsai, donde comento cosas.
Algo empezó a moverse. Vino alguna gente a visitar el blog. Y un día apareció este comentario:



jaja me gustó como está contada esta historia! en Dia 82 - El centenario San Cristobalsafe: "1 respuestas."
el 29/07/14
 
 

Ese fue el primer comentario, lo hizo una chica que escribía el blog Violetismo. Me puso bien que alguien se anime a subir lo que pensaba de mi publicación. Van a hacer dos años de este hecho el día 29 de este mes. Desde esta entrada quiero agradecer a Violetismo por animarme a seguir escribiendo. Juro que si no recibía un comentario en la entrada numero 50 iba a dejar todo como una frustración más, pero acá estamos. Pasaron las cien entradas y seguimos tirando botellas al mar, que sigue siendo enorme y sin orillas, pero ahora sé que no estoy solo.





































Muchas gracias por pasar a visitar a todos y a cada uno.

El Toti, o Panza Arriba.
como más les guste

martes, 19 de julio de 2016

4 latigazos

Corrían los años 80 y en la calle estábamos como siempre, todos los chicos del barrio. Lo único diferente ese día, y que iba a ser para siempre, era el pavimento. Hasta ese entonces la calle era de carbonilla y las rodillas de todos nosotros tenían ásperas marcas que nos distinguían de los chicos de las calles pavimentadas. Ese día fue especial por varias cosas, los varones no la pasamos dibujando con cascotes la calle y las chicas pudieron patinar por la calle como si fuese sobre hielo. Las dos actividades convivían perfectamente hasta que el dibujo fue ganando terreno a la pista de patinaje. "¡Tarados!¿No ven que estamos patinando?" nos gritó Andrea, la rubia del grupo. "Si quieren dibujar vayan a otra calle" sumó la Bochi.
"¡Nosotros dibujamos donde queremos!" dijo Diego y puso las cosas al borde del punto sin retorno. Los ánimos estaban cada vez más encendidos, los dibujantes estrechaban la calle y las patinadoras pasaban sobre las mejores partes de las obras. Estaba visto que ninguno pensaba en ceder un solo centímetro. La Bochi encontró un punto débil en la formación y pasó entre todos los dibujantes pateando hábilmente los cascotes fueron a parar a la boca de tormenta. Se habían apuntado una victoria más que decisiva y esto pudo con el ánimo de Oscarcito, que con la ultima piedra que quedaba descargó la bronca contra el grupo pegándole en la frente a la Bochi. El proyectil no era más grande que un carozo de durazno, pero fue lo suficiente para que el escándalo explote y todos nos fuéramos cada uno a su casa. Mis viejos me vieron entrar y algo sospechaban. Justo cuando estaban por armar el interrogatorio que consistía en una catarata de preguntas y amenazas que nunca se cumplían, sonó el timbre. Debería haberme aliviado pero la voz de la mamá de la Bochi me trajo de nuevo al estresante presente. "¡Vení para acá!" sentenció mi viejo, "¿Qué le hicieron a la Bochi?¿Eh?".
La frente tenía más merthiolate que sangre y en los ojos las lágrimas le brotaban más por fuerza que por dolor, quería ver un culpable, nada más que eso, un nombre y se acababa todo.
No iban a parar, no se iban a ir con las manos vacías. "¿Quién fue? Decime quién le tiró la piedra a mi hija"
"¡Oscar!" les dije, y algo adentro se me rompió para siempre. El resto del cuerpo me dejó solo con mi cobarde respuesta.No era más que eso, una respuesta estúpida disfrazada de pibe de nueve años.
Sin mediar palabra se fueron. Mis viejos cerraron la puerta y me empezaron a culpar y a preguntar por qué no había parado la pelea que nunca empezó. Mi cabeza no entendía nada, los veía como un sueño y sus voces me sonaban lejanas, sin cuerpo ni brillo.
El timbre sonó de nuevo. Presentí que lo peor había pasado. Qué lejos estaba de la verdad. Mi mamá abrió la puerta y en la puerta de casa estaban cuatro personas: la Bochi que me miraba con miedo, su mamá que había aflojado el gesto duro y ahora no podía articular palabra, Oscarcito que miraba el piso al borde de las lágrimas y el papá de Oscarcito con un cinturón en la mano mirándome  con los ojos fuera de sí. "Decime vos ¿Oscar le tiró la piedra a la Bochi? ¿Eh? ¡CONTESTAME! ¿Fue este el que le tiró la piedra a la Bochi SI O NO?"
Los gritos retumbaban en el living y todos me miraban, querían que el cobarde haga el bis, y rompí a llorar como nunca y le grité "¡SI! ¡Fue Oscarcito! ¡Pero no le pegue!" agregué como un patético acto de heroísmo pedorro. Lo que siguió fueron cuatro cintazos a ritmo, cuatro latigazos en las piernas de Oscar que todavía resuenan en mi cabeza, cuatro veces ver a tu amigo víctima de tu cobardía te cambian para siempre. Oscar salió corriendo para su casa, nunca lo vi llorar en todo ese rato. La Bochi y su mamá se fueron rápido como quien rompe algo en un velorio. Mi viejo me pegó por las dudas, pero creo que fue un acto de justicia por mi cobardía. Mi mamá me habló de algo que no me acuerdo. Daba igual, nunca iba a volver a confiar en los adultos.
Muchas cosas se me rompieron ese día.
La vida me encontró mucho tiempo después con Oscar Pérez, ya grandecito y viviendo del clown y los malabares. Cuando lo volví a ver tenía un pibe de la edad que él tendría por aquellos años de los cintazos. Nunca le conté la historia ni le pedí disculpas.
Publico recién este texto que estoy escribiendo, así en caliente como me sale justo un día antes del día del amigo. Recién él me aceptó como amigo en el facebook ayer, y si tengo suerte y lo lee me gustaría que sepa que hoy, casi cuarenta años después de ese día, todavía me suenan los cuatro latigazos y si pudiera cambiar algunas cosas de mi vida, una de esas sería mi cobarde respuesta.
Ojalá se pudiera.
Lamentablemente crecemos.
Perdón.

sábado, 16 de julio de 2016

Falso y verdadero


Hace un tiempo, con unos amigos tiramos en la mesa la idea de falsificar dinero. Algunos propusieron hacer billetes de 20$ o de 50$, que son los de uso más corriente y que al desgastarse más rápido, bien podrían pasar por buenos si uno los arruga un poco antes de ponerlos en circulación. Otros optaron por las monedas de 1$ que pasarían sin ningún problema ya que su valor era tan bajo que no valdría la pena controlarlas. Unos pocos apostaron a falsificar billetes de 100$ ya que si bien el riesgo de pasarlos era alto, uno tendría una rentabilidad mayor si los controles fuesen no tan rigurosos.
Este delirio, me llevó a pensar seriamente en algo. Si uno fabricara una moneda de 1$, aún con algún detalle, podría bien pasar por una verdadera, aunque uno reciba una de estas monedas, la recirculación sería casi normal. Si uno fabricara en cambio muchas monedas de 1$, el resultado sería el mismo, ya que en lugar de una, serían millones de monedas falsas circulando paralelamente con las buenas y aunque uno las diferencie bien, en el punto crítico cuando las falsas superen en número a las buenas,¿cuáles serían cuáles?.
Con los billetes no es tan fácil, ya que dijimos antes que la gente tomaría un rato más en asegurarse que el mismo sea verdadero, y de recibir un billete falso de 100$, sería más difícil ponerlo a recircular, ni hablar de muchos billetes.
Si el dinero es falso, es una mentira.
Pensemos el valor del dinero falso como el tamaño de una mentira.
Es más fácil hacer circular los pequeños engaños que una gran mentira. La gente en el fondo sabe que se tratan de pequeñas mentiras pero que las hace circular porque en apariencia no dañan sustancialmente a nadie, en cambio las grandes mentiras solo las manipulan gente experimentada en el arte del engaño, y eso daña mucho.
Por otro lado, cuando un pequeño grupo de monedas de 1$ circula, sirve para comprar pan, pagar una propina, dar pequeñas limosnas, comprar una revista usada o hacer una llamada por teléfono, es decir para un puñado de placeres. Al igual que las mentiras, también generan pequeños placeres, al que las dice como al que las escucha , aún a sabiendas que la información no es veraz. Por eso creo que vivimos en un mundo rodeado de pequeñas mentiras aceptadas, nadie las cree pero tampoco nadie se ocupa de sacarlas de circulación, y esto nos mantiene alimentados, entretenidos, satisfechos, es decir con pequeños placeres cumplidos.
¿Será por eso que nos conformamos con poco?
¿Será entonces que las pequeñas verdades no las tomamos en serio y le damos el mismo tratamento que a las pequeñas mentiras y nos volvimos un engaño en nosotros mismos?
¿Quiénes somos entonces?
¿Esos que aceptamos mentiras y a cambio esperamos a que otros hagan lo propio o estamos con una gran mentira encerrada en la mano esperando que venga un incauto para pasársela por buena?
Qué complicado es ser uno mismo.

miércoles, 13 de julio de 2016

Destinos


Se habían distanciado por una cuestión menor. Una estupidez entre madre e hija. Una de esas frases que se dicen por decir, por el placer de ganar una discusión idiota y que después el orgullo encarcela el perdón hasta volverlo una llaga en el alma.
Pasados los años la juventud te vuelve inmortal e irresponsable y ella tomó cada pedacito de vida para exprimirle todo el jugo que pudo. Su madre en cambio descubrió que un enemigo de verdad había crecido dentro suyo y se había vuelto indomable.
En vano las aplicaciones de rayos y los tratamientos intentaron devolverle unos años para volver sobre sus pasos y reevaluar la situación. La agonía te vuelve reflexivo y pedante cuando sabés que no tenés nada que perder. De alguna manera hizo que su hija se enterara de lo frágil de la situación y el escaso destino hizo posible el encuentro. Apareció en el hospital una mañana para contemplar el último estado del cuerpo de su madre. La quimioterapia había devastado a la mujer. Tres segundos duró el encuentro antes de salir corriendo por el pasillo maldiciendo a cada persona que se cruzaba en su camino. Tomó el primer ómnibus a ninguna parte y se perdió del todo y para todos.
Encontró la calma en las drogas y el alcohol y en vano fueron los intentos por detener esa loca carrera de escape a ningún lado.
Su madre murió sola y en una falsa sensación de paz que suele venir encapsulada en dosis de 20 miligramos.
En algún lado, ella se sumerge en un mar de alcohol y pastillas, y decide cortar su cabello como cortando con su pasado y su pesado lastre. La resaca puede más y la cabeza parece encontrar en el dolor una luz, una posibilidad, una esperanza. La oscuridad de la habitación le devuelve un poco de calma. La culpa le devuelve la identidad y las imposibles ganas de ver a su madre una vez más , la quiebran en un llanto inconsolable.
Sola, en una pocilga , se decide enfrentar a su destino. Se levanta y seca las pesadas lágrimas con una sábana, se cubre el cuerpo con ella y a tientas llega al baño. Como puede enciende la luz y con horror, el espejo le devuelve la imagen última de su madre tal cual la vio aquella mañana en el hospital. En una fracción de segundo retrocedió ahogando un grito y enredando sus pies con la sábana cayendo pesadamente contra el inodoro para desnucarse en el acto.
Su cuerpo fue hallado sin vida veinte días después.
Es raro el destino la forma que tiene de enfrentarnos con nuestros miedos.
A veces busca el camino más largo para resolver los asuntos pendientes, no conoce de apuros ni negocia con nadie.
Al menos hasta ahora.

lunes, 11 de julio de 2016

Castillos de naipes y mentiras.


Luisina estaba frente a la puerta de una casa. La dirección estaba apuntada en un papel escrita a mano. No podía estar equivocada, sin embargo estaba en las antípodas de algo parecido a la verdad.
Dentro de la casa estaba Angélica, una mujer de 73 años que guardaba un secreto bajo siete llaves. Vivía sola y su vida había encontrado un triste equilibrio que le daba tranquilidad a la vida que le quedaba.
Luisina era hija de un donante anónimo. Después de muchas averiguaciones poco oficiales, logró dar con la casa de su padre biológico. Quería conocerlo. Su corazón estaba literalmente saltando fuera de su pecho.
Tocó timbre y fue recibida por Angélica. Le explicó a quién estaba buscando y el motivo de su visita. Angélica se quebró en un llanto y le cerró la puerta sin mayores explicaciones.
De un lado y del otro de la pesada puerta, se encontraban dos mujeres cargadas de dudas y secretos. Angélica no paraba de llorar abrazada a un pequeño portarretratos y Luisina no paraba de pedir disculpas por lo violento de la presentación. “¡Estoy embarazada!” le gritó desde afuera como un último e inútil esfuerzo que hace alguien que cae al vacío. Los llantos de la anciana cesaron y la puerta hizo el clásico sonido de la cerradura que se destraba. En silencio y despacio, Luisina abrió la puerta para ver que el living estaba vacío. Entró mirando con dificultad en a penumbra y sus pasos torpes tropezaron con algo en el piso. Era el portarretratos que abrazaba un rato atrás Angélica. La oscuridad no le permitía distinguir quienes estaban en la foto.
“Abel murió hace tres años” dijo Angélica desde su silla. Luisina entró hasta el comedor y encontró a la anciana desencajada . Estaba frente a una botella de anís con dos vasitos. “Abel era mi vida, nunca se separó de mí. Desde que el padre nos abandonó el se ocupó de casi todo. Era un chico especial. A veces Diós es injusto y se lleva a la gente equivocada. Supo que no iba a vivir muchos años, pero me dijo que su máximo deseo en la vida era ser papá. Me dejó en blanco. Ya cercano su final lo llevé al centro de donantes y dejó una muestra de esperma bajo un archivo clasificado, no sé cómo pudo averiguarlo usted, pero como sea, quiero que sepa que Abel era un chico extraordinario y se hubiera puesto felíz de conocerla y de saber que podría llegar a ser abuelo.”
Luisina, consternada por la situación, no sabía como acercarse a la anciana. Tomó fuerzas y miró el portarretratos. Su cara se deformó en una trágica mueca. Retrocedió hasta la puerta respirando con dificultad y agarrandosé el pecho miró por última vez a la mujer que le dedicó una triste media sonrisa. Ganó la calle y cerró con estruendo la puerta dejando caer la foto en la que se encontraba Angélica y un chico de aproximadamente 20 años con síndrome de down.

Tres años atrás, Angélica llevaba a Abel al centro de donantes por vigésima vez, para ser rechazada sin escrúpulos por la secretaria que argumentaba que Abel no estaba capacitado para tomar una decisión como la de donar esperma, aunque en el fondo el prejuicio ganaba el partido por goleada. Luego de reiteradas charlas, y exponiendo lo breve de su vida, le concedieron hacer la donación de esperma que sería clasificada y archivada para satisfacer la última voluntad de Abel. Angélica no paró de agradecerle a los médicos y personal del centro por la atención y la deferencia para con su hijo. Abel murió en paz un tiempo después.
La muestra fue desechada y cambiada por otra casi de inmediato, nadie iba a detenerse a chequear nada en esas circunstancias. Sólo el médico que asistió e intercambió su esperma en lugar de la de Abel en el archivo,lo sabía y nunca lo revelaría nadie más.
Dos años después, la hija de un médico, decide inseminarse a espaldas de la familia y asiste al banco de esperma en el que trabaja su padre.

Es raro como las mismas mentiras piadosas llevan alegrías momentáneas a unos y sacan lo peor de nosotros. Creo que es como una reacción en cadena, a veces los silencios y las culpas suelen construir castillos de naipes, donde todos tienen que estar en perfecta armonía. Una verdad fuera de lugar, un dato revelador fuera de tiempo o un desencuentro, terminan con nuestra vida para siempre.
Seguimos respirando, pero ya no es vida

martes, 5 de julio de 2016

El argumento Belluomini

Estimado compañero delegado:
Como sabrá, se lo habrán hecho saber mis compañeros, no soy amigo de las medidas de fuerza. Por favor no me malinterprete y dispóngase cinco minutos a leer mi argumento y seguro me va a entender. De verdad valoro la lucha que año tras año ud y mis compañeros llevan a cabo para lograr mejoras salariales o para conseguir la reincorporación de los empleados suspendidos y créame que cada vez que los veo cortar la entrada de la fábrica el corazón se me rompe.
Por eso es que quiero que sepa una cosa: tengo un cuerpo carnero. Mi cabeza de verdad quiere ir a las marchas, ir a ponerle el pecho a las balas, a unirme a los gritos contra la patronal que día a día nos oprime y socava nuestras economías. Todos mis pensamientos se alinean con los de mis compañeros, pero el cuerpo hace otra cosa. Él se empeña en asistir todos los días , día tras día, al trabajo, a destajo, que mientras todos para , él está produciendo lo que hace falta para que no se note el vacío de los obreros, aún en horas extras. Compañero delegado, ud mas que nadie sabe lo que es tener un obrero que "carnerea" cuando todos paran, y eso lo indigna, ¿cómo no va a entender a alguien cuyo cuerpo es su propio enemigo? Me gustaría que alguno de esos que me gritan cada vez que entro a la fábrica se pusiera una vez sola en mi lugar. Que un día uno solo de ellos sepa lo que es subirse a un cero kilometro o ir a cenar afuera todos los viernes y sábados sabiendo que nada de eso es merecido. Ojalá NUNCA les toque estar en mi lugar. Sufro, compañero, sufro mucho, y tengo que hacerme de piedra para poder seguir. Busco todos los día motivos para no pegarme un tiro, sería lo más fácil. Pero no, yo soy un luchador....
...solo que mi cuerpo no me acompaña.


Con afecto,
Roberto Belluomini.
Legajo: 20535

lunes, 4 de julio de 2016

Aislados

El viejo y el niño vivían en lo profundo del bosque en una precaria cabaña que apenas cubría las necesidades básicas para ser un refugio decente. El paisaje se encargaba de aniquilar todo vestigio de vida alrededor de la vivienda que pedía auxilio a través de una débil columna de humo que nunca superaba la altura de los pinos. La vida rústica obligaba al viejo a buscar leña y provisiones cada vez más lejos y el niño permanecía gran parte del día solo, y al caer la noche cuando el viejo regresaba por lo general lo encontraba rendido en su cama sin posibilidad de diálogo alguno. Para poder comunicarse utilizaban un sistema rudimentario de mensajes que consistían en una serie de nudos que el viejo hacía en sus sábanas, y que el niño deshacía en ausencia del viejo. De acuerdo a la cantidad de nudos deshechos, el viejo podía establecer algún código que respondería con otra cantidad de nudos generando un complejo algoritmo de preguntas y respuestas que sólo ellos comprendían.
Así pasaban los días y el niño iba creciendo, hasta que un día logró deshacer todos los nudos. Asombrado de su progreso y no teniendo con quien compartirlo, decidió abandonar la cama y se abrigó con lo que quedaba de frazada y salió corriendo por el bosque. Lo hizo durante un par de horas hasta caer rendido a la puerta de un establo. Cuando despertó dos viejos lo estaban arropando contra la chimenea mientras le ofrecían sopa caliente y pan. El niño no sabía comunicarse de otra manera que no fuera a través de los nudos. Como pudo agradeció la comida caliente y los cuidados, mientras tanto en el bosque, los campesinos le prendían fuego a una precaria cabaña donde se encontraba un viejo pedófilo atado a una cama con una sábana con no menos de una veintena de nudos.

domingo, 26 de junio de 2016

Del mundo industrial.

 En una conocida papelera se estaban discutiendo los salarios de convenio y los corrimientos de categoría para los ascensos del personal contratado. Los directivos de la empresa, se mantuvieron firmes en su decisión de no aumentar un solo centavo en los sueldos básicos, puesto que la producción había caído en un 25% respecto del mismo período en el anterior año. La demanda del mercado interno se abastecía desde hace unos años con un papel de origen chino, de dudosa calidad pero con excelentes precios y amenazaba con inundar los mercados. La alza paulatina de los costos de los insumos y la suba de los precios de la comida y el combustible hacía imposible vivir del sueldo de un obrero.
El sindicato amenazó con una huelga por tiempo indeterminado, pero la respuesta del directorio no se hizo esperar. Un paro en estos tiempos, sólo beneficia a la papelera. No hace falta tanta producción hasta tanto no se sepa como se iba a dar el mercado en el mes en curso y la huelga solo justificaría algunos despidos y suspensiones que ya estaban en los planes de los empresarios.
Los sindicalistas estaban entre la necesidad del obrero y la mezquindad de empresario, literalmente entre la espada y la pared. Desesperados por la situación, los delegados tenían reuniones constantes, los ánimos destrozados y la pared del callejon sin salida cada vez más cerca.
Ya sin control, el delegado de mantenimiento se acercó a la máquina bobinadora de papel a plena marcha. Miró como el papel fluía hacia los rodillos de bobinado final y luego a los entubadores que finalmente empaquetarían el papel higiénico listo para su despacho. Un pensamiento loco atravesó su cabeza, si se tirara a la máquina, quedaría como un símbolo de lucha para sus compañeros y una marca roja en la empresa explotadora de obreros. Sería pasar a la inmortalidad a costa de su vida, qué más daba, si ya estaba todo perdido. Pero pudo más la bronca y agarró una barreta de hierro y la arrojó a la maquinaria que se la tragó y con un grave estruendo la destrozó marcando para siempre los rodillos de bobinado. El ruido atrajo a los empresarios y a los delegados que no terminaban de entender la situación. SE llevaron al delegado de mantenimiento para apercibirlo por dañar la instalación en forma definitiva y probablemente se produzca la baja de la bobinadora y posterior cierre de la papelera ya que si bien los mecanismos funcionaban, el papel salía marcado cada 60 cm haciendo que el mismo se cortaba al menor tirón.
El cierre era inminente, hasta que el departamento de marketing inició una feroz campaña publicitaria. El papel fue un éxito y la empresa se recompuso inundando el mercado con su último producto: Scott Smart Cut.
Obviamente, los salarios no se movieron y al delegado de mantenimiento lo suspendieron por 90 días.
Este es el comercial que aún circula entre nosotros.



 Scott smart cut




Pavlov

Querido lector, no lo voy a aburrir con 20 renglones sobre Pavlov que es alguien que puede googlear por ud mismo pero por las dudas acá hay un poco acerca de Pavlov
Para este texto, solo basta saber que Pavlov trabajó un estudio acerca de la relación estímulo/respuesta, es decir frente a ciertos estímulos, los seres vivos reaccionamos con determinadas respuestas y a esto lo llamó reflejo condicionado.
Me puse a pensar en ciertos estímulos que vienen sucediendo con el ser humano, como por ejemplo cuando una maestra raya con la tiza el pizarrón y emite un agudo chirrido que pone la piel de gallina, intento asociarlo con la garra de un tigre diente de sable que arañó una pared de piedra y produjo un sonido similar que grabó la respuesta en nuestros genes. En los gatos, hay un punto justo detrás del cuello que si uno lo pellizca el gato queda inmóvil. Esto se debe a la información genética que tienen acerca de cómo los transportaba la mamá gata mordiéndolos en la nuca. Mi mamá , por ejemplo, cuando yo frotaba dos piezas de telgopor le hacía mal en los dientes.
Hasta ahora siempre pude entender o al menos intentarlo, de donde vienen estas reacciones instantáneas.
Lo que nunca voy a entender, es la pequeña y elemental canción que se viene repitiendo de generación en generación desde la invención de la escuela pública y hasta el presente. Es una tonada simple de dos tonos y ocho notas negras en total. Si tuviera más conocimientos musicales escribiría la partitura para que cada uno la pueda ejecutar en algún instrumento. La tonada que nos viene persiguiendo responde a un estímulo emitido por una persona mayor vestida de uniforme blanco.
La situación es más o menos así:
Estímulo: - ¡Buenos días chicos!
Respuesta: - ¡Bue-nos-dí-as-se-ño-ri-ta!
Estos son los pequeños e insondables misterios que me quitan el sueño. Como la fórmula de la cocacola, la duración de los caramelos media hora, el indescifrable idioma de Anamá Ferreyra, y la forma de los ornitorrincos.
Si alguien arroja un poco de luz acerca de estos misterios, que lo haga de noche o en días nublados.


un celu, un caballo, mucha niebla.....